lunes, 4 de diciembre de 2017

Angustia: de Jacinto y Celeste

Publicado en la web LaVenia.xyz


Fotografía: Pepe Cruz @PepeCruz_Martin

Muchas son las efemérides que cada año celebran las diferentes hermandades y cofradías de nuestra ciudad, pues muchas son las hermandades que hoy día existen en la misma. En estos días ha brillado con luz propia la Virgen de la Angustia de la cofradía universitaria que celebra los 75 años de la llegada a la hermandad de su bendita imagen. Dentro de los distintos actos celebrados para tal ocasión hay que destacar el besamanos extraordinario celebrado en la capilla de la antigua Fábrica de Tabacos, con un vistosísimo montaje en el que todo tiene su razón de ser.

Llama la atención que quizás sea la primera vez que la imagen del crucificado no presidía el altar, cediendo todo el protagonismo del momento a la Santísima Virgen y haciendo, si cabe, aún más extraordinario su besamanos. Para este momento estrenaba un lujosísimo terno de saya, cíngulo y manto bordados en los que merece la pena detenerse a observar.

Lo primero hay que destacar el bordado, con un hermosísimo dibujo a base de hojas de roble, laurel, tallos y pequeñas flores, con distintas técnicas, destacando las cartulinas y el setillo, magistralmente ejecutados y conformando un conjunto de bordados de tipo realeza o diplomático, como los que encontramos, por ejemplo, en la capa imperial de Francisco I de Austria, en el manto de Napoleón I emperador y también en muchos vestidos y sedas de su corte. Con esto ya ponemos de manifiesto la figura de la Virgen como Reina y Señora de Cielos y Tierra.

Importantísimo reseñar los colores elegidos para saya y manto: jacinto y celeste. No es una casualidad pues el “rojo” es el color de los reyes y los cardenales y el “azul” es el color con el que desde tiempos remotos se ha identificado a la virginidad. Son los colores con los que tradicionalmente se representaba a la Inmaculada Concepción y que muchos pintores han usado en su cuadros: Roelas, Herrera el Viejo, Alonso Cano, Zurbarán, Velázquez y como no Francisco Pacheco, han utilizado estos colores. Mención especial merece éste último, primitivo nazareno de Sevilla y activista del movimiento inmaculista de la Sevilla de 1615 de “aunque le pese a Molina…” Si bien en su obra “El arte de la pintura” aconsejaba pintar a la Inmaculada Concepción según la forma como se apareció a Santa Beatriz de Silva, de blanco y celeste “vestida de sol, coronada de estrellas y con la luna bajos sus pies”, Pacheco usa el jacinto y el celeste y de esta forma podemos verla en casi todos sus cuadros, de entre los que hay que destacar los que representó a la Inmaculada junto a otros grandes “inmaculistas” del momento como Vázquez de Leca, Miguel Cid “Todo el mundo en general…”, o Bernardo del Toro. Incluso Murillo, cuyas Inmaculadas son todas de blanco y celeste, utiliza en algunos cuadros el jacinto para vestir a la Virgen, como en el cuadro “La adoración de los pastores” del museo del Prado.

Recapitulando, bordados de la realeza; colores inmaculistas; pero nos falta incorporar el mundo universitario, imprescindible en la hermandad: para esto el techo de palio, autentica reivindicación de la condición universitaria de la corporación. Aparte su magnífico diseño, en él están representados los Santos Patronos de las cuatro facultades existentes en la Hispalense cuando se realizó y también figuran los escudos de Sevilla y las Santas Justa y Rufina, y la Gloria representa a María como trono de la sabiduría divina.

Pureza, realeza y conocimiento. Justa elección de elementos que dan sentido al besamanos en su significado y a la vez en exquisita medida que llena el presbiterio sin recargar el conjunto, buscando que el protagonismo sea exclusivamente de su Angustia.

Quien por el camino pase,
Vea si cabe más dolor,
En la Cruz del Redentor,
Que su madre no guardase.
Hasta respirar dejase
De honda pena, mujer fuerte.
Muda la razón, al verte,
Dulce cara, el alma mustia,
Todo el Gólgota es Angustia,
Cátedra de Buena Muerte.

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