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lunes, 24 de febrero de 2020

Extraordinario


En una salida fuera de norma es su carácter de excepcionalidad lo que le confiere ese valor añadido de lo que decimos es extraordinario.

En mi afán de compartir algún pensamiento o reflexión cada semana pensaba en la fecha que nos encontramos: carnaval, antesala de la cuaresma, pleno de cultos de las más señeras cofradías, quinarios, septenario, besamanos y besapies, la ciudad cuajada de azahar, el sol resplandeciente y un sinfín de circunstancias que nos enciende el alma a los cofrades. Justo en este proceso mental me desplazo a La Roda de Andalucía para vivir en primera persona la procesión extraordinaria en solemne via crucis de la portentosa imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno de dicha localidad y, como suele ocurrir, adiós a las ideas iniciales porque la ocasión bien merece una pequeña parada.

Bajo palio de triunfo, como  procesionaba hasta los años treinta del pasado siglo, y con un bien cuidado acompañamiento musical de marchas serias (que no fúnebres) a cargo de la Banda de Música de El Saucejo, tenía lugar esta extraordinaria procesión por el 365 aniversario de la hermandad, así como por el reconocimiento tributado a la sagrada imagen por el Ayuntamiento de la localidad nombrándole Protector Perpetuo de la misma, dada la gran devoción que La Roda de Andalucía mantiene a Jesús Nazareno. Decimos bien al calificar de extraordinaria esta solemne procesión, puesto que según la RAE, extraordinario es todo aquello que se sale de lo ordinario o normal, tal y como ha sido en esta ocasión: palio de triunfo, singular acompañamiento musical, salida en viacrucis para disfrutar devocionalmente de la imagen del Señor, túnica bordada, cruz original,… Incluido el hecho que no suele haber salidas extraordinarias en La Roda de Andalucía le confiere aún más valor, uniéndose así a la segunda acepción de la palabra extraordinario según la RAE, algo mejor que lo normal.

¿Cuál es la gran diferencia entre esta salida de Jesús Nazareno de La Roda de Andalucía y las que tenemos en nuestra ciudad? Justo un aspecto que hemos comentado anteriormente, que en La Roda no suele haber salidas extraordinarias, siendo este carácter de excepcionalidad lo que le confiere ese valor añadido de lo que decimos es extraordinario. Si bien para cada hermandad en su individualidad una salida fuera de la norma es extraordinaria, en el conjunto de todas las hermandades de la ciudad resulta casi imposible encontrar un año sin salidas extraordinarias, dada la normativa existente para su celebración y el alto número de hermandades existentes.

Es la salida lo que confiere a las cofradías su punto distintivo de otro tipo de asociación religiosa, pues es precisamente la procesión lo que da sentido a las mismas como elemento de catequesis pública, incentivado desde la contrarreforma.

Recuerdo en mi infancia y juventud algunas salidas excepcionales, como en 1974 el traslado en procesión de los titulares de la Hermandad de los Estudiantes con motivo del L aniversario fundacional de la hermandad, desde la Iglesia de la Anunciación hasta la Catedral y posteriormente a su Capilla en la antigua Fábrica de Tabacos. También la no menos extraordinaria salida del Cristo de Santa Cruz con la primitiva Virgen de los Dolores arrodillada a sus pies en 1979 con motivo del 75 aniversario fundacional de la hermandad al Convento Madre de Dios y al de San José (las Teresas). Muy recordadas también las salidas por los 25 años de las coronaciones canónicas de la Virgen de la Amargura en ese mismo año 1979, o la de la Esperanza Macarena en 1989. Curiosamente traigo como ejemplo de excepcionalidad dos procesiones extraordinarias celebradas en 1979 pero, aunque efectivamente se celebrara más de una en dicho año, debido al menor número de salidas habituales, viacrucis, rosarios, menor número de hermandades, menos coronaciones,  y algún caso más que podría usted añadir, y las singularidades de estas salidas indicadas, es lo que le confirieron ese carácter tan extraordinario que quienes las vivimos tenemos en el recuerdo.

Me gustaría que no se tomen mis palabras como un intento de cortar por lo sano con las salidas extraordinarias. Es la salida lo que confiere a las cofradías su punto distintivo de otro tipo de asociación religiosa, pues es precisamente la procesión lo que da sentido a las mismas como elemento de catequesis pública, incentivado desde la contrarreforma. He manifestado en más de una ocasión que unas salida que consiga arrancar una oración al contemplar a las sagradas imágenes a alguien que habitualmente no rece ya habrá cubierto con creces su objetivo, pero por el gran número de hermandades existentes y circunstancias contempladas para la celebración de las mismas, sería conveniente una buena preparación de las mismas que le confiera ese carácter extraordinario que haga que, tanto su realización como su recuerdo, sea imborrable.

Reflexionemos.


martes, 10 de diciembre de 2019

El Adviento de Sevilla


La iglesia tiene su propio calendario de celebraciones llamado el año litúrgico que se divide en diferentes tiempos según el momento de la vida de Jesús que se recuerde. Por su importancia el día principal es el domingo de  Resurrección, al que le sigue el tiempo de Pascua en el que celebramos a Jesús Resucitado, siendo precedido por otro tiempo de preparación, que es la Cuaresma y Semana Santa. El segundo día en importancia el año litúrgico es el día de Navidad al que le sigue otro tiempo de gozo, siendo  también precedido por otro tiempo de preparación: el Adviento. El resto del año es el tiempo llamado ordinario. La ciudad, por su forma tan particular de ser,  hace suyos estos diferentes tiempos litúrgicos y los adapta a su idiosincrasia, estilo y personalidad. Como nada es por azar, Sevilla hace gala de su título de “Mariana” que, si bien es de reciente incorporación a la leyenda de su escudo, le viene por una tradición de siglos de gran fervor mariano, porque ve las fiestas del Hijo a través de los ojos de la Madre, acomodando estos tiempos de la Iglesia a las celebraciones de la Virgen que se corresponden a las fechas cercanas.

Así el Adviento, que constituye la espera del nacimiento del Hijo de Dios, la ciudad lo adelanta  recibiendo el aviso de su llegada cuando se nos muestra la Esperanza Macarena vestida con el luto propio del mes que recordamos a quienes ya están con el Padre intercediendo por nosotros. Ver a la Macarena de negro es una llamada en nuestro calendario particular, pues nos indica la certeza que todo acaba y vuelve a empezar: siendo el anuncio de los días grandes que se empiezan a presentir. El 21 de Noviembre el adviento se engrandece y nos muestra la unión trascendente de quien siendo la Madre de Dios, aún en la espera gozosa de su nacimiento, ya siente sobre si la funesta espada profetizada por Simeón y por eso besamos la mano de quien el Todopoderoso colmó de Amargura en el aniversario de su coronación canónica.

 Tras la dulce mirada de la mas amarga Señora, continua el Adviento celebrando la Presentación de la Madre, vistiendo a la Estrella de hebrea y proclamando a todo el mundo en general que María fue Concebida Sin Pecado Original, haciendo a esta fiesta el núcleo central de este tiempo, porque en la historia fue activista en la defensa de ésta piadosa creencia entonces y hoy dogma de la Iglesia, gracias a voces como la Primitiva Hermandad de los Nazarenos, de la Orden Franciscana y la Hdad de la Santísima VeraCruz  - no se sabe a ciencia cierta donde empieza la hermandad y dónde termina la orden en los asuntos inmaculistas de la ciudad -, a los hermanos de Los Negritos que vendieron su libertad para sufragar cultos a la Inmaculada Reina de los Ángeles, a los sacerdotes de San Pedro Advíncula, y tantas otras instituciones que, en definitiva, conforman la ciudad en pleno. La Fiesta de la Inmaculada es el “Gaudete” de nuestro singular adviento porque es la alegría de cantar las excelencias de tan pura Virgen y dolorida Madre al recibir el más alto privilegio otorgado por Dios.

En la recta final celebramos a la Virgen de Loreto y Guadalupe: la que portaron su casa los ángeles y la que es Reina de la Hispanidad. Tendremos repique a fiesta grande en la giralda y campanas al vuelo en la Calzada por el júbilo de los XXV años de Encarnación Coronada. Y finalizamos nuestro adviento el día de las Esperanzas, porque las que están en la espera gozosa del Hijo nos tienden su mano para que sea nuestro beso, una vez más, el que rubrique nuestro amor por la Madre de Dios en una Navidad que cada año nos anticipa la Macarena cuando desciende de su altar en diciembre, marcando el final de este tiempo que Ella misma inició, siendo por tanto el alfa y el omega del adviento de Sevilla.

domingo, 17 de noviembre de 2019

El Tiempo Subjetivo


El tiempo… cuanto nos da que hablar y cuantos aspectos diferentes se encierran en el. Que distinta significación adquiere según el prisma desde el que lo consideremos y cuan distintas se ven las cofradías dependiendo de cómo lo enfoquemos. Lo hemos visto relacionado con el espacio, hemos hablado de su relatividad, puede detenerse como nos demostraba la Virgen de la Victoria en su Rosario de ida a la Catedral en vísperas de su Coronación, incluso lo podemos adelantar en base a la prisa que tengamos por vivir los acontecimientos deseados que están por llegar. Otra cuestión, otra cualidad, otro punto de vista para ver el tiempo es su subjetividad. Como decía Campoamor “nada es verdad ni mentira, todo es según el cristal con que se mira...” y el tiempo no va a ser una excepción. Cada observador tiene una distinta percepción del mismo que dependerá de la personalidad y mentalidad propia de cada uno.

Un aspecto en el que se pone de manifiesto esta distinta percepción del paso del tiempo es la pertenencia a la hermandad. Hay personas para las que llevar tres años como hermano puede ser un mundo, teniendo la convicción de que es antiguo en la corporación. Otros por el contrario aun llevando treinta o más años en la nómina no se consideran con derecho de antigüedad mientras vivan los hermanos mas veteranos que nos aportan sus conocimientos, sabiduría, experiencia y vivencias de hermandad, en definitiva quienes nos enseñan lo que significa ser hermano de la corporación y a interiorizar sus valores, idiosincrasia y filosofía. Aunque todas las hermandades se rijan por los mandamientos de Dios y de la Iglesia, cada una tiene su propia forma de vivir el Evangelio, de imitar a Jesús Nazareno apoyados en los diferentes misterios de su Pasión Salvadora.

De igual manera, ahora que se ha reabierto al culto la iglesia de Santa Catalina, los casi tres lustros que ha permanecido cerrada los percibimos de distinta forma cada generación. Algunos, como mis hijas, no conocen la iglesia salvo cerrada; para otros, con mas canas, es parte de nuestras vidas y recordamos también como algunas cofradías encontraron refugio entre sus muros cuando sus templos hubieron de rehabilitarse, como la hermandad de la Redención o Los Gitanos (impresionante el besamanos del Señor de la Salud en la Capilla Sacramental de Santa Catalina). Parece que fue ayer cuando sucedía esto y a los hermanos de la Exaltación, el Carmen y Santa Lucía seguro les ha parecido una eternidad…


Otra diferente percepción del tiempo la tenemos cuando estamos esperando en un determinado lugar a que pase una cofradía y luego la vemos procesionar como me ocurre cada Domingo de Ramos en Conde Torrejón esperando la Amargura. Media hora esperando a que llegue no tiene fin, pero cuando asoma la Cruz de Guía por calle Feria con esa personalísima y eterna forma de portarla, manos cruzadas en el stipes, el tiempo vuela como un relámpago y en un pis pas estamos contemplando la trasera del palio en su camino a las Siete Puertas…

Lo que sí es objetivo es que cuanto mas jóvenes somos, mas lenta es la forma que percibimos el paso del tiempo, mientras que la edad parece que hace galopar al reloj. Es mucho más corto el tiempo una vez transcurridos los diferentes eventos, que en la espera de lo que está por suceder, por eso es importante que vivamos con intensidad cada momento sobre todo aquellos que suponen una preparación, como el adviento para la navidad o la cuaresma para la semana santa. Porque unas vísperas vividas con intensidad en la hermandad supondrán una semana santa plena que rubricaremos cada año en ese abrazo con nuestros hermanos vestidos de nazareno deseándonos “buena estación”.

domingo, 12 de agosto de 2018

Sueños...

Publicado en la web ElCostal.org




Según el diccionario varias son las definiciones de sueño. Por un lado sería el acto o acción de dormir. También es la representación en la fantasía de imágenes mientras se duerme. Por otro lado decimos que sueños son los proyectos, deseos o esperanzas de las personas cono sin posibilidad de realizarse, e incluso llegamos a decir que sueños dorados son los mayores anhelos de una persona y justo a estos últimos me quiero referir.
La semana santa que tanto nos gusta y que casi vertebra, en muchos casos, nuestra vida diaria en torno a las distintas hermandades y cofradías es fugaz. De viernes de dolores a domingo de resurrección es apenas un suspiro que nos deja la miel en los labios y unos enormes deseos de volver a revivir esos momentos tan íntimos como esperados durante todo el año y de los que mantenemos el anhelo de volver a vivirlos, siendo en el tiempo vacacional y de descanso veraniego cuando se hace mas patente, aún cuando las “glorias” que también suponen esos momentos singulares para sus hermanos y devotos, nos sirvan para evocar en el pensamiento dichos momentos grandes de nuestro ser. Medios de comunicación y redes sociales nos ayudan en este recuerdo con los vídeos y fotografías que comparten a diario, pero es la memoria la herramienta principal que nos hace soñar despiertos y revivir esos momentos deseados, tanto aquellos ya vividos, como los que están por llegar.
Así soñamos con volver a vivir los cultos anuales de la hermandad en compañía de nuestros hermanos y amigos: quinario, función principal, comida de hermandad, bien como acólitos, participando en las eucaristías haciendo las lecturas, oraciones, colectas, portando los cirios en la consagración o procesión claustral, y sobre todo en las convivencias posteriores a los cultos lo cual nos lleva a conseguir uno de los objetivos principales dela hermandad, que a través de estrechar lazos fraternos con nuestros hermanos demos culto a Dios y a su Santísima Madre.
Soñamos siempre con la rampa del Salvador, autentico punto de inflexión en la cuaresma sevillana que marca el inicio de la semana santa; eterno lugar de juego de los niños de todas las generaciones y crisol del sentimiento que funde el corazón del cofrade con ese fuego vivo de los días grandes que anuncia, pues si hay un auténtico “pregón” de la semana santa de Sevilla, éste es sin duda la rampa del Salvador.
Soñamos con volver a vestir la túnica nazarena junto a las imágenes de nuestra devoción para, a través de la penitencia y memoria de la pasión del Señor, celebrarle resucitado a la vez que en nuestro recuerdo nos unimos a nuestros mayores que nos enseñaron el camino y con quienes compartimos dicha estación penitencial aunque ya gocen de la presencia del Padre.
Soñamos con repetir ese momento en que escuchamos en calle Cuna como el Señor de la Sentencia avanza por Sierpes con Consolación y Lágrimas, mientras contemplamos el solemne caminar de Jesús Nazareno sin poder evitar esa efímera intuición de que avanza un poco más con el izquierdo…
Soñamos con despertar una mañana de noviembre, salir al balcón y encontrarnos con la Amargura bajo palio camino de la catedral para celebrar el aniversario de su coronación, así como esa mágica y eterna chicotá de cuatro amarguras en el andén del ayuntamiento en 1979 en el regreso a su casa.
Soñamos con un mes de mayo lleno de Esperanza en el que, por más larga que sea su procesión, para nosotros siempre es un “suspiro”.
Soñamos con ser testigos nuevamente de la Misericordia del Señor, que en Noviembre fue la auténtica manifestación de su Gran Poder a plena luz del sol.
Soñamos con la Esperanza bendiciendo a Triana y a Sevilla en el mes de Junio mientras anhelamos los días grandes que se avecinan como colofón a su Año Jubilar.
Soñamos con acompañar cada madrugada a la Gloria de los Nazarenos, recordándola especialmente en una mañana de mayo proclamando al mundo que es la Llena de Gracia, mientras suena Virgen de las Aguas.
Soñamos con la Virgen de los Dolores que hace del Cerro una fiesta en su honor cada día del año, y un júbilo desbordado cada vez que sale a ver a sus vecinos.
Soñamos con todas y cada una de las Coronaciones canónicas de las imágenes de la Santísima Virgen, que por muchas que puedan ser no deja de ser un momento de dar gracias a Dios a través del cariño hacia su Madre y deseando ser testigos de su Victoria y de contemplarla rodeada de todos los Ángeles del Cielo.
Soñamos con tantas cosas…, y somos tantos cofrades cada uno con sus propios sueños… No habría papel en el mundo para recoger los sueños de todos. Pero independientemente que vuestro sueño esté o no en esta breve reseña, lo más importante de todo es que nunca dejemos de soñar. Como dice siempre un buen amigo y cofrade: ¡Sigan soñando, artistas!

martes, 1 de mayo de 2018

Tiempo de altares

Publicado en la web LaVenia.xyz

Pascua de Resurrección: termina una nueva semana santa y los cofrades, una vez culminada la vorágine, frenamos en seco y comenzamos un tiempo de relax, de sosiego, de reflexión… Porque todo el ajetreo y la tarea desmedida sin horas, sin casi sueño, de tenerlo todo preparado en las casas y en las hermandades, de haber disfrutado los días santos con nuestra cofradía y con todas las demás, necesita un punto y seguido y un tiempo más que necesario que nos permita recogerlo todo, limpiar los enseres y las túnicas y lo más importante devolver a nuestras sagradas imágenes de esos magníficos y costeadísimos altares móviles que son sus pasos procesionales, a sus respectivos camarines en los retablos donde reciben culto y las visitas de sus devotos el resto de los días del año.

En referencia a este periodo que comenzamos ahora de todo un año de las imágenes en sus altares, mi muy querido Sr @_ALaGloria_ ponía en un tuit buscando el apoyo para el síndrome depresivo post semana santa: “Va a sonar a tópico, pero las imágenes están todo el año en sus iglesias, por si sirve de consuelo”. He de confesar que llamó profundamente mi atención y me hizo reflexionar.

En primer lugar me llama la atención la gran cantidad de gente en las calles en la semana santa, la gran afluencia de hermanos en estos días por la papeleta de sitio y para salir de nazareno y después el resto del año que tranquilas están las capillas y las parroquias. Entiendo que tenemos muchos quehaceres ocupaciones y rutinas y no podemos ir a diario, yo el primero, pero también es cierto que pocas veces buscamos un momento para ir a visitarles ni tan siquiera alguna vez a la semanal misa o culto de hermandad. Es un momento ideal para tener un momento de oración y cercanía con Jesús y María y también una magnífica oportunidad para hacer y construir hermandad en la fraternal convivencia con los hermanos. 

Por otra parte también me da que pensar cuanto esfuerzo, trabajo y dinero en hacer unos pasos maravillosos verdaderos retablos andantes que guardan las Imágenes sagradas para su acercamiento a todos cuantos quieren salir a contemplarlas y venerarlas en las respectivas estaciones de penitencia, donde están escasamente 10 días cada año, y que sencillos y simples son muchas veces sus altares en las iglesias y capillas donde están los 350 días restantes, incluso alguna vez sin flores… (y no me refiero al cierre estival). Altares donde las podemos visitar, rezarles, darles gracias, acordarnos de nuestros mayores que tanto las quisieron y que están ya junto a Ellos, y soñarlas en sus pasos, con esa marcha que nos toca el corazón en esa chicotá perfecta que siempre perdura en la memoria.

Cada día me confieso más amante de esta semana santa recogida de cada día fuera de los días santos. Amante de esos altares que los mal llamaré “de diario”, donde están todo el año nuestras imágenes esperando que les tengamos un recuerdo. Amante de esas visitas fuera de hora con las capillas casi vacías donde solo media ese acercamiento íntimo y personal entre cada uno y su Cristo o su Virgen, que en el fondo son el mismo Dios y su Madre. Y amante, como no, de ese unirme a la eterna conversación de “Juan” con “Mara” en ese quedo “Silencio” diario de San Juan de la Palma mientras en el alma suena Amarguras…

martes, 23 de febrero de 2016

Ojos de niño...

Publicado en el Blog "El Sanedrín" de la web ElCostal.org 




Muy posiblemente suene a tópico decir lo que anticipa el título de esta humilde reflexión, que hemos de tener ojos de niño para disfrutar y vivir nuestra semana mayor. Puede que hasta estemos cansados de oír que hemos de ser los niños que juegan en la rampa del Salvador y que todos una vez fuimos. Ese asombro que vemos en sus caras al ver por primera vez el discurrir de una cofradía con su majestuosidad, con sus nazarenos repartiendo sus caramelos que son la alegría de la fiesta transmitida a esos pequeños que el día de mañana tomarán las riendas de las corporaciones.

Viene esto a colación porque al salir hoy a la calle estaba una madre con su hijo de muy corta edad de pie en el balcón asomado a la vía pública y descubriendo el mundo y haciendo con sus grititos que los peatones nos volviésemos a verle, y al observar su cara de inmensa alegría ante tamaña hazaña vino a mi recuerdo el traslado matutino de la Virgen de la Amargura a la Patriarcal Hispalense para celebrar allí el cincuentenario de su coronación canónica. Al pasar la Virgen por la calle Cuna recuerdo que se abrió un balcón de una primera planta, justo a la altura del paso, y salieron unos niños pequeños recién levantados (aún en pijama) que no podían ocultar el asombro en sus caras al ver pasar a la Amargura. Recuerdo que pensé: ¡¡Dios mío, como me gustaría levantarme así!!  También recuerdo en aquel traslado el evocarme a mí mismo veinticinco años antes cuando en ese mismo recorrido y con muchísima menos gente pude disfrutar de la que el Todopoderoso ha llenado en exceso de Amargura, y con la imagen aún nítida en mi mente de cómo se cerraban las rejas de la puerta de la Sacristía Mayor de la Catedral donde quedó depositado el paso en aquella ocasión.

En el mundo adulto estamos demasiado acostumbrados a mecanizarlo todo, a convertir todas las cosas más extraordinarias en una rutina más, a haber perdido la capacidad de sorprendernos ante las cosas aquellos que vivimos la expo del 92, por eso la cara de este niño que he visto hoy, la de los niños que vieron pasar a la Amargura, los que juegan en la rampa del Salvador, y la de los que reciben ese caramelo, estampita, medallita o las gotas de cera de cualquier nazareno anónimo, me hacen pensar que, a pesar de todos los años que pasen, de todo lo que hayamos podido vivir, de toda nuestra experiencia acumulada, hemos de hacerlo con la inocencia de esos niños, y seguir viviendo año a año nuestra Semana Santa con la alegría y el gozo de quien ve algo por primera vez. Y no es baladí, pues cada año volvemos a buscar ese mismo rincón de la niñez donde vimos a la cofradía por primera vez de la mano de nuestro padre; y cada vez que vestimos la túnica recordamos como nuestra madre nos vistió de nazareno en aquella primera estación de penitencia. Por eso hagámonos niños, con mirada limpia y pureza en el corazón, volvamos a descubrir el mundo cada día como si no lo hubiésemos visto antes, disfrutemos de cada momento como quien es la primera vez que sale a jugar a la calle, porque solo entonces saldremos de la rutina y el tiempo volverá a detenerse y a pasar igual de lento como cuando éramos niños, y porque nos lo dijo el propio Jesús: “de los que son como ellos es el Reino de los Cielos” (Mc 10,14)