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domingo, 3 de noviembre de 2013

La Plegaria Eucarística y su relación con la tradición Judía



El origen de nuestras plegarias eucarísticas está en aquella acción de gracias de Cristo en la última Cena sobre el pan y sobre el vino. La comunidad cristiana prolonga en el tiempo el dio gracias-bendición de Jesús. En las fuentes encontramos dos palabras eulogein en Marcos y Mateo y eucharistein en Lucas y Pablo. La primera hace referencia a la acción de bendecir. El significado original es de alabanza pero puede significar acción de gracias por los beneficios recibidos. Eucharistein hace referencia a la acción de gracias a Dios o al hombre y tiene una connotación significativa más restrictiva que el termino eulogein. La plegaria tiene un estilo propio, un género literario original que llamamos estilo y género bendicional, es decir alabanza y acción de gracias. Pero a la hora de concretar más los estudiosos mantienen opiniones diversas. Sobre los orígenes literarios de la plegaria eucarística se han producido muchos estudios y todavía se siguen produciendo.

La Plegaria Eucarística tiene su origen en la tradición judía bendicional pero la duda surge al señalar una forma determinada como antecedente más directo de nuestra plegaria. Se relaciona con tres tipos de oración judía: la Berakah, oración de bendición, la Birkat Hamazon, oración de gracias y la Todah, oración sacrificial de alabanza.

La Berakah, la palabra significa bendición descendente de Dios al hombre y una ascendente del hombre a Dios. La estructura de esas oraciones suele ser: Una alabanza inicial a Dios o una invitación a ella; enumeración (memorial) de las maravillas obradas por Dios; la alabanza desemboca en una petición o intercesión; acaba con una alabanza final. En tiempo de Cristo la oración de bendición estaba muy arraigada. En Cristo encontramos oraciones de bendición (Mt 11,25-26; Lc 10,21; Jn 11,41). También el Magnificat, el Benedictus, la oración de Simeón son ejemplos de oración bendicional. La Berakah tiene su origen en la liturgia del Templo y es una de las expresiones más antiguas de la oración judía.

La cena del Shabat, ocasión de reunión alegre en familia, comienza con la Berakah sobre el vino y el pan, cuando el que preside la mesa bendice a Dios por el pan y el vino, dice: “Bendito sea Señor, Dios Nuestro, Rey del Universo, que sacas el pan de la tierra.” Y sobre el vino dice: “Bendito seas, Señor, Dios Nuestro, Rey del Universo, creador del fruto de la vid.” Después de la reforma del Concilio Vaticano II, se ha introducido también este sentido de la Berakah que consagra todos los dones que Dios nos da. Por esto en la presentación de las ofrendas, el sacerdote dice: “Bendito seas, Señor, Dios Nuestro, Rey del Universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo de los hombres que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos, él será para nosotros pan de vida.” Y sobre el vino dice: “Bendito sea, Señor, Dios nuestro, Rey del Universo, por este vino fruto de la vid y del trabajo de los hombres, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos, él será para nosotros bebida de salvación.”

En la Cena Pascual (el Seder de Pesaj), la más importante del año litúrgico, se pronuncian varias bendiciones sobre el pan y el vino y sobre diferentes alimentos. La más importante Berakah es la Birkat Hamazon (que veremos a continuación) sobre la copa de vino, que es una larga acción de gracias a Dios por sus dones, según el precepto bíblico:"Comerás y estarás satisfecho, y bendecirás al Señor tu Dios" (DDT 8, 10)

La Birkat Hamazon puede ser el origen de la plegaria, según algunos autores,  y es la oración de acción de gracias después de las comidas. La idea central sería la acción de gracias. Esta oración tiene como tres partes: bendición, acción de gracias y petición. Debemos decir que en el NT a veces se usa indistintamente las palabras bendición y acción de gracias. En la Birkat Hamazon se bendice a Dios por la tercera copa (en el Seder hay que tomar cuatro copas). Fue a esta copa que Jesús dio el nuevo sentido de su sangre entregada por los hombres. Dice San Pablo "la copa de bendición que bendecimos no es acaso comunión con la sangre de Cristo" (1Co 16)

Para otros autores el origen  de la PCE. está en la Todah que es la oración de alabanza con tono sacrificial. Es una oración más conectada con las comidas sacrifícales, penitenciales, en el marco de la renovación de la alianza. Es una acción de dos partes: una más de alabanza y acción de gracias por las maravillas de Dios y otra más de tono de petición y súplica para que Dios siga actuando. Un sacrificio tonal sería ofrecido por alguien cuya vida había sido liberado de un gran peligro, como la enfermedad o la espada. La persona redimida que mostrar su gratitud a Dios por la reunión de sus amigos más cercanos y la familia para una comida sacrificial tonal. El cordero que se sacrifica en el Templo y el pan para la comida se consagró el momento en que se sacrificaba el cordero. El pan y la carne, junto con el vino, que constituyen los elementos de la comida tonal sagrado, que iría acompañado de oraciones y cantos de acción de gracias, como el Salmo 116.
¿Qué significa la palabra "Todah"?. En hebreo significa "acción de gracias", aunque también connota una confesión de alabanza, además de gratitud. Por ejemplo, Leah dio gracias a Dios cuando dio a luz a su cuarto hijo, y así le puso por nombre Judá - o Judá - que es la forma verbal de Todah - para dar gracias. Hay muchos ejemplos en el Antiguo Testamento de personas que ofrecen Todah - gracias - a Dios. Si se entrega (cf. Jon. 2:3-10). Ezequías, rey ofrece hasta un himno Todah a recuperarse de una enfermedad que amenaza la vida (cf. Is 38.). Sin embargo, el mejor ejemplo de sacrificio Todah y la canción se encuentra en la vida del rey David

Con lo dicho hasta ahora podemos afirmar que dando por seguro su origen judío es difícil determinar la genealogía de la plegaria eucarística cristiana. Tenemos pocos datos en los primeros siglos para poder saber con certeza el camino que siguió la iglesia primitiva hasta formular las plegarias que ahora conocemos. Como bien dice Aldazabal, se siguieron diversas líneas a la hora de cristianizar la oración judía: tanto la Berakah, como la Birkat Hamazon o la Todah pueden influir. Lo único que es claro es que la plegaria eucarística cristiana es  heredera de la plegaria  judía. Los cristianos han llenado la herencia judía de un sentido nuevo: la alabanza y acción de gracias por Cristo Jesús.

La Iglesia no se inventa la plegaria eucarística como tampoco se inventa la eucaristía. La comunidad explica y desarrolla las actuaciones de Jesús preñadas de sentido y cargadas de contenido. Jesús es, pues, el que instituye la eucaristía en su núcleo fundamental y original. Acaece en este ámbito lo mismo que sucedió en la formación de los evangelios y en el conjunto de todo misterio cristiano: La Iglesia no inventa el evangelio; solo recuerda y ahonda, resaltando ciertos matices y sobre todo explicitando el contenido implícito en la palabra y la obra de su único fundador.

lunes, 7 de octubre de 2013

La formación liturgica de nuestros acólitos


(Publicado en Febrero de 2009 en el Boletín "Cruz de Guia" de la Hdad del Sagrado Descendimiento de Montilla -Córdoba- con motivo de haber participado una representación de la juventud de esta Hdad. en el Curso de Liturgia para Acólitos organizado por la Hdad de la Santísima Veracruz de Sevilla y celebrado el 22 de Noviembre de 2008)


El pasado 4 de diciembre, se cumplieron 45 años de la promulgación del primer documento del Concilio Vaticano II, la Constitución sobre Sagrada Liturgia Sacrosantum Concilium. Tras este periodo transcurrido, este documento tiene su máxima vigencia, pues si lo leemos cuidadosamente apenas si hemos comenzado a sacarle fruto. No es este un punto que nos deba extrañar: en una institución bimilenaria,  45 años no es un periodo de tiempo suficiente para que la gran transformación que se vive en la Iglesia este totalmente asumida y consolidada, sobre todo en el pueblo santo de Dios. En las próximas líneas, quisiera reflexionar brevemente en la dimensión formativa que nos abre la misma.

Liturgia es una palabra que procede del griego clásico (leitourgía)  originalmente indicaba la obra, acción o iniciativa asumida libremente por una persona o familia a favor del pueblo. Así pues, en la Iglesia, adquiere este significado pues todo en la acción litúrgica se orienta a favor del pueblo uniéndolo a Dios por medio de Cristo, quien siempre está presente en el sacrificio de la Misa (bien en la persona del Ministro, bien en las especies eucarísticas (pan y vino); está presente en su palabra, pues cuando en la Iglesia se lee la sagrada escritura, es él quien habla, cuando alguien se bautiza, es Cristo quien se bautiza, “Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos” (Mt, 18,20) (SC 7).

Una de las bases sobre la que se asienta la reforma del Vaticano II es la participación de los fieles: plena, activa y consciente en las celebraciones litúrgicas (la propia naturaleza de la liturgia lo exige al ser dirigida hacia el pueblo), pues por el sacramento del Bautismo el pueblo cristiano tiene derecho y obligación a ello ya que la liturgia es la fuente primaria y necesario de donde se ha de beber el espíritu verdaderamente cristiano necesitando, por tanto, una formación adecuada. (SC 14). Las celebraciones litúrgicas no son acciones privadas, sino celebraciones del Pueblo Santo congregado y ordenado bajo la dirección de los Obispos, siendo por tanto “Sacramento de Unidad” (SC 26) y esta unidad se consigue a través de la plena participación en las mismas a través de las aclamaciones del pueblo, las respuestas, la salmodia, las antífonas, los cantos y también las acciones, los gestos y posturas corporales, guardando además, a su debido tiempo, un silencio sagrado (SC 30)

Los acólitos, lectores, comentadores y cuantos pertenecen a la Schola Cantorum, desempeñan un auténtico ministerio litúrgico, debiendo ejercer su oficio con la sincera piedad y orden que conviene a tan gran ministerio. Por ello, es preciso que cada uno esté profundamente penetrado del espíritu de la liturgia y sea instruido para cumplir su función debida y ordenadamente. (SC 29)

El último tercio del siglo XX supuso un giro trascendental en la vida de nuestras hermandades y Cofradías. Aparte de otros cambios, y al hito que supuso la aparición de las cuadrillas de hermanos costaleros y las bandas de música, hay que sumar la incorporación de los hermanos jóvenes como integrantes de los cuerpos de acólitos que acompañan a nuestras sagradas imágenes en la estación penitencial, que poco a poco también fueron incorporados para ejercer la funciones propias en los cultos anuales.

Los que hemos tenido la suerte de participar como acólitos en los cultos de nuestras hermandades, recibíamos la justa formación que en cada momento el miembro de Junta de Gobierno correspondiente nos podía aportar, complementado con la experiencia personal de cada uno, normalmente por lo aprendido al participar en los cultos de nuestra hermandad.

Pese a lo anteriormente expuesto, es cierto que ha existido siempre una gran laguna formativa sobre el tema litúrgico que ha abarcado desde los propios jóvenes que hemos actuado como acólitos hasta los miembros de Junta que nos tenían que dirigir, signo evidente que la Constitución sobre Sagrada Liturgia aún no ha calado todo lo hondo que debiera. Para subsanar esto, la Junta de Oficiales de la que me honro en pertenecer, tiene como una de sus prioridades la formación de los hermanos, sobre todo en su dimensión litúrgica, y así acometimos la tarea de preparar un curso para nuestros acólitos con el que dar a conocer los fundamentos de la liturgia, así como la propia estructura de la celebración eucarística, imprescindible para ejercer correctamente las funciones del servicio del altar.

Los objetivos que nos marcamos al diseñar esta experiencia son los siguientes:

Ø  Formar a nuestros hermanos jóvenes en el conocimiento de la Liturgia y en la Celebración de la Eucaristía, como eje principal de nuestros cultos en los que toman parte como acólitos.

Ø  Presentar los instrumentos para que nuestros cultos se adecuen a la liturgia actual y al espíritu del Concilio Vaticano II.

Ø  Sensibilizarles de la importancia de su participación en las celebraciones como asistentes del Altar y la motivación que la misma ejerce en el resto de hermanos animando la participación activa de toda la comunidad.

El pasado 22 de Noviembre, realizamos la primera edición de este curso que pretendemos continuar en años sucesivos en base a la necesidad de formación hacia nuestros hermanos y a la altísima participación en el mismo de mas de 30 Hermandades de Sevilla y su provincia, y además de Hermandades de las provincias de Jaén, Cádiz y Córdoba, contando con una nutrida representación de vuestra Hermandad, gracias a la cual podemos compartir vivencias e inquietudes y estrechar lazos fraternos entre nuestras respectivas corporaciones. Esto ha sido posible gracias a contar con la colaboración de la Fundación Juan Moya, constituida en recuerdo de los cofrades sevillanos Juan Moya García y Juan Moya Sanabria y cuyo fin es la formación de los cofrades. Es nuestra intención complementar esta formación con otras acciones dirigidas a nuestros hermanos mas pequeños que actúan como monaguillos en los cultos y en la estación penitencial, ya que son los futuros acólitos de nuestras corporaciones.

Afortunadamente, el trabajo realizado esta dando su fruto, porque independientemente de la importante participación en la sesión formativa, numerosas Hermandades y Parroquias nos han solicitado los materiales utilizados en el curso y esto es importante sobre todo porque la autentica formación es la que realizamos en el seno de nuestras Hermandades, porque es nuestra comunidad y donde sabemos que necesidades particulares tenemos. Por tanto nuestra tarea adquiere tanto más valor cuantas más corporaciones y comunidades puedan beneficiarse de ella para ponerla en el seno de las mismas.

Se puede decir que hemos cumplido los objetivos que inicialmente nos habíamos marcado, porque como ya hemos explicado se ha “formado” a los asistentes en el conocimiento de la Liturgia y en la celebración de la Eucaristía, en la que participan como acólitos (servicio del altar); se les ha facilitado numerosa bibliografía y sitios de consulta en internet donde poder seguir profundizando sobre el tema; y se ha tratado en todo momento de hacerles ver que los acólitos como “ministros del altar” que son,  tienen un papel importantísimo en la celebración eucarística, bien por el ministerio que desempeñan, bien por el ejemplo que, con el ejercicio del mismo, dan a la comunidad cristiana, Asamblea constituida en cada Hermandad que celebramos juntos los misterios del Señor.


viernes, 27 de septiembre de 2013

Las Fiestas de la Cruz en la liturgia

(Publicado el 7 de Septiembre de 2008 en el Blog de la Hdad. de la Santísima Veracruz de Sevilla http://veracruzsevilla.wordpress.com)


En los próximos días celebraremos la festividad de la Exaltación de la Santa Cruz. Actualmente, es la única fiesta litúrgica en honor del Arbor Sacrosanto que celebra la Iglesia, pero hasta la reforma litúrgica de Juan XXIII, en el Concilio Vaticano II coexistieron en España hasta tres fiestas en honor de la Veracruz, y en las siguientes líneas reseñaremos cuales fueron.

La primera de ellas, también la primera en desaparecer, fue la Fiesta del “Triunfo de la Santa Cruz”, que se celebraba el 17 de Julio, y en la que se recuerda la batalla de las Navas de Tolosa contra los Almohades que tuvo lugar ese día del año 1212. El califa Al-Nasir con su inmenso ejército almohade estableció su campamento en Santa Elena (Jaén). Alfonso VIII de Castilla, queriendo asestar un golpe decisivo a los Almohades, reunió fuerzas de todo su reino y pidió refuerzos a los reyes de Aragón y de Navarra, e indulgencias al Papa Inocencio III. Antes de la batalla se prepararon las tropas confesando y comulgando y recibiendo la bendición del Arzobispo de Toledo D. Rodrigo Jiménez de Rada. El combate fue muy sangriento, pero el ejército cristiano salió victorioso gracias a la protección del cielo, pues, se les apareció la Santa Cruz en los aires en el momento cumbre de la contienda dando fuerzas al ejército castellano. Para conmemorar esta victoria se levantó una Iglesia en Santa Elena con el nombre de esta Santa para custodiar la Cruz a la que se atribuyó el milagro de la victoria de las tropas cristianas.

La segunda de estas fiestas, aún en nuestra memoria y en las celebraciones populares es la  “Invención de la Santa Cruz”, que se celebraba el 3 de mayo, fecha en que en nuestra Hermandad seguimos celebrando Solemne Eucaristía en memoria de todos los hermanos vivos y difuntos tanto de nuestra Hermandad como de la Confraternidad de Hermandades de Veracruz. En Córdoba y Granada aún se sigue celebrando en esta fecha las tradicionales Cruces de Mayo. Esta fiesta nos recuerda el descubrimiento de la verdadera cruz de Nuestro Señor por Santa Elena. (Invención procede del latín Inventare que significa encontrar).

Santa Elena nació pobre a mediados del siglo III en el seno de una familia pagana en Daprasano (Nicomedia). En su juventud pudo contemplar el efecto de las persecuciones enviadas desde Roma, viendo como los cristianos eran tomados presos, metidos en cárceles de las que salían para sufrir los más crueles tormentos, siendo quemados vivos o arrojados a las fieras. Ella nunca lo entendió, pues conocía a muchos de ellos ya algunas de las cristianas muertas eran sus amigas. ¿Qué mal habían hecho para merecer la muerte? A los 23 años contrajo matrimonio con Constancio Cloro, valeroso general y prefecto del pretorio durante Maximiliano. El 27 de Febrero de 274 en Naisus (Dardania)  tuvieron un hijo que recibió el nombre de Constantino.

Constancio Cloro llego a ser mariscal de campo y el emperador le nombro su regente y su sucesor en el imperio a cambio de que repudiara a su mujer y tomara por esposa a si hija Teodora. Así lo hizo y se trasladó a Roma llevándose con él a su hijo Constantino a quien educó en palacio demostrando ser un fantástico organizador y estratega. Santa Elena lloró su desgracia durante 14 años hasta que muerto Constancio Cloro su hijo  Constantino fue nombrado emperador y se llevó a su madre con él a la corte de Tréveris dándole el nombre de Augusta. Recibió el bautismo probablemente en el año 307, cristiana ejemplar fue testigo en octubre del año 312 del gran día en que su hijo hizo poner por primera vez la cruz en los estandartes de sus legiones tras aparecérsele sobre el sol el signo de la Cruz con la leyenda “In Hoc Signo Vinces” (Con este signo vencerás) con motivo de la batalla de Saxa Rubra frente a su rival Majencio de la que salió victorioso y como único emperador de Roma.

Aunque Constantino no recibiría el bautismo hasta el final de su vida por el Papa San Silvestre, si acogió de buen grado la condición de cristiana de su madre, y por esto a comienzos del año 313 publicó el edicto de Milán por el que se prohibía la persecución a los cristianos, y también facilitó a su  madre levantar iglesias. Tras trescientos años de persecución, por fin, la Iglesia de Cristo se presentaba triunfante sobre la tierra. Santa Elena se dedicó en cuerpo y alma a socorrer a los pobres y aliviar las miserias de sus semejantes.

En el año 326 encontrándose en Bizancio junto a su hijo, siente un ferviente deseo de venerar el Santo Leño en el Cristo murió para redimirnos y para esto organizó una peregrinación por los Santos Lugares para este fin. Se dedico por entero en su búsqueda y al conocer la costumbre judía de enterrar en el lugar de la ejecución de un malhechor los instrumentos que sirvieron para darle muerte, mando derribar un templo de Venus que se erigía en la cima del Gólgota y buscar la cruz de nuestro Señor. Las excavaciones resultaron todo un éxito y aparecieron las tres cruces, pero ahora quedaba la gran dificultad de determinar cual de ellas era la Veracruz. Para esto dicen que el obispo Demetrio tuvo la idea de organizar una solemne procesión para poner sobre las cruces descubiertas el cuerpo de una cristiana moribunda por si Dios quisiera manifestar cual de ellas era la Cruz de Cristo. Según cuentan al poner el cuerpo sobre la tercera de ellas se obró el milagro y la enferma recuperó la salud.  Santa Elena murió poco después, probablemente en Tréveris hacia el año 328 o 330. Su hijo dispuso  que se trasladasen sus restos Roma con gran solemnidad conservándose en la iglesia Ara Coeli, dedicada a su memoria.

Desde su fundación, nuestra hermandad siempre ha celebrado esta fiesta con gran solemnidad, así y según consta en nuestro Archivo Histórico, en el siglo XVII comenzaba su celebración en la mañana del 3 de Mayo con una Solemne Función de Misa Mayor y Sermón en su capilla del Convento de San Francisco, para lo que se llamaba a los más prestigiosos oradores. Luego realizaba una Solemne Procesión iniciada por el Estandarte y los hermanos que portaban velas encendidas. Les seguían la Cruz del Convento y la comunidad de religiosos, el Guión de la Capilla, los diputados y las doncellas a las que se hubiese adjudicado su dote. Detrás iban el administrador y el secretario de los Patronatos y por último el Santo Lignum Crucis, seguido de los Padres de la Provincia y el Padre Guardián del Convento. LA procesión discurría por los claustros y compás del convento, dando la vuelta por la Iglesia para entrar de nuevo en su Capilla.

La tercera de las fiestas de la Cruz, y la única que ha perdurado hasta nuestros días es la “Exaltación de la Santa Cruz” que celebramos el 14 de septiembre.  Tras encontrar Santa Elena el Árbol Sagrado, éste fue sustraído por los Persas y en el año 630 fue recuperado por el emperador Heraclio tras derrotar al rey persa Cosroes II. El 14 de septiembre fue el día en que el emperador traslado la Cruz a Jerusalén. Al llegar allí dispuso acompañarla en solemne procesión pero vestido con todos los lujosos ornamentos reales y de pronto se dio cuenta de que no era capaz de avanzar. Entonces, Zacarías, Arzobispo de Jerusalén le dijo “Es que todo ese lujo de vestidos que lleva, están en desacuerdo con el aspecto humilde y doloroso de Cristo cuando iba cargando la Cruz por estas calles”. El emperador se despojo de su mantote lujo y de su corona de oro y descalzo comenzó a recorrer las calles y pudo seguir tan piadosa procesión. 

Para evitar nuevos robos, la Santa Cruz fue dividida en 4 trozos: Uno fue llevado a Roma, venerándose en la Basílica de la Santa Cruz de Jerusalén; otro fue llevado a Constantinopla, un tercero permaneció en Jerusalén guardado en un hermoso cofre de plata; y el cuarto se dividió a su vez en pequeñísimas astillas para repartirlas en diversas Iglesias del mundo entero y que se llamaron Lignum Crucis o Veracruz. Las Iglesias que poseían una reliquia de la Santa Cruz (Jerusalén, Constantinopla y Roma) la mostraban a sus fieles cada año en el día 14 de septiembre en un acto solemne que se llamaba “Exaltación” del que deriva el nombre de esta fiesta en la Actualidad.

Nuestra hermandad posee dos reliquias de la Veracruz de nuestro Señor, ambas donadas por D. José Sebastián y Bandarán en 1954 y 1967, figurando la primera de ellas en la Cruz de guía en un relicario realizado por Manuel Seco y la otra en el relicario realizado por Villareal con forma de Cruz arbórea sobre monte que cada Lunes Santo y portado por un Nazareno es venerado por toda Sevilla en nuestra Estación de penitencia.




Fotografías (por orden de aparición)

1.Sancho el Fuerte de Navarra en las Navas de Tolosa .Roncesvalles.
2.Santa Elena. Iglesia de la Santa Croce.Roma.
3.Lignum Crucis. Cruz de Guía. Hermandad de la Santísima Vera Cruz. Sevilla. 
4.Lignum Crucis. Iglesia de la Santa Croce. Roma