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miércoles, 25 de marzo de 2015

El Cirio Votivo

  De la serie "De Jacinto y Celeste" num.10


“Si mandó Dios verdadero
al padre y la madre honrar
lo que nos mandó guardar
Él lo quiso obrar primero:
Y así esta ley celestial
en Vos la dejó cumplida
pues os hizo concebida
sin pecado original.”

Foto: José Luis Romero @jl_kiwi
Con éstas palabras un Primitivo Nazareno de Sevilla, Miguel Cid, cantaba las excelencias de la que es Madre del Salvador y Madre nuestra hace 400 años, justo los mismos en que ésta Hermandad hizo un solemne y público “voto” de defender esta piadosa creencia de la Concepción Inmaculada de la Virgen, felizmente proclamada como Dogma por SS Pio IX en 8 de Diciembre de 1854, no admitiendo a ninguno como miembro de ella que previamente no hubiese realizado dicho voto.

Foto: Jaime Rodríguez Fernández @jaimerfz
Como recuerdo del mismo la hermandad realizó en 1617 una Bandera de color Blanco que en su anverso lleva en su centro el anagrama de María con las letras M.D. bajo el mismo y en sus cuatro esquinas aparecen las letras Q. S. A. C  significando el lema concepcionista proclamado “Quis Sicut Maria Mater Dei Absquelabe Concepta”  (Quién como María, Madre de Dios, Concebida sin Pecado). En  su reverso aparece en el centro el escudo de la hermandad, y en las esquinas las iniciales del título de la misma S. C. E. J. “Santa Cruz en Jerusalén”. Esta bandera figura desde entonces, además de en la estación penitencial, en todos los actos relevantes de la Archicofradía. Flanquean a la misma un hermano portando una espada, símbolo de la sangre que derramar preciso fuere, y un cirio significando la luz que sobre este misterio nos comprometimos a dar. Es el Cirio Votivo.

La Inmaculada de Guido Reni
Desde 1992, en el mismo aparece pintado además del escudo de la hermandad una Inmaculada, siendo cada año un artista diferente el designado para dicho cometido. En este año 2015 el artífice ha sido el Primitivo Nazareno Jaime Rodríguez Fernández, quien, de Jacinto y Celeste, ha usado como modelo para su obra la Inmaculada del pintor Italiano del siglo XVII Guido Reni.

Esta pintura se encuentra actualmente en el Metropolitan Museum de Nueva York, procedente de la Catedral Hispalense donde debió llegar en torno a 1605, poco después de su ejecución.

En referencia al IV Centenario de éste voto que celebramos actualmente, se completa el cirio con las fechas 1615 – 2015 y el numero IV en color rojo sangre.

Este es el cirio que en recuerdo del voto se postrará ante el Santísimo en la madrugada santa de Sevilla, y el que presidirá el próximo Septiembre la anual renovación del mismo en la Fiesta Principal de Instituto de la Archicofradía.

Hermano Jaime, mi enhorabuena.
Foto: www.hermandaddeelsilencio.org

sábado, 27 de septiembre de 2014

Las dos cruces del Dulcísimo Nazareno


En la Primitiva de los Nazarenos de Sevilla celebramos en estos días el Triduo a la Santa Cruz, al que siempre hacemos coincidir en fecha lo más cercana posible al 29 de Septiembre, festividad del Arcángel San Miguel, que es cuando la hermandad hizo el solemne voto de la defensa de la creencia de que María , la Madre de Dios, fue preservada de toda mancha de pecado desde el primer instante de su purísimo ser, hasta derramar la sangre si fuese menester y del que el año próximo se cumple el IV centenario. Este voto es renovado anualmente el último día de dicho culto en que la hermandad celebra una función solemne a la Santa Cruz de Jerusalén (título que fue el santo y seña de la corporación en los siglos pasados) y de esta manera celebrar la Fiesta Principal de nuestro Instituto.


Para este culto la priostía de la Hermandad ha preparado un vistosísimo altar donde están entronizados el Dulcísimo Nazareno abrazando su cruz, la Virgen de la Concepción con San Juan, su inseparable acompañante, y todo ello presidido por la Santa Cruz de Jerusalén, representada en la cruz de carey y plata que cada madrugada abraza el Señor. Dicho montaje no es nuevo en su concepción, ni tampoco es exclusivo de este culto, pues años atrás se ha montado con la Cruz el Señor y la Virgen, con la cruz y la Inmaculada Concepción del Alma Mía acompañada de las tablas de los nazarenos que posee la hermandad rememorando dicho voto concepcionista, o simplemente con la Santa Cruz. Aunque nos centraremos en el montaje de este año.


Foto: Alvaro Dávila-Armero
Quien me conoce sabe que soy extremadamente clásico en mis preferencias, lo que hoy gustan de denominar “rancio”, y siempre me ha chocado este montaje en el que figuran dos cruces en el altar: la que preside y la que abraza el Señor. Porque ¿acaso hay una más importante que la otra? ¿Cuál de los dos sería la verdadera? Pues bien, la respuesta la halle anoche conversando con mi amigo y hermano Álvaro: “es que está la cruz de nuestros pecados que lleva el Señor y la cruz triunfante que es el signo de la redención”. A mí, que siempre me ha gustado sacar el significado y el porqué de las cosas, me acababan de dar con mi propia medicina.


Porque efectivamente el Señor hizo que el infame instrumento de tortura reservado a los más bajos criminales de su época que El mismo tuvo que padecer con su sangre bendita derramada por sus cinco llagas y que son las cinco cruces de nuestro escudo, se tornase en signo de redención y seña de todos los que nos unimos para celebrarle a Él.


Así se nos muestra el rey David; el nuevo Salomón, en quien se cumplieron todas las escrituras, el Varón de Dolores que cantaba Isaías: caminando hacia el Gólgota con la mansedumbre del cordero llevado al sacrificio, pero con la gallardía y la entereza de quien no va a aparecer derrotado, sino más fuerte aún en su tremendo castigo; mostrando orgulloso todo su poder que descansa sobre su hombro. Jesús Nazareno, porque verdaderamente cargaste sobre ti con todos nuestros dolores, enfermedades y pecados en la Cruz, en esa tosca cruz de madera antigua de tu camarín.


Y tras de El la Cruz triunfante: carey y plata; una cruz desnuda como son las cruces que abren nuestros cortejos penitenciales que son un anuncio de la Pascua cristiana. Es una cruz gloriosa, como la columna de fuego del éxodo. Una Cruz sin Cristo, es signo del triunfo de Jesús sobre la muerte, bandera de su resurrección. La auténtica alegría de los cristianos.


Foto: José Manuel Moran @JMMoran94
Mañana, cuando al ofertorio de la celebración eucarística pasemos a renovar nuestro voto Concepcionista no solo tengamos presente a tantos primitivos nazarenos que nos precedieron y de los que somos herederos y continuadores de su legado, sino que miremos al altar y descubramos en el todo el compendio de nuestra Fe, solo así tendrá pleno sentido nuestra protestación:  "Así lo creo, así lo prometo, así lo espero".