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martes, 8 de diciembre de 2020

Días de Jacinto y Celeste

 

Celebramos la Purísima, fiesta que nace del corazón mismo de la ciudad como muestra de su amor desmedido a la Madre del Señor. Dialécticas, riñas, pugnas, coplillas y mucho culto, con visitas al rey y al papa, consiguieron con el tiemp
o la proclamación del dogma Inmaculista. Parafraseando el título de una conocida película ”días de vino y rosas” cuyo argumento ni tiene que ver con lo hablamos ni nos interesa en este momento, quisiera dedicar unas breves líneas a esta gran Fiesta de la Iglesia y cita obligada en el calendario de la urbe fijándome para ello en tres hermandades de especial cercanía para quien escribe que, atendiendo a los colores tradicionales de vestir a las Inmaculadas conforman nuestros “Días de Jacinto y Celeste”

 

En el principio de la disputa las teorías maculista, “la Virgen nació como vos y como yo aunque luego fuese limpiada de pecado”, y la inmaculista “fue preservada de la mancha original desde el primer instante de su purísimo ser” esta última defendida en primera instancia por la Orden de San Francisco que en la ciudad tuvo el apoyo y sustento de la hermandad de la Santísima Vera Cruz nacida en el mismo seno de la Orden en la Casa Grande de San Francisco. Grandes y señalados eran las celebraciones a la Inmaculada en la Casa Grande, que según narran los libros de la época las principales eran las organizadas por la hermandad en las que participaba toda la Orden. De las varias imágenes de la Virgen que llegó a poseer esta hermandad solo perdura en nuestros días la que responde a la antigua advocación de “La Virgen de Tristeza”, que aunque en nuestros días y en su fiesta grande aparezca con sus mejores galas siempre en el negro tradicional de su carácter doloroso, tenemos el testigo y recuerdo de uno de sus libros de reglas (1627)  iluminado por Juan de Herrera y hoy en la Universidad de Sevilla, en que la imagen de la Virgen es la Inmaculada de Jacinto y Celeste.

 

Alto, claro y brillante se expresa la hermandad de la Santa Cruz en Jerusalén que, contando entre sus primitivos hermanos con personas de la más alta influencia en la ciudad, fue el gran eco en la defensa de esta piadosa creencia. Voz de Miguel Cid. Imagen de Pacheco, que aunque en su tratado defendiese que para la Inmaculada se usasen los colores celeste y blanco, gustaba representarla de jacinto y celeste, como también lo hizo su yerno Diego Velázquez: Música original de Bernardo del Toro después popularizada por Correa de Arauxo en las tres Glosas de su Facultad Orgánica, y más cercana a nuestros días reinterpretada por el maestro Eslava y completada por los Alabados de Torres, que son los que conforman la banda sonora actual a nuestros días de jacinto y celeste. Y como no firmado con solemne voto de sangre en defensa de la Concepción Inmaculada de María y rubricado en forma de bandera blanca, espada desnuda y cirio encendido.

 


Y rotundos fueron los hermanos de Los Negritos Fernando de Molina y Pedro Francisco de Moreno, que siendo hombres libres se vendieron como esclavos para con ese dinero sufragar los cultos en honor a La Reina de los Ángeles.  
Foto: A. Rubén González Arellano

No cabe más. Solo el amor que el pueblo le profesa a la Madre del Salvador, de quien antaño se hablaba como la preservada de pecado y de quien hoy decimos que está tan llena de la Gracia de Dios que no había sitio en ella para el pecado y ésto es lo que celebramos en los días jacinto y celeste, en este año tan especial por la pandemia que sufrimos. Por eso, con o sin besamanos, con imágenes en los presbiterios o en los altares pero siempre a la veneración de los fieles, en templos aforados o través de las redes sociales seguimos aclamando:


“Todo el mundo en general,

A voces, Reina, escogida,

Diga que sois Concebida

Sin Pecado Original.”

jueves, 9 de abril de 2020

Pertiguero de María Santísima de la Concepción

Publicado en el boletín digital extraordinario de la Semana Santa de 2020 de la Archicofradía de Jesús Nazareno, Santa Cruz en Jerusalén y María Santísima de la Concepción.

El viacrucis de 1983 fue un antes y un después, sobre todo para quien esto escribe. Fue el momento de una decisión en que la devoción pudo más que la tradición familiar. Porque tantos días de infancia en misa en San Miguel –como se le conocía por entonces– no podían quedar en la nada. Y así, al año siguiente, al volver del servicio militar, quien escribe presentó su solicitud de hermano y fue recibido por el señor Censor (Eduardo Recio) en la preceptiva entrevista a los candidatos previa a ser aceptados como hermanos de la Archicofradía. Y en esa siguiente Semana Santa, llevó prendidas junto al corazón las cinco cruces que unen las cinco llagas de Jesús Nazareno con ese afán de sus hermanos por imitarle.

Salir de pertiguero de María Santísima de la Concepción fue un algo caído del cielo. Nunca mejor dicho, pues ir delante de nuestra Inmaculada Madre es un avance del cielo que nos aguarda. Aunque no tuve duda alguna en mi decisión de aceptar el sitio, he de reconocer que en mi casa no fue un plato de gusto, pues, en aquellos años, no estaba extendido el uso de los acólitos hermanos, siendo aún los profesionales de Santizo quienes hacían tal función. Recuerdo a mi madre como si fuese hoy mismo: Entonces ¿vas a salir como tu tío Juan Luis?. (Por cierto, el recuerdo que tengo de mi tío Juan Luis de acólito fue precisamente como cirial de María Santísima de la Concepción). Pues sí, y no solo salí como mi tío, sino que los dos primeros años como pertiguero los hice con personal de Santizo en los ciriales e incensarios. Ya al tercer año fuimos hermanos todos los acólitos de la cofradía, y eso se notó a la hora del orden y de la compostura, pues el nazareno se lleva dentro y no hace falta nada especial para que la cofradía sea la que es; solo que cada uno deje salir su nazareno interior: todo es verdad, nada impuesto ni forzado, de ahí que no seamos más ni menos que los demás, solo nosotros mismos. Como anécdota muchos amigos me han pedido muchas veces “que ponga la cara de serio de la Madrugada”. Y siempre les he respondido: “Es que yo no pongo ninguna cara en la Madrugada”. Simplemente salimos alumbrando su camino, o abrazando su cruz, a adorarle en el Monumento catedralicio.

En los muchos años que he tenido la fortuna –y el privilegio– de ser el pertiguero de la Virgen, siempre he sentido la misma emoción, como si de la primera salida se tratase. Vestirse en casa,… porque los acólitos también nos preparamos para salir: camisa blanca, manoletinas (en la bolsa), medalla (al cuello pero oculta), papeleta de sitio,… De soltero, en casa de mis padres. Ya de casado, en casa de otros hermanos nazarenos con la emoción de que, al prepararse para la Estación de Penitencia, se le añade el hacerlo en hermandad. Salir para la Iglesia; si vamos en grupo, en fila y convenientemente separados, para que no se rompa esa individualidad que caracteriza al Primitivo nazareno. No obstante, para los acólitos siempre resulta más complicado, pues al ir de paisano, el público de la Madrugada no sabe que ya vas en Estación de Penitencia y es más difícil pasar entre ellos. La llegada a la Capilla de Jesús Nazareno, sin que importen los años que lleves haciéndolo, siempre tiene el mismo repeluco: “Creo en Dios, Padre, Todopoderoso…”. Adquiere una dimensión especial cuando lo rezas arrodillado ante el Dulcísimo Jesús Nazareno. Luego, la Salve a la Santísima Virgen y al patio. Los primero años –Nazarenos de la Virgen al fondo del patio–, aún había bancos en el atrio que usaban los Primitivos más veteranos. Los acólitos nos vestíamos en la casa, en la sala del televisor, y pasábamos por turnos por el preceptivo barbero que nos dejaba a punto de revista, mientras los músicos cenaban un bocadillo que les permitiese aguantar el tirón de la noche una vez que las notas de Vicente Gómez Zarzuela quedaban guardadas en la memoria del cofrade hasta un nuevo Jueves Santo. Vuelta al atrio: fervorín y lista que pasábamos junto al resto de los nazarenos mientras las circunstancias lo permitieron. En pocos años, cambiamos el lugar de vestirnos por el de la sacristía alta y baja, donde debíamos permanecer ante el aumento de hermanos en la Estación penitencial. Incluso el fervorín y la lista los tuvimos a domicilio (¡qué gran recuerdo de nuestro querido don Eduardo Ybarra!)
Y la hora. Cerrojazo, saeta y Santa Cruz en marcha seguida por dos filas de nazarenos de cera morada. ¿Silencio? No hay silencio. Se escucha el crepitar de la cera y, en unos segundos solo, la primera llamada al galeón del Nazareno. Tres golpes y venga de frente. He de confesar que un momento al que nunca he faltado en mis años de pertiguero es a la salida del Señor. Zapatillas en la rampa, saeta y los flashes del público. Quien no lo haya visto no sabe la grandiosidad de este instante que, por cierto, siempre me ha gustado enseñar a los pajes, servidores y nuevos acólitos, porque los grandes momentos se disfrutan más si los vives en hermandad (esa es la grandeza de nuestra Estación de Penitencia). Nazarenos de cera blanca, nuevos tres golpes y primera levantá del palio. Ciriales en formación y ascua de luz que emboca el arco grande, (recuerden la película de Juan Lebrón). Venga de frente. Paje enviado a la Santa Cruz. Nueva saeta. Ciriales y cirios arriba. Sevilla en silente oración a la Llena de Gracia.

Camino a la Catedral. Ciriales arriba y abajo. Distancia, acordeón. “Escudos al frente”. Y encendiendo los ciriales. Grandes canastillas de los que he aprendido cómo es el andar primitivo: Fernando Aguado, Rafael Molina, Manuel Palomino, Juan José Cabrero, Eduardo del Rey, Alberto Ybarra, Enrique Martín Macías, Manuel Gil… Poco a poco, cuidando del horario y con las venias del Consejo (por delegación de la Autoridad Eclesiástica) y de la ciudad, llegamos a la Catedral a cumplir con el fin y precepto de la salida: adorar a Dios eucaristía en la real presencia en el Monumento. Catedral a oscuras, doble genuflexión e incienso (tres de tres, como el Papa Francisco en la Adoración extraordinaria en San Pedro en la oración por la pandemia): primero en el trascoro, ante la puerta de la Asunción; después ante la puerta de la Concepción, bajo el cuadro de Groso con bandera blanca votiva (“Cuidado con las lámparas de la primera nave del trascoro en la oscuridad catedralicia…”); ante la Virgen de la Antigua o ante la Patrona. Acólitos solos. Luego, acólitos y paso. Canastillas trabajando al ciento por ciento. “Pararse ahí”, golpe seco de llamador. Y tres de tres. Estación menor en el rezo interior del nazareno.
Cumplida la estación, y recuperado el orden de marcha, iniciamos el regreso. Cofradía estirada. Cirios apagados en la Puerta de Palos. Paje buscando la Santa Cruz (que la Virgen ya sale). Palio abandonando el atrio catedralicio y ciriales y cirios arriba. “Comprime los ciriales que hay que sacar el cortejo…”. “Bueno, pararse ahí”. Fiscal que vuelve con el horario –salimos un minuto antes– y primer tramo del Gran Poder que “vuela” hacia la Plaza del Triunfo. Reemprendemos la marcha en un milagro de control del tiempo de los fiscales: José Manuel Peña, Antonio Pérez Matheos, Manuel García, Manuel Heredia, Eduardo Castillo,  Antonio y Eduardo Rodríguez…  junto con el trabajo, al alimón, de capataces y costaleros en una alternancia de estrecheces, vueltas y fotógrafos delante del paso… Y, mientras tanto, abre y cierra los ciriales, para que no haya ni un solo corte en la cofradía. Y de este modo llegamos al final de Cuna, donde los sones macarenos suman una nueva emoción a la noche poniendo banda sonora al pregón de Carlos Colón: “Plata y carey por Cuna y una cara en la Campana”. En este punto, podemos comprobar cómo ha evolucionado la Madrugada durante los años en los que fui pertiguero. En los 80 y 90, era el Señor en Cuna y la Macarena en Campana; luego, cuando la Virgen estaba en la plaza del Duque, entraba en Campana el Señor de las Tres Caídas (algún año he visto de refilón las plumas del romano a caballo en lontananza desde el Duque). A partir de 2000, ya María Santísima de la Concepción coincidía en Cuna-Orfila con la Macarena en Campana; luego era la Virgen de la Presentación la que se encontraba en Campana cuando nosotros enfilábamos la plaza del Duque. En éstas últimas Madrugadas, al no salir de acólito y con nuestro itinerario por Daóiz y Gavidia, no tengo referencias actualizadas. Y paso a paso, chicotá a chicotá, de nuevo en la calle de las Armas y después en la calle Nueva, para entrar en San Antón por la Capilla de Jesús Nazareno, mientras el último tramo aguarda –cirios encendidos– para alumbrar la entrada de quien es la Gloria de los Nazarenos.

Ahora toca desvestirse, recoger y dejarlo todo en el mejor estado de revista. Al salir, nueva oración al Señor y a su Inmaculada Madre. Y a disfrutar de lo que resta de la Madrugada, con el alma plena por la cita cumplida y siempre con el recuerdo de lo vivido y con la multitud de anécdotas que serán siempre parte de nuestro equipaje. Como uno de los primeros años en que salía de pertiguero, en el que hubo un retraso en el Monumento y se nos fue la cofradía: recuerdo la Presidencia entrando en Alemanes y la Virgen saliendo de la Catedral… algo para olvidar, aunque aprendimos de ello. O aquel otro año que, a la entrada en Sierpes, tuve que coger un cirial porque a nuestro hermano le cayó una gota de cera en el ojo. Afortunadamente todo quedó en un susto y, en la siguiente chicotá, se reincorporó al cortejo.  ¿Y en la Catedral? Multitud de momentos singulares nos ha deparado la Catedral… Como un año, estando el Monumento en el trascoro, en el que el canastilla encargado de la genuflexión, con la oscuridad del momento, tuvo un tropiezo con uno de los incensarios, volcándose las brasas de este en sus pies. Hay que apuntar que el canastilla en cuestión iba descalzo y allí hubo impresión y sorpresa –sobre todo para el canastilla–, risas involuntarias contenidas y un recuerdo para siempre de la situación. ¿Y el año 92 con la mano de San Juan? Creo que ha sido la única vez, que yo tenga conocimiento, de que hubiera de subir un carpintero al paso de la Virgen. ¿Y el incienso? Siempre protagonista de nuestra Estación y más en la Virgen, con cuatro turíbulos. Pues un año de los de Monumento en la puerta de la Concepción, íbamos un poco más lentos de lo habitual, y con la acumulación normal de humo en estos casos, ligeramente ampliada al estar en un interior, al pasar por la nave del trascoro, comenzaron a sonar timbres en la Catedral, una y otra vez… Al llegar a la capilla bautismal, averiguamos la causa de los timbres: habían saltado las alarmas contra incendios y teníamos a los de seguridad pidiendo por favor que parásemos los incensarios…. Evidentemente continuamos en nuestro orden de marcha hacia el Monumento. ¿Y qué decir de las carreritas? La Madrugada no ha vuelto a ser igual desde entonces, pero ¿se nos ha pasado acaso por la mente la idea de no salir? La respuesta es clara: no hay Madrugada sin abrazar la cruz, ya sea literalmente como penitente, o dando luz portando cirio, o llevando las varas e insignias que proclaman nuestra historia y títulos, o al servicio de la cofradía como acólitos, costaleros o canastillas. O también, en la lectura de la Pasión según San Juan, en el peor de los casos, pero siempre junto a Jesús Nazareno y a su Madre.
¿La experiencia como pertiguero de María Santísima de la Concepción? Indescriptible. ¿Los recuerdos? Como podéis deducir de estas líneas, imborrables. ¿Lo mejor? La cercanía a la Virgen y el ser parte de la liturgia penitencial siendo uno de los servidores en su altar móvil. ¿La lección? Ir delante de Ella sintiendo que son suyas todas las miradas y que, a pesar de ir a cara descubierta, pasamos desapercibidos como el resto de los nazarenos. Y… ¿la ilusión? Soñar un nuevo Viernes Santo para, en el sitio de la cofradía que me corresponda, volver a acompañar al Dulcísimo Jesús Nazareno y a su Inmaculada Madre.

domingo, 14 de julio de 2019

El olor de los jueves

Tras un año complejo y plagado de multiples ocupaciones nos reencontramos, querido lector, en este pequeño rincon en que te hago participe de algunos pensamientos realizados en voz alta, vivencias del pasado cercano o mas lejano y de algunos sentimientos compartidos, y aunque a traves de tuiter hemos mantenido el contacto en “titulares”, tengo el firme proposito de no demorarme tanto en el futuro.

En estos titulares compartidos a traves de trinos y gorjeos habrás podido comprobar como cada uno de los días de la semana guarda una especial significación, que si bien no es la única que podamos tener, de alguna manera es la que da sentido y marca el devenir y el recuerdo último de cada jornada  y que es compartido con mis hermanos y amigos: así los lunes lejos de ser un día “aciago” o triste por ser la vuelta al trabajo y de la semana, es un día para disfrutar, los viernes son en honra veneración y gloria del Dulcísimo Jesús Nazareno, los miercoles son del Rey de reyes, los sabados llevamos flores a las Tristezas de María, los martes son  de Buena Muerte y los jueves solo huelen a azahar…

 
Y ¿por qué los jueves huelen a azahar?   Como todos sabemos es la flor que tradicionalmente exorma el paso de palio de María Stma. de la Concepción en la madrugada de cada viernes santo y que despues se reparte entre los asistentes a la misa de Pascua de Resurrección y que por este motivo en la hermandad llamamos la “misa del azahar”. Dicho exorno se pone en el paso en la tarde noche del miercoles santo para que el Jueves que reluce mas que el sol,  de su brillo y aroma a la Llena de Gracia. Cada año la climatología condiciona el estado de esta flor, así hay años que aun casi no ha salido el azahar si ha sido frio, o bien ya se ha pasado si es semana santa tardía o excesimamente calurosa. Tambien hay años que el tiempo “juega en casa” y nos regala un azahar esplendido, radiante y aromático. Esto sucedio hará unos 25 años una semana santa radiente y primaveral con un azahar perfecto que cuando nos acercabamos a San Antón desde la Plaza del Duque ya nos anunciaba con su perfume exquisito y delicado que esa noche María volvería a derramar su Pureza Inmaculada por la ciudad.

Este imborrable recuerdo hace que la memoria nos evoque su perfume cuando entramos en la antigua calle de las armas cada Jueves Santo, aún cuando sea un año de climatología adversa para esta flor, y que también trascienda a todos los restantes jueves del año haciendo que en mi “pueblo” siempre huela a azahar.

domingo, 15 de abril de 2018

Zapatos (Trilogía del ruan II)

Publicado en la web LaVenia.xyz


En la madrugada eterna de Sevilla, origen de nuestra semana santa, noche de vigilia y penitencia, tres son las formas como Sevilla vive la penitencia: la silente imitación a Jesús Nazareno; siendo testigos del Gran Poder de Dios en su epifanía dolorosa de cada primavera, y acompañándole y velando su sueño en el momento supremo en el monte Calvario.

Desde la madrugada del 14 de abril de 1356 los Primitivos Nazarenos de Sevilla salen en penitencia pública a imagen, semejanza e imitación de Jesús Nazareno, vistiendo para ello túnicas moradas, con una soga de esparto, con cabelleras de fibras vegetales sujetas por una corona de espinas, los pies descalzos portando una pesada cruz en absoluto silencio y gran recogimiento, armados "con las armas verdaderas con que nuestro Redemptor Jesu Christo venció a sus enemigos, la Santa Cruz pues en ella murió matando nuestra muerte y reparando nuestra vida".

Desde ese día en la Ermita de San Antonio Abad en el Campo de la Resolana existe la madrugada en Sevilla. En el transcurso del tiempo, fue cambiando su sede esta hermandad, también las costumbres de la ciudad y la forma de realizar esta penitencia publica, así se va a la Catedral a adorar a Jesús Sacramentado y desde 1768 se tiene noticia que las túnicas serán negras y de cola, con capirote de la misma tela y color y cinturón de esparto, y en cuanto al calzado dejan libertad para llevar los pies descalzos solo quienes deseen aumentar el grado de su penitencia siempre y cuando no perjudique su salud, sin más referencia al calzado a utilizar que sería el tradicional por aquel tiempo y que ha perdurado hasta nuestros días: zapatos.

Y siendo una hermandad de penitencia y silencio ¿Por qué zapatos? ¿Por qué no otro calzado más austero para seguir a Jesús Nazareno? Porque El Rey David abraza el instrumento del martirio, pero es de carey y plata porque es un abrazo de salvación al signo de la gloria. Llevamos calzado de gloria por acompañar a un misterio de gloria. Quien mejor explica esto es mi hermano Carlos Colón cuando afirma que Jesús Nazareno es la única imagen alegórica de Cristo de la Semana Santa que conjuga en sí la exaltación de la Santa Cruz (de Jerusalén, titular de la hermandad) por el propio Nazareno, junto con la propia exaltación de Cristo Resucitado que abraza el instrumento de su muerte convertido por ella en Seña de nuestra salvación.

Y para completar la alegoría, la imagen del Señor va custodiada e iluminada por dos ángeles que refleja aún más si cabe que Jesús Nazareno se nos muestra desde la Gloria celestial, autentico Varón de Dolores a lo divino, que en una representación del juicio final se nos muestra mirando a la izquierda donde estaremos los pecadores pero no para recriminarnos nuestras faltas, sino para concedernos su perdón infinito y misericordioso, a través de su mirada, y llevarnos con El junto al Padre.

Llevar zapatos en la madrugada es compartir la Gloria con Jesús Nazareno.

Trilogía del ruan (I)

Publicado en la web LaVenia.xyz


Si hay algo que defina a la ciudad es su dualidad. Sevilla tiene esa particular forma de ser porque conjuga a la perfección cada cosa con su contrario para, entre ambas, conformar ese carácter y sello inconfundible que identifica sobre todas las demás. Posiblemente sea algo que repitamos hasta la saciedad, pero es precisamente esa perfecta conjunción de contrarios lo que le confiere su personalidad única. La semana santa no iba a ser una excepción y en ella nos encontramos dos claros ejemplos de contrarios que, en unión, conjugan el todo grandioso que es esta fiesta, pues la sabiduría popular nos ofrece dos modos distintos de vivir la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor: desde el rigor de las cofradías de ruan, a la explosión de júbilo popular de las cofradías de capa. En la noche de los improperios, el ruan y la capa cobran un sentido especial conformando unos estilos y modos que, aunque compartidos con el resto de hermandades de las otras jornadas penitenciales, en la noche del Jueves Santo adquieren una magnitud única que no es comparable con el resto y hacen de la madrugada algo único en nuestra semana santa.

En esta noche de la ciudad, las hermandades de negro manifiestan formas completamente diferentes de vestir el ruan que les es común. El rigor penitencial adquiere en ellas una dimensión especial difícilmente explicable si no es con los ojos del corazón y la vivencia interior adquirida a través de la participación en las estaciones de penitencia, bien como integrante de sus cortejos, bien como publico participante en las mismas, dándoles esto último pleno sentido, pues para dar público testimonio de fe y penitencia es imprescindible que el pueblo participe con su presencia, por lo que en una ciudad de calles vacías carece de sentido la procesión.

Y son tres las hermandades de ruan en la madrugada, como también son tres las hermandades de capa, y siendo este un número que ha venido por la propia historia de la ciudad y sus hermandades no deja de tener una significación especial, pues tres son las personas de la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo confiriendo a este número la simbología de la Divina perfección; tres son los atributos de Dios: Profeta, Sacerdote y Rey, representados en las potencias que las imágenes de Cristo muestran sobre su cabeza, pues tres son las potencias del alma memoria, entendimiento y voluntad que Jesús las tiene en grado máximo; al tercer día de su crucifixión Jesús resucitó, siendo por tanto tres noches de vigilia desde la última cena el Jueves Santo hasta la Resurrección el Domingo; tres veces los serafines claman “Santo, Santo, Santo”, tres son la virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad... tres son, por tanto, las formas de vestir el ruan en la madrugada que simbolizaremos en uno de los elementos distintivos de sus nazarenos como es el calzado que utiliza cada hermandad: zapatos, sandalias y alpargatas.

En la madrugada eterna de Sevilla, origen de nuestra semana santa, noche de vigilia y penitencia, tres son las formas como Sevilla vive la penitencia: la silente imitación a Jesús Nazareno; siendo testigos del Gran Poder de Dios en su epifanía dolorosa de cada primavera, y acompañándole y velando su sueño en el momento supremo en el monte Calvario.

sábado, 22 de abril de 2017

Mayoría de edad

Publicado en el Blog "El Sanedrín" de la web ElCostal.org





Os escribo esta carta, mis queridas hijas, porque habéis cumplido ya los 14 años y habéis jurado las reglas de la hermandad. En nuestro mundo cofrade esto es llegar a la mayoría de edad, dejáis de estar en el lado de los niños para pasar al de los mayores,  vestiremos juntos el habito penitencial y desde ahora  jugáis en primera división.

Porque vestir la túnica, que a todos nos hace iguales, nos ayuda a buscar nuestro interior para poder pensar y meditar sobre la Pasión del Señor, llevando la Cruz a imagen del Nazareno o dando Luz a su camino. Túnica que nos hace estar revestidos de Cristo acompañándole, tras la Santa Cruz de Jerusalén, en su caminar hacia el calvario mientras vamos a buscarle en su real presencia del Sacramento Eucarístico, en unión de nuestros hermanos, al monumento de la catedral cada viernes santo, y a la vez cada uno en su propia soledad interior mientras hacemos examen de nosotros mismos y hablamos con El en ese peregrinar a la “Jerusalén de la ciudad”, pero hemos de tener siempre presente que los “primitivos” debemos “vestirnos de nazareno” no solo en semana santa, sino cada día del año, pues hemos de ser imitadores de Jesús Nazareno y esto es dar ejemplo de buenos cristianos, lo que en definitiva no es más que ser buenas personas y ser transmisores de alegría entre nuestros semejantes.

Jugar en el equipo de los mayores es recoger el testigo que ellos nos dejaros y seguir su ejemplo. Sois continuadoras de la herencia que de ellos recibimos hace casi 700 años y es nuestra obligación seguir su tarea, para que así como vosotras ahora la recibís, también podáis transmitirla a vuestros hijos y a las generaciones futuras.

Nuestra bandera, la autentica “gloria de los nazarenos”, es la proclamación y defensa de la Pureza Inmaculada de María, quien por Gracia especial del Altísimo está tan “Llena de Gracia” que no hay lugar en Ella para el pecado, ni siquiera el original. Sed siempre Luz para nuestra Madre Celestial, “la más bella nazarena”, y Espada para quien ose mancillar su nombre.

Esta es vuestra hermandad, vuestro legado recibido. Cuando estéis en el patio y os nombren para ir a vuestro sitio en la cofradía, cuando digáis “está”, tened presente a todos vuestros hermanos que forman en las filas junto a vosotras incluyéndome a mí, porque desde ahora ya no somos padre e hijas, sino hermanos todos en Jesús Nazareno, y recordad también a todos los que también dicen “está” en el patio del Cielo, pues de ellos aprendimos, y aunque físicamente les echemos de menos, siempre les sentimos junto a nosotros porque viven en nuestro recuerdo y nuestra memoria.

Es vuestro momento y de vosotras depende cuidar la hermandad para que perdure. Ahora disfrutadla junto a vuestros hermanos. Por mi parte solo me queda deciros que os quiero y que os deseo una Buena Estación de Penitencia.

(Dedicado a mis hijas y a los hijos de todos los cofrades)

Foto: Fran Silva @_Fransilva_