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jueves, 1 de agosto de 2019

El Jubileo (Dios está aquí)


De los tres fines y pilares fundamentales que conforman nuestras hermandades es el culto el primero de ellos por ser el que vertebra y da razón de ser a las mismas como asociaciones de fieles que nos reunimos a meditar en torno a un misterio de la pasión del Señor. Muchos son los actos de cultos y piedad popular que las hermandades tenemos a lo largo del año pero quisiera fijarme en el que tributamos directamente a la real presencia sacramental de Dios en la eucaristía.

La adoración eucarística siempre ha tenido un papel protagonista en los cultos de nuestras hermandades pues, aunque desde la reforma litúrgica del Vaticano II se puede celebrar la eucaristía por las tardes al reducir el tiempo de ayuno para la comunión a una hora, antes de dicha reforma los cultos se realizaban sin misa, con exposición mayor de S.D.M. ante quien se rezaba la estación al Santísimo al exponerlo, Santo Rosario, se cantaban las coplas propias de cada hermandad, la homilía centro del culto, y culminando el mismo con la Bendición Solemne y Reserva. El último día se finalizaba con la procesión claustral, que aun conservamos en la mayoría de hermandades. Hoy en día celebramos los cultos diariamente con la Eucaristía pero, en recuerdo de esta forma preconciliar, muchas hermandades suelen tener exposición diaria antes de la misa o al menos exposición el último día con la procesión claustral que antes mencionamos. Muchas hermandades están acogidas al Jubileo Circular de las 40 horas como culto de adoración a Dios en la Eucaristía, bien coincidiendo con alguno de sus cultos de regla, bien uniéndose al mismo cuando le toca a la parroquia donde residen, máxime si son sacramentales. En otras, como el caso de mi hermandad de Vera+Cruz, constituye un culto aparte de honda significación para nosotros, pues por la fecha que nos corresponde a finales de Julio supone el sonoro colofón y cierre definitivo del curso cofrade previo al mes de vacaciones que sirve para todos los arreglos y mantenimientos que requiere nuestra capilla y que no se pueden hacer durante al año.

En breve nos centraremos en este Jubileo pero antes debemos detenernos en la significación que, en sí, tienen las especies eucarísticas. El cuerpo y la Sangre de Cristo en las especies de pan y vino tiene su auténtico sitio en la propia celebración de la Eucaristía pues, es en la misma donde no solo recordamos la pasión, muerte y resurrección del Señor, sino que en dicha celebración actualizamos el sacrificio del cordero pascual, volviendo a realizarse la muerte y resurrección de Cristo sobre el altar con todo el beneficio de la Salvación y, posteriormente, dándose a comer a los fieles en las formas de pan y vino uniéndose Dios a nuestro ser. Este es el verdadero lugar de las especies eucarísticas, donde adquieren su auténtico sentido, pero la necesidad de disponer del cuerpo de Cristo para administrar el viatico a los enfermos introdujo la reserva de la sagrada forma en el sagrario y por añadidura se incorporó la costumbre de exponerlo en adoración para que los fieles pueden reconocer en ella la maravillosa presencia de Cristo y sea una invitación a unirnos de corazón con él.

El jubileo circular de las 40 horas es un culto de adoración al Santísimo Sacramento. La adoración eucarística de las Cuarenta horas, tiene su origen en Roma, en el siglo XIII, teniendo un sentido penitencial como expiación ante los pecados, siendo las cuarenta horas el tiempo que estuvo Cristo en el sepulcro. En el siglo XVI tuvo un gran impulso en Milán por parte de San Carlos Borromeo siendo S.S. Clemente VIII, en 1592, quien fija las normas para la realización de este jubileo,  y S.S. Urbano VIII en el S.XVII quien extiende esta práctica a toda la Iglesia.

El nombre de Circular es porque al terminar la Adoración en una Iglesia, que dura tres días, el jubileo debe comenzar en otra iglesia de la misma ciudad, sin interrupción, excepto los tres últimos días de Semana Santa (Triduo Pascual: Jueves, Viernes y Sábado Santo) por la liturgia especial de dichos días.  

Se le llama Jubileo por las indulgencias y privilegios que la Santa Sede le ha concedido: Indulgencia Plenaria, una por cada día del Jubileo en las condiciones acostumbradas y rezando 6 padrenuestros, avemarías y glorias uno para cada una de las Cinco Llagas del Señor y el último por las intenciones del Romano Pontífice. También se puede ganar indulgencia parcial para uno mismo o por los fieles difuntos, bien sean conocidos o en sufragio de las almas del purgatorio.

Como comentaba anteriormente el jubileo en Vera+Cruz, aparte de corresponderse con el auténtico final de curso, es un culto íntimo y recogido pues las especiales fechas que son (lo acabamos de celebrar) hace que sean pocos los hermanos que acuden por ser época vacacional. Este recogimiento e intimidad hace que, por un lado sea especialmente devota la adoración al Señor y por otro que se estrechen verdaderos lazos de hermandad entre los que participamos en el mismo por los especiales vínculos que se crean por esta relación tan personal, unidos a la multitud de anécdotas que podemos vivir. Hubo años en que podíamos hacer turnos a mediodía para no tener que cerrar la capilla a mediodía y que estuviese el Señor acompañado en todo momento, cuestión ésta que era posible por los que teníamos la fortuna de vivir en los aledaños de la capilla, siendo una circunstancia que dificulta hoy día la vida de las hermandades de centro. El transcurso de los años hace que se note especialmente la falta de los hermanos que ya están en el jubileo eterno de la presencia divina, sobre todo de aquellos que compartimos adoración al Santísimo en hermandad.

Amigos cofrades, vayamos al jubileo. Compartamos con nuestros hermanos esta oportunidad que nos brinda la Iglesia de estar junto al Señor. Pues con ello no solo estaremos alabándole y dando gracias, sino que además cumpliremos con uno  de los pilares básicos de nuestras hermandades, que es el hacer las cosas en comunidad, compartir momentos de convivencia con nuestros hermanos y estrechar lazos con ellos, y sobre todo teniendo presente que, además que estemos reunidos en su nombre, verdaderamente sentiremos su presencia, porque Dios está aquí.

viernes, 29 de enero de 2016

Dios está aquí...

Publicado en el Anuario de la Hdad de Ntro Padre Jesús Cautivo y Rescatado de San Pablo Cuaresma 2016



La vida se nos antoja a menudo caprichosa. Un girar continuo que la mayoría de las veces nos hace llegar a puntos que serían completamente insospechados muchos años antes. Cuantas veces de niño  hemos dicho y redicho hasta la saciedad, “quiero ser médico” y al cabo de los años nuestro futuro se ha desarrollado en otra profesión diametralmente opuesta a la soñada, pero que en definitiva dicho nuevo camino ha supuesto nuestra realización como profesionales y como personas.

Este singular devenir hizo que ese niño que soñó con batas blancas y un fonendo colgado al cuello y criado a caballo entre la plaza del Museo de la antigua Casa Grande de la Merced que vio por primera vez la hechura del Señor de Pasión y del  “Omnes setientes venite ad acquas” y de esa Encarnación antigua sin “setas”, de Silencio y Amarguras y de los donantes de flores de la más universal Esperanza, viniese a residir a éste que, siendo uno de los barrios nuevos de la ciudad, atesora entre sus vecinos enraizadas esencias de la más pura y antigua tradición popular sevillana.

Y he aquí, que azares de la vida, un nuevo giro ha hecho que sea mi parroquia la de San Ignacio de Loyola cuya capilla sacramental me gusta visitar a esas deshoras que en los centenarios templos del centro de la urbe se puede disfrutar de un rato de oración a solas con el Santísimo y que en esta capilla es difícil hacer en esa soledad mencionada que solo es comparable a la del nazareno que dentro de su túnica y antifaz mantiene ese mudo dialogo con Jesús mientras medita sobre su Pasión y hace examen de conciencia de su vida actual. Pero la capilla sacramental de San Ignacio de Loyola nunca está sola. Siempre hay algún vecino rezando en ella, acompañando al Señor. Porque una leyenda junto al sagrario nos recuerda permanentemente que “Dios está aquí.”

Real y verdaderamente presente en la Eucaristía que cada día se celebra en la intimidad de dicha capilla y en la renovamos el misterio pascual de Cristo, su muerte y resurrección mientras se hace presente entre nosotros al recordar su palabras en la Ultima Cena en la que nos dejó el más preciado de los regalos, su presencia cierta en las especies sacramentales, pan y vino, signo de la nueva alianza con Dios que actualizamos en cada celebración, que nos santifica, nos purifica y nos une a todos en la maravillosa comunión con Dios. Según nos recordaba recientemente SS el Papa Francisco en el congreso eucarístico en la India, la Eucaristía no es una recompensa para los buenos, sino también la fortaleza para los débiles y pecadores, porque es el sustento que nos ayuda en nuestro camino.

“Dios está aquí, venid adoradores: adoremos a Cristo redentor” nos dice la letra que Fray Restituto del Valle hizo para el himno del Congreso Eucarístico de Madrid de 1911 y que nos recuerda las palabras de Jesús en el desierto “Solo al Señor, tu Dios adorarás y solo a El darás culto” (Mt.4, 10). San Agustín decía que “nadie coma de este cuerpo si primero no lo adoramos” y SS Pio XII añade en la Mediator Dei que “no solo no pecamos adorándolo, sino que pecamos si no lo adoramos”. Así pues en la propia celebración de la Eucaristía ya adoramos el Santísimo, tributándole al Señor el culto de latría que le debemos.

Pero esta adoración no solo es en la misa, sino que la necesidad de tener una reserva del Cuerpo del Señor para poder administrar el viático, nos otorga su presencia permanente en el sagrario en donde no solo podemos rezarle, acompañarle y adorarle, sino que nos supone una prolongación de las gracias de la celebración de la Eucaristía. Ya desde el siglo XIII, antes incluso que la festividad del Corpus Christi, se tiene noticia de las primeras hermandades sacramentales, de gran importancia en el mundo pues aseguran la adoración eucarística, el acompañamiento del Santísimo cuando es llevado a los enfermos o en procesión, cuidando los altares y capillas sacramentales, y como no, siendo escuelas de vida espiritual para los laicos. Importantísima tarea la de las hermandades sacramentales…

Dios está aquí, y su presencia se siente en el ambiente que se respira en esta capilla sacramental, pues como antes mencionaba es prácticamente imposible encontrarla en soledad. Siempre hay algún, feligrés, algún devoto, algún vecino de San Pablo visitando a Jesús Sacramentado. Esta asistencia de fieles aunque cada uno vayamos por nuestra cuenta pero con un mismo fin, pone en primer lugar de manifiesto el carácter comunitario de todas las acciones de la Iglesia, y por tanto se cumplen las palabras del evangelio de San Mateo “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy Yo en medio de Ellos”. (Mt 18,20)

Foto: www.pasionenladistancia.blogspot.com.es
Por esto me gusta visitar la capilla sacramental de San Ignacio de Loyola. Porque no solo tengo la oportunidad de rezar ante el sagrario y ante las portentosas imágenes de Jesús Cautivo y Rescatado y su Bendita Madre del Rosario, sino que además tengo la absoluta certeza de que Dios está aquí.