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sábado, 25 de enero de 2014

Enero

Publicado en Enero de 2014 en el Blog "El pertiguero de Sevilla" http://pertiguerosevilla.blogspot.com.es/



Foto: Alejandro Sigüenza @alesignav
Con la mirada fija en el Gran Poder de Dios, comenzamos Enero y el nuevo año fundidos en un abrazo de familia y amigos con sabor a uvas y brindis de champán; besos a los abuelos y a los hijos, a los padres, hermanos y sobrinos, a los amigos y a toda esa familia que aunque no sea de sangre está justo ahí cuando los necesitas, llamadas de teléfonos y mensajes por el móvil y redes sociales con los mejores deseos de paz y de prosperidad para el nuevo año que comienza. Fiesta de Santa María Madre de Dios y felicitamos a los Manuel y Manuelas que celebran su santo bajo la mirada protectora del que se postran ante El todos los reyes de la tierra en esa epifanía que es también la fiesta grande de la ilusión de todos los niños, haciéndonos recordar que “los que no son como ellos no entrarán en el reino de los cielos” (Mt 19, 13; Lc 18, 15; Mc 10,13)
 

Foto: Ángel Martín @AngelMartin98
Estamos en el mes del Dulcísimo Nombre de Jesús que el día 2 será portado por los jovencísimos cofrades de la Hdad del Valle demostrando que el futuro de nuestras hermandades está más que asegurado, que la cantera cofrade está lista para tomar el relevo en cuanto sea menester. 

Dulcísimo Nombre de Jesús Nazareno que va a estar presente durante todo el mes y parte del siguiente, pues hemos comenzado la Semana Santa de los cultos y precisamente es esta advocación la principal protagonista en estos primeros días del año. 



Foto: Elena Ferrer  @elenaferrer
Mientras en San Lorenzo “los confines de la tierra contemplan la Victoria de nuestro Dios” (Sal 97) el hijo de la Cieguecita de la Catedral nos ofrece su pie para que el bálsamo de nuestro beso le de fuerzas en su “Marcha al Calvario, Dios fuerte…” y El con su mirada hacia nosotros va echando sobre sí todos nuestros pecados y todas nuestras culpas para que nuestro caminar sea más llevadero: “Pasión de Cristo, confórtanos”. 
 
En San Roque el nazareno se hace “Penas”, que son tan grandes que necesita a Simón de Cirene que le acompañe en su caminar o incluso le hacen caer al suelo en San Vicente “Señor santo, Dios bueno y justiciero que mandas en el cielo y en la tierra, ten compasión de mis culpas…” 
 
Foto: José Varas @josemanuelcofra @FotosVaras
 
En San Juan de Palma el Dulce Nombre de Jesús se hace mucho mas Silencio, mucho más callado, mucho más presente en la Santísima Eucaristía que adoramos en el Jubileo que da sentido a su quinario.

Foto: José Manuel Morán Sánchez @JMMoran94
 
Aún ese Dulcísimo Nombre de Jesús Nazareno nos va a acompañar en el transito a Febrero en San Antonio Abad donde ese abrazo a la Cruz es más que nunca un abrazo a la humanidad a la que no abandonará nunca, y que en esos mismos días le devolverá ese abrazo a su cuerpo roto, desmadejado y sin vida, representado esta vez en Nicodemo y José de Arimatea que en la Magdalena descienden su cuerpo, “afrenta del sol” toda vez que su sangre derramada “nos abre las puertas de la celestial Sión”.
 

lunes, 7 de octubre de 2013

La formación liturgica de nuestros acólitos


(Publicado en Febrero de 2009 en el Boletín "Cruz de Guia" de la Hdad del Sagrado Descendimiento de Montilla -Córdoba- con motivo de haber participado una representación de la juventud de esta Hdad. en el Curso de Liturgia para Acólitos organizado por la Hdad de la Santísima Veracruz de Sevilla y celebrado el 22 de Noviembre de 2008)


El pasado 4 de diciembre, se cumplieron 45 años de la promulgación del primer documento del Concilio Vaticano II, la Constitución sobre Sagrada Liturgia Sacrosantum Concilium. Tras este periodo transcurrido, este documento tiene su máxima vigencia, pues si lo leemos cuidadosamente apenas si hemos comenzado a sacarle fruto. No es este un punto que nos deba extrañar: en una institución bimilenaria,  45 años no es un periodo de tiempo suficiente para que la gran transformación que se vive en la Iglesia este totalmente asumida y consolidada, sobre todo en el pueblo santo de Dios. En las próximas líneas, quisiera reflexionar brevemente en la dimensión formativa que nos abre la misma.

Liturgia es una palabra que procede del griego clásico (leitourgía)  originalmente indicaba la obra, acción o iniciativa asumida libremente por una persona o familia a favor del pueblo. Así pues, en la Iglesia, adquiere este significado pues todo en la acción litúrgica se orienta a favor del pueblo uniéndolo a Dios por medio de Cristo, quien siempre está presente en el sacrificio de la Misa (bien en la persona del Ministro, bien en las especies eucarísticas (pan y vino); está presente en su palabra, pues cuando en la Iglesia se lee la sagrada escritura, es él quien habla, cuando alguien se bautiza, es Cristo quien se bautiza, “Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos” (Mt, 18,20) (SC 7).

Una de las bases sobre la que se asienta la reforma del Vaticano II es la participación de los fieles: plena, activa y consciente en las celebraciones litúrgicas (la propia naturaleza de la liturgia lo exige al ser dirigida hacia el pueblo), pues por el sacramento del Bautismo el pueblo cristiano tiene derecho y obligación a ello ya que la liturgia es la fuente primaria y necesario de donde se ha de beber el espíritu verdaderamente cristiano necesitando, por tanto, una formación adecuada. (SC 14). Las celebraciones litúrgicas no son acciones privadas, sino celebraciones del Pueblo Santo congregado y ordenado bajo la dirección de los Obispos, siendo por tanto “Sacramento de Unidad” (SC 26) y esta unidad se consigue a través de la plena participación en las mismas a través de las aclamaciones del pueblo, las respuestas, la salmodia, las antífonas, los cantos y también las acciones, los gestos y posturas corporales, guardando además, a su debido tiempo, un silencio sagrado (SC 30)

Los acólitos, lectores, comentadores y cuantos pertenecen a la Schola Cantorum, desempeñan un auténtico ministerio litúrgico, debiendo ejercer su oficio con la sincera piedad y orden que conviene a tan gran ministerio. Por ello, es preciso que cada uno esté profundamente penetrado del espíritu de la liturgia y sea instruido para cumplir su función debida y ordenadamente. (SC 29)

El último tercio del siglo XX supuso un giro trascendental en la vida de nuestras hermandades y Cofradías. Aparte de otros cambios, y al hito que supuso la aparición de las cuadrillas de hermanos costaleros y las bandas de música, hay que sumar la incorporación de los hermanos jóvenes como integrantes de los cuerpos de acólitos que acompañan a nuestras sagradas imágenes en la estación penitencial, que poco a poco también fueron incorporados para ejercer la funciones propias en los cultos anuales.

Los que hemos tenido la suerte de participar como acólitos en los cultos de nuestras hermandades, recibíamos la justa formación que en cada momento el miembro de Junta de Gobierno correspondiente nos podía aportar, complementado con la experiencia personal de cada uno, normalmente por lo aprendido al participar en los cultos de nuestra hermandad.

Pese a lo anteriormente expuesto, es cierto que ha existido siempre una gran laguna formativa sobre el tema litúrgico que ha abarcado desde los propios jóvenes que hemos actuado como acólitos hasta los miembros de Junta que nos tenían que dirigir, signo evidente que la Constitución sobre Sagrada Liturgia aún no ha calado todo lo hondo que debiera. Para subsanar esto, la Junta de Oficiales de la que me honro en pertenecer, tiene como una de sus prioridades la formación de los hermanos, sobre todo en su dimensión litúrgica, y así acometimos la tarea de preparar un curso para nuestros acólitos con el que dar a conocer los fundamentos de la liturgia, así como la propia estructura de la celebración eucarística, imprescindible para ejercer correctamente las funciones del servicio del altar.

Los objetivos que nos marcamos al diseñar esta experiencia son los siguientes:

Ø  Formar a nuestros hermanos jóvenes en el conocimiento de la Liturgia y en la Celebración de la Eucaristía, como eje principal de nuestros cultos en los que toman parte como acólitos.

Ø  Presentar los instrumentos para que nuestros cultos se adecuen a la liturgia actual y al espíritu del Concilio Vaticano II.

Ø  Sensibilizarles de la importancia de su participación en las celebraciones como asistentes del Altar y la motivación que la misma ejerce en el resto de hermanos animando la participación activa de toda la comunidad.

El pasado 22 de Noviembre, realizamos la primera edición de este curso que pretendemos continuar en años sucesivos en base a la necesidad de formación hacia nuestros hermanos y a la altísima participación en el mismo de mas de 30 Hermandades de Sevilla y su provincia, y además de Hermandades de las provincias de Jaén, Cádiz y Córdoba, contando con una nutrida representación de vuestra Hermandad, gracias a la cual podemos compartir vivencias e inquietudes y estrechar lazos fraternos entre nuestras respectivas corporaciones. Esto ha sido posible gracias a contar con la colaboración de la Fundación Juan Moya, constituida en recuerdo de los cofrades sevillanos Juan Moya García y Juan Moya Sanabria y cuyo fin es la formación de los cofrades. Es nuestra intención complementar esta formación con otras acciones dirigidas a nuestros hermanos mas pequeños que actúan como monaguillos en los cultos y en la estación penitencial, ya que son los futuros acólitos de nuestras corporaciones.

Afortunadamente, el trabajo realizado esta dando su fruto, porque independientemente de la importante participación en la sesión formativa, numerosas Hermandades y Parroquias nos han solicitado los materiales utilizados en el curso y esto es importante sobre todo porque la autentica formación es la que realizamos en el seno de nuestras Hermandades, porque es nuestra comunidad y donde sabemos que necesidades particulares tenemos. Por tanto nuestra tarea adquiere tanto más valor cuantas más corporaciones y comunidades puedan beneficiarse de ella para ponerla en el seno de las mismas.

Se puede decir que hemos cumplido los objetivos que inicialmente nos habíamos marcado, porque como ya hemos explicado se ha “formado” a los asistentes en el conocimiento de la Liturgia y en la celebración de la Eucaristía, en la que participan como acólitos (servicio del altar); se les ha facilitado numerosa bibliografía y sitios de consulta en internet donde poder seguir profundizando sobre el tema; y se ha tratado en todo momento de hacerles ver que los acólitos como “ministros del altar” que son,  tienen un papel importantísimo en la celebración eucarística, bien por el ministerio que desempeñan, bien por el ejemplo que, con el ejercicio del mismo, dan a la comunidad cristiana, Asamblea constituida en cada Hermandad que celebramos juntos los misterios del Señor.


martes, 1 de octubre de 2013

La Caridad y la Doctrina Social de la Iglesia


(Publicado en "Al Pie de la Cruz" Boletín núm 22 de cuaresma del año 2012 de la Real y Venerable Hermandad y Cofradía de Penitencia del Stmo. Cristo del Descendimiento de la Santa Cruz y Ntr. Sra. de los Dolores de Cádiz)

Nuestras Hermandades y Cofradías centran su razón de ser en tres aspectos que, además de ser fundamentales de por “si”, se complementan entre ellos formando el cuerpo y corazón de éstas: me refiero a “Culto, Formación y Caridad”.

El Culto, es el fin primero de nuestra hermandades, que se plasma en cultos internos: Quinario, triduo, etc.… y culto externo: nuestra anual Estación de Penitencia. La Formación debe ir dirigida a todos los hermanos, siendo su objetivo hacer de ellos mejores personas y mejores cristianos.

Quisiera, no obstante centrarme en el tercer, y no por ello menos importante, de estos aspectos: La Caridad. Desde los comienzos de la Iglesia, la caridad esta recogida fundamentalmente en el auxilio a los necesitados, como podemos ver en la obras de misericordia: “dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento,…” Con el paso del tiempo se ha ido ampliando el término caridad a favor de “Acción Social”, constituyendo a la caridad en el representante del mayor mandamiento social: el respeto al otro y sus derechos, exige la práctica de la justicia e inspira una vida entregada de sí mismo “Quien intente guardar su vida la perderá, y quien la pierda la conservará”. (Lc 17,33) Solo la caridad puede cambiar completamente al hombre y dicho cambio conlleva acción y oración: no basta rezar por lo pobres, por la paz en el mundo, sino que hay que participar en acciones encaminadas a lograr tales fines. San Pablo en su carta a los Corintios explica que de todas las virtudes humanas la más grande es la caridad, y nos añade: “si no tengo amor, no soy nada” identificando de esta manera a la caridad como el centro del hecho cristiano. De igual forma Jesús ha cumplido la ley en el Mandamiento del Amor, desvelándonos que para salvar la vida hay que ofrecerla, según veíamos anteriormente, y que la verdadera alegría está en “el darse”, por tanto la caridad es el corazón de la fe cristiana y constituye la clave de compresión de la Doctrina Social de la Iglesia.

La Iglesia desarrolla su Doctrina Social tomando como punto de partida la encíclica “RERUM NOVARUM” de SS León XIII (15/5/1891) que se ha ido actualizando en otras sucesivas encíclicas como “POPULORUM PROGRESSIO” de SS Pablo VI (1967) sobre el desarrollo de los pueblos en la que nos indica las claves de un desarrollo integral del hombre y de un desarrollo solidario de la humanidad. En la encíclica “LABOREM EXERCENS” de SS Juan Pablo II (1981), la dedica al trabajo como bien fundamental para la persona, factor primario de la actividad económica y clave de toda la cuestión social. La encíclica “SOLICITUDO REI SOCIALIS” de SS Juan Pablo II (1988) vuelve a tratar el tema del desarrollo, la situación dramática del mundo contemporáneo, centrada en la situación fallida del tercer mundo y las condiciones y las exigencias de  un desarrollo digno del hombre. La encíclica “CENTESIMUS ANNUS” de SS Juan Pablo II (1991), conmemora el centenario de la “Rerum novarum” y pone de manifiesto la reciprocidad entre Dios y el hombre, es decir, reconocer a Dios en cada hombre y a cada hombre en Dios.

SS Benedicto XVI en la encíclica “CARITAS IN VERITATE” (2009) fundamenta el desarrollo humano integral en la Caridad y en el Amor. El Amor es la fuerza extraordinaria que mueve a las personas a comprometerse con valentía y generosidad en el campo de la justicia y la paz, siendo Dios el origen de esta fuerza. Cada uno acepta el proyecto que Dios tiene sobre él para realizarlo plenamente, encontrando su verdad en dicho proyecto y al aceptarla se hace libre. Por tanto, defender la verdad y testimoniarla en la vida, son formas exigentes e insustituibles de la Caridad. De esta forma Benedicto XVI nos identifica la caridad como la vía maestra de la doctrina social de la Iglesia: el anuncio de la verdad del amor de Cristo en la sociedad. Existe una relación muy profunda entre el anuncio de Cristo y la promoción de la persona en la sociedad. El testimonio de la caridad de Cristo mediante obras de justicia, paz y desarrollo forma parte de la evangelización, porque a Jesucristo, que nos ama, le interesa todo el hombre.

La doctrina social de la Iglesia tiene una importante dimensión interdisciplinar, permitiendo desempeñar una misión de eficacia extraordinaria en el ámbito de la investigación científica y su valoración moral. Permite a la fe, a la teología, a la metafísica y a las ciencias encontrar su lugar dentro de  una colaboración al servicio del hombre. La doctrina social sostiene que se pueden vivir relaciones auténticamente humanas, de amistad y sociabilidad, de solidaridad y de reciprocidad también dentro de la actividad económica ya que es una actividad del hombre y por tanto debe ser articulada e institucionalizada éticamente.

La doctrina social de la Iglesia siempre ha mantenido que la justicia afecta a todas las fases de la actividad económica, puesto que en todo momento tiene que ver con el hombre y sus derechos: obtención de recursos, financiación, producción, consumo,… todas las fases tienen implicaciones morales y por tanto toda decisión económica tiene consecuencias de carácter moral. La doctrina social de la Iglesia ofrece la visión del hombre “creado a imagen de Dios” (Gn 1,27), lo que nos lleva a la inviolable dignidad de la persona humana y la trascendencia de las normas morales naturales. La religión cristiana y las otras religiones pueden contribuir al desarrollo solo si Dios tiene su lugar en el mundo actual, bien en su dimensión cultural, económica, social, y como no en la política. SS Benedicto XVI, siguiendo el magisterio de sus predecesores como hemos visto, nos invita a hacer nuestro el “proyecto de Dios” y vivir el amor (caridad) comprometiéndonos con la verdad y en el ámbito de la justicia y la paz.

Y ¿cómo en nuestras hermandades ponemos en práctica todo esto? Pues casi desde sus orígenes están trabajando en este sentido, la mayoría de las veces con más sentido común que doctrina pero siempre siguiendo estas directrices. Cada una emprende distintas acciones según su realidad geográfica: localidad, barrio, comunidad parroquial (Caritas Parroquial), su propio núcleo de hermanos….  Nuestra Hermandad tiene en la actualidad distintas líneas de actuación bien de por sí: asistiendo  a la Comunidad de Pobres Clarisas Capuchinas del Convento de Santa Rosalía, así como a la Comunidad Franciscana de la que formamos parte, así como atendiendo directamente a personas con necesidad, sean hermanos o no, cuando tiene conocimiento de la misma -pago de hipotecas, luz- situación ésta que hemos visto incrementada en los últimos tiempos de crisis; dedicando el 0,7% de nuestros ingresos a alguna acción social exterior, siendo en los últimos años con el proyecto Fraternitas, colaborando con la acción social conjunta que llevamos las distintas hermandades del Lunes Santo entregando ayudas económicas a dos instituciones benéficas al año, una en vísperas de Navidad y otra en vísperas de Semana Santa; y también colaborando con el economato social sostenido por las hermandades del Distrito Casco Antiguo.

Estos son solo algunos ejemplos, y cada hermandad tiene los suyos propios. Continuemos trabajando según las directrices marcadas por el magisterio de la Iglesia, y que sus frutos sean visibles cuanto antes, puesto que de la actual situación solo saldremos con el esfuerzo de todos.