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domingo, 6 de octubre de 2019

Pertenencia


De nuevo me encontraba en misa en los cultos de mi hermandad, y de nuevo además de seguir la celebración, las lecturas, las oraciones, todas las partes de la eucaristía; observando como los acólitos conocen casi a la perfección su papel en la liturgia y lo demuestran culto tras culto; cantando sotto voce con el coro los diversos cantos litúrgicos que acompañan la celebración, un poco por deformación profesional por mi afición al canto y mis muchas participaciones en los cultos de numerosas hermandades. Y, como no, todo esto incluye un momento de reflexión sobre el estado de la hermandad, la categoría del altar montado para la ocasión y un repaso a los hermanos que están, que fueron, y los que están en proceso en la juventud de la hermandad.

Es precisamente viendo al sacerdote celebrante donde comienza el pensamiento a divagar, pues es hermano muy antiguo, asiduo al día a día de la casa en los años de juventud, y hoy día sacerdote con responsabilidad en la diócesis. Desde este punto de partida, vuela la mente hacia otros hermanos a los que también hemos conocido en la juventud y hoy son personas de renombre en sus respectivas profesiones, lo cual nos produce un sentimiento de alegría ante los éxitos de nuestros hermanos y amigos. Y, como ya he manifestado en alguna ocasión,  no menos importante es esa profunda satisfacción interior cuando vemos a los jóvenes que un día conocimos de niños en la hermandad, siendo nosotros miembros de las juntas de gobierno, compartiendo hoy junta con nosotros y aprendiendo de ellos. He de decir que me encanta aprender cosas nuevas cada día y tener la oportunidad de hacerlo de aquellos a quienes un día pudimos enseñar creo que es de las mejores cosas que nos puede otorgar la vida.

Toda esta reflexión es posible por una cuestión muy simple, y a la par muy compleja, como es el sentimiento de pertenencia a la hermandad. Queremos a la hermandad porque nos sentimos parte de ella, y por la estrecha convivencia con nuestros hermanos, que también sienten a la hermandad como suya, y entre todos nos sentimos parte de una gran familia.

Pertenencia que nos viene dada por muestra propia familia, nuestros padres, que continuando con lo que hicieron los suyos, nos hacen hermanos desde el bautismo, nacimiento, al hacer la primera comunión, o al llegar a la edad para salir de paje, según la costumbre de la hermandad y del momento. El propio grado de pertenencia de la familia a la hermandad marcará también el del joven hermano. A veces nuestra llegada a la hermandad se debe a tener amigos que forman ya parte de la misma, y al ir con ellos a la hermandad en tanto la vamos conociendo desde dentro nos enamora, nos engancha, nos atrapa, y nos hace suyos. En otros casos nuestra llegada a la hermandad es por la devoción que nos inspiren los sagrados titulares, ya hemos comentado en alguna ocasión del poder de las imágenes sagradas para tocar nuestro corazón como representación de Cristo y su Madre que son.

Para que estos últimos se sientan integrados y, por tanto, parte de la hermandad, es muy importante que tengamos las puerta abiertas para que, quien quiera, pueda entrar a convivir con los hermanos, siendo esto fundamental no solo para estos nuevos hermanos sino para aquellos que, aunque miembros desde la infancia, verán acentuado su sentimiento de pertenencia a la "casa" cuanto más activa sea su participación en la vida de la corporación. Por tanto las juntas de gobierno deben vigilar y cuidar que los hermanos se sientan acogidos en la hermandad, la tomen como suya, como propia, se alegren con las buenas noticias y se entristezcan con las que no lo son. Es fundamental el diputado de juventud, que junto con los priostes y el de cultos, hacen atractiva la hermandad a la juventud por su especial vinculación en estas áreas de la corporación; y si la juventud se engancha a la hermandad ya no la dejará nunca, y por supuesto amplíese ésto a todos los hermanos de cualquier edad o condición. Como colofón permítanme reproducir unas frases del artículo de mi primitiva, y joven hermana, Inés en el boletín de nuestra Archicofradía que creo es el mejor ejemplo para ésta reflexión:

“No recuerdo con exactitud la primera vez que crucé las puertas de San Antonio Abad. Por aquel entonces sólo acompañaba a mi familia a ese lugar en el que, sin tan siquiera ser hermana, sentía como si el mismísimo Jesús Nazareno me abrazase como abraza a su cruz... Sin embargo, ese abrazo fue cambiando hasta convertir ese lugar en un hogar.

Y a aquellos jóvenes que, sin conocer a nadie, se han acercado a Jesús Nazareno, les animo a que vengan, a que participen, a que pregunten todo lo que les inquiete de manera abierta y sin miedos a ser nuevos en esto, porque al final todos estamos aquí por un punto en común: la devoción a Nuestros Titulares. Porque para eso estamos, para tener siempre las puertas abiertas, para ayudarnos entre nosotros con las cruces que nos tocan en el día a día, para que, de alguna manera, ese abrazo entre hermanos sea un abrazo a la cruz de cada uno. Igual que lo hace el Nazareno”

lunes, 9 de septiembre de 2019

Relevos


Un año más, el inicio del verano ha venido marcado por nuevos procesos electorales en las hermandades y los que se presentan en el inicio del nuevo curso. Con sombras, con luces, a  veces con campañas más copiadas de los usos políticos que de los modelos tradicionales cofrades, estrategias, videos, publicidad, tres cuartos al pregonero quizás buscando más el impacto en los de fuera que en los propios hermanos; promesas electorales: algunas posibles, otras imposibles por no depender su cumplimiento del candidato que las hace; programas y declaración de intenciones, la mayoría de sota caballo y rey que multiplicado por tantas hermandades se convierte en un cansino círculo.

En la web amiga El Costal, tuve la ocasión de compartir una reflexión sobre como entiendo que debe ser un miembro de junta de gobierno, y hay un aspecto sobre el que me gustaría pararme en esta ocasión siendo, a mi entender, uno de los más importantes en el quehacer de una junta de gobierno como es preparar bien los relevos.

Las personas no somos eternas, pasamos, y nuevas generaciones de cofrades van tomando las riendas de las hermandades. En mis titantos años en el mundo cofrade he tenido la suerte de haber pertenecido a varias juntas de gobierno, de haber trabajado tanto dentro como fuera de las mismas y he tenido la gran fortuna de compartir estas tareas, en estos últimos años, con hermanos que formaban parte del grupo joven en mis primeras juntas, cumpliéndose casi siempre que la savia nueva supera a los que les precedimos.

Es muy importante que cuidemos y velemos por la formación de los jóvenes de hoy, no solo en cuanto a lo que formación religiosa y litúrgica nos compete por el tipo de asociaciones que somos, sino a nivel de gestión interna de nuestras corporaciones. Si bien el punto inicial de contacto de la juventud con los entresijos de la hermandad suele ser a través de la priostía, donde nos iniciamos en el arte del “tarnishield” y bicarbonato y alcohol para la limpieza de plata, y del “politus” para las maderas, es importante también el acercamiento a la secretaria donde antes poníamos etiquetas y sellos a los sobres y mientras tanto escuchábamos a los secretarios despachar los diferentes asuntos de la hermandad, correspondencia, actas, libros de hermanos, etc. Del mismo modo en Mayordomía, sellando y preparando las participaciones de la lotería de navidad, colaborando en la venta de estampas y fotos en las mesas dispuestas a tal fin en los besamanos y el día de la salida procesional. Colaborando en las diferentes diputaciones en las diferentes tareas que les competen, lo que hace que, además de colaborar en la actividad diaria de la hermandad,

Pero si es importante que desde las “juntas” se cuide y se forme a la juventud, no lo es menos que la juventud ha de estar también dispuesta a trabajar codo con codo con los oficiales de las juntas de sus hermandades, y en esto tengo constancia de una mayoría de jóvenes que se integran en su hermandad, siendo muy importante que desde las corporaciones se busquen las formas para que, cuando las circunstancias personales y el paso de la vida de estudiante a la de trabajador sea una realidad se procure buscar los medios para que estos jovenes no se distancien de la hermandad y sigan integrados activamente en ella.

No se trata de hacer una lista de sucesión programada de por vida en las juntas. Partimos de la premisa que todo hermano tiene el derecho de presentarse como candidato a miembro de junta como explicaba en el post que mencionaba al principio de esta reflexión. Lo fundamental es tener hermanos bien formados, preparados y dispuestos a tomar las riendas de la hermandad cuando llegue el momento para que, de esta manera, puedan perpetuarse las corporaciones en muchos más años de historia.

domingo, 1 de septiembre de 2019

¿Entes abstractos?


Las hermandades y cofradías son asociaciones de personas reunidas para a un fin común que es la meditación en torno a algún misterio de la pasión del Señor, fomentando la unión, formación, caridad y convivencia entre sus miembros. Son asociaciones de personas, formadas por personas cada una con su propia individualidad, personalidad y características, pero personas, aunque usualmente nos referimos a ellas como algo abstracto, impersonal, que trasciende lo concreto para convertirse en una idea, más allá del espacio y del tiempo, incluso algo que no podemos percibir por los sentidos sino solo por el sentimiento.

Es innegable que toda hermandad tiene algo especial que une nuestro corazón a ellas, pues son un punto de encuentro entre varias generaciones de la misma familia y nuestra pertenencia a ellas aviva aún más el recuerdo a nuestros antepasados que pertenecieron a ellas,  sobre todo cuando ya gozan de la presencia del Padre. Pero no es a esto a lo que me quiero referir hoy, sino a otro aspecto diametralmente opuesto en que solemos hacer uso de la impersonalidad, a veces incluso de forma mayestática,  para referirnos a las hermandades.

Solo hay que ver la historia para comprobar que muchas de nuestra corporaciones atesoran siglos de existencia, habiendo conseguido muchas de ellas grandes logros, no solo para sus hermanos, sino para la ciudad y sus habitantes e incluso la Iglesia en general. Logros que han sido posible gracias a la actuación de los hermanos que en ese momento concreto formaban parte de la misma. Si bien la hermandad  ha sido el nexo de unión y la motivación que hizo posible que trabajaran para conseguirlos, han sido logros de unas personas concretas, que de no haber sido por ellas quizás no hubiese sido posible su consecución. Creo que es evidente que, al igual que ocurre con los gobiernos de las naciones, las decisiones que tomen Pedro, Juan o Santiago no serían las mismas que tomasen Felipe, Andrés o Bartolomé. Ni pretendo dar lecciones ni mucho menos juicios de valor de unas personas sobre otras, pero si creo conveniente reflexionar en lo importante que es conformar un buen equipo de gobierno que se mueva por los intereses generales y no por los propios (aplíquese al ámbito que se quiera).

Tampoco quiero dejar pasar el hecho que, cuando una junta de gobierno toma una decisión que pueda no ser del agrado de terceros somos muy dados a decir: “lo ha decidido la hermandad…” “ lo ha acordado el cabildo…”, evidentemente en casos de acuerdos de cabildo general de hermanos es innegable que es una decisión de la hermandad, pero particularmente me quiero referir a esas decisiones que son de asuntos menores correspondientes a la junta de oficiales, y es justo a lo que me refería anteriormente en que son decisiones que son adoptadas por las personas que la  conforman en ese momento concreto.

Hoy son muchas  las hermandades existentes, algunas de reciente creación y otras atesoran varios siglos de historia. Recordar glorias y logros del pasado es algo importante que además forma parte de la historia de cada hermandad, pero de ahí a basar todo el peso de la corporación en algo que se hizo en el siglo XVII es algo banal, pues dicho logro fué gracias al trabajo de los hermanos que estaban en aquel momento pero no justifica lo que hoy día es la hermandad. Si nos atenemos solo a ésto las corporaciones de reciente creación carecerían de importancia, cuando sabemos que no es así pues muchas de ellas en sus respectivos barrios realizan una más que encomiable labor social que ya hubiesen querido para si algunas corporaciones de siglos atrás. En todo caso para los hermanos de estas hermandades centenarias, los logros del pasado deberían servir para que se trabajase con más fuerza solo por ser dignos de los hermanos que nos precedieron y nos dejaron tan importante legado.

Reflexionemos, no seamos entes abstractos e impersonales en el que escudemos nuestras acciones, demos la cara y busquemos engrandecer verdaderamente nuestra corporación, por la memoria de quienes nos la legaron, en digno homenaje a su trabajo y como responsables de transmitir a nuestros hijos esta herencia recibida.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Miembro de junta...

Publicado en la web ElCostal.org


Actualmente, y gracias a las redes sociales y a los distintos medios de comunicación, la repercusión de las noticias cofrades tienen una especial relevancia especialmente por la cantidad de impactos que generan y la gran propagación que tienen, debiendo destacar las relativas a las elecciones a juntas de gobierno. Aunque no se sea hermano de la hermandad estas noticias despiertan mucho interés, porque en determinados casos y sobre todo si hay más de un candidato a hermano mayor, el que salga elegido uno u otro, puede tener repercusión en el resto de hermandades. Es el caso concreto de las elecciones a la Hdad de la Macarena en el que cada candidato ha anunciado posturas diferentes ante el problema actual de la madrugada (por citar un ejemplo de actualidad), y quien resulte elegido va a marcar indubitablemente la solución a este tema repercutiendo de forma distinta en el resto de las hermandades de la jornada. Pero no es éste el objeto de mi reflexión de hoy, sino lo que nos debe llevar a presentarnos como miembro de junta de gobierno de una hermandad.

No sé si será por mi educación en los Maristas, por los antiguos cofrades que he tenido la suerte de conocer y aprender de ellos, o simplemente por los valores que mis padres me transmitieron, tengo muy claro que formar parte de una junta de gobierno, o ser auxiliar de la misma, colaborador, diputado de tramo,… supone una opción de servicio a los hermanos teniendo muy claro que, de entre los fines de una hermandad, lo principal es promover la unión y el bienestar de sus miembros fomentando fraternos lazos de “hermandad” entre ellos para, de esta manera,  y al estar precisamente reunidos en nombre de Cristo, que se cumpla en nosotros el evangelio de San Mateo: porque “donde dos o tres estamos reunidos en su nombre, Él está en medio de nosotros” (Mt.18,20).

He tenido el privilegio de formar parte en las juntas de gobierno de mis hermandades y lo verdaderamente importante, la mejor lección aprendida, es que ser miembro de una junta es ser aún más imitador de Jesús Nazareno, que “se despojó de su rango para hacerse el servidor de todos” (Flp 2,7). Ser miembro de una junta no es estar por encima de los demás sino, como he dicho antes, estar al servicio de todos los hermanos: “Si alguno quiere ser el primero que se haga el último de todos y el servidor de todos” (Mc 9,35), porque estando al servicio de los hermanos estamos sirviendo a Dios: “Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mt 25, 40). Ser miembro de junta es estar dispuesto a “negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirle” (Mt 16,24), es dejar de lado los gustos y deseos personales para buscar lo mejor para la hermandad, sus hermanos y por supuesto para la Iglesia, como parte suya que somos.

Y no es que un hermano no tenga derecho a formar parte la junta, por supuesto que sí, pero siempre que ese afán sea para trabajar por y para sus hermanos, para con su (nuestro) trabajo aportar ese granito de arena que haga crecer nuestra hermandad. Dar el paso para presentarse supone no solo tener en cuenta el derecho propio, sino valorar el ambiente de la hermandad en general, evitar los escándalos por motivos de división interna y actuar de la mejor manera para ayudar a la hermandad en el testimonio que toda la Iglesia diocesana tiene que dar ante los indiferentes y alejados de la Fe en Jesucristo. Y sobre todo tengamos muy en cuenta las palabras de S.S. Francisco quien en la  homilía de inicio de su pontificado nos dijo que Nunca olvidemos que el verdadero poder es el servicio, y que también el Papa, para ejercer el poder, debe entrar cada vez más en ese servicio que tiene su culmen luminoso en la cruz.”