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domingo, 13 de diciembre de 2020

Buenos días nos dé Dios


 

“Buenos días nos dé Dios”. Este sencillo saludo al comenzar el día, en el que pedimos al señor nos conceda una buena jornada, formaba parte de la banda sonora de mi infancia y juventud, pues para una de mis tías, hermana de mi madre, era su grito de guerra en las mañanas, apostillado siempre con “y parte en su santa gloria” con lo que no solo le pedimos disfrutar un buen día, sino ser partícipes de la gloria eterna al fin de nuestra vida.

 

Un sencillo y profundo saludo que con el transcurso de la vida fue quedando atrás al no estar tan en contacto diario con quien lo propagaba voz populi cada mañana, pero que años después y gracias al saludo diario en el grupo de whatsapp que compartimos un grupo de amigos de la hermandad, “buenos días nos dé Dios” volvió a ser punto de partida de nuestro día a día. Y, como no podía ser de otra forma, ante este saludo emerge consustancial la jaculatoria familiar “y parte en su santa gloria”.

 

Como dice siempre un conocido tuitero “todo lo que somos ocurre en la niñez” y lo que ocurre en la niñez siempre formará parte de nuestra vida, como esos rosarios que aprendíamos a rezar con nuestras abuelas y que nos vienen a la memoria cuando lo rezamos en los cultos de nuestra hermandad. Por eso, en este tiempo difícil que atravesamos no hay un saludo mejor para nuestras mañanas.

 

Y al igual que hacemos en el rezo de las horas, si en laudes alabamos a Dios por el Mesías con el cántico de Zacarías, en vísperas alabamos al Señor con el saludo de María a Isabel, por eso en la tarde el recuerdo va para la Madre con el Acordaos de San Bernardo, porque nadie que se haya encomendado a Ella se ha visto desamparado.

 

Para quienes creemos, somos cofrades y como tales parte de la iglesia, no hay mejor forma empezar y terminar el día que dando gracias a Dios, pidiendo la protección del Hijo, “buenos días nos de Dios”  y dando un beso a su Madre #Acordaos.



jueves, 10 de julio de 2014

El abrazo del Nazareno

Las hermandades y cofradías son asociaciones de fieles en el seno de la Iglesia, que nacen como punto de reunión y encuentro de las personas en torno al misterio de la vida de Jesús y María, bien sea recordando su pasión, muerte y resurrección (las de penitencia); adorando a Jesús Sacramentado (las sacramentales)  o venerando a la Stma. Virgen, a los Santos o recordando alguna advocación de gloria de Ntro. Señor (las de gloria).
 
En la Iglesia todas las celebraciones se hacen en comunidad: la asamblea que celebra es la comunidad de los bautizados; y en las cofradías, Como parte de ella que somos, todo se hace también en comunidad.
 
La Estación de Penitencia es la celebración por excelencia de la cofradía, y se da la paradoja que aunque sea una celebración comunitaria en la que la hermandad peregrina unida hacia la morada del Padre representada en la Catedral, cada uno la realiza individualmente en la intimidad que nos ofrece el habito penitencial.
 
 
Foto: Laalacenadelasideas.blogspot.com.es
Para que este momento individual, pero colectivo a su vez, de unión y oración con el Padre sea verdaderamente fructífero hay que estar en gracia de Dios, y para ello se procuran tener confesores suficientes para que antes de iniciarla todos podamos participar del sacramento de la penitencia.
 
En mi humilde opinión, donde realmente se pone de manifiesto este verdadero sentido de hermandad y de comunidad que celebra unida la pasión, muerte y resurrección del Señor, es el abrazo que nos damos los nazarenos al saludarnos cuando entramos en la capilla para disponernos a realizar la estación penitencial. Mateo Alemán en la regla que hizo para la Archicofradía de Jesús Nazareno (El Silencio) ya plasmaba el abrazo como símbolo de perdón y unión con los hermanos.
 
 Y estando allí verdaderamente contritos y confessados comience el hermano maior y los alcaldes con todos los demás oficiales y hermanos, cada uno de por sí, a dar la vuelta por todos, abrasándose en señal de verdadero amor, los vnos a los otros, pidiéndose perdón si por descuido se ubieren injuriado:
Dice el que abraza: Hermano mío, perdóname, porque Dios te perdone, y ámame, porque Dios te ame.
Responde el que recibe el abrazo: Hermano mío, yo te perdono, y te amo de buena voluntad.”
 

Foto: Eloísa  Humanes
Desde mi experiencia, pocas cosas hay tan gratificantes como el abrazo de los hermanos vestidos de nazareno deseándose buena estación de penitencia, y será tanto más valioso si hemos compartido el año con nuestros hermanos trabajando juntos codo a codo por nuestra hermandad y conviviendo en ella con todos desde el hermano mayor hasta el más pequeño de ellos.

 
En nuestras manos está el abrir las hermandades e integrar en ellas a los nuevos hermanos para que todos puedan experimentar esta emoción al igual que enseñarlo a nuestros hijos, de esta forma la estaremos perpetuando al transmitir a las nuevas generaciones estos sentimientos, al igual que nuestros mayores hicieron con nosotros.
 

domingo, 3 de noviembre de 2013

La Plegaria Eucarística y su relación con la tradición Judía



El origen de nuestras plegarias eucarísticas está en aquella acción de gracias de Cristo en la última Cena sobre el pan y sobre el vino. La comunidad cristiana prolonga en el tiempo el dio gracias-bendición de Jesús. En las fuentes encontramos dos palabras eulogein en Marcos y Mateo y eucharistein en Lucas y Pablo. La primera hace referencia a la acción de bendecir. El significado original es de alabanza pero puede significar acción de gracias por los beneficios recibidos. Eucharistein hace referencia a la acción de gracias a Dios o al hombre y tiene una connotación significativa más restrictiva que el termino eulogein. La plegaria tiene un estilo propio, un género literario original que llamamos estilo y género bendicional, es decir alabanza y acción de gracias. Pero a la hora de concretar más los estudiosos mantienen opiniones diversas. Sobre los orígenes literarios de la plegaria eucarística se han producido muchos estudios y todavía se siguen produciendo.

La Plegaria Eucarística tiene su origen en la tradición judía bendicional pero la duda surge al señalar una forma determinada como antecedente más directo de nuestra plegaria. Se relaciona con tres tipos de oración judía: la Berakah, oración de bendición, la Birkat Hamazon, oración de gracias y la Todah, oración sacrificial de alabanza.

La Berakah, la palabra significa bendición descendente de Dios al hombre y una ascendente del hombre a Dios. La estructura de esas oraciones suele ser: Una alabanza inicial a Dios o una invitación a ella; enumeración (memorial) de las maravillas obradas por Dios; la alabanza desemboca en una petición o intercesión; acaba con una alabanza final. En tiempo de Cristo la oración de bendición estaba muy arraigada. En Cristo encontramos oraciones de bendición (Mt 11,25-26; Lc 10,21; Jn 11,41). También el Magnificat, el Benedictus, la oración de Simeón son ejemplos de oración bendicional. La Berakah tiene su origen en la liturgia del Templo y es una de las expresiones más antiguas de la oración judía.

La cena del Shabat, ocasión de reunión alegre en familia, comienza con la Berakah sobre el vino y el pan, cuando el que preside la mesa bendice a Dios por el pan y el vino, dice: “Bendito sea Señor, Dios Nuestro, Rey del Universo, que sacas el pan de la tierra.” Y sobre el vino dice: “Bendito seas, Señor, Dios Nuestro, Rey del Universo, creador del fruto de la vid.” Después de la reforma del Concilio Vaticano II, se ha introducido también este sentido de la Berakah que consagra todos los dones que Dios nos da. Por esto en la presentación de las ofrendas, el sacerdote dice: “Bendito seas, Señor, Dios Nuestro, Rey del Universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo de los hombres que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos, él será para nosotros pan de vida.” Y sobre el vino dice: “Bendito sea, Señor, Dios nuestro, Rey del Universo, por este vino fruto de la vid y del trabajo de los hombres, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos, él será para nosotros bebida de salvación.”

En la Cena Pascual (el Seder de Pesaj), la más importante del año litúrgico, se pronuncian varias bendiciones sobre el pan y el vino y sobre diferentes alimentos. La más importante Berakah es la Birkat Hamazon (que veremos a continuación) sobre la copa de vino, que es una larga acción de gracias a Dios por sus dones, según el precepto bíblico:"Comerás y estarás satisfecho, y bendecirás al Señor tu Dios" (DDT 8, 10)

La Birkat Hamazon puede ser el origen de la plegaria, según algunos autores,  y es la oración de acción de gracias después de las comidas. La idea central sería la acción de gracias. Esta oración tiene como tres partes: bendición, acción de gracias y petición. Debemos decir que en el NT a veces se usa indistintamente las palabras bendición y acción de gracias. En la Birkat Hamazon se bendice a Dios por la tercera copa (en el Seder hay que tomar cuatro copas). Fue a esta copa que Jesús dio el nuevo sentido de su sangre entregada por los hombres. Dice San Pablo "la copa de bendición que bendecimos no es acaso comunión con la sangre de Cristo" (1Co 16)

Para otros autores el origen  de la PCE. está en la Todah que es la oración de alabanza con tono sacrificial. Es una oración más conectada con las comidas sacrifícales, penitenciales, en el marco de la renovación de la alianza. Es una acción de dos partes: una más de alabanza y acción de gracias por las maravillas de Dios y otra más de tono de petición y súplica para que Dios siga actuando. Un sacrificio tonal sería ofrecido por alguien cuya vida había sido liberado de un gran peligro, como la enfermedad o la espada. La persona redimida que mostrar su gratitud a Dios por la reunión de sus amigos más cercanos y la familia para una comida sacrificial tonal. El cordero que se sacrifica en el Templo y el pan para la comida se consagró el momento en que se sacrificaba el cordero. El pan y la carne, junto con el vino, que constituyen los elementos de la comida tonal sagrado, que iría acompañado de oraciones y cantos de acción de gracias, como el Salmo 116.
¿Qué significa la palabra "Todah"?. En hebreo significa "acción de gracias", aunque también connota una confesión de alabanza, además de gratitud. Por ejemplo, Leah dio gracias a Dios cuando dio a luz a su cuarto hijo, y así le puso por nombre Judá - o Judá - que es la forma verbal de Todah - para dar gracias. Hay muchos ejemplos en el Antiguo Testamento de personas que ofrecen Todah - gracias - a Dios. Si se entrega (cf. Jon. 2:3-10). Ezequías, rey ofrece hasta un himno Todah a recuperarse de una enfermedad que amenaza la vida (cf. Is 38.). Sin embargo, el mejor ejemplo de sacrificio Todah y la canción se encuentra en la vida del rey David

Con lo dicho hasta ahora podemos afirmar que dando por seguro su origen judío es difícil determinar la genealogía de la plegaria eucarística cristiana. Tenemos pocos datos en los primeros siglos para poder saber con certeza el camino que siguió la iglesia primitiva hasta formular las plegarias que ahora conocemos. Como bien dice Aldazabal, se siguieron diversas líneas a la hora de cristianizar la oración judía: tanto la Berakah, como la Birkat Hamazon o la Todah pueden influir. Lo único que es claro es que la plegaria eucarística cristiana es  heredera de la plegaria  judía. Los cristianos han llenado la herencia judía de un sentido nuevo: la alabanza y acción de gracias por Cristo Jesús.

La Iglesia no se inventa la plegaria eucarística como tampoco se inventa la eucaristía. La comunidad explica y desarrolla las actuaciones de Jesús preñadas de sentido y cargadas de contenido. Jesús es, pues, el que instituye la eucaristía en su núcleo fundamental y original. Acaece en este ámbito lo mismo que sucedió en la formación de los evangelios y en el conjunto de todo misterio cristiano: La Iglesia no inventa el evangelio; solo recuerda y ahonda, resaltando ciertos matices y sobre todo explicitando el contenido implícito en la palabra y la obra de su único fundador.

lunes, 7 de octubre de 2013

La formación liturgica de nuestros acólitos


(Publicado en Febrero de 2009 en el Boletín "Cruz de Guia" de la Hdad del Sagrado Descendimiento de Montilla -Córdoba- con motivo de haber participado una representación de la juventud de esta Hdad. en el Curso de Liturgia para Acólitos organizado por la Hdad de la Santísima Veracruz de Sevilla y celebrado el 22 de Noviembre de 2008)


El pasado 4 de diciembre, se cumplieron 45 años de la promulgación del primer documento del Concilio Vaticano II, la Constitución sobre Sagrada Liturgia Sacrosantum Concilium. Tras este periodo transcurrido, este documento tiene su máxima vigencia, pues si lo leemos cuidadosamente apenas si hemos comenzado a sacarle fruto. No es este un punto que nos deba extrañar: en una institución bimilenaria,  45 años no es un periodo de tiempo suficiente para que la gran transformación que se vive en la Iglesia este totalmente asumida y consolidada, sobre todo en el pueblo santo de Dios. En las próximas líneas, quisiera reflexionar brevemente en la dimensión formativa que nos abre la misma.

Liturgia es una palabra que procede del griego clásico (leitourgía)  originalmente indicaba la obra, acción o iniciativa asumida libremente por una persona o familia a favor del pueblo. Así pues, en la Iglesia, adquiere este significado pues todo en la acción litúrgica se orienta a favor del pueblo uniéndolo a Dios por medio de Cristo, quien siempre está presente en el sacrificio de la Misa (bien en la persona del Ministro, bien en las especies eucarísticas (pan y vino); está presente en su palabra, pues cuando en la Iglesia se lee la sagrada escritura, es él quien habla, cuando alguien se bautiza, es Cristo quien se bautiza, “Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos” (Mt, 18,20) (SC 7).

Una de las bases sobre la que se asienta la reforma del Vaticano II es la participación de los fieles: plena, activa y consciente en las celebraciones litúrgicas (la propia naturaleza de la liturgia lo exige al ser dirigida hacia el pueblo), pues por el sacramento del Bautismo el pueblo cristiano tiene derecho y obligación a ello ya que la liturgia es la fuente primaria y necesario de donde se ha de beber el espíritu verdaderamente cristiano necesitando, por tanto, una formación adecuada. (SC 14). Las celebraciones litúrgicas no son acciones privadas, sino celebraciones del Pueblo Santo congregado y ordenado bajo la dirección de los Obispos, siendo por tanto “Sacramento de Unidad” (SC 26) y esta unidad se consigue a través de la plena participación en las mismas a través de las aclamaciones del pueblo, las respuestas, la salmodia, las antífonas, los cantos y también las acciones, los gestos y posturas corporales, guardando además, a su debido tiempo, un silencio sagrado (SC 30)

Los acólitos, lectores, comentadores y cuantos pertenecen a la Schola Cantorum, desempeñan un auténtico ministerio litúrgico, debiendo ejercer su oficio con la sincera piedad y orden que conviene a tan gran ministerio. Por ello, es preciso que cada uno esté profundamente penetrado del espíritu de la liturgia y sea instruido para cumplir su función debida y ordenadamente. (SC 29)

El último tercio del siglo XX supuso un giro trascendental en la vida de nuestras hermandades y Cofradías. Aparte de otros cambios, y al hito que supuso la aparición de las cuadrillas de hermanos costaleros y las bandas de música, hay que sumar la incorporación de los hermanos jóvenes como integrantes de los cuerpos de acólitos que acompañan a nuestras sagradas imágenes en la estación penitencial, que poco a poco también fueron incorporados para ejercer la funciones propias en los cultos anuales.

Los que hemos tenido la suerte de participar como acólitos en los cultos de nuestras hermandades, recibíamos la justa formación que en cada momento el miembro de Junta de Gobierno correspondiente nos podía aportar, complementado con la experiencia personal de cada uno, normalmente por lo aprendido al participar en los cultos de nuestra hermandad.

Pese a lo anteriormente expuesto, es cierto que ha existido siempre una gran laguna formativa sobre el tema litúrgico que ha abarcado desde los propios jóvenes que hemos actuado como acólitos hasta los miembros de Junta que nos tenían que dirigir, signo evidente que la Constitución sobre Sagrada Liturgia aún no ha calado todo lo hondo que debiera. Para subsanar esto, la Junta de Oficiales de la que me honro en pertenecer, tiene como una de sus prioridades la formación de los hermanos, sobre todo en su dimensión litúrgica, y así acometimos la tarea de preparar un curso para nuestros acólitos con el que dar a conocer los fundamentos de la liturgia, así como la propia estructura de la celebración eucarística, imprescindible para ejercer correctamente las funciones del servicio del altar.

Los objetivos que nos marcamos al diseñar esta experiencia son los siguientes:

Ø  Formar a nuestros hermanos jóvenes en el conocimiento de la Liturgia y en la Celebración de la Eucaristía, como eje principal de nuestros cultos en los que toman parte como acólitos.

Ø  Presentar los instrumentos para que nuestros cultos se adecuen a la liturgia actual y al espíritu del Concilio Vaticano II.

Ø  Sensibilizarles de la importancia de su participación en las celebraciones como asistentes del Altar y la motivación que la misma ejerce en el resto de hermanos animando la participación activa de toda la comunidad.

El pasado 22 de Noviembre, realizamos la primera edición de este curso que pretendemos continuar en años sucesivos en base a la necesidad de formación hacia nuestros hermanos y a la altísima participación en el mismo de mas de 30 Hermandades de Sevilla y su provincia, y además de Hermandades de las provincias de Jaén, Cádiz y Córdoba, contando con una nutrida representación de vuestra Hermandad, gracias a la cual podemos compartir vivencias e inquietudes y estrechar lazos fraternos entre nuestras respectivas corporaciones. Esto ha sido posible gracias a contar con la colaboración de la Fundación Juan Moya, constituida en recuerdo de los cofrades sevillanos Juan Moya García y Juan Moya Sanabria y cuyo fin es la formación de los cofrades. Es nuestra intención complementar esta formación con otras acciones dirigidas a nuestros hermanos mas pequeños que actúan como monaguillos en los cultos y en la estación penitencial, ya que son los futuros acólitos de nuestras corporaciones.

Afortunadamente, el trabajo realizado esta dando su fruto, porque independientemente de la importante participación en la sesión formativa, numerosas Hermandades y Parroquias nos han solicitado los materiales utilizados en el curso y esto es importante sobre todo porque la autentica formación es la que realizamos en el seno de nuestras Hermandades, porque es nuestra comunidad y donde sabemos que necesidades particulares tenemos. Por tanto nuestra tarea adquiere tanto más valor cuantas más corporaciones y comunidades puedan beneficiarse de ella para ponerla en el seno de las mismas.

Se puede decir que hemos cumplido los objetivos que inicialmente nos habíamos marcado, porque como ya hemos explicado se ha “formado” a los asistentes en el conocimiento de la Liturgia y en la celebración de la Eucaristía, en la que participan como acólitos (servicio del altar); se les ha facilitado numerosa bibliografía y sitios de consulta en internet donde poder seguir profundizando sobre el tema; y se ha tratado en todo momento de hacerles ver que los acólitos como “ministros del altar” que son,  tienen un papel importantísimo en la celebración eucarística, bien por el ministerio que desempeñan, bien por el ejemplo que, con el ejercicio del mismo, dan a la comunidad cristiana, Asamblea constituida en cada Hermandad que celebramos juntos los misterios del Señor.


martes, 1 de octubre de 2013

La Caridad y la Doctrina Social de la Iglesia


(Publicado en "Al Pie de la Cruz" Boletín núm 22 de cuaresma del año 2012 de la Real y Venerable Hermandad y Cofradía de Penitencia del Stmo. Cristo del Descendimiento de la Santa Cruz y Ntr. Sra. de los Dolores de Cádiz)

Nuestras Hermandades y Cofradías centran su razón de ser en tres aspectos que, además de ser fundamentales de por “si”, se complementan entre ellos formando el cuerpo y corazón de éstas: me refiero a “Culto, Formación y Caridad”.

El Culto, es el fin primero de nuestra hermandades, que se plasma en cultos internos: Quinario, triduo, etc.… y culto externo: nuestra anual Estación de Penitencia. La Formación debe ir dirigida a todos los hermanos, siendo su objetivo hacer de ellos mejores personas y mejores cristianos.

Quisiera, no obstante centrarme en el tercer, y no por ello menos importante, de estos aspectos: La Caridad. Desde los comienzos de la Iglesia, la caridad esta recogida fundamentalmente en el auxilio a los necesitados, como podemos ver en la obras de misericordia: “dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento,…” Con el paso del tiempo se ha ido ampliando el término caridad a favor de “Acción Social”, constituyendo a la caridad en el representante del mayor mandamiento social: el respeto al otro y sus derechos, exige la práctica de la justicia e inspira una vida entregada de sí mismo “Quien intente guardar su vida la perderá, y quien la pierda la conservará”. (Lc 17,33) Solo la caridad puede cambiar completamente al hombre y dicho cambio conlleva acción y oración: no basta rezar por lo pobres, por la paz en el mundo, sino que hay que participar en acciones encaminadas a lograr tales fines. San Pablo en su carta a los Corintios explica que de todas las virtudes humanas la más grande es la caridad, y nos añade: “si no tengo amor, no soy nada” identificando de esta manera a la caridad como el centro del hecho cristiano. De igual forma Jesús ha cumplido la ley en el Mandamiento del Amor, desvelándonos que para salvar la vida hay que ofrecerla, según veíamos anteriormente, y que la verdadera alegría está en “el darse”, por tanto la caridad es el corazón de la fe cristiana y constituye la clave de compresión de la Doctrina Social de la Iglesia.

La Iglesia desarrolla su Doctrina Social tomando como punto de partida la encíclica “RERUM NOVARUM” de SS León XIII (15/5/1891) que se ha ido actualizando en otras sucesivas encíclicas como “POPULORUM PROGRESSIO” de SS Pablo VI (1967) sobre el desarrollo de los pueblos en la que nos indica las claves de un desarrollo integral del hombre y de un desarrollo solidario de la humanidad. En la encíclica “LABOREM EXERCENS” de SS Juan Pablo II (1981), la dedica al trabajo como bien fundamental para la persona, factor primario de la actividad económica y clave de toda la cuestión social. La encíclica “SOLICITUDO REI SOCIALIS” de SS Juan Pablo II (1988) vuelve a tratar el tema del desarrollo, la situación dramática del mundo contemporáneo, centrada en la situación fallida del tercer mundo y las condiciones y las exigencias de  un desarrollo digno del hombre. La encíclica “CENTESIMUS ANNUS” de SS Juan Pablo II (1991), conmemora el centenario de la “Rerum novarum” y pone de manifiesto la reciprocidad entre Dios y el hombre, es decir, reconocer a Dios en cada hombre y a cada hombre en Dios.

SS Benedicto XVI en la encíclica “CARITAS IN VERITATE” (2009) fundamenta el desarrollo humano integral en la Caridad y en el Amor. El Amor es la fuerza extraordinaria que mueve a las personas a comprometerse con valentía y generosidad en el campo de la justicia y la paz, siendo Dios el origen de esta fuerza. Cada uno acepta el proyecto que Dios tiene sobre él para realizarlo plenamente, encontrando su verdad en dicho proyecto y al aceptarla se hace libre. Por tanto, defender la verdad y testimoniarla en la vida, son formas exigentes e insustituibles de la Caridad. De esta forma Benedicto XVI nos identifica la caridad como la vía maestra de la doctrina social de la Iglesia: el anuncio de la verdad del amor de Cristo en la sociedad. Existe una relación muy profunda entre el anuncio de Cristo y la promoción de la persona en la sociedad. El testimonio de la caridad de Cristo mediante obras de justicia, paz y desarrollo forma parte de la evangelización, porque a Jesucristo, que nos ama, le interesa todo el hombre.

La doctrina social de la Iglesia tiene una importante dimensión interdisciplinar, permitiendo desempeñar una misión de eficacia extraordinaria en el ámbito de la investigación científica y su valoración moral. Permite a la fe, a la teología, a la metafísica y a las ciencias encontrar su lugar dentro de  una colaboración al servicio del hombre. La doctrina social sostiene que se pueden vivir relaciones auténticamente humanas, de amistad y sociabilidad, de solidaridad y de reciprocidad también dentro de la actividad económica ya que es una actividad del hombre y por tanto debe ser articulada e institucionalizada éticamente.

La doctrina social de la Iglesia siempre ha mantenido que la justicia afecta a todas las fases de la actividad económica, puesto que en todo momento tiene que ver con el hombre y sus derechos: obtención de recursos, financiación, producción, consumo,… todas las fases tienen implicaciones morales y por tanto toda decisión económica tiene consecuencias de carácter moral. La doctrina social de la Iglesia ofrece la visión del hombre “creado a imagen de Dios” (Gn 1,27), lo que nos lleva a la inviolable dignidad de la persona humana y la trascendencia de las normas morales naturales. La religión cristiana y las otras religiones pueden contribuir al desarrollo solo si Dios tiene su lugar en el mundo actual, bien en su dimensión cultural, económica, social, y como no en la política. SS Benedicto XVI, siguiendo el magisterio de sus predecesores como hemos visto, nos invita a hacer nuestro el “proyecto de Dios” y vivir el amor (caridad) comprometiéndonos con la verdad y en el ámbito de la justicia y la paz.

Y ¿cómo en nuestras hermandades ponemos en práctica todo esto? Pues casi desde sus orígenes están trabajando en este sentido, la mayoría de las veces con más sentido común que doctrina pero siempre siguiendo estas directrices. Cada una emprende distintas acciones según su realidad geográfica: localidad, barrio, comunidad parroquial (Caritas Parroquial), su propio núcleo de hermanos….  Nuestra Hermandad tiene en la actualidad distintas líneas de actuación bien de por sí: asistiendo  a la Comunidad de Pobres Clarisas Capuchinas del Convento de Santa Rosalía, así como a la Comunidad Franciscana de la que formamos parte, así como atendiendo directamente a personas con necesidad, sean hermanos o no, cuando tiene conocimiento de la misma -pago de hipotecas, luz- situación ésta que hemos visto incrementada en los últimos tiempos de crisis; dedicando el 0,7% de nuestros ingresos a alguna acción social exterior, siendo en los últimos años con el proyecto Fraternitas, colaborando con la acción social conjunta que llevamos las distintas hermandades del Lunes Santo entregando ayudas económicas a dos instituciones benéficas al año, una en vísperas de Navidad y otra en vísperas de Semana Santa; y también colaborando con el economato social sostenido por las hermandades del Distrito Casco Antiguo.

Estos son solo algunos ejemplos, y cada hermandad tiene los suyos propios. Continuemos trabajando según las directrices marcadas por el magisterio de la Iglesia, y que sus frutos sean visibles cuanto antes, puesto que de la actual situación solo saldremos con el esfuerzo de todos.