domingo, 15 de abril de 2018

El pescao del tercer tramo

Publicado en la web LaVenia.xyz


El auge de nuestra semana santa es algo evidente y visible. Los nuevos medios de comunicación y transporte hacen posible que muchas personas se puedan desplazar lo que, unido al crecimiento propio de la ciudad, ha incrementado el número tanto de los espectadores de las procesiones como de los propios integrantes de los cortejos que han visto incrementados de manera exponencial en muchos casos. Esta gran afluencia tanto de publico como de integrantes en los cortejos hacen que el actual modelo de semana santa sobre todo en lo que a itinerarios y horarios se refiere necesite una reforma que los adecue a la situación actual, sobre todo en lo que a carrera oficial se refiere, cuestión que ya está bastante sobre el papel y sobre la que no hace falta mas comentarios, excepto sobre una cuestión que han apuntado en varias ocasiones como una posible solución, y es el reducir el número de nazarenos. Este famoso numerus clausus, que se lleva ya tiempo apuntando,  precisamente incide en quien tiene a la postre el sostenimiento de las hermandades y por tanto de la fiesta en sí: el nazareno.

Porque el nazareno es quien mantiene con sus cuotas a la hermandad durante el año y quien (subvención aparte) sufraga la salida. El nazareno es quien con su presencia en las filas de la cofradía configura y da forma a las procesiones. El nazareno es el contenido primero y fundamental de la estación de penitencia con sus intenciones particulares y privadas que, bajo el antifaz, lleva a la Catedral acompañando a sus titulares. El nazareno es quien porta la luz que alumbra a Cristo en su paso por la ciudad. El nazareno lleva la cruz que le hace más imitador de Jesús en su camino hacia el calvario. El nazareno va con las varas y las insignias que son el relato simbólico de la historia de su hermandad y que muestra a todos los que contemplan la procesión. El nazareno es, por tanto, cada uno de los ladrillos que juntos construyen la semana santa, o lo que es lo mismo el nazareno es la piedra angular de esta fiesta.

Pero en contrapartida, el nazareno es usualmente la pieza más frágil de esa semana santa de la que precisamente es su  cimiento, suele ser lo último en quien se piensa a la hora de proponer cambios y modificaciones en la organización  de la fiesta excepto si es para restringir su participación en la misma. Y en las propias hermandades es muy frecuente, cuando se está preparando la semana santa y en las reuniones con los distintos colectivos que forman parte de los cortejos tener un “pescao” de convivencia con los mismos, así los diputados suelen tener su pescao, los acólitos también tiene  el suyo, al igual que los costaleros, pero ¿dónde está el pescao de los nazarenos?

Y de entre los pescaos de los nazarenos yo reivindico el de los nazarenos del tercer tramo. Porque los últimos tramos lo forman los hermanos de mayor antigüedad en la hermandad, al igual que los primeros tramos del cotejo de cada paso, bien tras la Cruz de Guía o el paso del Señor; en el segundo tramo se suelen incorporar los nuevos hermanos o los tramos infantiles y es a partir del tercer tramo donde se forma al grueso de la nomina de la hermandad, grupo que precisamente es el mas pretendo poner en valor.

No se me asusten ni se inquieten los mayordomos, que soy consciente de la inviabilidad tanto económica como organizativa de esta idea que en si no es más que una irónica reducción al absurdo de nuestra realidad. Pero salvando el hecho en sí de este pescao por tramos, si es cierto que deberíamos hacerlo, aunque sea en sentido figurado, para poner en valor la figura del activo mas importante que tiene toda hermandad que son sus hermanos sin excepción, del mas nuevo al de mayor antigüedad.

Concluyendo y volviendo a mi “absurdo inicial”, les ruego me avisen del día y la hora del pescao de mi “tercer” tramo, que aunque sea en este sentido figurado, vaya en él mi reconocimiento y homenaje de quien, sin palabras ni aspavientos, y bajo el anonimato de esa túnica y antifaz que a todos nos hace iguales, es sin duda alguna el alma y sustento de nuestra centenaria celebración.

¿En cuál te vistes?

Publicado en la web LaVenia.xyz


Los nuevos tiempos con sus nuevos usos y tecnologías no son extraños a nuestras hermandades que, fieles a su dilatada historia, saben asumir e interiorizar las nuevas circunstancias integrándolas en su forma de hacer para que sus hermanos tengan las mismas a su disposición. La comunicación en general y las RRSS en particular se están poco a poco integrando en el día a día de las corporaciones, pues el uso de las mismas las hace ser más cercanas a sus hermanos y devotos y público en general.



Estas nuevas herramientas tecnológicas, para su buen uso, funcionamiento y que den un resultado óptimo, requieren unos mínimos cambios y adaptaciones en el seno de las corporaciones, como son el tener un planteamiento claro y conciso de que queremos hacer y conseguir con las mismas, lo que sería un plan de comunicación sobre el que personas más aptas y entendidas que quien esto escribe ya están expresando su opinión al respecto, y por supuesto tener las personas que coordinen y gestionen estos nuevos medios de comunicación que son las RRSS y que venimos en llamar los CM (Community Managers)


Se habla del uso de estas RRSS en la vida diaria de la Hdad, acercando el día a día, los cultos y funciones para todos aquellos que por geografía, enfermedad o cualquier otra razón no pueda ir personalmente,  y contar el desarrollo de la estación de penitencia como Principal acto de culto y Razón de ser de las cofradías no debería ser algo extraño ni descabellado, pues precisamente lo que nos distingue de otras asociaciones de la Iglesia es salir en procesión en semana santa acercando las imágenes a todo aquel que quiera contemplarlas y de esta manera recibir su mensaje evangelizador.

Ahora, cuando incorporamos a nuestras estaciones de penitencia la figura del CM, nos planteamos quien hace estación de penitencia y quién no. En mi infancia y juventud se daba por sentado que quien salía lo hacía en penitencia, solo se le preguntaba ¿en cuál te vistes? en relación a la hermandad en la que salía. Entonces solo cirio, cruz, vara o insignia, todos de nazareno y algún hermano de paisano en tareas de diputado exterior, y que también se consideraba que hacia su estación de penitencia prestando ese servicio a su hermandad.

Llegaron los costaleros, hasta el momento profesionales, y ante las necesidades por la falta de hombres, se abrió este mundo a los hermanos quienes, poco a poco, tomaron el relevo de sus predecesores sin que hubiese duda que hacían su estación de penitencia con el costal.

Luego los acólitos, sitio donde los jóvenes de las distintas hermandades encontraron un hueco donde podían participar en la estación aunque su edad no les permitiese vestir la túnica (sobre todo en hermandades donde no se podía salir hasta una edad determinada); poco a poco nos fuimos incorporando otros que, aunque ya habíamos salido de nazareno las hermandades nos ofrecieron la posibilidad de salir en este puesto y de esta forma ser los propios hermanos quienes integraran en su totalidad el cortejo procesional. A esto hay que añadir el testimonio de salir a cara descubierta, aunque se procurase pasar lo más desapercibido posible, no siendo esto difícil pues ante la proximidad del paso, el Cristo y la Virgen son los verdaderos protagonistas y las miradas y la atención del público son para Ellos.

También las bandas. Se fueron creando en el seno de las hermandades que, además de acompañar a sus imágenes en la estación penitencial son auténticos centros de atención a los jóvenes ofreciéndoles espacios donde estar, desarrollando su afición a la música, ofreciendo ayudas en los estudios en muchos casos, y por supuesto integrándolos en la hermandad. Era otra forma de hacer la estación de penitencia. Recuerdo a Paco Arroyo con la banda de la Sagrada Lanzada solicitando el permiso de los Sres. Canónigos para pasar por la catedral en silencio tras los pasos, aunque no fuese su Hdad, pues ellos se sumaban a la penitencia cada día, vivida desde el tambor, la corneta, el xilófono y las melódicas. (sumen aquí todos y cada uno de los instrumentos que integran las bandas hoy día)

Hay hermandades que también tienen a los aguaores hermanos, capataces, contraguías, encendedores,… cualquier sitio es bueno para que sea un hermano quien desempeñe la misión que le sea propia en cada caso como un servicio más a la hermandad. Y no nos olvidemos de los que de paisano van apoyando la labor de los “paveros” sobre todo en hermandades con muchos monaguillos, labor imprescindible hoy día por la gran afluencia de público que contempla nuestra procesiones que dificulta la tarea de tener a todos los niños controlados, y que realizan su penitencia de esta forma.

¿Y los diputados, celadores o canastillas? ¿Hacen estación de penitencia porque van de nazareno, o no la hacen porque van trabajando al servicio de sus hermanos integrantes del tramo del cual sean responsables y no tengan tiempo para rezar el rosario y meditar sobre la pasión del Señor? No me cabe la menor duda que el ir al servicio de sus hermanos es motivo más que suficiente para una plena estación de penitencia.

Por tanto un hermano que su servicio a la hermandad sea hacerla visible a través de las redes sociales en el día de su salida, que ya hemos dicho que es nuestro hecho diferencial, y que su mayor valor es precisamente que nos vean por la calle, ¿no está haciendo también su estación de penitencia?

Evidentemente cada uno tiene su propia opinión al respecto, y además también es fundamental la propia intencionalidad de cada uno al salir en su cofradía, pues habrá quien, aunque de nazareno y con cirio o cruz, no lleve en su interior un verdadero sentido de participar de la estación penitencial. Por tanto y como en el fondo es algo tan personal, a mi entender todo hermano que salga en su hermandad, sea en el sitio que sea, forma parte y hace la estación de penitencia y lo único que puedo preguntarles, como se hacía años atrás, es: y tú ¿en cuál te vistes?

 

viernes, 9 de marzo de 2018

¿Vísperas?


Publicado en la web LaVenia.xyz







Interiorizamos un afán de vivir las cosas por anticipado en un intento de detener el tiempo por la fugacidad de los momentos que vivimos y nos gustaría saborear en plenitud, esto suele tener el efecto consecuente de que cuando efectivamente llega el inicio de la fiesta en lugar de disfrutar de ella asumimos la vivencia de la nostalgia de un final ni siquiera presentido y que nos priva del disfrute de los momentos por vivir. No obstante lo anterior es también inevitable tener el recuerdo de los acontecimientos vividos en el pasado inmediato aunque nuestra mente esté sincronizada con un futuro aun por venir. Esto ocurre con nuestra semana santa, estamos desde el domingo de resurrección anticipando la vivencia de la próxima cuaresma que cuando esta llega, aunque la vivimos pensando en la Borriquita bajando la rampa del Salvador conservamos el recuerdo del recién vivido Viacrucis de las Hermandades organizado por el Consejo de Cofradías de la ciudad presidido por el Señor Cautivo de la Hdad de los Dolores de Torreblanca y, sin ánimo de incidir en lo positivo del mismo, quisiera volver a reflexionar sobre las, a mi entender, mal llamadas Hermandades de Vísperas y que la celebración de este viacrucis ha puesto de manifiesto, una vez más,  que no se trata de hdades. aparte sino que tiene bien ganado a pulso, con trabajo y tesón el ser una más de todas cuántas conforman la nómina de la semana santa. 

En los casi 700 años de historia de los desfiles procesionales una de las claves de esta longevidad es la capacidad de adaptación a los tiempos y a la historia: a los distintos cambios sociales, políticos y también eclesiásticos, pues aunque se le tache de inmovilista, la Iglesia está también adaptándose a la sociedad de hoy;  también es de tener en cuenta el gran componente de piedad popular que hay en las distintas hermandades lo que indubitablemente conforma en parte su carácter y personalidad que se transmite en todos sus actos. La expansión de la ciudad, los nuevos barrios y la necesidad de canalizar la piedad popular de sus vecinos ha hecho posible la creación de nuevas hermandades en ellos (y más que están en fermento) que con los años se han hecho auténticos referentes en los mismos gracias a las acciones sociales que desde éstas se llevan a cabo: atención a los necesitados reparto de alimentos a quienes carecen de recursos, comedores sociales, donaciones de sangre, atención a mayores y desempleados y por supuesto atención muy especial a los más jóvenes. También por la tarea catequética, de formación y evangelización que es propia a todas las hermandades y porque canalizan las necesidades espirituales de sus vecinos acercando a Cristo y su Madre a través de sus sagradas imágenes para visitarlas en la vida cotidiana y así, dirigir sus oraciones a Jesús y a María. Todo ello sin dejar atrás que como su nombre de hermandad indica son lugares para que sus hermanos, a través de la convivencia logren todo lo anteriormente expuesto.

Como podemos comprobar poca diferencia existe entre las nuevas hermandades y las que atesoran siglos de existencia, pues es el trabajo diario lo que confiere el verdadero valor de una corporación, los logros obtenidos por estas en siglos pasados, aparte de merecer el reconocimiento al arrojo y valentía de sus cofrades de entonces, constituyen en todo caso una responsabilidad añadida a los hermanos de éstas, de ser merecedores de las hermandades que nuestros mayores nos dejaron en herencia, y con nuestro trabajo y dedicación estar a la altura de éstos y hacer hermandades grandes en base a los logros que obtengamos hoy.
 


miércoles, 28 de febrero de 2018

De vaqueros y chaquetas...

Publicado en la web LaVenia.xyz

De todos es sabido que las hermandades y cofradía son asociaciones de personas que se reúnen en torno a un fin común que en nuestro caso es en primer lugar el dar culto público a Dios personalizado  en algún pasaje concreto de su Pasión, o bien en algún momento de la Gloria del Señor, de la Virgen o de los Santos.  Las mismas agrupan en su seno a personas muy diferentes, de muy distinto estatus social, formación, procedencia geográfica,… Pero quisiera detenerme en otro aspecto de esa diferenciación que tomé prestado de un buen amigo y cofrade, “sabedor” de cofradías y que desde aquel momento hice mío dicho argumento: me refiero a los cofrades de “chaquetas” o de “vaqueros”.  Por favor no me malinterprete nadie, que no es una “pasarela Campana” ni “Sevilla Fashion Week”, no tiene que ver con la forma de vestir, sino una alegoría a las actitudes y me explico:


Definiríamos al cofrade de vaqueros como aquel a quien no le asusta el trabajo. No importa si es en equipos de priostía o en labor más de despacho como puede ser secretaría o mayordomía, también aquellos en tareas más de representación y coordinación que muchas horas de teléfono y visitas necesitan. Esté en la junta o bien simplemente vaya a colaborar, de vaqueros es todo aquel hermano dispuesto a “arremangarse” y darlo todo, esas deshoras habidas y por haber, pues que no se nos olvide que las hermandades viven del trabajo que libre y desinteresadamente le dedican sus hermanos. Y que no se nos olviden los diputados de caridad-acción social-obras asistenciales (elijan Uds. el nombre que gusten) que en la tarea que les es propia no existe ni hora ni día de la semana, y si es necesario sacrifican hasta el salir de nazareno con su hermandad por acompañar a un hermano que lo necesita.

Frente a esto está el cofrade de chaqueta, el especialista en salir en fotos sin haberse arrugado el traje, aquel que nunca está a la hora del trabajo (que al fin y al cabo son horas de convivencia entre los hermanos, fin principal de las hermandades “convivir”, lo que decimos hacer hermandad…) pero que es el primero en enseñar a sus amistades y conocidos lo bonito que “hemos” puesto los pasos este año. Autentico profesional de croquetas y “pescaos” que conoce a la perfección el momento del receso en el trabajo-convivencia para ser partícipe de la “conbebencia” que por supuesto también es convivencia y parte fundamental e indisoluble del día a día de una hermandad.

Oiga, mire usted: ¡¡Qué yo ahora es que no puedo ir por mi trabajo, pero mucha plata que me he limpiado hace unos años!!” Quede tranquilo hermano, que no van por ahí los tiros, que sabemos que si pudiera no faltaba un día de su hermandad. Seguro que quien esta humilde opinión lee es plenamente entendedor de lo que quiero expresar, evidentemente lleno de exageración. Simplemente es un poco de pensamiento en voz alta que nos haga reflexionar que tipo de cofrade nos gusta más. ¿Usted cual quiere ser? Yo lo tengo claro.