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domingo, 15 de abril de 2018

¿En cuál te vistes?

Publicado en la web LaVenia.xyz


Los nuevos tiempos con sus nuevos usos y tecnologías no son extraños a nuestras hermandades que, fieles a su dilatada historia, saben asumir e interiorizar las nuevas circunstancias integrándolas en su forma de hacer para que sus hermanos tengan las mismas a su disposición. La comunicación en general y las RRSS en particular se están poco a poco integrando en el día a día de las corporaciones, pues el uso de las mismas las hace ser más cercanas a sus hermanos y devotos y público en general.



Estas nuevas herramientas tecnológicas, para su buen uso, funcionamiento y que den un resultado óptimo, requieren unos mínimos cambios y adaptaciones en el seno de las corporaciones, como son el tener un planteamiento claro y conciso de que queremos hacer y conseguir con las mismas, lo que sería un plan de comunicación sobre el que personas más aptas y entendidas que quien esto escribe ya están expresando su opinión al respecto, y por supuesto tener las personas que coordinen y gestionen estos nuevos medios de comunicación que son las RRSS y que venimos en llamar los CM (Community Managers)


Se habla del uso de estas RRSS en la vida diaria de la Hdad, acercando el día a día, los cultos y funciones para todos aquellos que por geografía, enfermedad o cualquier otra razón no pueda ir personalmente,  y contar el desarrollo de la estación de penitencia como Principal acto de culto y Razón de ser de las cofradías no debería ser algo extraño ni descabellado, pues precisamente lo que nos distingue de otras asociaciones de la Iglesia es salir en procesión en semana santa acercando las imágenes a todo aquel que quiera contemplarlas y de esta manera recibir su mensaje evangelizador.

Ahora, cuando incorporamos a nuestras estaciones de penitencia la figura del CM, nos planteamos quien hace estación de penitencia y quién no. En mi infancia y juventud se daba por sentado que quien salía lo hacía en penitencia, solo se le preguntaba ¿en cuál te vistes? en relación a la hermandad en la que salía. Entonces solo cirio, cruz, vara o insignia, todos de nazareno y algún hermano de paisano en tareas de diputado exterior, y que también se consideraba que hacia su estación de penitencia prestando ese servicio a su hermandad.

Llegaron los costaleros, hasta el momento profesionales, y ante las necesidades por la falta de hombres, se abrió este mundo a los hermanos quienes, poco a poco, tomaron el relevo de sus predecesores sin que hubiese duda que hacían su estación de penitencia con el costal.

Luego los acólitos, sitio donde los jóvenes de las distintas hermandades encontraron un hueco donde podían participar en la estación aunque su edad no les permitiese vestir la túnica (sobre todo en hermandades donde no se podía salir hasta una edad determinada); poco a poco nos fuimos incorporando otros que, aunque ya habíamos salido de nazareno las hermandades nos ofrecieron la posibilidad de salir en este puesto y de esta forma ser los propios hermanos quienes integraran en su totalidad el cortejo procesional. A esto hay que añadir el testimonio de salir a cara descubierta, aunque se procurase pasar lo más desapercibido posible, no siendo esto difícil pues ante la proximidad del paso, el Cristo y la Virgen son los verdaderos protagonistas y las miradas y la atención del público son para Ellos.

También las bandas. Se fueron creando en el seno de las hermandades que, además de acompañar a sus imágenes en la estación penitencial son auténticos centros de atención a los jóvenes ofreciéndoles espacios donde estar, desarrollando su afición a la música, ofreciendo ayudas en los estudios en muchos casos, y por supuesto integrándolos en la hermandad. Era otra forma de hacer la estación de penitencia. Recuerdo a Paco Arroyo con la banda de la Sagrada Lanzada solicitando el permiso de los Sres. Canónigos para pasar por la catedral en silencio tras los pasos, aunque no fuese su Hdad, pues ellos se sumaban a la penitencia cada día, vivida desde el tambor, la corneta, el xilófono y las melódicas. (sumen aquí todos y cada uno de los instrumentos que integran las bandas hoy día)

Hay hermandades que también tienen a los aguaores hermanos, capataces, contraguías, encendedores,… cualquier sitio es bueno para que sea un hermano quien desempeñe la misión que le sea propia en cada caso como un servicio más a la hermandad. Y no nos olvidemos de los que de paisano van apoyando la labor de los “paveros” sobre todo en hermandades con muchos monaguillos, labor imprescindible hoy día por la gran afluencia de público que contempla nuestra procesiones que dificulta la tarea de tener a todos los niños controlados, y que realizan su penitencia de esta forma.

¿Y los diputados, celadores o canastillas? ¿Hacen estación de penitencia porque van de nazareno, o no la hacen porque van trabajando al servicio de sus hermanos integrantes del tramo del cual sean responsables y no tengan tiempo para rezar el rosario y meditar sobre la pasión del Señor? No me cabe la menor duda que el ir al servicio de sus hermanos es motivo más que suficiente para una plena estación de penitencia.

Por tanto un hermano que su servicio a la hermandad sea hacerla visible a través de las redes sociales en el día de su salida, que ya hemos dicho que es nuestro hecho diferencial, y que su mayor valor es precisamente que nos vean por la calle, ¿no está haciendo también su estación de penitencia?

Evidentemente cada uno tiene su propia opinión al respecto, y además también es fundamental la propia intencionalidad de cada uno al salir en su cofradía, pues habrá quien, aunque de nazareno y con cirio o cruz, no lleve en su interior un verdadero sentido de participar de la estación penitencial. Por tanto y como en el fondo es algo tan personal, a mi entender todo hermano que salga en su hermandad, sea en el sitio que sea, forma parte y hace la estación de penitencia y lo único que puedo preguntarles, como se hacía años atrás, es: y tú ¿en cuál te vistes?

 

sábado, 27 de septiembre de 2014

Las dos cruces del Dulcísimo Nazareno


En la Primitiva de los Nazarenos de Sevilla celebramos en estos días el Triduo a la Santa Cruz, al que siempre hacemos coincidir en fecha lo más cercana posible al 29 de Septiembre, festividad del Arcángel San Miguel, que es cuando la hermandad hizo el solemne voto de la defensa de la creencia de que María , la Madre de Dios, fue preservada de toda mancha de pecado desde el primer instante de su purísimo ser, hasta derramar la sangre si fuese menester y del que el año próximo se cumple el IV centenario. Este voto es renovado anualmente el último día de dicho culto en que la hermandad celebra una función solemne a la Santa Cruz de Jerusalén (título que fue el santo y seña de la corporación en los siglos pasados) y de esta manera celebrar la Fiesta Principal de nuestro Instituto.


Para este culto la priostía de la Hermandad ha preparado un vistosísimo altar donde están entronizados el Dulcísimo Nazareno abrazando su cruz, la Virgen de la Concepción con San Juan, su inseparable acompañante, y todo ello presidido por la Santa Cruz de Jerusalén, representada en la cruz de carey y plata que cada madrugada abraza el Señor. Dicho montaje no es nuevo en su concepción, ni tampoco es exclusivo de este culto, pues años atrás se ha montado con la Cruz el Señor y la Virgen, con la cruz y la Inmaculada Concepción del Alma Mía acompañada de las tablas de los nazarenos que posee la hermandad rememorando dicho voto concepcionista, o simplemente con la Santa Cruz. Aunque nos centraremos en el montaje de este año.


Foto: Alvaro Dávila-Armero
Quien me conoce sabe que soy extremadamente clásico en mis preferencias, lo que hoy gustan de denominar “rancio”, y siempre me ha chocado este montaje en el que figuran dos cruces en el altar: la que preside y la que abraza el Señor. Porque ¿acaso hay una más importante que la otra? ¿Cuál de los dos sería la verdadera? Pues bien, la respuesta la halle anoche conversando con mi amigo y hermano Álvaro: “es que está la cruz de nuestros pecados que lleva el Señor y la cruz triunfante que es el signo de la redención”. A mí, que siempre me ha gustado sacar el significado y el porqué de las cosas, me acababan de dar con mi propia medicina.


Porque efectivamente el Señor hizo que el infame instrumento de tortura reservado a los más bajos criminales de su época que El mismo tuvo que padecer con su sangre bendita derramada por sus cinco llagas y que son las cinco cruces de nuestro escudo, se tornase en signo de redención y seña de todos los que nos unimos para celebrarle a Él.


Así se nos muestra el rey David; el nuevo Salomón, en quien se cumplieron todas las escrituras, el Varón de Dolores que cantaba Isaías: caminando hacia el Gólgota con la mansedumbre del cordero llevado al sacrificio, pero con la gallardía y la entereza de quien no va a aparecer derrotado, sino más fuerte aún en su tremendo castigo; mostrando orgulloso todo su poder que descansa sobre su hombro. Jesús Nazareno, porque verdaderamente cargaste sobre ti con todos nuestros dolores, enfermedades y pecados en la Cruz, en esa tosca cruz de madera antigua de tu camarín.


Y tras de El la Cruz triunfante: carey y plata; una cruz desnuda como son las cruces que abren nuestros cortejos penitenciales que son un anuncio de la Pascua cristiana. Es una cruz gloriosa, como la columna de fuego del éxodo. Una Cruz sin Cristo, es signo del triunfo de Jesús sobre la muerte, bandera de su resurrección. La auténtica alegría de los cristianos.


Foto: José Manuel Moran @JMMoran94
Mañana, cuando al ofertorio de la celebración eucarística pasemos a renovar nuestro voto Concepcionista no solo tengamos presente a tantos primitivos nazarenos que nos precedieron y de los que somos herederos y continuadores de su legado, sino que miremos al altar y descubramos en el todo el compendio de nuestra Fe, solo así tendrá pleno sentido nuestra protestación:  "Así lo creo, así lo prometo, así lo espero".

viernes, 4 de julio de 2014

Ser Crucero


Manuel Sánchez del Arco en su “Cruz de Guía” nos dice que primero fue la retórica a la que muy pronto se le impuso la plástica. Los “místicos” no llegaban al pueblo; bien es cierto que no siempre fueron bien estudiados, ni sus obras gozaron de una gran difusión en su momento, teniendo en cuenta que entre místicos y ascéticos son numerosísimas las obras escritas, y que como dijo Menéndez y Pelayo “No hay sistema de Teología que pueda encerrar todos los modos por donde lo divino se manifiesta al alma”. Lo mejor de todo es lo que queda fuera de esta enorme biblioteca, que es lo que las hermandades recogen y nos transmiten: que “Cristo ha muerto explicando una lección de amor universal”.


Foto: Miguel Villoslada @Miguel_Villos
Pasado el tiempo, cuando apenas queda memoria de los escritos, ahí están las hermandades impresionando con la misma fuerza que en los siglos XVI y XVII con sus imágenes procesionales. No es que la imagen tenga más importancia que los escritos, si no que en tiempos donde la cultura no era patrimonio de todos, allí es donde las imágenes llevan y transmiten su mensaje. Fiel al espíritu de Trento la hermandad tiene en la imagen la forma de hablar al pueblo. La plástica ha dado en Sevilla su mejor y más amplia lección sirviendo a la religión en el punto más alto de meditación  que podía ofrecer: La Pasión.



La contemplación de Cristo Crucificado sirve para captar más fácilmente el significado del dolor inmenso e injusto sufrido para la salvación del hombre. La devoción al Santo Crucifijo adquiere una singular relevancia en las iglesias dedicadas al misterio de la Cruz y muy especialmente en los conventos. Al paso por las altísimas bóvedas catedralicias y en la estación ante el monumento las cofradías adquieren una severidad claustral. En los lugares donde se veneran reliquias del Lignum Crucis aún se magnifica esa devoción a Cristo en la Cruz. Precisamente la Orden Seráfica, por ser los guardianes y custodios de Tierra Santa, fueron los principales difusores de las reliquias del Santo Madero y por consiguiente del culto a la Verdadera Cruz.

Foto: Jose Manuel Moran @JMMoran94
En ese marco de mística popular, en ese ambiente conventual de Casa Grande de San Francisco, es donde se nos regaló a Sevilla el Santísimo Cristo de la Veracruz: grave, severa, profundamente doliente, la imagen del crucificado trasciende su propio sufrimiento para, en esa ascética del claustro monacal de los seráficos hermanos, hoy revivida en la capilla del Dulce Nombre de Jesús, abrirnos sus brazos y hacernos partícipes de la gran lección de amor del Calvario. Es ese abrazo el que nos hace partícipes de su Cruz; en ese abrazo es donde unimos nuestra cruz particular con su Cruz Salvadora; es ese abrazo de Jesús en la Cruz el que nos hace cruceros y nos invita cada día a compartirla con El (En tu Cruz, contigo quiero estar…)

Ser crucero es algo que va mas allá que el ser hermano de una Hermandad. Ser crucero es un sentimiento: es una opción de vida, seguramente la mejor elección que podamos hacer (¿no es verdad Quico?).  Pero realmente la Veracruz no viene impuesta, quizás ni siquiera se elige; suele llegar como algo puramente casual. El ser crucero es algo que te atrapa y te envuelve, y una vez ese sentimiento ha penetrado en ti, ya no te abandona nunca. Porque al final nuestra elección es aceptar esa cruz que cada día se nos ofrece y se nos regala en ese abrazo de brazos abiertos de quien lleva más de quinientos años diciéndonos: “Toma tu cruz y sígueme”

viernes, 27 de septiembre de 2013

Las Fiestas de la Cruz en la liturgia

(Publicado el 7 de Septiembre de 2008 en el Blog de la Hdad. de la Santísima Veracruz de Sevilla http://veracruzsevilla.wordpress.com)


En los próximos días celebraremos la festividad de la Exaltación de la Santa Cruz. Actualmente, es la única fiesta litúrgica en honor del Arbor Sacrosanto que celebra la Iglesia, pero hasta la reforma litúrgica de Juan XXIII, en el Concilio Vaticano II coexistieron en España hasta tres fiestas en honor de la Veracruz, y en las siguientes líneas reseñaremos cuales fueron.

La primera de ellas, también la primera en desaparecer, fue la Fiesta del “Triunfo de la Santa Cruz”, que se celebraba el 17 de Julio, y en la que se recuerda la batalla de las Navas de Tolosa contra los Almohades que tuvo lugar ese día del año 1212. El califa Al-Nasir con su inmenso ejército almohade estableció su campamento en Santa Elena (Jaén). Alfonso VIII de Castilla, queriendo asestar un golpe decisivo a los Almohades, reunió fuerzas de todo su reino y pidió refuerzos a los reyes de Aragón y de Navarra, e indulgencias al Papa Inocencio III. Antes de la batalla se prepararon las tropas confesando y comulgando y recibiendo la bendición del Arzobispo de Toledo D. Rodrigo Jiménez de Rada. El combate fue muy sangriento, pero el ejército cristiano salió victorioso gracias a la protección del cielo, pues, se les apareció la Santa Cruz en los aires en el momento cumbre de la contienda dando fuerzas al ejército castellano. Para conmemorar esta victoria se levantó una Iglesia en Santa Elena con el nombre de esta Santa para custodiar la Cruz a la que se atribuyó el milagro de la victoria de las tropas cristianas.

La segunda de estas fiestas, aún en nuestra memoria y en las celebraciones populares es la  “Invención de la Santa Cruz”, que se celebraba el 3 de mayo, fecha en que en nuestra Hermandad seguimos celebrando Solemne Eucaristía en memoria de todos los hermanos vivos y difuntos tanto de nuestra Hermandad como de la Confraternidad de Hermandades de Veracruz. En Córdoba y Granada aún se sigue celebrando en esta fecha las tradicionales Cruces de Mayo. Esta fiesta nos recuerda el descubrimiento de la verdadera cruz de Nuestro Señor por Santa Elena. (Invención procede del latín Inventare que significa encontrar).

Santa Elena nació pobre a mediados del siglo III en el seno de una familia pagana en Daprasano (Nicomedia). En su juventud pudo contemplar el efecto de las persecuciones enviadas desde Roma, viendo como los cristianos eran tomados presos, metidos en cárceles de las que salían para sufrir los más crueles tormentos, siendo quemados vivos o arrojados a las fieras. Ella nunca lo entendió, pues conocía a muchos de ellos ya algunas de las cristianas muertas eran sus amigas. ¿Qué mal habían hecho para merecer la muerte? A los 23 años contrajo matrimonio con Constancio Cloro, valeroso general y prefecto del pretorio durante Maximiliano. El 27 de Febrero de 274 en Naisus (Dardania)  tuvieron un hijo que recibió el nombre de Constantino.

Constancio Cloro llego a ser mariscal de campo y el emperador le nombro su regente y su sucesor en el imperio a cambio de que repudiara a su mujer y tomara por esposa a si hija Teodora. Así lo hizo y se trasladó a Roma llevándose con él a su hijo Constantino a quien educó en palacio demostrando ser un fantástico organizador y estratega. Santa Elena lloró su desgracia durante 14 años hasta que muerto Constancio Cloro su hijo  Constantino fue nombrado emperador y se llevó a su madre con él a la corte de Tréveris dándole el nombre de Augusta. Recibió el bautismo probablemente en el año 307, cristiana ejemplar fue testigo en octubre del año 312 del gran día en que su hijo hizo poner por primera vez la cruz en los estandartes de sus legiones tras aparecérsele sobre el sol el signo de la Cruz con la leyenda “In Hoc Signo Vinces” (Con este signo vencerás) con motivo de la batalla de Saxa Rubra frente a su rival Majencio de la que salió victorioso y como único emperador de Roma.

Aunque Constantino no recibiría el bautismo hasta el final de su vida por el Papa San Silvestre, si acogió de buen grado la condición de cristiana de su madre, y por esto a comienzos del año 313 publicó el edicto de Milán por el que se prohibía la persecución a los cristianos, y también facilitó a su  madre levantar iglesias. Tras trescientos años de persecución, por fin, la Iglesia de Cristo se presentaba triunfante sobre la tierra. Santa Elena se dedicó en cuerpo y alma a socorrer a los pobres y aliviar las miserias de sus semejantes.

En el año 326 encontrándose en Bizancio junto a su hijo, siente un ferviente deseo de venerar el Santo Leño en el Cristo murió para redimirnos y para esto organizó una peregrinación por los Santos Lugares para este fin. Se dedico por entero en su búsqueda y al conocer la costumbre judía de enterrar en el lugar de la ejecución de un malhechor los instrumentos que sirvieron para darle muerte, mando derribar un templo de Venus que se erigía en la cima del Gólgota y buscar la cruz de nuestro Señor. Las excavaciones resultaron todo un éxito y aparecieron las tres cruces, pero ahora quedaba la gran dificultad de determinar cual de ellas era la Veracruz. Para esto dicen que el obispo Demetrio tuvo la idea de organizar una solemne procesión para poner sobre las cruces descubiertas el cuerpo de una cristiana moribunda por si Dios quisiera manifestar cual de ellas era la Cruz de Cristo. Según cuentan al poner el cuerpo sobre la tercera de ellas se obró el milagro y la enferma recuperó la salud.  Santa Elena murió poco después, probablemente en Tréveris hacia el año 328 o 330. Su hijo dispuso  que se trasladasen sus restos Roma con gran solemnidad conservándose en la iglesia Ara Coeli, dedicada a su memoria.

Desde su fundación, nuestra hermandad siempre ha celebrado esta fiesta con gran solemnidad, así y según consta en nuestro Archivo Histórico, en el siglo XVII comenzaba su celebración en la mañana del 3 de Mayo con una Solemne Función de Misa Mayor y Sermón en su capilla del Convento de San Francisco, para lo que se llamaba a los más prestigiosos oradores. Luego realizaba una Solemne Procesión iniciada por el Estandarte y los hermanos que portaban velas encendidas. Les seguían la Cruz del Convento y la comunidad de religiosos, el Guión de la Capilla, los diputados y las doncellas a las que se hubiese adjudicado su dote. Detrás iban el administrador y el secretario de los Patronatos y por último el Santo Lignum Crucis, seguido de los Padres de la Provincia y el Padre Guardián del Convento. LA procesión discurría por los claustros y compás del convento, dando la vuelta por la Iglesia para entrar de nuevo en su Capilla.

La tercera de las fiestas de la Cruz, y la única que ha perdurado hasta nuestros días es la “Exaltación de la Santa Cruz” que celebramos el 14 de septiembre.  Tras encontrar Santa Elena el Árbol Sagrado, éste fue sustraído por los Persas y en el año 630 fue recuperado por el emperador Heraclio tras derrotar al rey persa Cosroes II. El 14 de septiembre fue el día en que el emperador traslado la Cruz a Jerusalén. Al llegar allí dispuso acompañarla en solemne procesión pero vestido con todos los lujosos ornamentos reales y de pronto se dio cuenta de que no era capaz de avanzar. Entonces, Zacarías, Arzobispo de Jerusalén le dijo “Es que todo ese lujo de vestidos que lleva, están en desacuerdo con el aspecto humilde y doloroso de Cristo cuando iba cargando la Cruz por estas calles”. El emperador se despojo de su mantote lujo y de su corona de oro y descalzo comenzó a recorrer las calles y pudo seguir tan piadosa procesión. 

Para evitar nuevos robos, la Santa Cruz fue dividida en 4 trozos: Uno fue llevado a Roma, venerándose en la Basílica de la Santa Cruz de Jerusalén; otro fue llevado a Constantinopla, un tercero permaneció en Jerusalén guardado en un hermoso cofre de plata; y el cuarto se dividió a su vez en pequeñísimas astillas para repartirlas en diversas Iglesias del mundo entero y que se llamaron Lignum Crucis o Veracruz. Las Iglesias que poseían una reliquia de la Santa Cruz (Jerusalén, Constantinopla y Roma) la mostraban a sus fieles cada año en el día 14 de septiembre en un acto solemne que se llamaba “Exaltación” del que deriva el nombre de esta fiesta en la Actualidad.

Nuestra hermandad posee dos reliquias de la Veracruz de nuestro Señor, ambas donadas por D. José Sebastián y Bandarán en 1954 y 1967, figurando la primera de ellas en la Cruz de guía en un relicario realizado por Manuel Seco y la otra en el relicario realizado por Villareal con forma de Cruz arbórea sobre monte que cada Lunes Santo y portado por un Nazareno es venerado por toda Sevilla en nuestra Estación de penitencia.




Fotografías (por orden de aparición)

1.Sancho el Fuerte de Navarra en las Navas de Tolosa .Roncesvalles.
2.Santa Elena. Iglesia de la Santa Croce.Roma.
3.Lignum Crucis. Cruz de Guía. Hermandad de la Santísima Vera Cruz. Sevilla. 
4.Lignum Crucis. Iglesia de la Santa Croce. Roma