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lunes, 13 de enero de 2020

Culto


Hemos comentado muchas veces que en los muchos siglos de historia de las hermandades, éstas han ido evolucionando en sus formas atendiendo a los cambios de orden político, social y religioso, que han conformado la imagen que actualmente tienen nuestras cofradías. En cuanto a estos cambios religiosos vamos a prestar atención a aquellos que vinieron por el Concilio Vaticano II que supusieron para la liturgia, como cumbre a la que tiende toda la acción de la Iglesia, un antes y un después en la forma de celebrar los diferentes sacramentos y sobre todo la eucaristía. Estos cambios introducidos, aparte de algunas modificaciones en la estructura de los diferentes ritos que conforman la celebración, fueron la introducción de la lengua vernácula, que supuso un acercamiento de la liturgia a los fieles quienes desde este momento podían seguir la Santa Misa con mucha más facilidad, a la vez que se potenciaba su activa participación en la misma. También la reducción del tiempo de ayuno previo a la comunión, pasando de ser desde las 12 de la noche del día anterior a solo una hora previa, cuya consecuencia inmediata fue la posibilidad de celebrar la eucaristía por las tardes y, por tanto, la inclusión de ésta celebración en el diario de los cultos de las cofradías.

Los cultos antes del Vaticano II, al no poder celebrarse la eucaristía, giraban en torno a la adoración a S.D.M. en exposición mayor, esto es en el ostensorio. Una vez expuesto, tras el canto del pange lingua, se rezaba el santo rosario, con los misterios del día correspondiente, tras el cual la capilla musical interpretaba algún canto. A continuación se rezaban las oraciones propias del ejercicio del triduo, quinario, septenario o novena que se celebrase a cuyo término se cantaba el  Christus Factus Est, o algún otro motete dedicado al Señor, o a la Stma Virgen, dependiendo a quien estuviese dedicado el culto, tras el cual el predicador, revestido de sotana y roquete y acompañado de dos hermanos de la hermandad, acudía al pulpito desde donde realizaba la predicación, centro del culto. Finalizado el sermón y mientras el sacerdote se revestía con los ornamentos propios para hacer la Bendición Solemne y Reserva del Santísimo, la capilla interpretaba la copla de culto de la hermandad. Con dicha Bendición y Reserva finalizaba el culto diario, salvo el último día en que se realizaba la procesión claustral con el Santísimo por las naves del templo. El domingo, una vez finalizado los días correspondientes al culto, tenía lugar la Función Principal de Instituto.

Tras el Concilio, la gran mayoría de los cultos han pasado a realizarse con la celebración de la eucaristía, pero se viene conservando antes de la misma el rezo del Santo Rosario y las oraciones propias del culto que se celebra. El último día se suele mantener la procesión claustral con S.D.M. por lo que se hace exposición mayor tras la misa seguida de estación ante el Santísimo y la procesión en sí, a cuyo fin tiene lugar la bendición solemne y reserva. Manteniéndose la Función Principal  al día siguiente.

Como decíamos, y hemos comprobado, los cultos han tenido las adaptaciones correspondientes a los cambios producidos a lo largo del  tiempo pero, en el siempre conservador espíritu del cofrade actual y a pesar que la eucaristía es en sí la más completa de las celebraciones litúrgicas en la que rememoramos y actualizamos el misterio de la redención, mantenemos el rezo del rosario y oraciones aunque la mayoría de los asistentes suelen llegar una vez finalizado el mismo. Teniendo en cuenta, además, que la mayoría de los cultos suelen empezar a una hora tardía para facilitar la asistencia de los hermanos pero teniendo como contrapartida que los mismos terminan a altas horas de la noche que, a su vez, imposibilitan a muchos hermanos (sobre todo a los niños y los muy mayores) a asistir a los cultos de la hermandad. Por tanto y a tenor de lo anteriormente expuesto, a modo de reflexión muy personal, ¿no sería conveniente estudiar un nuevo orden de los cultos que pueda integrar en el mismo todas las oraciones propias, con los beneficios que para el católico tiene la celebración de la eucaristía, buscando que los mismos puedan ser más breves y que terminen a una hora prudente que favorezca la presencia de las familias completas, incluidos mayores y más pequeños?

Independientemente de esta pregunta al aire, repito muy personal, aprovechemos este tiempo de cultos que se nos presenta. Asistamos, recemos en compañía de nuestros hermanos. Celebremos los misterios pasionales del Señor, pero sobre todo celebrémoslo resucitado siendo éste el gran misterio que nos une a los cristianos. Vivamos los cultos en familia: con nuestras parejas, con nuestros hijos, padres, hermanos… los que están y lo que no, pues también los cultos es un momento de recordar y tener presente a quienes nos precedieron. Pero sobre todo vivámoslo en hermandad.

jueves, 1 de agosto de 2019

El Jubileo (Dios está aquí)


De los tres fines y pilares fundamentales que conforman nuestras hermandades es el culto el primero de ellos por ser el que vertebra y da razón de ser a las mismas como asociaciones de fieles que nos reunimos a meditar en torno a un misterio de la pasión del Señor. Muchos son los actos de cultos y piedad popular que las hermandades tenemos a lo largo del año pero quisiera fijarme en el que tributamos directamente a la real presencia sacramental de Dios en la eucaristía.

La adoración eucarística siempre ha tenido un papel protagonista en los cultos de nuestras hermandades pues, aunque desde la reforma litúrgica del Vaticano II se puede celebrar la eucaristía por las tardes al reducir el tiempo de ayuno para la comunión a una hora, antes de dicha reforma los cultos se realizaban sin misa, con exposición mayor de S.D.M. ante quien se rezaba la estación al Santísimo al exponerlo, Santo Rosario, se cantaban las coplas propias de cada hermandad, la homilía centro del culto, y culminando el mismo con la Bendición Solemne y Reserva. El último día se finalizaba con la procesión claustral, que aun conservamos en la mayoría de hermandades. Hoy en día celebramos los cultos diariamente con la Eucaristía pero, en recuerdo de esta forma preconciliar, muchas hermandades suelen tener exposición diaria antes de la misa o al menos exposición el último día con la procesión claustral que antes mencionamos. Muchas hermandades están acogidas al Jubileo Circular de las 40 horas como culto de adoración a Dios en la Eucaristía, bien coincidiendo con alguno de sus cultos de regla, bien uniéndose al mismo cuando le toca a la parroquia donde residen, máxime si son sacramentales. En otras, como el caso de mi hermandad de Vera+Cruz, constituye un culto aparte de honda significación para nosotros, pues por la fecha que nos corresponde a finales de Julio supone el sonoro colofón y cierre definitivo del curso cofrade previo al mes de vacaciones que sirve para todos los arreglos y mantenimientos que requiere nuestra capilla y que no se pueden hacer durante al año.

En breve nos centraremos en este Jubileo pero antes debemos detenernos en la significación que, en sí, tienen las especies eucarísticas. El cuerpo y la Sangre de Cristo en las especies de pan y vino tiene su auténtico sitio en la propia celebración de la Eucaristía pues, es en la misma donde no solo recordamos la pasión, muerte y resurrección del Señor, sino que en dicha celebración actualizamos el sacrificio del cordero pascual, volviendo a realizarse la muerte y resurrección de Cristo sobre el altar con todo el beneficio de la Salvación y, posteriormente, dándose a comer a los fieles en las formas de pan y vino uniéndose Dios a nuestro ser. Este es el verdadero lugar de las especies eucarísticas, donde adquieren su auténtico sentido, pero la necesidad de disponer del cuerpo de Cristo para administrar el viatico a los enfermos introdujo la reserva de la sagrada forma en el sagrario y por añadidura se incorporó la costumbre de exponerlo en adoración para que los fieles pueden reconocer en ella la maravillosa presencia de Cristo y sea una invitación a unirnos de corazón con él.

El jubileo circular de las 40 horas es un culto de adoración al Santísimo Sacramento. La adoración eucarística de las Cuarenta horas, tiene su origen en Roma, en el siglo XIII, teniendo un sentido penitencial como expiación ante los pecados, siendo las cuarenta horas el tiempo que estuvo Cristo en el sepulcro. En el siglo XVI tuvo un gran impulso en Milán por parte de San Carlos Borromeo siendo S.S. Clemente VIII, en 1592, quien fija las normas para la realización de este jubileo,  y S.S. Urbano VIII en el S.XVII quien extiende esta práctica a toda la Iglesia.

El nombre de Circular es porque al terminar la Adoración en una Iglesia, que dura tres días, el jubileo debe comenzar en otra iglesia de la misma ciudad, sin interrupción, excepto los tres últimos días de Semana Santa (Triduo Pascual: Jueves, Viernes y Sábado Santo) por la liturgia especial de dichos días.  

Se le llama Jubileo por las indulgencias y privilegios que la Santa Sede le ha concedido: Indulgencia Plenaria, una por cada día del Jubileo en las condiciones acostumbradas y rezando 6 padrenuestros, avemarías y glorias uno para cada una de las Cinco Llagas del Señor y el último por las intenciones del Romano Pontífice. También se puede ganar indulgencia parcial para uno mismo o por los fieles difuntos, bien sean conocidos o en sufragio de las almas del purgatorio.

Como comentaba anteriormente el jubileo en Vera+Cruz, aparte de corresponderse con el auténtico final de curso, es un culto íntimo y recogido pues las especiales fechas que son (lo acabamos de celebrar) hace que sean pocos los hermanos que acuden por ser época vacacional. Este recogimiento e intimidad hace que, por un lado sea especialmente devota la adoración al Señor y por otro que se estrechen verdaderos lazos de hermandad entre los que participamos en el mismo por los especiales vínculos que se crean por esta relación tan personal, unidos a la multitud de anécdotas que podemos vivir. Hubo años en que podíamos hacer turnos a mediodía para no tener que cerrar la capilla a mediodía y que estuviese el Señor acompañado en todo momento, cuestión ésta que era posible por los que teníamos la fortuna de vivir en los aledaños de la capilla, siendo una circunstancia que dificulta hoy día la vida de las hermandades de centro. El transcurso de los años hace que se note especialmente la falta de los hermanos que ya están en el jubileo eterno de la presencia divina, sobre todo de aquellos que compartimos adoración al Santísimo en hermandad.

Amigos cofrades, vayamos al jubileo. Compartamos con nuestros hermanos esta oportunidad que nos brinda la Iglesia de estar junto al Señor. Pues con ello no solo estaremos alabándole y dando gracias, sino que además cumpliremos con uno  de los pilares básicos de nuestras hermandades, que es el hacer las cosas en comunidad, compartir momentos de convivencia con nuestros hermanos y estrechar lazos con ellos, y sobre todo teniendo presente que, además que estemos reunidos en su nombre, verdaderamente sentiremos su presencia, porque Dios está aquí.

domingo, 3 de junio de 2018

Alabado sea Jesús Sacramentado


Publicado en la web ElCostal.org

Si de una fiesta podemos decir que es propiamente de la ciudad sería la del Corpus Christi, pues teniendo en cuenta que se celebra en un día que es laborable para el resto de localidades, para Sevilla es parte de su santo y seña y moviliza a toda la urbe. A pesar que la celebración de hoy no es ni la sombra de lo que fue y movió a nivel popular en tiempos pasados, la sola idea de esa tarea colectiva donde todos somos parte y espectadores, hace que año tras año se trate de recuperar ese carácter de fiesta global de la ciudad en la que todos participamos de ella desde sus primeras vísperas.

La fiesta del Corpus tiene su origen en respuesta a los que ponían en duda la presencia de Cristo en los Santos Sacramentos, siendo sor Juliana de Mont Cornillon quien, tras una visión del mundo sin la Eucaristía, solicitará a su obispo su celebración, que será por vez primera en Lieja en 1246, propagándose progresivamente dicha festividad. Tras el milagro de Pedro de Praga en 1263, en el que, según la tradición, brotó sangre al partir la Sagrada Forma, el papa Urbano IV instituye en 1264 la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. SS Juan XXII introduce en 1316 la celebración de la Octava con exposición del Santísimo Sacramento y en 1447 el papa Nicolás V sale en procesión por las calles de Roma con el Santísimo. En Sevilla se celebra la fiesta del Corpus desde 1400, teniendo la procesión como elemento único y central en sus primero años el Cuerpo de Cristo portado en un arca sobre ruedas. Desde 1532 la procesión sigue el recorrido que más menos perdura hasta nuestros días, cubriéndose ya con alfombras de juncia y romero.

Muy importante en esta fiesta es la participación masiva de los sevillanos tanto en sus vísperas, como en la magna procesión, y en ésta última siempre con la diatriba si el cortejo es excesivo en el número de integrantes o no, opiniones para gustos, y por mí parte me invita a la reflexión.

¿Salimos a que nos vean o nos ven porque salimos?  Evidentemente y desde Trento salimos a que nos vean, pues precisamente desde este concilio -ya se ha repetido muchas veces- se animó a las procesiones con las imágenes del señor para catequizar al pueblo, es por tanto que uno de los grandes valores de nuestras procesiones es precisamente la contemplación de las mismas por el pueblo. Nuestra participación en las estaciones penitenciales supone una doble connotación, por una parte es un acto de hermandad en el que participamos en conjunto con los demás hermanos dando un testimonio comunitario y presencial de nuestra condición de cristianos, y por otra parte es un acto individual pues desde el anonimato del nazareno cada uno va inmerso en su propia meditación interior y en intimo dialogo con Jesús bajo el antifaz que guarda no solo la identidad sino también la penitencia de cada uno, pues como dijo Jesús “cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto”.

A diferencia de la estación de penitencia, en el corpus salimos a cara descubierta, dando público testimonio del culto que le tributamos al Santísimo Sacramento a quien acompañamos en la procesión en unión de toda la iglesia diocesana. Pero, no solo damos testimonio quienes salimos, pues todo el público que asiste a la procesión, aunque sea mero espectador, también está dando culto a la eucaristía. Habrá quien diga que se va solo a saludar, allá cada uno con su conciencia. Pero el solo hecho de participar, bien en la procesión, bien como espectador, constituye de por sí una alabanza a Jesús Sacramentado. Participemos.

viernes, 29 de enero de 2016

Dios está aquí...

Publicado en el Anuario de la Hdad de Ntro Padre Jesús Cautivo y Rescatado de San Pablo Cuaresma 2016



La vida se nos antoja a menudo caprichosa. Un girar continuo que la mayoría de las veces nos hace llegar a puntos que serían completamente insospechados muchos años antes. Cuantas veces de niño  hemos dicho y redicho hasta la saciedad, “quiero ser médico” y al cabo de los años nuestro futuro se ha desarrollado en otra profesión diametralmente opuesta a la soñada, pero que en definitiva dicho nuevo camino ha supuesto nuestra realización como profesionales y como personas.

Este singular devenir hizo que ese niño que soñó con batas blancas y un fonendo colgado al cuello y criado a caballo entre la plaza del Museo de la antigua Casa Grande de la Merced que vio por primera vez la hechura del Señor de Pasión y del  “Omnes setientes venite ad acquas” y de esa Encarnación antigua sin “setas”, de Silencio y Amarguras y de los donantes de flores de la más universal Esperanza, viniese a residir a éste que, siendo uno de los barrios nuevos de la ciudad, atesora entre sus vecinos enraizadas esencias de la más pura y antigua tradición popular sevillana.

Y he aquí, que azares de la vida, un nuevo giro ha hecho que sea mi parroquia la de San Ignacio de Loyola cuya capilla sacramental me gusta visitar a esas deshoras que en los centenarios templos del centro de la urbe se puede disfrutar de un rato de oración a solas con el Santísimo y que en esta capilla es difícil hacer en esa soledad mencionada que solo es comparable a la del nazareno que dentro de su túnica y antifaz mantiene ese mudo dialogo con Jesús mientras medita sobre su Pasión y hace examen de conciencia de su vida actual. Pero la capilla sacramental de San Ignacio de Loyola nunca está sola. Siempre hay algún vecino rezando en ella, acompañando al Señor. Porque una leyenda junto al sagrario nos recuerda permanentemente que “Dios está aquí.”

Real y verdaderamente presente en la Eucaristía que cada día se celebra en la intimidad de dicha capilla y en la renovamos el misterio pascual de Cristo, su muerte y resurrección mientras se hace presente entre nosotros al recordar su palabras en la Ultima Cena en la que nos dejó el más preciado de los regalos, su presencia cierta en las especies sacramentales, pan y vino, signo de la nueva alianza con Dios que actualizamos en cada celebración, que nos santifica, nos purifica y nos une a todos en la maravillosa comunión con Dios. Según nos recordaba recientemente SS el Papa Francisco en el congreso eucarístico en la India, la Eucaristía no es una recompensa para los buenos, sino también la fortaleza para los débiles y pecadores, porque es el sustento que nos ayuda en nuestro camino.

“Dios está aquí, venid adoradores: adoremos a Cristo redentor” nos dice la letra que Fray Restituto del Valle hizo para el himno del Congreso Eucarístico de Madrid de 1911 y que nos recuerda las palabras de Jesús en el desierto “Solo al Señor, tu Dios adorarás y solo a El darás culto” (Mt.4, 10). San Agustín decía que “nadie coma de este cuerpo si primero no lo adoramos” y SS Pio XII añade en la Mediator Dei que “no solo no pecamos adorándolo, sino que pecamos si no lo adoramos”. Así pues en la propia celebración de la Eucaristía ya adoramos el Santísimo, tributándole al Señor el culto de latría que le debemos.

Pero esta adoración no solo es en la misa, sino que la necesidad de tener una reserva del Cuerpo del Señor para poder administrar el viático, nos otorga su presencia permanente en el sagrario en donde no solo podemos rezarle, acompañarle y adorarle, sino que nos supone una prolongación de las gracias de la celebración de la Eucaristía. Ya desde el siglo XIII, antes incluso que la festividad del Corpus Christi, se tiene noticia de las primeras hermandades sacramentales, de gran importancia en el mundo pues aseguran la adoración eucarística, el acompañamiento del Santísimo cuando es llevado a los enfermos o en procesión, cuidando los altares y capillas sacramentales, y como no, siendo escuelas de vida espiritual para los laicos. Importantísima tarea la de las hermandades sacramentales…

Dios está aquí, y su presencia se siente en el ambiente que se respira en esta capilla sacramental, pues como antes mencionaba es prácticamente imposible encontrarla en soledad. Siempre hay algún, feligrés, algún devoto, algún vecino de San Pablo visitando a Jesús Sacramentado. Esta asistencia de fieles aunque cada uno vayamos por nuestra cuenta pero con un mismo fin, pone en primer lugar de manifiesto el carácter comunitario de todas las acciones de la Iglesia, y por tanto se cumplen las palabras del evangelio de San Mateo “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy Yo en medio de Ellos”. (Mt 18,20)

Foto: www.pasionenladistancia.blogspot.com.es
Por esto me gusta visitar la capilla sacramental de San Ignacio de Loyola. Porque no solo tengo la oportunidad de rezar ante el sagrario y ante las portentosas imágenes de Jesús Cautivo y Rescatado y su Bendita Madre del Rosario, sino que además tengo la absoluta certeza de que Dios está aquí.




domingo, 3 de noviembre de 2013

La Plegaria Eucarística y su relación con la tradición Judía



El origen de nuestras plegarias eucarísticas está en aquella acción de gracias de Cristo en la última Cena sobre el pan y sobre el vino. La comunidad cristiana prolonga en el tiempo el dio gracias-bendición de Jesús. En las fuentes encontramos dos palabras eulogein en Marcos y Mateo y eucharistein en Lucas y Pablo. La primera hace referencia a la acción de bendecir. El significado original es de alabanza pero puede significar acción de gracias por los beneficios recibidos. Eucharistein hace referencia a la acción de gracias a Dios o al hombre y tiene una connotación significativa más restrictiva que el termino eulogein. La plegaria tiene un estilo propio, un género literario original que llamamos estilo y género bendicional, es decir alabanza y acción de gracias. Pero a la hora de concretar más los estudiosos mantienen opiniones diversas. Sobre los orígenes literarios de la plegaria eucarística se han producido muchos estudios y todavía se siguen produciendo.

La Plegaria Eucarística tiene su origen en la tradición judía bendicional pero la duda surge al señalar una forma determinada como antecedente más directo de nuestra plegaria. Se relaciona con tres tipos de oración judía: la Berakah, oración de bendición, la Birkat Hamazon, oración de gracias y la Todah, oración sacrificial de alabanza.

La Berakah, la palabra significa bendición descendente de Dios al hombre y una ascendente del hombre a Dios. La estructura de esas oraciones suele ser: Una alabanza inicial a Dios o una invitación a ella; enumeración (memorial) de las maravillas obradas por Dios; la alabanza desemboca en una petición o intercesión; acaba con una alabanza final. En tiempo de Cristo la oración de bendición estaba muy arraigada. En Cristo encontramos oraciones de bendición (Mt 11,25-26; Lc 10,21; Jn 11,41). También el Magnificat, el Benedictus, la oración de Simeón son ejemplos de oración bendicional. La Berakah tiene su origen en la liturgia del Templo y es una de las expresiones más antiguas de la oración judía.

La cena del Shabat, ocasión de reunión alegre en familia, comienza con la Berakah sobre el vino y el pan, cuando el que preside la mesa bendice a Dios por el pan y el vino, dice: “Bendito sea Señor, Dios Nuestro, Rey del Universo, que sacas el pan de la tierra.” Y sobre el vino dice: “Bendito seas, Señor, Dios Nuestro, Rey del Universo, creador del fruto de la vid.” Después de la reforma del Concilio Vaticano II, se ha introducido también este sentido de la Berakah que consagra todos los dones que Dios nos da. Por esto en la presentación de las ofrendas, el sacerdote dice: “Bendito seas, Señor, Dios Nuestro, Rey del Universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo de los hombres que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos, él será para nosotros pan de vida.” Y sobre el vino dice: “Bendito sea, Señor, Dios nuestro, Rey del Universo, por este vino fruto de la vid y del trabajo de los hombres, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos, él será para nosotros bebida de salvación.”

En la Cena Pascual (el Seder de Pesaj), la más importante del año litúrgico, se pronuncian varias bendiciones sobre el pan y el vino y sobre diferentes alimentos. La más importante Berakah es la Birkat Hamazon (que veremos a continuación) sobre la copa de vino, que es una larga acción de gracias a Dios por sus dones, según el precepto bíblico:"Comerás y estarás satisfecho, y bendecirás al Señor tu Dios" (DDT 8, 10)

La Birkat Hamazon puede ser el origen de la plegaria, según algunos autores,  y es la oración de acción de gracias después de las comidas. La idea central sería la acción de gracias. Esta oración tiene como tres partes: bendición, acción de gracias y petición. Debemos decir que en el NT a veces se usa indistintamente las palabras bendición y acción de gracias. En la Birkat Hamazon se bendice a Dios por la tercera copa (en el Seder hay que tomar cuatro copas). Fue a esta copa que Jesús dio el nuevo sentido de su sangre entregada por los hombres. Dice San Pablo "la copa de bendición que bendecimos no es acaso comunión con la sangre de Cristo" (1Co 16)

Para otros autores el origen  de la PCE. está en la Todah que es la oración de alabanza con tono sacrificial. Es una oración más conectada con las comidas sacrifícales, penitenciales, en el marco de la renovación de la alianza. Es una acción de dos partes: una más de alabanza y acción de gracias por las maravillas de Dios y otra más de tono de petición y súplica para que Dios siga actuando. Un sacrificio tonal sería ofrecido por alguien cuya vida había sido liberado de un gran peligro, como la enfermedad o la espada. La persona redimida que mostrar su gratitud a Dios por la reunión de sus amigos más cercanos y la familia para una comida sacrificial tonal. El cordero que se sacrifica en el Templo y el pan para la comida se consagró el momento en que se sacrificaba el cordero. El pan y la carne, junto con el vino, que constituyen los elementos de la comida tonal sagrado, que iría acompañado de oraciones y cantos de acción de gracias, como el Salmo 116.
¿Qué significa la palabra "Todah"?. En hebreo significa "acción de gracias", aunque también connota una confesión de alabanza, además de gratitud. Por ejemplo, Leah dio gracias a Dios cuando dio a luz a su cuarto hijo, y así le puso por nombre Judá - o Judá - que es la forma verbal de Todah - para dar gracias. Hay muchos ejemplos en el Antiguo Testamento de personas que ofrecen Todah - gracias - a Dios. Si se entrega (cf. Jon. 2:3-10). Ezequías, rey ofrece hasta un himno Todah a recuperarse de una enfermedad que amenaza la vida (cf. Is 38.). Sin embargo, el mejor ejemplo de sacrificio Todah y la canción se encuentra en la vida del rey David

Con lo dicho hasta ahora podemos afirmar que dando por seguro su origen judío es difícil determinar la genealogía de la plegaria eucarística cristiana. Tenemos pocos datos en los primeros siglos para poder saber con certeza el camino que siguió la iglesia primitiva hasta formular las plegarias que ahora conocemos. Como bien dice Aldazabal, se siguieron diversas líneas a la hora de cristianizar la oración judía: tanto la Berakah, como la Birkat Hamazon o la Todah pueden influir. Lo único que es claro es que la plegaria eucarística cristiana es  heredera de la plegaria  judía. Los cristianos han llenado la herencia judía de un sentido nuevo: la alabanza y acción de gracias por Cristo Jesús.

La Iglesia no se inventa la plegaria eucarística como tampoco se inventa la eucaristía. La comunidad explica y desarrolla las actuaciones de Jesús preñadas de sentido y cargadas de contenido. Jesús es, pues, el que instituye la eucaristía en su núcleo fundamental y original. Acaece en este ámbito lo mismo que sucedió en la formación de los evangelios y en el conjunto de todo misterio cristiano: La Iglesia no inventa el evangelio; solo recuerda y ahonda, resaltando ciertos matices y sobre todo explicitando el contenido implícito en la palabra y la obra de su único fundador.