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martes, 14 de julio de 2020

Dejad que se acerquen


Las juntas tienen una tarea fundamental, tanto o más importante que cumplir los fines y las reglas de la corporación, y es garantizar la continuidad de la misma.

Nuestro universo de la semana santa es grande y diverso. Gracias a esta pluralidad manifestada en las diferentes características y personalidad de las diferentes hermandades tenemos el amplio abanico de corporaciones existentes, que en el caso de Sevilla capital son en torno a 60  y solo en el apartado de penitencia. Dentro de un mismo culto publico a Dios en torno a diversos momentos de la Pasión de Jesucristo, nos encontramos diferentes formas de hacer que responden a diversas causas: históricas, geográficas, artísticas… con el resultado tan rico y completo que todos conocemos.

Un aspecto en el que quisiera fijarme es en lo que llamamos la vida de hermandad, en la forma como se desarrolla el día a día de las diferentes corporaciones: grandes, pequeñas, de siglos, nuevas, de centro o de barrio, cada una manifiesta de diversa manera si vida interior durante el año. Hay hermandades que tienen hermanos en sus casas prácticamente todos los días del año, otras que se reúnen principalmente el día del culto semanal, quizás por la localización geográfica en la ciudad de unas y otras, pero algo que si es significativo es la asistencia  de los hermanos más pequeños en la vida diaria de la hermandad, pues son estos hermanos quienes garantizarán la pervivencia de la cofradía. Esto no significa que los niños tengan que ser parte integrante de todas las actividades de la hermandad, pero es innegable que cuanto mas alta sea su participación mas se acentuará su sentido de pertenencia a la institución y reforzará su filiación a la misma a lo largo del los años. Incluso no asistiendo a diario pero sintiéndose acogidos en sus visitas a la hermandad estará mas que conseguido este objetivo, siendo muy importante que se pueda fomentar su participación en la estación penitencial en la medida de las posibilidades, pues somos conscientes que hay hermandades en las que no se puede vestir el habito penitencial hasta los 14 años, aunque tienen puestos singulares para estos hermanos mas pequeños, conviene recordar cuan importante es la labor de los diputados, celadores y canastillas en la acogida de los hermanos.

Quienes siendo niños se sienten parte de la hermandad, casi con total seguridad continuaran vinculados como juventud, pudiéndose integrar en la vida activa de trabajo de la corporación,  pudiendo llegar a ser los miembros de junta del futuro. O puede que sean un simple hermano de cirio o cruz, pero ¿acaso no hacen falta en la nómina simples hermanos de cirio o cruz? Si no hay niños no hay futuro. Las juntas tienen una tarea fundamental, tanto o más importante que cumplir los fines y las reglas de la corporación, y es garantizar la continuidad de la misma, no solo formando buenos candidatos a miembros de junta para el futuro, sino trabajando activamente para mantener el número de hermanos. Para esto es imprescindible hacer atractiva la hermandad más allá de la devoción a los titulares, una buena acogida a los nuevos hermanos  y fomentando el sentido de pertenencia a la casa desde los primeros años  de la vida de sus hermanos. Dejemos que los niños se acerquen y demos vida a la casa, al igual que las familias que se ven tanto más vivas cuando en las mismas hay niños y después nietos.

lunes, 18 de mayo de 2020

Devociones del corazón


No necesitamos nada especial para que una hermandad nos produzca un apego o singular cariño a sus imágenes titulares, solo el sentimiento que la contemplación de las mismas produce en nuestro interior  las hace insustituibles en nuestro programa personal de la semana santa.

La vida sigue, el virus con nosotros y nosotros intentando aprender de él. Nuevas cancelaciones y aplazamientos que nos dejan de manifiesto una y otra vez esta primavera esfumada de 2020. En contrapartida el proceso de recuperación nos devuelve la apertura de nuestros templos que, poco a poco y con grandes medidas de seguridad y aforo,  nos empiezan a devolver un culto abierto al que poder sumarnos.

Justo en esta vuelta a la celebración del sacramento en comunidad acudí a mi parroquia, templo más cercano, donde tuve la dicha de compartir la eucaristía con mis vecinos y previamente la exposición y bendición con el Santísimo, siempre ante las benditas imágenes de la hermandad del barrio. Es precisamente la presencia de las mismas la que hace volar el pensamiento y la memoria haciéndonos reflexionar sobre el cariño y devoción que nos puedan representar estas imágenes que, aunque no sean las  de nuestra hermandad, si nos representan una cercanía particular por cuanto conjugan nuestro amor por Jesús y María en unión a lo que representa la hermandad en nuestra cultura popular.

Pero este sentimiento no es exclusivo de la hermandad de nuestro barrio, hay otras hermandades que también evocan este sentimiento en nuestro interior por cuanto suponen una cercanía con sus hermanos bien por amistad, por convivencias entre juntas de gobierno o las propias realizadas entre las hermandades del día, por diversas actividades realizadas desde los grupos jóvenes (las cuales incluyen un componente inseparable de convivencia entre los mismos).

Pero tampoco necesitamos nada especial, pues es normal que en cada jornada de la semana santa tengamos alguna hermandad que nos produzca un apego o singular cariño a sus imágenes titulares, sin que tenga que mediar ninguna de las anteriormente citadas, simplemente el sentimiento que la contemplación de las mismas produce en nuestro interior  las hace insustituibles en nuestro programa personal de la semana santa, incidiendo en que cada día tenga ese punto especial que lo hace indispensable, aunque no sea el día grande de nuestra cofradía. Todo ello supone que la visita a sus templos tenga un añadido especial y sentimental que pueda incluso, en algunos momentos, suplir la visita a la capilla de nuestra hermandad, pues al fin y al cabo rezamos a un mismo Jesús y a una misma María independientemente de su advocación o imágenes que los representen.

Pero este valor añadido no es exclusivo de la semana santa pues tenemos muchas devociones que forman parte de nuestro intimo ser que vienen aprendidas y en herencia directa de nuestras madres y abuelas, fundamentalmente. Devociones de mes de mayo “venid y vamos todos”, de mes de junio “En Vos confío”, de mes de julio a la Reina del Carmelo, de novena en agosto a quien solo necesita que le llamen “La Virgen”, devociones selladas los viernes con un beso en el talón. Esto es, sin más vuelta ni más razón, porque no hay razones que valgan donde manda el corazón.

lunes, 11 de mayo de 2020

La imagen de la hermandad.


Un buen equipo de comunicación es hoy día un valor en alza en las hermandades, no solo por coordinar la publicación de los mensajes en los diferentes canales de que disponga la hermandad, sino como centro de atención a los medios de comunicación, lo que redundará en una mayor calidad de la información que se transmita.


Amanece un nuevo lunes y con el nuevas esperanzas, nuevas perspectivas y nuevas situaciones en este encierro que empezamos a remitir. Durante este tiempo ha sido fundamental el contacto con nuestras hermandades a través de las diferentes redes sociales y medios de comunicación, que nos han acercado misas, oraciones, cultos, la propia estación de penitencia, y por supuesto las noticias emanadas desde las corporaciones, así como fotografías de nuestros titulares, lo que nos ha hecho sentir su cercanía en estos difíciles momentos. Mucho hemos avanzado en términos de comunicación, ya lo hemos venido repitiendo en entradas anteriores, pero aún nos queda mucho camino por recorrer.

La hermandad en si no es ningún medio de comunicación pero si un transmisor de contenidos que por la propia idiosincrasia de las corporaciones son fundamentalmente de carácter evangelizador y en este sentido la propia Iglesia, desde SS Pablo VI, nos insta a usar estos medios para predicar el mensaje de la Salvación a la vez de enseñar el recto uso de los mismos. El propio proceso de la comunicación es algo que no se puede improvisar, a poco que reflexionemos es de sentido común que el uso de las redes sociales ha de ser cuidado y medido pues lo que en ellos se diga es directamente emanado desde el seno de la hermandad  por lo que va a resultar la imagen de la misma proyectada en la sociedad. Cualquier fallo, desliz o distracción que suponga la publicación de un mensaje no adecuado que precise de rectificación es algo que puede restar credibilidad a la institución. Por tanto es muy conveniente que las cofradías tomemos conciencia de esta nueva situación y apostemos por los nuevos medios de comunicación que se nos ofrecen y que van siendo cada vez de uso más mayoritario en la sociedad.

Apostar no quiere decir que centremos toda la atención en las redes sociales, sino que aprovechando el tirón generado por la situación actual nos formemos y preparemos en el correcto uso de las mismas, cada hermandad dentro de su propia identidad y personalidad. Es muy importante la creación de equipos de trabajo de este área con personas que tengan conocimientos en este campo (o que se formen) y, por supuesto, que conozcan a la perfección la institución en la que van a desempeñar su labor. Siempre he sido defensor que en la “casa” podemos tener gente que aporte en todos los campos (de hecho soy partidario que siempre que sea posible, y haya hermanos dispuestos a colaborar, debemos contar con su participación pues no solo cubriremos la necesidad en cada caso, sino que además fomentaremos la convivencia entre los hermanos que es una de las razones de ser de las hermandades), y este no va a ser una excepción, pero nunca debemos dejar de lado la posibilidad de contratar un especialista en este campo que nos ayude, asesore, instruya y pueda también estar operativo para cuando la inmediatez de respuesta en algunas ocasiones así lo requiera.

Un buen equipo de comunicación es hoy día un valor en alza en las hermandades. No solo por cubrir las distintas informaciones y coordinar la publicación de las mismas en los diferentes canales de que disponga la hermandad, sino además como centro de atención a los periodistas, medios generalistas de comunicación y a las diferentes web y portales de información religiosa y cofrade que se harán eco de las diferentes informaciones que puedan surgir desde la hermandad. Una correcta atención  a los profesionales redundará en una mayor calidad de la información que se transmita.

Una buena labor de comunicación no necesita ser algo ni reiterativo ni redundante, lo que nos conduciría a la pesadez y hartazgo. Ha de ser siempre veraz, honesta, conveniente y sobre todo que tengamos muy en cuenta que en todos y en cada uno de los mensajes que podamos ofrecer van implícitos siempre Jesús y María, y por tanto han de ser fuente constante de evangelización, que en definitiva será la mejor imagen que se pueda transmitir de la hermandad.

lunes, 4 de mayo de 2020

La vida sigue igual


En la línea habitual de acción de las cofradías se abre un amplio horizonte de trabajo, no solo en la ayuda al necesitado tanto a nivel económico como asistencial, sino muy especialmente en la misión evangelizadora que tenemos, como parte de la Iglesia que somos. Aquí la vida sí que no debe seguir igual.

Siendo niño se hizo muy  popular una canción de un jovencísimo Julio Iglesias cuyo título saco a relucir y cuya letra decía: “Al final las obras quedan las gentes se van. Otros que vienen las continuaran, la vida sigue igual”. La canción nos dice que conforme va pasando el tiempo las personas pasamos y las obran continúan y la vida sigue su curso. Esto es justamente así en nuestras hermandades que atesoran muchas de ellas una historia de siglos y ahí permanecen. Incluso las más modernas cuenta ya con varias generaciones de hermanos en su historia. Pero no es precisamente a esto a lo que me quiero referir hoy, sino a otro significado que también podemos darle al título de esta canción que es diametralmente opuesto y es que en muchas ocasiones nos dejamos llevar por la rutina, inacción o lo que solemos decir “marear la perdiz” para no actuar ante los acontecimiento y dejar que la vida sigua exactamente igual.

Cuando se inició esta pasada cuaresma lo hacíamos con la noticia de que el domingo de ramos continuaría igual que el año anterior. Nuevamente casi un año transcurrido y sin solución a la nueva realidad de los diferentes días debido fundamentalmente a la dimensión que han adquirido los cortejos de la mayoría de las hermandades que hace muy difícil mantener los actuales horarios e itinerarios de las hermandades por el espacio que ocupan en la geografía urbana de la ciudad. No es el domingo el único día afectado como todos sabemos, ni es momento de debates, pero si es una muestra de lo que indicábamos al principio de esta reflexión, que la vida sigue igual.

Esta cuaresma que, si bien se inició como las anteriores, pronto cambió en el rumbo inesperado de la situación excepcional que estamos viviendo y que nos ha dejado una semana santa inédita que, como ya hemos dicho anteriormente, nunca se nos hubiera pasado por la cabeza vivir. Tras cincuenta días de confinamiento y, ya bien pasada la semana santa, tenemos otra vida sigue igual en base a lo que podrá ser o no ser el año próximo. Si aún no sabemos cuándo tendremos vacunas ni cómo va a evolucionar la situación ahora que empezamos a levantar poco a poco las restricciones, ¿Cómo seguimos un día sí y otro también con lo que será la semana santa de 2021? Si habrá costaleros o no; si será solo de nazarenos sin pasos (¿oiga y como tenemos 600, o más, nazarenos en una capilla o parroquia?); mientras no tengamos datos precisos y conocimientos del virus es hablar por hablar y la vida sigue igual. A este respecto de las pocas cosas sensatas que he oído ha sido al presidente del Consejo, cuando ha dicho que para 2021 están contemplando “todos” los escenarios posibles. La solución, como hemos dicho hasta la saciedad, la dará el tiempo.

Y también quisiera referirme a otra cuestión que, con mucha sensatez, he leído en los últimos días,  el artículo de Ignacio Valduérteles sobre el importante papel que tienen las hermandades en los nuevos tiempos que se vienen (me niego a llamarlo nueva normalidad). En la línea habitual de acción de las cofradías se abre un amplio horizonte de trabajo, no solo en la ayuda al necesitado tanto a nivel económico como asistencial, sino muy especialmente en la misión evangelizadora que tenemos, como parte de la Iglesia que somos, en estos momentos en que la laicidad imperante en la sociedad hace más necesaria la formación en los valores religiosos en que creemos, que sean respetados por el resto de la sociedad como valores particulares de la persona que son, que no deben ser impuestos pero que cada cual es libre de tener. En esto el papel de las hermandades es fundamental y aquí la vida sí que no debe seguir igual.

Retomemos la canción de Julio Iglesias: “Siempre hay por quién vivir y a quien amar. Siempre hay por qué vivir por qué luchar.” Pongámonos las pilas y hagamos que la vida siga igual pero en el estricto sentido que nos dice la canción. Tenemos faena.

martes, 28 de abril de 2020

La vida...


Son muchos buenos ratos en los que te ha desgranado ese fondo profundo que se torna en el rito y la regla que hiere a Montesinos por el camino más corto de la memoria, pero con las palabras coloquiales de quien, como un padre, muestra a sus hijos esos jirones del alma que conforman el ser íntimo de la hermandad.

Un antiguo hermano y amigo, cada vez que hablamos sobre la hermandad en las buenas tertulias que gustamos de tener los hermanos en nuestras capillas y casas de hermandad (y grupos de whattsapp, que no hay que dar la espalda a las tecnologías), al referirnos a recuerdos de lo pasado y la evolución de los tiempos suele apostillar: “La vida…” He de reconocer que si bien entiendo perfectamente lo que quiere decir en cada momento, en cada conversación, en cada circunstancia, siempre me deja ese pequeño resquicio a la reflexión sobre las diferentes interpretaciones que podemos darle a la palabra vida. Según el diccionario vida es el tiempo que transcurre desde el nacimiento de un ser hasta su muerte. También es la propia existencia de los seres, o la fuerza o actividad esencial mediante la que obra el ser que la posee. Quizás nosotros al decir “la vida” nos referimos a todo aquello que rodea nuestra propia realidad, la experiencia que adquirimos a través de los hechos que nos ocurren, tanto buenos como menos buenos, y la enseñanza que los mismos nos aportan. Quizá una de las mejores cosas que podemos agradecer a la vida es la oportunidad de conocer a  grandes y magnificas personas que nos aportan sus conocimientos, experiencias, vivencias, inquietudes, que nos enseñan, nos corrigen en lo que vamos mal encaminado, nos alientan cuando se nos hace duro el camino y nos sonríen en nuestros logros. En las cofradías nos encontramos con muchos hermanos que marcarán nuestro paso por la misma, por lo que nos transmiten y por la forma en que lo hacen.
 
Es ese hermano al que conoces incluso antes de llegar a la hermandad, porque en esta ciudad en el fondo nos conocemos todos, y a quien no conocemos en primera instancia terminamos encontrando un amigo común. Así, llegas a este hermano en esas magnificas tertulias de sábados a mediodía  en las que se entablan esas magnificas conversaciones sobre su hermandad, de la que es hermano desde hace varias generaciones y, que a ti te fascina desde que eras chico. Son muchos buenos ratos en los que te ha desgranado ese fondo profundo que se torna en el rito y la regla que hiere a Montesinos por el camino más corto de la memoria, pero con las palabras coloquiales de quien, como un padre, muestra a sus hijos esos jirones del alma que conforman el ser íntimo de la hermandad. Y tanto entusiasmo tiene en sus palabras y en su trato cariñoso y cercano que, entusiasmado vences las dudas familiares y te haces hermano de esa hermandad anhelada, tornándose esos encuentros de ratos fugaces en convivencia en la iglesia y casa de hermandad. Y ya no es solo contar desde sus recuerdos la historia vivida con su familia y los hermanos antiguos, los que son para nosotros la experiencia, sino compartir y enseñar la historia reciente de la hermandad. Tardes de besamanos y besapiés donde la juventud nos acercábamos a conocer su opinión, sus crónicas, sus constructivas y a veces guasonas críticas y sus constantes referencias a sus buenos amigos y hermanos cofrades, de la nuestra y de otras hermandades con lo que el aprendizaje estaba asegurado. También noches de priostía en las fechas más señaladas donde se alternaba la convivencia con el trabajo en hermandad, siempre con la buena charla, oídos atentos y la mente presta a absorber información. Noches de cuaresma hablando del andar de la cofradía y sobre todo del paso de la Virgen, que conocía como pocos en sus muchos años saliendo junto a la Señora, y que también nos transmitía desde ese saber que otorga la experiencia.

Así, nuestros hijos tomaron el lugar que ocupábamos en la nueva generación de juventud deseosa de conocer, por tus palabras, ese rincón intimo que la historia y los sentimientos vividos hacen que cada hermandad tenga guardado para que sus hermanos lo descubran cuando estén dispuestos a darse y trabajar entre todos para perpetuar este legado recibido de quienes nos precedieron.

Y fueron pasando los años, fuimos creciendo, cambiando estudios por trabajo, formando nuestras familias, continuando en el seno de la hermandad y pasamos de ser los oyentes a ser sus contertulios, los que intercambiamos opiniones con el amigo, el hermano. Así, nuestros hijos tomaron el lugar que ocupábamos en la nueva generación de juventud deseosa de conocer, por tus palabras, ese rincón intimo que la historia y los sentimientos vividos hacen que cada hermandad tenga guardado para que sus hermanos lo descubran cuando estén dispuestos a darse y trabajar entre todos para perpetuar este legado recibido de quienes nos precedieron. Como dice mi amigo (y hermano) la vida… La vida es caprichosa y, lo que nos otorga un día otro nos los arrebata, dejándonos un poco más huérfanos, haciendo más corta la fila de nazarenos que nos preceden y obligándonos a adelantar puestos en la misma, a la vez que hace más larga la de quienes vienen detrás, que nos tendrán como modelo por ser ahora quienes les precedemos, y que solo podremos hacerlo si somos fieles al espíritu que nuestros mayores nos enseñaron, que tú nos enseñaste. En nuestro recuerdo siempre, querido Juan.



martes, 14 de abril de 2020

Comunicación


Desde el primer momento de encierro decretado, las hermandades han hecho uso de las herramientas que tienen a su alcance para estar en contacto con sus hermanos, transmitiendo mensajes de cercanía, de apoyo y de oración.

Hemos culminado la semana santa, tan especial que nunca la hubiéramos imaginado. Hemos conmemorado la pasión, muerte y resurrección de Jesús, por supuesto aunque no de la manera que nos es propia y habitual, y no solo por no haber tenido las procesiones que es el santo y seña de nuestra cultura popular de siglos, sino por la imposibilidad de estar presentes en los templos para celebrar los misterios de nuestra fe. En este tiempo pascual en el que celebramos la más grande gloria de nuestra creencia, es el habitual momento para reflexionar sobre lo acontecido en la pasada semana santa, este año sin pasos. Tan excepcional ha sido que las hermandades han tenido que  hacerse presentes ante sus hermanos a través de las redes sociales y medios de comunicación, que ha resultado ser el camino más fácil y directo.

De todos es sabido que el uso de las redes sociales en las hermandades no ha sido algo con plena aceptación desde el primer instante, pero han resultado ser la vía directa de comunicación con los hermanos. Así, desde el primer momento de encierro decretado, las hermandades han hecho uso de las herramientas que tienen a su alcance para estar en contacto con sus hermanos, incluso las más reticentes han transmitido mensajes de cercanía en esta cuaresma encerrada; de apoyo ante las dificultades que estamos viviendo y que vendrán; de oraciones que compartir para pedir por los enfermos y fallecidos y por la salud de todos, de unirse a parroquias y el arzobispado para llevar la eucaristía dominical y, como no, los íntimos viacrucis y actos de piedad cuando no es posible realizar la estación penitencial.

La propia Iglesia ya nos dice que estos medios, bien utilizados, son un camino para la evangelización, el Papa San Pablo VI en su decreto “Inter Mirifica” (Entre los maravillosos inventos…) sobre los medios de comunicación social, nos dice en el inicio de su número 3 “La Iglesia católica, fundada por Cristo el Señor para llevar la salvación a todos los hombres y, en consecuencia, urgida por la necesidad de evangelizar, considera que forma parte de su misión predicar el mensaje de salvación, con la ayuda, también, de los medios de comunicación social, y enseñar a los hombres su recto uso.”

Y ¿cuál es el beneficio que obtenemos la hermandades por utilizar las redes sociales y medios de comunicación? Beneficio y responsabilidad, obviamente, a tenor de lo que nos indica la Iglesia. Es beneficio porque nos favorece el contacto con los hermanos, habiendo creado hermandad donde teníamos aislamiento. Es beneficio porque nos ofrece sentir la cercanía de la hermandad incluso en la distancia, esto pensando en nuestros hermanos que viven en otra localidad distinta que no permita los desplazamientos habituales a la capilla y casa de hermandad. Es beneficio porque son medios económicos y sobre todo nos permiten una inmediatez en la recepción de los mensajes. Es beneficio porque ha permitido la participación en ésta particular estación de penitencia vivida este año. Es beneficio porque en todos nuestros mensajes están Jesús y María. La responsabilidad es utilizarlos de forma adecuada y seria, precisamente porque en todos los mensajes están Jesús y María, porque transmiten y son el escaparate, la imagen de la hermandad y también de la Iglesia, como parte de ella que somos. En nuestra mano está aprovecharlos y darles un uso correcto.

miércoles, 1 de abril de 2020

En hermandad


Todo cobra un valor especial cuando, gracias las redes sociales, se nos ofrece la oportunidad de mantener esa tertulia imprescindible antes y después de los cultos que nos hace ser hermandad.

Cuando escribo estas líneas es martes de la semana de pasión. Si, digo bien: semana de pasión. Soy plenamente consciente que, según la liturgia actual, estaríamos hablando del martes de la V semana de cuaresma. Si lo digo así tendría usted que pararse a pensar, pero si le digo martes de pasión recibimos la certeza inmediata que el próximo domingo es domingo de ramos. Una vez en situación, vista la cercanía de nuestros días señalados y la situación actual podríamos entrar en un bucle depresivo, no exento de razón, porque es precisamente estos momentos previos en donde la actividad en las hermandades llega a su culmen, y en las casas la actividad se vuelve frenética dando los últimos retoques a túnicas, capirotes, espartos, cíngulos, trajes, ropa de fiesta y de serio, llenando las despensas y preparando de comer para que los días que vienen estén dedicados por entero a disfrutarlos con la familia, amigos y con los hermanos de cofradía.

Pues justamente de toda la actividad de esta semana previa a la semana santa: cultos, montajes, besapiés, besamanos, montajes, incluso las primeras estaciones de penitencia, he de confesar que lo que más me falta son los momentos antes y después que pasamos con nuestros hermanos y son los que ponen en valor todos los actos de la hermandad incluida la estación de penitencia. La individualidad del hermano pasa a un segundo plano en tan que, al celebrar todos juntos con el mismo fin e intención, aunque vayamos en silencio bajo la túnica, es un acto comunitario en que se pierde el yo y se encuentra la hermandad. Es justo al igual que sucede en la música coral: se pierde la voz individual de cada uno de los componentes del coro y aparece la voz única de la formación musical (aplíquese esto mismo para las bandas de música, cornetas, agrupación o capillas). Por eso es tan importante el abrazo de los nazarenos deseándonos buena estación, el rito de la paz en la eucaristía, o las convivencias antes y después de los cultos, porque perdemos la voz individual para que aparezca la voz de la hermandad.

¿Y cómo podemos vivirlo en estos días de forzada reclusión? A través de las redes sociales y medios de comunicación podemos seguir los distintos cultos, meditaciones, ejercicio de las cinco llagas, viacrucis, ángelus (en Vera Cruz lo enviamos grabado una familia diferente para sentirnos unidos aún en la distancia), por supuesto la misa dominical… Y todo cobra un valor especial cuando, gracias a los siempre terribles grupos de whattsapp y otras redes sociales, que en esta ocasión nos ofrecen la oportunidad de mantener esa tertulia imprescindible antes y después de los cultos que nos hace ser hermandad.

Pues sí, el próximo domingo es domingo de ramos y empieza la semana santa. No hay que esperar un año, eso solo para quien se queda con el cucurucho de las procesiones y no disfruta el contenido del mismo que es lo que le da sentido y valor: la celebración de la pasión muerte y resurrección del Señor, y sobre todo celebrarlo en unidad con nuestros hermanos. Y esto último, aunque sea a distancia, lo tenemos al alcance de la mano.

lunes, 16 de marzo de 2020

Asistencia y Oración


Las hermandades, aun en estas circunstancias adversas, saben sacar lo mejor de sí mismas para demostrar que si sabemos luchar contra las dificultades.

Sé que esta semana voy tarde. Si, en mi compromiso personal de compartir alguna reflexión sobre la semana santa que nos gusta, compartimos y amamos, esta semana voy tarde. Porque los acontecimientos no se han sucedido, se han precipitado y de una manera inimaginable hasta el momento. Virus, contagio, pandemia, todo esto nos tiene absorbidos, absortos, preocupados, con miedo, rabia, coraje, desengaño, impotencia… Todo lo que pudiéramos poner sería verdad y además rematado con la noticia de la suspensión de las procesiones. ¿Pero vamos desde cuando habéis llamado desfiles procesionales  a las cofradías? (Es verdad vecino, ¿Cuándo las hemos llamado así?) Pues simplemente es para recalcar que se suspenden la procesiones o las cofradías en la calle, o como lo queramos llamar, pero la semana santa  no. La semana santa no se puede suspender porque: primero es la celebración de la pasión muerte y resurrección de Jesús, y esto lo vamos a celebrar bien sea con procesiones (cuando se pueda), con las celebraciones litúrgicas (bien en las parroquias o bien por radio tv o streaming), y también desde el recuerdo personal de cada uno en tanto que las hermandades forman parte de nuestra vida cotidiana, aunque de esto hablaremos en otra ocasión.
 
Pero las hermandades, aun en estas circunstancias adversas, saben sacar lo mejor de sí mismas para demostrar que si sabemos luchar contra las dificultades y en estos momentos que debemos quedarnos en casa en tanto se controle la situación, nos movilizamos para atender en sus necesidades a tantos mayores que no deben salir de sus casas para ayudarles en sus compras y para que sientan que aunque dentro de sus casas no están solos en esta batalla. O para ayudar a familias que tiene la obligación de acudir a sus puestos de trabajo: sanitarios, fuerzas de orden público, comercios de alimentación, transportistas, todos aquellos que por su profesión han de atender las necesidades de la comunidad pero que también precisan de ayuda para el cuidado de sus familias. Claro que esto no es exclusivo de las hermandades, bastantes jóvenes también se han ofrecido a través de RRSS a quien les pueda necesitar, algo también digno de elogio y aplauso.

Simplemente dos ejemplos de lo que se puede hacer en momentos de necesidad: el servicio a los demás y la oración en común.

Y no es solo esto, que no es poco, las hermandades también nos emplazan para la oración, como fin principal de las mismas: dar culto a Dios en la contemplación de algún misterio concreto de la pasión del Señor. Oración que, como todo en la hermandad, es un acto individual de encuentro y dialogo con Dios y a la vez algo que hacemos en común los hermanos, pues aunque lo hagamos en distinto momento y lugar nuestra intención es igual para todos y más en estos momentos que pedimos por la erradicación de la enfermedad y salud para todos.

Simplemente dos ejemplos de lo que se puede hacer en momentos de necesidad: el servicio a los demás y la oración en común. Así de simple y así de definitivo. Por eso las procesiones se podrán suspender pero mientras existan nuestras hermandades la semana santa existirá siempre.

domingo, 1 de marzo de 2020

Reflejo


En este afán de anticipación que vivimos en la actualidad muchos felicitan la llegada de la cuaresma, cuando lo que debemos es vivir intensamente estos días como preparación a la gran fiesta de la Pascua.

La primera parte del año, hablando en términos cofradieros, viene marcada por la que es actividad central en las hermandades: los cultos y la semana santa con la estación penitencial, y su culminación en la Pascua de Resurrección, eje central de la vida de la iglesia. Al igual que la Navidad, la segunda gran fiesta cristiana, viene precedida de un tiempo de preparación y austeridad que hace que resalte aún más la gran alegría que supone el nacimiento y la resurrección del Señor. Dicho sea de paso, en este afán de anticipación que vivimos en la actualidad, muchos se felicitan la llegada de la cuaresma por cuanto nos anuncia la llegada de los días del gozo de los cofrades, cuando en realidad lo que debemos hacer es vivir intensamente estos días como preparación a la gran fiesta de la Pascua, que sí anticipamos en nuestra estación penitencial.

Como la estación de penitencia es en cierto modo una celebración anticipada de la Pascua, según nos lo ha explicado en varias ocasiones el salesiano Luis Fernando Álvarez, podríamos asemejar este tiempo de preparación cuaresmal a nuestra vida de hermandad previa a la semana santa. Cuanto mas participativa sea nuestra vida en la corporación, tanto más fructífera será nuestra estación penitencial (y por ende nuestra Pascua), por cuanto que a la vivencias particulares y personales hay que sumar las compartidas con nuestros hermanos.

Una hermandad viva nos la muestra el buen ambiente existente entre sus hermanos, lo que se traduce en una buena participación en el diario, en los cultos y en la estación penitencial.


Este tiempo de cultos que vivimos en estos días, y que se acrecienta en la cuaresma recién estrenada, no solo nos ofrece la oportunidad de hacer esta vida de hermandad que nos  une a nuestros hermanos, como ya hemos comentado, sino que además es el reflejo del estado de salud de la hermandad. Una hermandad viva nos la muestra el buen ambiente existente entre sus hermanos, lo que se traduce en una buena participación en el diario, en los cultos y en la estación penitencial.

Tengo la inmensa fortuna de formar parte de una capilla musical con que he participado en los cultos de numerosas hermandades. Esto me ha permitido conocer en primera persona tanto la forma de celebrar sus cultos, así como ser testigo de cómo se relacionan sus hermanos. No solo puedo aprender su idiosincrasia particular, sino que puedo comprobar el ambiente que reina entre sus hermanos. Centrándome en esto último es maravilloso ver el templo lleno, los hermanos saludándose y atendiéndose entre sí, comprobar como cada día son diferentes las personas que atienden lo necesario para el culto: oraciones, lecturas, colecta…, como la juventud está presente, salga o no de acólito, estando pendiente de cualquier eventualidad que pueda surgir,… Y todo esto antes, durante y después del culto, pues el simple hecho de ver el desfile procesional de una hermandad en su estación de penitencia ya nos deje entrever, en su cierta medida, si existe buen ambiente de hermandad.

Estas muestras, testigos, referencias… son, en resumen, el reflejo de una vida entre hermanos cumpliendo la escritura del Libro de los Hechos de los Apóstoles que nos dice el modo como deben reconocer que somos cristianos: “El número de los cristianos aumentaba cada vez más. Quienes los veían decían: ¡miren cómo se aman! (Hch 2, 42-47)


domingo, 16 de febrero de 2020

Streaming


Se ha comentado muchas veces y por supuesto aquí también, la importancia que tiene el sentido de pertenencia a un colectivo, asociación, hermandad,… tanto más la sentimos como nuestra cuanto nos identificamos con ella, y para ello es muy importante la labor que desde éstas se hace para que sus miembros se sientan parte de las mismas. Centrándonos en las hermandades, tema fundamental que se trata en este rinconcito de internet, volvemos a reflexionar sobre lo importante que es sentirse parte de la misma.

Viene a esto a colación porque, días atrás, estando la hermandad familiar celebrando sus cultos anuales, y no poder asistir mi hija por motivos de estudio, llegada la hora de empezar la función principal me envió un mensaje, vía whattsapp, con un texto escueto y a la vez rotundo: “manda fotos”. ¿Se puede expresar más con menos? ¿Hace falta algo más para decir cuanto duele estar lejos de lo que se siente, de lo que se quiere, de lo que se añora? Una sola foto enviada en el momento justo hace que esa amargura que nos provoca la distancia, se dulcifique por sentirnos cerca de lo que amamos. Por supuesto que tardé cero coma en poner la cámara y enviarle esa foto pedida. Muy posiblemente alguno pensaría “vaya un friki de las fotos, ni en misa…” pero con un pellizco en el estómago estaba llevando esa misma misa a quien no podía asistir. Está claro que una foto de un altar no suple el estar presente junto con tus hermanos, pero me consta que a su destinataria le hizo un poco más feliz.

De igual manera que para mi hija recibir una simple foto pudo suponer sentirse parte de un culto al que no pudo asistir, para otros muchos hermanos que por lejanía, trabajo, enfermedad, o cualquier otra causa no pueden estar presentes, tener algo que le acerque el culto, es muy importante. Justo aquí radica la importancia de las retransmisiones, vía streaming, de los actos singulares de la hermandad. Porque no creo que un streaming tenga un efecto disuasorio para la asistencia de los hermanos a los cultos, pues nunca es sustitutivo del mismo ni da validez al cumplimiento dominical. El auténtico valor radica en el acercamiento que el mismo hace  a los hermanos que no pueden asistir para que, aun en la distancia, se sientan partícipes del mismo como parte de la hermandad que son.

Dejemos los recelos de las nuevas tecnologías y redes sociales. Si bien pueden tener sus cosas menos buenas, quedémonos con lo positivo, con el acercamiento que, a través de las mismas, tiene la hermandad con sus hermanos y, por añadidura, con la posibilidad de evangelización que nos ofrecen. Porque el hecho de retransmitir un culto, acto, conferencia o una simple foto con un mensaje diario, lo que de verdad hace es que el hermano sienta la cercanía de su hermandad y, al recibir estos mensajes por el solo hecho de hacernos pensar en El, ya nos supone un momento de oración. Siguiente streaming por favor.


domingo, 9 de febrero de 2020

La hermandad de chiquitito


A la hermandad de chiquitito le debemos la emoción de la primera papeleta de sitio, de ese hermano (años después será hermano mayor) que te tomó la medida y busco tu primera túnica en el armario de la hermandad.

En nuestra ciudad, las hermandades y cofradías conforman en una parte muy importante el tejido social de la urbe, por ello la mayoría de sus habitantes forman parte de alguna de ellas. Esta pertenencia, como ya se ha hablado en muchas ocasiones, tiene su origen en varias y diferentes causas, pero sin duda una de las más habituales es por la “familia”, pues el ser cofrade es algo que, en la mayoría de los casos, se transmite de padres a hijos. Esta pertenencia a la hermandad familiar, dependiendo de qué tipo de hermandad sea, de negro o de música, conllevaría que el niño no podría participar en la estación penitencial como sus mayores, máxime teniendo en cuenta que en años pasados no era habitual la participación de monaguillos en número tan importante como hoy día, por lo que para salir de nazareno, de niño, había de buscarse una hermandad donde si estuviese permitida su participación. Hablamos de la hermandad de chiquitito. Si bien el motivo fundamental por el que llegamos a nuestra hermandad de chiquitito es poder salir de nazareno los que somos de hermandades de negro, son muy aleatorias las razones que nos llevan a una u otra hermandad, que en resumen son siempre las mismas: familia, cercanía, amistad,…

Los orígenes cofrades familiares de nuestro protagonista son de negro, por lo que para salir de nazareno siendo niño hubo de buscar una hermandad de chiquitito. Hablamos de unos años donde la vida de hermandad no era tan al uso como hoy día, sino que estaba más circunscrita a las miembros de junta, sus allegados y familia más cercana. Para los cofrades en general la participación se centraba en los cultos, estación penitencial y algún acto más que hubiere. Estos actos siempre venían marcado de un carácter extraordinario por cuanto se salía de la rutina de la vida diaria, incluso de la propia hermandad. El sentimiento de pertenencia a las cofradías se centraba en las convocatorias de cultos guardadas, las túnicas en los altillos y la presencia de las convocatorias de cultos pegadas en las columnas de la catedral que era el signo fundamental de que “esto ya está aquí”.

La hermandad de chiquitito marca nuestra vida y nuestra existencia en el ámbito cofrade y muy posiblemente en los demás, pues nos deja un poso en nuestro más íntimo rincón interior que es el resultado de nuestra experiencia, de nuestras miradas, de nuestras oraciones.

A la hermandad de chiquitito le debemos la emoción de la primera papeleta de sitio, de ese hermano (años después será hermano mayor) que te tomó la medida y busco tu primera túnica en el armario de la hdad: cíngulo, antifaz, “los botones puede comprarlo Vd. (a la madre) en tal mercería, llévese uno de muestra, y el escudo ahora se lo da el mayordomo.” Primera estación de penitencia, con tantos nervios que hasta le dio fiebre y hubieron de sacarlo en la catedral, realizándola completa al año siguiente esperando, con ansia, en la parroquia la entrada del palio al son de saetas y campanilleros. Nuevos años, nuevas salidas avanzando en los tramos cada vez más cerca del paso y a la vez también asistiendo a los cultos, sentándose bien cerquita del coro para ser testigo de excepción de las coplas, y en la función principal para paladear esa misa en latín que nunca había oído salvo en las historias de sus mayores. Continúan los años, cambiando el cirio por una vara en esa insignia que pasaría a ser como una prolongación de su casa, con esos otros cuatro nazarenos, los mismos año tras año, con los que se conforma esa familia tan especial de los que compartimos tramos. Un año decide no salir, pues quiere conocer las cofradías de ese día, y ya no lo hace más. Circunstancias de la vida, esa pertenencia de solo cultos y salida se va enfriando y a su vez, lo que tienen las cosas del corazón, otra hermandad se cruza en su camino en la que se integra desde primera hora, donde vive el día a día y hoy es su hermandad, aunque nunca renunció a su hermandad de chiquitito, a la que gusta de ir, compartir los cultos con sus hermanos y ser testigo cada año de la estación penitencial.

Se mantenga o no la pertenencia a la misma, la hermandad de chiquitito marca nuestra vida y nuestra existencia en el ámbito cofrade y muy posiblemente en los demás, pues nos deja un poso en nuestro más íntimo rincón interior que es el resultado de nuestra experiencia, de nuestras miradas, de nuestras oraciones. La hermandad de chiquitito permanece siempre en nuestra memoria y en mi caso particular me enseñó la devoción al Rey de Reyes.

lunes, 3 de febrero de 2020

En familia...


Quiero centrarme en el rosario, que se hacía en familia cuando nos reuníamos en la tarde de los sábados, tardes de Los Bravos alternando con Amargura, que entonces era en singular, tras lo cual los mayores rezaban y los chicos aprendíamos a hacerlo.

Es prácticamente común a todas nuestras hermandades comenzar sus cultos de regla rezando el Santo Rosario. Además de ser una antiquísima oración, pues sus orígenes se remontan al siglo X, no solo constituye una alabanza a la Madre de Nuestro Señor, sino que a través de sus diferentes misterios, desde la Anunciación hasta la Coronación de María como Reina de Cielos y Tierra, repasamos la vida de Jesús a través de su infancia, vida pública, pasión, muerte, resurrección y su regreso glorioso al cielo. No es de extrañar, por tanto, que sea precisamente esta oración la que ocupe los primeros momentos de adoración al Santísimo Sacramento cuando se exponía para la celebración del culto antes del Vaticano II (algunas hermandades si conservan esta exposición previa a la celebración de la Santa Misa), y sirva de prólogo al culto en la actualidad, pues, como comentaba anteriormente, además de constituir un repaso por la vida de Jesús, uniendo el culto a Jesús y su Madre, es una oración que caló hondo en el corazón del pueblo, sobre todo en nuestra ciudad que fue el origen, allá por 1690, de los rosarios públicos o callejeros que muy pronto se extendieron por España y América. Al ser oración del pueblo era costumbre de rezarlo en familia, aunque hoy día, con los nuevos ritmos de vida, ya no es una práctica tan usual.

Foto: Elias Beltrán Rodríguez @ELIASBELTRANROD
Quiero centrarme en este rosario, el que se hacía en familia cuando nos reuníamos en la tarde de los sábados, los mayores rezaban y los chicos aprendíamos a hacerlo. Eran tardes de televisión con apenas dos cadenas, sin internet. Tardes en que tras la película se podía sacar el picú y ponerlo sobre la mesa camilla del salón para escuchar los discos preferidos de cada uno. Tardes de Formula V o Los Bravos alternando con Amargura, entonces era en singular, por la Banda Municipal dirigida por el maestro Braña en aquella mítica grabación en “disco chico” de la casa Alhambra en la que, para tener toda la marcha, del segundo trio se pasaba directamente a la saeta. Tardes de música, también en familia, hasta que caía la luz del sol y se encendía esa pequeña lámpara que confiere a la salita esa luz intima de reposo en la casa, cuando nada más importaba que estar unos con los otros. Justo entonces era el momento del rosario. Normalmente la tía mayor dirigía el rezo mientras los demás iban respondiendo a todas las salutaciones desgranadas en respuesta a los misterios gloriosos que correspondían a los sábados de los primeros setenta. Y después la colección de piropos a la Madre que llamamos letanías que salían a borbotones de ese ajado papel, amarillento ya por los años de uso y oraciones, que servía de guía para el rezo. Así sábado tras sábado, mientras no hubiere algo extraordinario, avemaría tras avemaría, se vivía y rezaba en familia, hasta que un buen día la tía propuso al sobrino mayor, aunque aún no contaba la decena de años, dirigir esta tarde la oración. Sorpresa y titubeo del primer momento y niño con zapatos nuevos al sentir una primera responsabilidad sobre sus hombros. ¡¡Gloria!! Santa María… Desde entonces el rosario fue más rosario porque se sentía protagonista. Y ya lo era antes aunque no se diera cuenta, pues todo el que reza es protagonista de sus oraciones, pero necesitaba ese empujoncito de ser la voz dirigente para considerarse parte fundamental del rezo. Sábado a sábado fue aprendiendo y dejando atrás los titubeos de los primeros momentos llegando casi a no necesitar el ajado papel como guía de la oración.

En los cultos de la hermandad  tenemos ese momento de rezo en común en que, junto a nuestros hermanos, compartimos avemarías en familia mientras recordamos la vida de Jesús.

Ha pasado el tiempo, ya no está la abuela, ni la tía, ni los padres, ni la casa familiar. Ahora hay muchas cadenas de televisión, internet, redes sociales y whattsapp. Las tardes en familia ahora se pasan con el móvil en la mano y, aunque estemos juntos, no es como antes  -simplemente diferente-. Pero en los cultos de la hermandad, tenemos ese momento de rezo en común en que, junto a nuestros hermanos, compartimos avemarías mientras recordamos la vida de Jesús. Y cuando me toca ser la voz dirigente del rezo, el ambón se transforma en mesa camilla y la luz artística de la capilla se torna en quinqué sobre la mesa que alumbra las letanías que dedicamos a la Virgen y que, como las mejores cosas, hacemos en familia.

lunes, 13 de enero de 2020

Culto


Hemos comentado muchas veces que en los muchos siglos de historia de las hermandades, éstas han ido evolucionando en sus formas atendiendo a los cambios de orden político, social y religioso, que han conformado la imagen que actualmente tienen nuestras cofradías. En cuanto a estos cambios religiosos vamos a prestar atención a aquellos que vinieron por el Concilio Vaticano II que supusieron para la liturgia, como cumbre a la que tiende toda la acción de la Iglesia, un antes y un después en la forma de celebrar los diferentes sacramentos y sobre todo la eucaristía. Estos cambios introducidos, aparte de algunas modificaciones en la estructura de los diferentes ritos que conforman la celebración, fueron la introducción de la lengua vernácula, que supuso un acercamiento de la liturgia a los fieles quienes desde este momento podían seguir la Santa Misa con mucha más facilidad, a la vez que se potenciaba su activa participación en la misma. También la reducción del tiempo de ayuno previo a la comunión, pasando de ser desde las 12 de la noche del día anterior a solo una hora previa, cuya consecuencia inmediata fue la posibilidad de celebrar la eucaristía por las tardes y, por tanto, la inclusión de ésta celebración en el diario de los cultos de las cofradías.

Los cultos antes del Vaticano II, al no poder celebrarse la eucaristía, giraban en torno a la adoración a S.D.M. en exposición mayor, esto es en el ostensorio. Una vez expuesto, tras el canto del pange lingua, se rezaba el santo rosario, con los misterios del día correspondiente, tras el cual la capilla musical interpretaba algún canto. A continuación se rezaban las oraciones propias del ejercicio del triduo, quinario, septenario o novena que se celebrase a cuyo término se cantaba el  Christus Factus Est, o algún otro motete dedicado al Señor, o a la Stma Virgen, dependiendo a quien estuviese dedicado el culto, tras el cual el predicador, revestido de sotana y roquete y acompañado de dos hermanos de la hermandad, acudía al pulpito desde donde realizaba la predicación, centro del culto. Finalizado el sermón y mientras el sacerdote se revestía con los ornamentos propios para hacer la Bendición Solemne y Reserva del Santísimo, la capilla interpretaba la copla de culto de la hermandad. Con dicha Bendición y Reserva finalizaba el culto diario, salvo el último día en que se realizaba la procesión claustral con el Santísimo por las naves del templo. El domingo, una vez finalizado los días correspondientes al culto, tenía lugar la Función Principal de Instituto.

Tras el Concilio, la gran mayoría de los cultos han pasado a realizarse con la celebración de la eucaristía, pero se viene conservando antes de la misma el rezo del Santo Rosario y las oraciones propias del culto que se celebra. El último día se suele mantener la procesión claustral con S.D.M. por lo que se hace exposición mayor tras la misa seguida de estación ante el Santísimo y la procesión en sí, a cuyo fin tiene lugar la bendición solemne y reserva. Manteniéndose la Función Principal  al día siguiente.

Como decíamos, y hemos comprobado, los cultos han tenido las adaptaciones correspondientes a los cambios producidos a lo largo del  tiempo pero, en el siempre conservador espíritu del cofrade actual y a pesar que la eucaristía es en sí la más completa de las celebraciones litúrgicas en la que rememoramos y actualizamos el misterio de la redención, mantenemos el rezo del rosario y oraciones aunque la mayoría de los asistentes suelen llegar una vez finalizado el mismo. Teniendo en cuenta, además, que la mayoría de los cultos suelen empezar a una hora tardía para facilitar la asistencia de los hermanos pero teniendo como contrapartida que los mismos terminan a altas horas de la noche que, a su vez, imposibilitan a muchos hermanos (sobre todo a los niños y los muy mayores) a asistir a los cultos de la hermandad. Por tanto y a tenor de lo anteriormente expuesto, a modo de reflexión muy personal, ¿no sería conveniente estudiar un nuevo orden de los cultos que pueda integrar en el mismo todas las oraciones propias, con los beneficios que para el católico tiene la celebración de la eucaristía, buscando que los mismos puedan ser más breves y que terminen a una hora prudente que favorezca la presencia de las familias completas, incluidos mayores y más pequeños?

Independientemente de esta pregunta al aire, repito muy personal, aprovechemos este tiempo de cultos que se nos presenta. Asistamos, recemos en compañía de nuestros hermanos. Celebremos los misterios pasionales del Señor, pero sobre todo celebrémoslo resucitado siendo éste el gran misterio que nos une a los cristianos. Vivamos los cultos en familia: con nuestras parejas, con nuestros hijos, padres, hermanos… los que están y lo que no, pues también los cultos es un momento de recordar y tener presente a quienes nos precedieron. Pero sobre todo vivámoslo en hermandad.

domingo, 15 de diciembre de 2019

El primero de su nombre.


Así como Tomás de Aquino, en la “Suma”, nos ofrece cinco vías o caminos para demostrar la existencia de Dios, cinco pueden ser las formas diferentes como un hermano puede llegar a su hermandad: vinculación de familia, barrio, amistades, por una buena acogida o solo por su devoción.

“Daenerys de la Tormenta de la Casa Targaryen, La Primera de su Nombre, Reina de Meereen, Reina de los Ándalos, los Rhoynar y los Primeros Hombres, Señora de los Siete Reinos, Khaleesi del Gran Mar de Hierba, La que no Arde, Protectora del Reino, Rompedora de Cadenas, Madre de Dragones.” Para muchos de nosotros este principio resulta muy familiar, pues son los títulos de presentación de un personaje de la muy famosa serie “Juego de tronos”, superproducción que tiene varios de sus escenarios en nuestra ciudad. Desde la primera vez que escuché estas credenciales me llamó mucho la atención el primero de sus títulos: “La primera de su nombre…”, refiriéndose, como no, a la costumbre de llamar a los reyes y papas no solo por su nombre de gobernante -rey o pontífice- sino, en el caso en que hayan existido otros anteriores con el mismo nombre, le sucede un número ordinal que se refiere al lugar que ocupa dicho rey o papa en la historia, así en la nuestra reciente nuestro actual Rey Emérito en nuestro recuerdo siempre es Juan Carlos I (el primero de su nombre).

Viene esto a colación de la reflexión que publicaba días atrás sobre la importancia de la familia en la hermandad: como vinculación, como institución que aporta nuevos hermanos y, como no, con la responsabilidad de la hermandad de ser un instrumento más de apoyo y cuidado a ésta institución fundamental de nuestra vida afectiva y familiar. El motivo de  la reflexión de hoy no son las familias, sino aquellos otros hermanos que llegan a la hermandad individualmente sin tener una relación previa de linaje o parentesco, siendo por tanto los primeros de su nombre que se integran en la nómina de la corporación. Así como Tomás de Aquino, en la “Suma”, nos ofrece cinco vías o caminos para demostrar la existencia de Dios, cinco pueden ser las formas diferentes como un hermano puede llegar a su hermandad: vinculación de familia, barrio, amistades, por una buena acogida o solo por su devoción.



Cada uno, en su haber, sabrá la forma en como ha llegado a su hermandad o hermandades de las que sea miembro. En mi caso la tengo tanto por vinculación familiar como por devoción, siendo ésta última a la que llamo “mi hermandad” y donde tiene lugar mi vida cofrade. Es la hermandad donde conocí a mis amigos que hoy son el círculo íntimo de mi vida cotidiana. Es también donde conocí a mi mujer quien, a su vez, llegó a la misma en esa casualidad de ir acompañando a unos amigos que eran hermanos y, por una buena acogida, no sólo la hizo centro de su vida devocional, sino que en su seno formamos nuestra familia; nacieron y se criaron nuestras hijas, quienes veían en la casa hermandad una prolongación de la suya propia y hoy son parte integrante y activa de la corporación. Fuimos los primeros de nuestro nombre, y así como sucedió con nosotros, otros muchos tienen su historia parecida.

En cualquier caso, con o sin familia que establezca su linaje, hay que reconocerles el mérito de ser pieza activa de la vida de la hermandad, conocedores de su historia, tradiciones y costumbres como el más antiguo de la nómina, siendo además los más dispuestos y activos en las tareas de gobierno de la corporación y en el servicio hacia los demás hermanos.

Pero no solo estamos los primeros de nuestro nombre, también están los que hasta el momento son los primeros y “únicos” de su nombre pues, o bien no han formado familia, o por circunstancias dicha nueva familia no se ha asentado como tal en la hermandad. En cualquier caso, con o sin familia que establezca su linaje, hay que reconocerles el mérito de ser pieza activa de la vida de la hermandad, conocedores de su historia, tradiciones y costumbres como el más antiguo de la nómina, siendo además, en la mayoría de los casos, los más dispuestos y activos en las tareas de gobierno de la corporación y en el servicio hacia los demás hermanos. Si decíamos que era tarea necesaria de la hermandad cuidar de las familias, como institución y como aporte de nuevos miembros, no es menos importante que cuide también a los que son “primeros de su nombre”, como personas comprometidas que suelen ser. Como punto final, resumen y conclusión, simplemente insitir en la que debe ser tarea fundamental de cualquier hermandad que no es otra que cuidar de sus hermanos.



domingo, 1 de diciembre de 2019

Hermandad y Familia


Las familias, como núcleo de la vida diaria, han sido siempre parte muy importante de las cofradías, pues las mismas se entroncan en torno a alguna hermandad y la hacen suya, hasta el punto que no solo identificamos a algunas familias por su hermandad de pertenencia, sino que algunas hermandades son conocidas por las familias que integran.

Las hermandades y cofradías deben en gran medida su origen, y sobre todo su auge, a la piedad popular como parte del pueblo que son y que las ha hecho suyas, por donde canaliza y proyecta sus sentimientos religiosos y su amor a Jesús y María. Son tan propias del pueblo que es éste mismo quien ha hecho posible el nacimiento de nuevas corporaciones en los barrios de nueva creación donde se ha trasladado gran parte de la vida cotidiana de la ciudad y por estar las hermandades históricas vinculadas al centro y barrios antiguos de la ciudad. Las familias, como núcleo de la vida diaria aunque ahora vivan momentos delicados, han sido siempre parte muy importante de las cofradías pues las mismas se entroncan en torno a alguna hermandad y la hacen suya, hasta el punto que no solo identificamos a algunas familias por su hermandad de pertenencia, sino que algunas hermandades son conocidas por las familias que integran. Hay familias que por sus escasos recursos no han sido hermanos de número de la hermandad pero se sintieron parte de las mismas solo por su devoción y apego; y tenemos también las familias que han sido grandes benefactoras en su momento y a ellas les debemos parte del patrimonio que hoy atesoran las hermandades y que disfrutamos los cofrades cada semana santa. Viene esto al hilo de la noticia de la ponencia de formación “Las hermandades y la familia” que el Rvdo. D. Marcelino expuso en el Consejo de Hermandades de Dos Hermanas que, al verla publicada, me hizo reflexionar sobre el papel que la familia tiene en la hermandad, no tanto desde la historia, sino mirando el pasado cercano y sobre todo pensando en un futuro inmediato

Como indicábamos anteriormente las familias tienen una vinculación muy especial con las hermandades, que en muchos casos alcanza a varias generaciones las que integran la nómina, y ese sentido de pertenencia a la hermandad va pasando de padres a hijos y a nietos. Ya desde la casa y la cuna se vincula a los nuevos miembros de la familia a la hermandad, constituyendo un acontecimiento la llegada de un boletín o una convocatoria de cultos, cuanto más el asistir a los mismos conforme se va teniendo edad, y como participamos con un cirio en la procesión claustral o en la protestación de fe. Como añoro las procesiones claustrales de Los Estudiantes por las naves catedralicias con la entonces Banda de la Hiniesta acompañando al Señor… (Grande Enrique García Muñoz). Ahora que está tan de moda en las hermandades tener a los hermanos por grupos atendiendo las distintas labores que se realizan en la hermandad: juventud-priostía-acólitos, costaleros, diputados, secretaría-comunicación, mayordomía, cultos, caridad, hermanos veteranos, incluso fotógrafos… ¿por qué no aprovechar a las familias como otro elemento más que sume a la hermandad? Recuerdo especialmente al Director Espiritual que tuvimos en VeraCruz a finales de los 80, al Rvd. D. Antonio de Mora, quien tuvo una idea brillante para celebrar el mes de mayo en honor a la Stma. Virgen de las Tristezas. Cada día del mes una familia se encargaba de participar en la misa diaria de la hermandad, dirigiendo el rezo del rosario, las lecturas y ofreciendo un ramo de flores a la Señora. Además de tener asistencia todos los días, imaginad como estaba la virgen de flores al finalizar el mes, por no mencionar los buenos ratos de convivencia que compartimos.

Atendiendo a la premisa que la hermandad debe favorecer relaciones fraternas entre sus hermanos, en estos tiempos de fragilidad afectiva, puede ofrecer a las familias un ambiente de cordialidad.

Pero también la hermandad puede hacer por y para las familias máxime en los momentos actuales en que la institución familiar no pasa por su mejor momento. Atendiendo a la premisa que la hermandad debe favorecer relaciones fraternas entre sus hermanos, en estos tiempos de fragilidad afectiva puede ofrecer a las familias un ambiente de cordialidad, como me consta que hacen. Y también está ahí que hay muchas acciones en marcha para mitigar esta situación: escuelas de padres, centros de orientación familiar, y en general todas aquellas orientadas a las familias que conlleven un fondo formativo pues la hermandad, aunque sea lugar de reunión de sus hermanos, no debe ser un mero club social, sino un núcleo de convivencia donde no solo dar culto a Dios, promover la formación y la caridad a sus hermanos, sino atenderlos e intentar dar respuesta a sus problemas e inquietudes, porque cuidar a la familia es cuidar la hermandad.