miércoles, 14 de agosto de 2019

Evocación


Cuando hablamos “en cofradías” y decimos evocación, prácticamente a todos se nos va la memoria a la magnífica marcha de cornetas y tambores que el genial Alberto Escámez compuso para los bomberos de Málaga y que para los de mi generación supone una de las muestras del más puro clasicismo del género, popularizado en Sevilla por la antigua Policía Armada. Evocación, en su primera definición  del diccionario, es el recuerdo o memoria que tenemos de algo y esto es justo lo que hace la marcha antes mencionada, al igual que toda la música, utilizar el lenguaje del sentimiento para retrotraernos a esos momentos vividos que por su especial significación han marcado nuestra alma y nuestro corazón
                                
Hay veces que el hecho de no poder estar presente en una fiesta o celebración de las que realizamos anualmente sea por trabajo, viaje, alguna otra circunstancia de causa mayor que no nos permita participar en la misma, hace que nuestra mente evoque dicha fiesta y, desde el recuerdo de las vividas en los años anteriores, podamos rememorarla en el sentimiento como si estuviésemos presentes. Esto nos sucede, bien con los cultos anuales de nuestra hermandad: quinario y función Principal de instituto, estación de penitencia o salida procesional en la glorias; bien con cualquier celebración familiar, como ejemplo la nochebuena, si algún año no podemos celebrarla en familia por cuestiones de trabajo.


Especialmente significativa es esta mañana de agosto en la que el olor a nardos prevalece sobre todo, fiesta de la Asunción de la Virgen que en Sevilla no tiene más advocación que la de saber que por Ella reinan los reyes. Fiesta cuya celebración se inicia no sabemos si muy temprano el día 15 o muy tarde el 14, porque para ser puntuales a nuestra cita nos ponemos en movimiento siendo aún madrugada, incluso la tarde noche anterior. Una madrugada tan especial en la que nos sorprende el alba al mismo pie de la Giralda, Turris Fortissima de  los Proverbios, en espera de venerar a quien es más pura que el sol y es tan Llena de Gracia que no conoció el pecado, y que antes que Roma, Sevilla proclamó Inmaculada. Allí en las gradas, mudo escenario de tantas íntimas devociones calladas, recuerdo de nuestros mayores que no podían perder el sitio frente a la puerta de los palos para la salida de la Señora, y de tantas nuevas generaciones que pasan la noche en vela peregrinando desde las localidades cercanas para rezarle la salve cuando pase ante ellos, cumplimos año a año este rito aprendido y heredado directamente de nuestras madres y abuelas, auténticas y principales transmisoras de su devoción.

Justo esto, evocación, es lo que nos ocurre cada mes de agosto que no podemos acudir a nuestra cita con la Virgen. Aunque físicamente estemos ausentes por trabajo, viajes, enfermedad, asuntos familiares, o cualquier causa mayor que nos impida cumplir este anual encuentro, es el alma y la mente quien nos transporta, en ese íntimo y oculto recuerdo interior, a revivir ese momento único de piedad en que nos encontramos cara a cara con quien es uno de los principales exponentes de la religiosidad y fervor mariano de la ciudad, cumpliendo así, de pensamiento, nuestro compromiso.    Por esto, Agosto, es “evocación”

jueves, 8 de agosto de 2019

Cambios


Un nuevo verano, y van varios, vuelve a saltar la noticia que la semana santa necesita una reorganización. Esto ni es nuevo ni a nadie coge de sorpresa, de hecho muchos de nosotros esperábamos que volviese a saltar la liebre en este periodo vacacional, como efectivamente ha sucedido, en este caso en la entrevista al Sr. Teniente de Alcalde de Fiestas Mayores.

La semana santa tal y como la conocemos es el resultado de muchas y diversas adaptaciones que han tenido lugar a lo largo de los años: desde 1340 año de la fundación de la Hdad del Silencio o 1356 en que realiza la primera estación de penitencia, muchas son las hermandades que se han creado, han desaparecido, se han fusionado, han ido modificando la forma de realizar la penitencia pública a tenor de los cambios religiosos, políticos, sociales sucedidos a lo largo de los años que han ido conformando el modelo actual que, por supuesto, no tiene por qué ser definitivo.

En la actualidad, al igual que en otros momentos anteriores, las razones que motivan los cambios que habrán de venir son fundamentalmente de espacio y tiempo, como ya apuntaba en una reflexión para la web amiga ElCostal.org. El espacio que ocupan los cortejos en la actualidad y el tiempo que necesitan su discurrir son muy diferentes a los de la semana santa de nuestra infancia y juventud, consecuencia directa del crecimiento en las respectivas nóminas de las cofradías y el incremento del número de hermandades que realizan estación de penitencia. No es mi intención ni pretendo hacer ningún tipo de plan salvador maravilloso que venga a poner una solución mágica, pero si quisiera pensar en voz alta.

Las dimensiones de los cortejos tienen más importancia de lo que nos puede parecer. Viéndolos de forma aislada quedaría en una mera anécdota, pero al considerar todas las cofradías de la jornada pueden dar lugar a numerosos conflictos como nos viene ocurriendo históricamente en la madrugada con la famosa “pescailla” o el juego de la serpiente de los móviles de hace algunos años. Esto nos lleva a pensar que el cumplimiento de muchas reglas de las cofradías de ir por el camino mas corto puede resultar paradójico por cuanto que los mismos pueden llevar a cruces imposibles sobrevenidos por las dimensiones de los cortejos antes comentados. Si miramos la historia de la geografía urbana de la semana santa podemos comprobar como se han ido adaptando los recorridos y como actualmente se siguen haciendo, y habrá de hacerse en un futuro a corto medio y seguramente largo plazo.
 
Lo que si tengo claro es que no se trata de una mera cuestión puntual de las cofradías afectadas, sino que “todos” hemos de poner de nuestra parte para que el resultado final sea satisfactorio para el conjunto. Se trata del “bien común” por encima del “bien particular”, algo que en muchos ámbitos no parece tener importancia.

Seguramente la mayoría que podáis leer estas breves líneas no estéis de acuerdo conmigo, como ya dije no se trata de ninguna varita mágica, sino de un pensamiento en voz alta que solo espero nos sirva de reflexión, dejemos de marear la perdiz, y nos mueva a poner nuestro granito de arena que pueda dar respuesta a la situación actual, porque si no lo hacemos quienes estamos implicados y nos gusta y nos mueve el corazón, otros vendrán que nos impondrán los cambios, y no olvidemos lo que decía el recordado Chaves Nogales que “los dos enemigos natos de la Semana Santa sevillana son el cardenal y el gobernador“, y sin las hermandades no habría Semana Santa, que ni es obra de curas ni de gobernantes, sino de los cofrades: del pueblo que las creó, que las mantiene a lo largo de los siglos y que si no le ponemos remedio podría ser también quien le ponga punto y final.

jueves, 1 de agosto de 2019

El Jubileo (Dios está aquí)


De los tres fines y pilares fundamentales que conforman nuestras hermandades es el culto el primero de ellos por ser el que vertebra y da razón de ser a las mismas como asociaciones de fieles que nos reunimos a meditar en torno a un misterio de la pasión del Señor. Muchos son los actos de cultos y piedad popular que las hermandades tenemos a lo largo del año pero quisiera fijarme en el que tributamos directamente a la real presencia sacramental de Dios en la eucaristía.

La adoración eucarística siempre ha tenido un papel protagonista en los cultos de nuestras hermandades pues, aunque desde la reforma litúrgica del Vaticano II se puede celebrar la eucaristía por las tardes al reducir el tiempo de ayuno para la comunión a una hora, antes de dicha reforma los cultos se realizaban sin misa, con exposición mayor de S.D.M. ante quien se rezaba la estación al Santísimo al exponerlo, Santo Rosario, se cantaban las coplas propias de cada hermandad, la homilía centro del culto, y culminando el mismo con la Bendición Solemne y Reserva. El último día se finalizaba con la procesión claustral, que aun conservamos en la mayoría de hermandades. Hoy en día celebramos los cultos diariamente con la Eucaristía pero, en recuerdo de esta forma preconciliar, muchas hermandades suelen tener exposición diaria antes de la misa o al menos exposición el último día con la procesión claustral que antes mencionamos. Muchas hermandades están acogidas al Jubileo Circular de las 40 horas como culto de adoración a Dios en la Eucaristía, bien coincidiendo con alguno de sus cultos de regla, bien uniéndose al mismo cuando le toca a la parroquia donde residen, máxime si son sacramentales. En otras, como el caso de mi hermandad de Vera+Cruz, constituye un culto aparte de honda significación para nosotros, pues por la fecha que nos corresponde a finales de Julio supone el sonoro colofón y cierre definitivo del curso cofrade previo al mes de vacaciones que sirve para todos los arreglos y mantenimientos que requiere nuestra capilla y que no se pueden hacer durante al año.

En breve nos centraremos en este Jubileo pero antes debemos detenernos en la significación que, en sí, tienen las especies eucarísticas. El cuerpo y la Sangre de Cristo en las especies de pan y vino tiene su auténtico sitio en la propia celebración de la Eucaristía pues, es en la misma donde no solo recordamos la pasión, muerte y resurrección del Señor, sino que en dicha celebración actualizamos el sacrificio del cordero pascual, volviendo a realizarse la muerte y resurrección de Cristo sobre el altar con todo el beneficio de la Salvación y, posteriormente, dándose a comer a los fieles en las formas de pan y vino uniéndose Dios a nuestro ser. Este es el verdadero lugar de las especies eucarísticas, donde adquieren su auténtico sentido, pero la necesidad de disponer del cuerpo de Cristo para administrar el viatico a los enfermos introdujo la reserva de la sagrada forma en el sagrario y por añadidura se incorporó la costumbre de exponerlo en adoración para que los fieles pueden reconocer en ella la maravillosa presencia de Cristo y sea una invitación a unirnos de corazón con él.

El jubileo circular de las 40 horas es un culto de adoración al Santísimo Sacramento. La adoración eucarística de las Cuarenta horas, tiene su origen en Roma, en el siglo XIII, teniendo un sentido penitencial como expiación ante los pecados, siendo las cuarenta horas el tiempo que estuvo Cristo en el sepulcro. En el siglo XVI tuvo un gran impulso en Milán por parte de San Carlos Borromeo siendo S.S. Clemente VIII, en 1592, quien fija las normas para la realización de este jubileo,  y S.S. Urbano VIII en el S.XVII quien extiende esta práctica a toda la Iglesia.

El nombre de Circular es porque al terminar la Adoración en una Iglesia, que dura tres días, el jubileo debe comenzar en otra iglesia de la misma ciudad, sin interrupción, excepto los tres últimos días de Semana Santa (Triduo Pascual: Jueves, Viernes y Sábado Santo) por la liturgia especial de dichos días.  

Se le llama Jubileo por las indulgencias y privilegios que la Santa Sede le ha concedido: Indulgencia Plenaria, una por cada día del Jubileo en las condiciones acostumbradas y rezando 6 padrenuestros, avemarías y glorias uno para cada una de las Cinco Llagas del Señor y el último por las intenciones del Romano Pontífice. También se puede ganar indulgencia parcial para uno mismo o por los fieles difuntos, bien sean conocidos o en sufragio de las almas del purgatorio.

Como comentaba anteriormente el jubileo en Vera+Cruz, aparte de corresponderse con el auténtico final de curso, es un culto íntimo y recogido pues las especiales fechas que son (lo acabamos de celebrar) hace que sean pocos los hermanos que acuden por ser época vacacional. Este recogimiento e intimidad hace que, por un lado sea especialmente devota la adoración al Señor y por otro que se estrechen verdaderos lazos de hermandad entre los que participamos en el mismo por los especiales vínculos que se crean por esta relación tan personal, unidos a la multitud de anécdotas que podemos vivir. Hubo años en que podíamos hacer turnos a mediodía para no tener que cerrar la capilla a mediodía y que estuviese el Señor acompañado en todo momento, cuestión ésta que era posible por los que teníamos la fortuna de vivir en los aledaños de la capilla, siendo una circunstancia que dificulta hoy día la vida de las hermandades de centro. El transcurso de los años hace que se note especialmente la falta de los hermanos que ya están en el jubileo eterno de la presencia divina, sobre todo de aquellos que compartimos adoración al Santísimo en hermandad.

Amigos cofrades, vayamos al jubileo. Compartamos con nuestros hermanos esta oportunidad que nos brinda la Iglesia de estar junto al Señor. Pues con ello no solo estaremos alabándole y dando gracias, sino que además cumpliremos con uno  de los pilares básicos de nuestras hermandades, que es el hacer las cosas en comunidad, compartir momentos de convivencia con nuestros hermanos y estrechar lazos con ellos, y sobre todo teniendo presente que, además que estemos reunidos en su nombre, verdaderamente sentiremos su presencia, porque Dios está aquí.