jueves, 26 de septiembre de 2013

La Hdad de la Veracruz de Sevilla y la Orden Seráfica

(Publicado en Septiembre de 2009 en la pagina web de la Hdad. de la Santísima Varacruz de Sevilla http://www.veracruzsevilla.org año del VIII Centenario de la Orden Seráfica. En la Función en Honor a San Francisco organizada or la Hdad el 4 de OCtubre de dicho año el Provincial de la Orden Fray Joaquin Dominguez Serna OFM hizo entrega a la Hdad de un relicario del Santo, así como se bendijo el nuevo guión Franciscano realizado en los talleres de Charo Bernardino)

En el año 2009 se ha conmemorado el VIII centenario de la orden Franciscana que tan íntima relación tiene con la Hermandad de la Veracruz, ya que de la misma emana su existencia.
Para comenzar debemos recordar que el nombre de nuestro Seráfico Padre fue Giovanni Bernardote, nacido en Asís en el año 1182. Hijo de una familia acomodada, abandonó la casa paterna al recibir la llamada del Señor y querer vivir según el Evangelio. Inició su predicación y muy pronto tuvo un gran número de seguidores. En el año 1209 obtuvo la aprobación oral pontificia de S.S. Inocencio III, efemérides que celebramos en el presente año. Mas adelante en 1212 consiguió atraer a Santa Clara de Asís a su orden, quedando de esta manera unidas las ramas masculina y femenina, y en el año 1221 S.S. el papa Honorio III aprobó de viva voz la regla de la orden Tercera, escrita por el Santo con la ayuda del Cardenal Hugolino, y así los seglares quedaron unidos a la Orden Seráfica.

Por tanto San Francisco fundó tres ordenes: la Primera Orden es la de los Frailes Menores (Ordo Fratrum Minorum O.F.M.), primera que fue aprobada y que cuenta con tres Ramas: Los Observantes, los Capuchinos y los Conventuales;  la Segunda Orden integra las ramas femeninas que comprende las Hermanas Clarisas Pobres y las Hermanas Clarisas Capuchinas; la Tercera Orden integra a los seglares que quieren vivir el evangelio según el espíritu de Francisco.

Francisco y sus seguidores comenzaron a viajar para extender su particular manera de entender la  vida según el evangelio, siempre en contraposición al espíritu de “La Cruzada” imperante en esos momentos. Francisco lleva su idea de vida según el evangelio mediante “la paz” y no con “la guerra” según el espíritu de Cruzada. De esta manera comenzó la expansión de la Orden que por una parte les llevo a Tierra Santa, cuya custodia de los Santos Lugares obtuvieron el 1342 por la Bula “Gratias Agimus” de S.S. Clemente VII; por otra parte les llevó a oriente y a Egipto. De la misma forma se expandió por Europa, España y a Sevilla donde miembros de la Orden acompañaron a San Fernando en la toma de la ciudad a los musulmanes, instalándose en ella y fundando la Casa Grande de San Francisco en donde convivieron numerosos religiosos que a su vez fueron estableciendo asociaciones o fraternidades a las que todo buen cristiano podía pertenecer y que tenían su base en la Orden Tercera, siendo los cimientos sobre los que se levantarían nuestras hermandades de Penitencia para dar culto y veneración a los misterios relacionados con la Pasión de Jesucristo y su Madre la Santísima Virgen María, piedra angular de nuestra corporación.

La advocación de la Veracruz viene en primer lugar por la gran devoción que supuso el hallazgo por Santa Elena en el año 326 en el sitio del Santo Sepulcro de la Verdadera Cruz de nuestro Señor. Al ser la orden los custodios de dicho lugar en Tierra Santa, le concedió el privilegio de disponer de numerosas reliquias del Santo Madero que pudieron distribuir por todo el mundo, siendo por esto los grandes difusores de la devoción a la verdadera cruz del Señor. También fue de peso la milagrosa aparición de la Santísima Cruz de Caravaca al sacerdote Ginés Chirino el 3 de mayo de 1232 cuando el rey musulmán Ceyt Abu Ceyt que entonces reinaba en Murcia quiso conocer comiera la celebración de la eucaristía y mandando traer todo lo necesario salvo la cruz y al advertirlo el sacerdote se le apareció ésta milagrosamente manifestándose como la Verdadera Cruz en la que Cristo murió.
Una vez repasados nuestros orígenes y vinculación con la orden de San Francisco a la que estamos formalmente incorporados por cédula dada en Logroño el 28 de Mayo de 1543 que supuso la incorporación del título de Seráfica, denominándose de esta manera la Orden porque “serafín” significa “el que arde en amor por Dios”, igual que Francisco. También debemos recordar que el color verde que caracteriza a nuestra Hermandad procede dentro de la tradición franciscana de la cita evangélica de San Lucas cuando Jesús en la calle de la Amargura se encuentra con las santas mujeres y les dice “Si esto se le hace al leño verde…” (Lc 23, 31)  Así, la Cruz es considerada un árbol verde… vivo, y por esto la cruz de nuestro Santísimo Cristo viene representada por esos grandes nudos, que no son tales, sino lo que queda en el tronco de un árbol al arrancar las ramas nuevas y jóvenes.

El pasado 14 de noviembre de 2008 se aprobó en cabildo general extraordinario la ejecución de una nueva insignia Franciscana en las que figure en tela marrón el escudo de la orden junto con las fechas por las que nuestra Hermandad se encuentra vinculada a la misma y que ya hemos mencionado correspondiendo a la propia génesis y fundación de la Hermandad  en 1448 y la carta de agregación a la orden de 1543, si bien digno es mencionar que en la década de los sesenta del pasado siglo la Hermandad renovó las gracias concedidas por la orden y figurando desde entonces en el cortejo procesional la insignia franciscana realizada en el taller de Carrasquilla y que procesionó hasta el año 2004, en que se estrenó la actual realizada por talleres Santa Bárbara. No obstante vamos a hacer un breve repaso por la heráldica franciscana para conocer los distintos escudos que posee y su significado.

El primer escudo que utilizó la Orden es el escudo de las cinco llagas de San Francisco (que figura en el banderín del año 2004). Dicho escudo nos recuerda como Cristo aprobó la orden de San Francisco al hacer del Santo su otro Cristo por medio de la estigmatización, que es el suceso de mayor gloria de los franciscanos que tuvo lugar en el monte Alverna el 14 de Septiembre de 1224, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. El propio Francisco describe el hecho diciendo que se encontraba orando bajo un arbol cuando se le aparecio un angel crucificado con seis alas, y vio en él tanto dolor que lo sintió como suyo y al resplandecer el sol por la mañana quedaron impresas en su cuerpo las cinco llagas del Señor. Según su relato nos hace ver que estaba arrodillado, pero en la iconografía post-tridentina se le representa en éxtasis, suspendido en el aire, tal y como lo vemos en la portada de la Misión de Ntra. Sra. de la Luz en Tancoyol  en la Diócesis de Querétaro (México), construida entre 1761 y 1767 por Fray Juan ramos de Lora y fundada por Fray Junípero Serra. No debemos confundir en este escudo las llagas con las de Jesucristo, sino que son las de San Francisco, aunque a veces las mismas se representen como 5 racimos de uvas que estos si harían alusión a la Sangre de Ntro. Señor. Heráldicamente sería un campo de oro o argén (plata) con las cinco llagas de gules (rojo).
El segundo de los escudos utilizados por la Orden y seguramente el más conocido por nosotros es el llamado del “abrazo” y en el que se representan los brazos de Cristo y San Francisco cruzados sobre una cruz mostrando ambos en la palma de la mano las llagas. Fue ideado por San Buenaventura y su significado es la conformidad de Francisco con Cristo a quien hizo centro y fin de su vida: el crucificado del monte Alverna, con el crucificado del Gólgota. En algunas de sus representaciones se llega a una conformidad tal, que las manos aparecen clavadas en la cruz tal y como se ve en un escudo del Sacro Convento de Asís (1478) y en la edición del libro “De Conformitate” de Bartolomé de Pisa en 1513 sobre la conformidad de la vida de San Francisco con la vida de Jesucristo.

Los primeros escudos con los brazos cruzados de Cristo y Francisco que han llegado hasta
nosotros son del siglo XV. Durante la cuarta parte de este siglo y hasta bien entrado el XVI, el brazo de Cristo, desnudo o con manga, se halla a la izquierda, mientras que el de San Francisco, siempre con hábito, está a la derecha. El primero que ha llegado hasta nosotros son los restos de taracea de un banco del siglo XV de la Iglesia de San Francisco de Celano en el que aparecen los brazos de Cristo y San Francisco cruzados y mientras que el Cristo nos muestra la llaga de su mano, el del Santo sostiene una cruz. Durante el siglo XVI se cambia la posición de los brazos: El brazo de Cristo pasa a ocupar la parte derecha del campo mientras que el de Francisco pasa a ocupar la parte izquierda.

La difusión de este escudo se lleva a cabo principalmente durante el generalato de Francisco Sansón (1475 – 1499), quiena través de las muchas obras de arte que encarga y dona a las Iglesias de Asís, Padua, Florencia, Brescia,… hace que se convierta en el escudo propio de la Orden Franciscana. Así aparece en todos los escudos de los ministros generales de los Franciscanos Conventuales a partir del ministro general José María Baldrati de Ravena (1725 – 1731), asumiéndolo también en su escudo S.S. Clemente XIV (1769 – 1774) durante su pontificado, y como también podemos verlo en el escudo de nuestro Cardenal Arzobispo Fray Carlos Amigo Vallejo. (Hoy Cardenal Arzobispo Emérito)

En cuanto a la cruz que figura en este escudo, usualmente es una cruz latina, que puede a veces presentar los “nudos” de los que hacíamos mención con anterioridad. Otras veces se representa como una Tau, símbolo Franciscano por excelencia del que hablaremos mas adelante y a veces también puede figurar la cruz de Tierra Santa o Cruz de Jerusalén de la que hablaremos a continuación como podemos observar en el emblema Franciscano existente en San Juan de Acre, ciudad costera a orillas del mar mediterráneo, cercana a la bahía de Haifa y situada en el distrito norte de Israel, que recibió este nombre durante la tercera cruzada y que fue sede de la orden a su llegada a Siria y desde donde avanzaron hasta Jerusalén.

Heráldicamente, este escudo del abrazo sería, en campo de azur una nube sostenida por dos brazos cruzados ambos con las llagas, uno desnudo (derecha) y otro vestido de gules o del color del hábito del santo al que represente (izquierda), y todo superado por una cruz latina como ya hemos explicado.
El tercero de los escudos de la orden es la Cruz de Tierra Santa o cruz de Jerusalén. Dicho escudo fue creado por Godofredo de Bouillón, duque de la baja Lorena, para el reino de Jerusalén tras la primera cruzada en 1099, de la que fue uno de los principales jefes. Llegó a ser el primer regente de la Ciudad de Jerusalén bajo el título de “protector del Santo Sepulcro”, al que otorgó este escudo como insignia. Cuando S.S. Clemente VI en su bula “Gratias Agimus” en 1342 encomienda el cuidado de los Santos Lugares a la Orden Seráfica, esta asume este escudo como suyo al que tienen en una gran estima por el gran prestigio que supuso para la misma ser los custodios de Tierra Santa. Heráldicamente es una cruz griega (con los cuatro brazos iguales) potenzada y cantonada por otras cuatro. LA cruz potenzada es una cruz cuyos extremos tienen forma de T mayúscula, por lo que también se dice que en realidad son cuatro Taus. En cuanto al color de dichas cruces era distinto según la procedencia de los caballeros cruzados, así los franceses lo llevaban de plata (blanco), los italianos de azur, los alemanes de sable (negro), los polacos de sinople (verde) y los españoles de gules.

En cuanto a la simbología de este escudo hay varias interpretaciones. Por una parte dicen que las cinco cruces que componen este escudo representan las cinco llagas de Cristo, las producidas por los clavos en las manos y en los pies y la sufrida en el costado a consecuencia de la lanzada. Por otro lado se quiere ver en la cruz grande la representación de Jesucristo, aunque también hay quien asegura que al estar formada por cuatro Taus representa la ley del antiguo testamento. Por su parte las cuatro cruces pequeñas (que a veces también se representan potenzadas) simbolizarían los cuatro evangelios proclamados en las cuatro esquinas de la tierra comenzando en Jerusalén. Se dice también que las cuatro cruces pequeñas son cuatro de los cinco participantes de las cruzadas: Inglaterra, Francia, España y Alemania y la cruz grande central simbolizaría a Italia con el Papa. Este emblema aparece ya en el siglo V en la bandera nacional de Georgia.

Los tres escudos que hemos reseñado suelen aparecer siempre rodeados del cordón franciscano, que es el que usaban para atarse el sayal y que en sus orígenes llevaba tres nudos que representan los fundamentos de la vida franciscana tal y como la instituyó San Francisco y que son nombrados de abajo hacia arriba: Obediencia, Castidad y Pobreza.

Un capitulo aparte merece el que ya hemos dicho es el símbolo franciscano por excelencia: La Tau. Es la última letra del alfabeto griego, correspondiente a la T. El papa Inocencio III, quien había aprobado la Orden de San Francisco, convocó en el año 1215 el IV Concilio de Letrán ante la necesidad de reformas urgentes en la Iglesia. Francisco estuvo allí y en el discurso de apertura el Pontífice evocó al profeta Ezequiel, mensajero del amor de Dios para cuantos estuvieran “signados” con la letra Tau, e invitaba a todos los cristianos a aceptar la Tau como símbolo de la urgente renovación espiritual que estaba necesitando la Iglesia. Decía el Papa: “la Tau es la última letra del alfabeto griego, símbolo de la humildad en que se fundó el evangelio y señal propia de los hijos de la pobreza. La Tau tiene exactamente la misma forma de la Cruz en que fue clavado Cristo…”.  Estas palabras eran una clara muestra del deseo de la Iglesia de regenerarse a sí misma y de absorber a los movimientos reformistas de la época, el de San Francisco entre ellos.  Francisco se sintió aludido y desde entonces hizo su propio blasón de la Tau, proclamada por el Papa como emblema de la reforma. Es un hecho cierto que Francisco escogió el signo Tau como símbolo de su vocación y la de sus discípulos. La tau fue su firma, con ella marcó los lugares en que habitaba y sus cartas. Quería que sus frailes la llevaran y él mismo fue contemplado en una visión por fray Pacífico con la tau en la frente. Con la tau signó la bendición que obsequió a Fray León y que nos dejó a todos en herencia –que gran regalo bendición y Tau-. Llevar la Tau quiere significar el empeño en querer grabarla en el corazón viviendo una vida según el espíritu franciscano pasando del evangelio a la vida y de la vida al evangelio. La Tau es el hábito de los franciscanos seglares.

Para concluir este breve repaso quisiera referirme a dos lemas intrínsecos al espíritu de Francisco. Por una parte “PAZ Y BIEN”, que utilizamos habitualmente a modo de saludo. Cuan importante es este lema por cuanto nos refleja el autentico espíritu del Santo; hacer la “revolución” mediante la paz en una sociedad eminentemente marcada por la guerra. En la sociedad de la época de Francisco no importaba tanto ser señor o vasallo, como el privilegio de portar armas. El pobre es equivalente a indefenso, inerme (desarmado). Los milites eran aquellos que tenían el privilegio de portar armas y de mantenerse gracias al trabajo de los laboratores. La sociedad se completa con los oratores, que eran los dedicados a la religión y a la cultura cuya principal función es legitimar a los armados, quienes a su vez garantizaran a los trabajadores la paz suficiente como para poder alimentar a los otros dos grupos. Esta legitimación de las armas en los siglos X – XIII resultaba extremadamente fácil por ser tiempos poco seguros: los bárbaros y los sarracenos arruinaban la economía y la cultura de Europa, sobre todo la mediterránea. Todo en dicha sociedad está orientado hacia la guerra, y la paz no es posible sin el apoyo de los profesionales de las armas. Esta necesidad de paz lleva a la iglesia a “sacralizar” la profesión de soldado, llegando incluso en tiempos del Papa Gregorio VII en el siglo XII a equiparar a los soldados que empuñan sus armas y dan su vida al servicio de la Iglesia con los mártires. Es la época de las cruzadas, campañas de la Iglesia europea que, con el pretexto de recuperar la Tierra Santa de los sarracenos mediante la guerra (guerra santa, promovida por la Iglesia y en este caso directamente por el Papa). En este contexto, francisco cree y aboga por la paz. Francisco adora a un Señor que envía a Jesús a defender a los inermes. Si Dios no es un guerrero que erradica a los malos, sino protector, lugar de refugio. El Dios de Francisco es la oposición a la guerra: “el verdadero Dios es bien pleno, todo bien, bien total, verdadero y sumo bien; es el solo bueno, piadoso, manso, suave y dulce; es el solo Santo, justo, veraz y recto…”  Francisco cree en el Dios de la Eucaristía, que es pura presencia amorosa, alegre, sufriente y solidaria hasta las últimas consecuencias. LA Eucaristía es el espíritu de la anticruzada. La antítesis de matar por la fe, es la entrega total de la propia vida sin reservarse nada, para dar la vida por el solo objeto del amor. Francisco no tiene interés ni en visitar el Santo Sepulcro y muchísimo menos en matar para reconquistarlo; le basta y le sobra la Eucaristía. En este ámbito hemos de considerar la profundidad de nuestro saludo “PAZ Y BIEN” y por supuesto la Oración de la Paz.
 
El segundo de estos lemas al que quiero referirme es una oración que Francisco repetía sin cesar y que expresa perfectamente el ideal, norte, guía y meta de su vida, cual es Jesucristo y la vida según los Evangelios: “DEUS MEUS ET OMNIA” (Mi Dios y mi Todo). El testimonio nos llega a través del primero de los discípulos de Francisco, Bernardo de Quintavalle, un rico comerciante de Asís que le invitaba con frecuencia a su casa movido por la curiosidad ante la conversión de Francisco. Solía tener preparado un lecho cercano al suyo y por la noche fingiéndose dormido, observaba como Francisco se levantaba silenciosamente y permanecía largo tiempo en oración repitiendo estas palabras “Deus Meus et Omnia”. Viendo bernardo que Francisco era un hombre de Dios le suplicó que le admitiese como discípulo, concediéndole éste el hábito junto con Pedro de Cattaneo, canónigo de la Catedral de Asís. Bernardo Vendió todo cuanto tenía y repartió el dinero entre los pobres.

Espero que estas breves notas nos sirvan para tener presente la figura de Nuestro Santo Padre y de la Orden fundada por él, y que su recuerdo nos tenga muy presente la forma de vida que el aceptó y que sin duda fue el germen y punto de partida de nuestra Hermandad.



FOTOGRAFIAS: (Por orden de aparición)

  1. Apoteosis de San Francisco de Asís. Herrera el Mozo. Catedral de Sevilla.
  2. Banderín Franciscano. Hdad. Santísima Veracruz de Sevilla. Carrasquilla 1960.
  3. Banderín Franciscano. Hdad Santísima Veracruz de Sevilla. Talleres Santa Bárbara 2004.
  4. Escudo Franciscano de las llagas. Misión de Ntra. Sra. de la Luz. Tancoyol. Querétaro (México).
  5. Estigmatización de San Francisco. Misión de Ntra. Sra. de la Luz. Tancoyol. Querétaro (México).
  6. Escudo Franciscano del Abrazo. Fachada de la Ermita de Ntra. Sra. de la Soledad. Benavente (León).
  7. Escudo de S.S. Clemente XIV.
  8. Escudo del Cardenal Arzobispo de Sevilla Fray Carlos Amigo Vallejo.
  9. Símbolo Franciscano en San Juan de Acre.
  10. Cruz de Tierra Santa o Cruz de Jerusalén.
  11. Bandera Nacional de Georgia.
  12. Bendición de San Francisco a Fray León.
  13. Sepulcro de San Francisco. Basílica de San Francisco. Asís

BIBLIOGRAFIA:

  • “Enciclopedia Universal Ilustrada”. Espasa-Calpe (Tomo 24)
  • www.franciscanos.org: Directorio Franciscano: Enciclopedia Franciscana.
  • WWW.pazybien.org: El Emblema Franciscano – Valentín Redondo
  • El movimiento Franciscano Primitivo, La guerra y la paz. Jerónimo Bórmida (Montevideo, 2002)
  • “La Cruz de Jerusalén, símbolo de la Cofradía del Santo Entierro”. Charo M. Fernández Caballero Martín-B (Herencia, 2008)
  • Histórica Terrae Sanctae elucidatio. Quaresmius (Amberes, 1639)
  • “Notice sur les chevaliers du St-Sépulcre”. Hody (Académie d’archéologie, Amberes,1855)
  • “Lórdre du St-Sépulcre de Jerusalem”. Couret (Paris, 1905)
  • “Tineo. Palacios, Casona, heráldica y Cotos Señoriales del Concejo”. Senén González Ramírez (1993)
  • “LA custodia Franciscana de Sevilla” – Germán Rubio – Sevilla 1953
  • “Anales eclesiásticos y seculares de la MN, ML y MH Ciudad de Sevilla” – Diego Ortiz de Zúñiga – Madrid, 1677
  • “La Veracruz de Caravaca: el cielo que desciende a la tierra en la cruz que es y se hace Eucaristía” – Jesús de las Heras Muela – Revista Ecclesia 19 de Septiembre de 2007
  • “Historia y Arte en la Hermandad de la Veracruz de Sevilla” – Mª de las Nieves Concepción Álvarez Moro – Sevilla 1998
  • “Antigüedades del Convento Casa Grande de San Francisco y noticias del Santo Crucifijo que en él se venera” – J. M. Montero de Espinosa – Sevilla 1817
  • Misión Tancoyol: es más que una construcción histórica”. María Velázquez Dorantes
  • “Religiosas Estaciones que frecuenta la Religiosidad Sevillana”. Abad Alonso Sánchez Gordillo  Revisado por Ambrosio de la Cuesta – Sevilla 1737
  • “Glorias Religiosas de Sevilla” - José Bermejo y Carballo – Sevilla 1882

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