viernes, 29 de enero de 2016

Dios está aquí...

Publicado en el Anuario de la Hdad de Ntro Padre Jesús Cautivo y Rescatado de San Pablo Cuaresma 2016



La vida se nos antoja a menudo caprichosa. Un girar continuo que la mayoría de las veces nos hace llegar a puntos que serían completamente insospechados muchos años antes. Cuantas veces de niño  hemos dicho y redicho hasta la saciedad, “quiero ser médico” y al cabo de los años nuestro futuro se ha desarrollado en otra profesión diametralmente opuesta a la soñada, pero que en definitiva dicho nuevo camino ha supuesto nuestra realización como profesionales y como personas.

Este singular devenir hizo que ese niño que soñó con batas blancas y un fonendo colgado al cuello y criado a caballo entre la plaza del Museo de la antigua Casa Grande de la Merced que vio por primera vez la hechura del Señor de Pasión y del  “Omnes setientes venite ad acquas” y de esa Encarnación antigua sin “setas”, de Silencio y Amarguras y de los donantes de flores de la más universal Esperanza, viniese a residir a éste que, siendo uno de los barrios nuevos de la ciudad, atesora entre sus vecinos enraizadas esencias de la más pura y antigua tradición popular sevillana.

Y he aquí, que azares de la vida, un nuevo giro ha hecho que sea mi parroquia la de San Ignacio de Loyola cuya capilla sacramental me gusta visitar a esas deshoras que en los centenarios templos del centro de la urbe se puede disfrutar de un rato de oración a solas con el Santísimo y que en esta capilla es difícil hacer en esa soledad mencionada que solo es comparable a la del nazareno que dentro de su túnica y antifaz mantiene ese mudo dialogo con Jesús mientras medita sobre su Pasión y hace examen de conciencia de su vida actual. Pero la capilla sacramental de San Ignacio de Loyola nunca está sola. Siempre hay algún vecino rezando en ella, acompañando al Señor. Porque una leyenda junto al sagrario nos recuerda permanentemente que “Dios está aquí.”

Real y verdaderamente presente en la Eucaristía que cada día se celebra en la intimidad de dicha capilla y en la renovamos el misterio pascual de Cristo, su muerte y resurrección mientras se hace presente entre nosotros al recordar su palabras en la Ultima Cena en la que nos dejó el más preciado de los regalos, su presencia cierta en las especies sacramentales, pan y vino, signo de la nueva alianza con Dios que actualizamos en cada celebración, que nos santifica, nos purifica y nos une a todos en la maravillosa comunión con Dios. Según nos recordaba recientemente SS el Papa Francisco en el congreso eucarístico en la India, la Eucaristía no es una recompensa para los buenos, sino también la fortaleza para los débiles y pecadores, porque es el sustento que nos ayuda en nuestro camino.

“Dios está aquí, venid adoradores: adoremos a Cristo redentor” nos dice la letra que Fray Restituto del Valle hizo para el himno del Congreso Eucarístico de Madrid de 1911 y que nos recuerda las palabras de Jesús en el desierto “Solo al Señor, tu Dios adorarás y solo a El darás culto” (Mt.4, 10). San Agustín decía que “nadie coma de este cuerpo si primero no lo adoramos” y SS Pio XII añade en la Mediator Dei que “no solo no pecamos adorándolo, sino que pecamos si no lo adoramos”. Así pues en la propia celebración de la Eucaristía ya adoramos el Santísimo, tributándole al Señor el culto de latría que le debemos.

Pero esta adoración no solo es en la misa, sino que la necesidad de tener una reserva del Cuerpo del Señor para poder administrar el viático, nos otorga su presencia permanente en el sagrario en donde no solo podemos rezarle, acompañarle y adorarle, sino que nos supone una prolongación de las gracias de la celebración de la Eucaristía. Ya desde el siglo XIII, antes incluso que la festividad del Corpus Christi, se tiene noticia de las primeras hermandades sacramentales, de gran importancia en el mundo pues aseguran la adoración eucarística, el acompañamiento del Santísimo cuando es llevado a los enfermos o en procesión, cuidando los altares y capillas sacramentales, y como no, siendo escuelas de vida espiritual para los laicos. Importantísima tarea la de las hermandades sacramentales…

Dios está aquí, y su presencia se siente en el ambiente que se respira en esta capilla sacramental, pues como antes mencionaba es prácticamente imposible encontrarla en soledad. Siempre hay algún, feligrés, algún devoto, algún vecino de San Pablo visitando a Jesús Sacramentado. Esta asistencia de fieles aunque cada uno vayamos por nuestra cuenta pero con un mismo fin, pone en primer lugar de manifiesto el carácter comunitario de todas las acciones de la Iglesia, y por tanto se cumplen las palabras del evangelio de San Mateo “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy Yo en medio de Ellos”. (Mt 18,20)

Foto: www.pasionenladistancia.blogspot.com.es
Por esto me gusta visitar la capilla sacramental de San Ignacio de Loyola. Porque no solo tengo la oportunidad de rezar ante el sagrario y ante las portentosas imágenes de Jesús Cautivo y Rescatado y su Bendita Madre del Rosario, sino que además tengo la absoluta certeza de que Dios está aquí.




jueves, 7 de enero de 2016

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo



Cuando tengo oportunidad me gusta pasar a visitar al Señor del Gran Poder y sobre todo  en la mañana del 1 de Enero cuando al inicio del día los trinos de los pájaros y la campana del reloj de la Giralda se cruzan con aquellos que vuelven de una noche de celebración. Allí en la Plaza de San Lorenzo está quien no entiende de tiempos y que aguarda a quien le necesite. Estando sentado en la Basílica, me vine a fijar en la cruz basilical y tintinábulo y pensé: hay que ver que se hubo de poner Basílica de Jesús del Gran Poder omitiendo el “Nuestro Padre…” tan arraigado en nuestra forma de llamar al Señor, pues Roma entiende que no es correcto llamar al Hijo como si fuese el Padre. Enfrascado en este pensamiento volví a mirar al Señor en su camarín y me dije: es que representa al Hijo pero veo en él a la Trinidad completa. Con la benevolencia de los sres. teólogos intentare explicar mis pensamientos.

Jesús del Gran Poder es el Hijo del Padre eterno, que se hizo hombre por nosotros y cargado con el peso de la Cruz es ese Hombre que camina hacia el calvario. Es el Hombre fuerte que avanza con paso poderoso aun a pesar de estar sufriendo un durísimo castigo: traicionado por los suyos, abofeteado, flagelado y escarnecido y condenado al más vil de los tormentos y le vemos firme, sereno. Sobre su cabeza las potencias en número de tres: memoria, entendimiento y voluntad, potencias intelectivas del alma de las que depende la libertad necesaria para que al alma no sucumba ante la materia, para que el conocimiento supere a los instintos, para que el bien se imponga al mal. Cristo como verdadero hombre las tiene y por ser el Hijo de Dios las tiene en grado  máximo. Estas tres potencias (tres, el número de la Trinidad) quedaron convertidas en los verdaderos atributos de Jesucristo  en condición de Profeta, Sacerdote y Rey.

Jesús del Gran Poder fue engendrado a imagen y semejanza de los hombres y nació de Santa María del Mayor Dolor y Traspaso, pero sobre todo es de la misma naturaleza que el Padre. Por tanto, al estar ante su imagen  no podemos evitar ver en Jesús del Gran Poder  a Dios Padre Todopoderoso, Creador y Señor de todas las cosas a quien todas las criaturas bendigan siempre: sol y luna, lluvias y vientos, mares y ríos, fuegos y nieves, cetáceos y peces, fieras y ganados, hombres todos.  El Padre que libro a sus hijos de la esclavitud de Egipto y los condujo a una tierra nueva dándoles el maná del cielo que luego nos regaló a todos dándonos a comer a su Hijo en la Eucaristía. El Padre que nos libró de nuestros enemigos realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres recordando su alianza y juramento con Abrahán para que libres de temor le sirvamos con santidad y justicia todos los días.

Y aquí decimos que Jesús del Gran Poder es quien cura los resfriados, que es decir que es quien nos concede todo aquello que le pedimos y esto lo hace a través del Espíritu Santo, el Señor y dador de vida que procede del Padre y del Hijo y es por quien actúa el Padre y el Hijo desde que este último ascendió a los Cielos, y por el cual sentimos al Padre y al Hijo siempre cercanos.

Cuando miro a Jesús del Gran Poder veo en su imagen a las Tres Personas de la Santísima Trinidad, y por eso el pueblo en su natural sabiduría de tradiciones heredadas de abuelos a padres a hijos y a nietos, le llama simplemente El Señor. Y la oración que nos enseñó para rezar al Padre, aquí se la dedicamos a Él: “Padre Nuestro…”
                                       

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Porque, en Sevilla, al adviento le llamamos Esperanza.



Desde finales de noviembre celebramos el tiempo de adviento. Tiempo litúrgico de la Iglesia que nos prepara para la venida de Jesús que con alegría celebraremos en la Navidad. 

Foto vía Alvaro Dávila
En este tiempo de adviento, tiempo de espera del Niño Dios, recuerdo como en mi infancia ilustrábamos esa impaciencia ante el nacimiento de Jesús con el calendario de adviento. El mío era un portal de Belén con 25 ventanitas para los 25 días de diciembre. Cada noche se abría una ventanita y tras ella aparecía desde la Anunciación, el viaje de María y José en el borriquillo hasta Belén, y otros motivos navideños hasta el día 25 que tras su ventanita se ocultaba el Niño recién nacido. Año tras año reutilizábamos el calendario y año tras año con la misma ilusión de niño que el día que por primera vez lo estrenamos. Nuestros hijos tienen también sus calendarios de adviento pero hoy son más sofisticados, detrás de cada ventanita se oculta una chocolatina con las formas de adornos y figuras propias de este tiempo y que además de la ilusión de descubrir que hay detrás de cada una de ellas hace la espera mucho más dulce.

Foto: Juan J. Caravaca
Pero en esta tierra de María Santísima en cada una de las fiestas del Señor nos buscamos la manera de celebrarla con su Madre, que no en vano nuestra ciudad es Mariana. Empezamos diciembre cantando a voz en grito que “Todo el mundo en general, a voces Reina escogida, diga que sois Concebida Sin Pecado Original”, y tornando el morado propio del tiempo en azul purísima de baile de seises y coplas de Eslava y Torres. Y en un abrir y cerrar de ojos nos damos cuenta que ese celeste privilegio de la ciudad se torna  en el verde más exquisito para acompañar esa espera del Señor.

Porque, en Sevilla, al adviento le  llamamos Esperanza.

Foto: Cristina Paradas
¿Qué mejor manera de esperar al Niño Jesús que acompañando a su Madre? ¿Y qué mejor nombre para la Madre del Redentor que Esperanza? Esperanza que es la Gracia de ser la Madre de Dios; Esperanza es ser la Divina Enfermera que nos cuide en todos nuestro males; Esperanza por estar en cuerpo y alma junto a la Trinidad Divina; Esperanza que se hace exclamación – Oh! – en las antífonas de adviento y candelá en calle Castilla; Esperanza marinera que nos ayuda a levantarnos cada una de las veces que caemos en esta vida; y Esperanza que con solo su mirada torna las penas en gozo y que la única forma de describirla es llamarla Macarena.

Si lo pensamos bien no se trata de celebraciones distintas de la Virgen, sino una única celebración que prolongamos durante todo el adviento: es la Llena de Gracia que nos regala Esperanza para que nuestro paso por la vida sea más llevadero y dichoso hasta llegar a Jesús. Cuando depositamos el beso (veneración) en la mano de la Virgen, no hacemos sino anticipar el beso (adoración) que en la Misa del Gallo y en el día de Navidad daremos al Niño Jesús cuando lo recibamos entre nosotros.

En esta Esperanza y en esta alegría quiero desearte, a ti que lees estas letras, una Feliz Navidad en compañía de tu familia y amigos, y los mejores deseos para el próximo año 2021, que venga cargado de salud, dicha y felicidad.

Porque, en Sevilla, al adviento le  llamamos Esperanza.

Foto vía Manuel Sanchez Torres

lunes, 7 de diciembre de 2015

El Espíritu Santo está sobre Tí...

De la serie "De Jacinto y Celeste" num.11


El inefable Dios, cuya conducta es misericordia y verdad, cuya voluntad es omnipotencia y cuya sabiduría alcanza de límite a límite con fortaleza y dispone suavemente todas las cosas, eligió y señaló, desde el principio y antes de los tiempos, una Madre, para que su unigénito Hijo, hecho carne de ella, naciese, en la dichosa plenitud de los tiempos, y en tanto grado la amó por encima de todas las criaturas, que en sola ella se complació con señaladísima benevolencia. Por lo cual tan maravillosamente la colmó de la abundancia de todos los celestiales carismas, que Ella, absolutamente siempre libre de toda mancha de pecado y toda hermosa y perfecta, manifestase tal plenitud de inocencia y santidad, que no se concibe en modo alguno mayor después de Dios y nadie puede imaginar fuera de Dios.

Con estas palabras comienza la Bula Ineffabilis Deus del Beato Pio IX con la que quedaba promulgado el dogma de la Purísima Concepción de María que toda Sevilla celebra en estos día y muy especialmente la Primitiva de los Nazarenos que hace apenas tres meses renovamos en cabildo general aquel solemne voto de defensa de ésta entonces piadosa creencia hace 400 años.

Cuatro siglos proclamando que quien es la Gloria de los Nazarenos fue preservada de toda mancha, porque estaba tan Llena de Gracia que no había sitio en ella para nada mas, y como continuación a dicha celebración que es fiesta grande en la Hermandad cada año, la priostía nos regala un extraordinario y novedoso altar en el que con solo la imagen de María Santísima (de Jacinto y Celeste) se nos pone de manifiesto que  Dios siempre está junto a Ella.

Foto Jose Manuel Morán Sanchez @JMMoran94
La Santísima Trinidad es una sola en este altar, como efectivamente así lo proclamamos en el Credo en cada Eucaristía. Dios Padre, Omnipotente y Omnipresente esta sobre "todo" en la pintura mural en lo más alto del presbiterio. Dios Hijo es indisoluble a tan digna Señora, pues todos los méritos que el Altísimo le concedió fue por ser la Madre del Dulcísimo Nazareno. Y Dios Espíritu Santo aparece sobre Ella en el altar. Dios, Espíritu Santo, que es la persona de la Trinidad por la cual actúa el Padre en estos tiempos postevangélicos. Y que siempre estuvo junto a María.

Foto vía Antonio Comas Perez
Porque en el primer Pentecostés, la Encarnación del Hijo de Dios, el ángel Gabriel dice a María: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra, y por esto el hijo engendrado será santo, será llamado Hijo de Dios” (Lc.1,35-36). También le dice a José: “No temas recibir en tu casa a María, tu esposa, pues lo concebido en ella es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, a quien pondrá por nombre Jesús, porque salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt.1, 20b-22).

Porque cuando María saludó a Isabel, ésta “se llenó del Espíritu Santo, y clamó con fuerte voz: ¡Bendita tú entre las mujeres…! y su niño saltó de gozo en sus entrañas. Y María proclama el Magnificat,... (Lc.2, 41-57).

Porque cuando nace Jesús, la luz del Espíritu Santo inunda el Portal de Belén, envuelve a los pastores y guía a los Magos hasta Belén.

Porque en las bodas de Caná María, movida por los dones del Espíritu Santo, se dirige suplicante a su Hijo: “No tienen vino” y luego a los servidores: “Haced lo que Él os diga”. Y Jesús realiza su primer milagro (Jn. 2, 1-12)

Porque solo el Espíritu Santo puede dar fuerzas a María junto a la cruz de Jesús y ser testigo de su testamento en las Siete Palabras (Jn. 19, 25)  Así también María es testigo de su Gloriosa Resurrección, que los primitivos celebramos con “azahar”…

Porque finalmente y junto a los Apóstoles fue testigo de la venida del Espíritu Santo prometido por Cristo y que ya está con nosotros hasta el fin de los tiempos. (He.1, 14).

Este Pentecostés es el inicio de la actividad misionera de la Iglesia y María está presente en ella tal y como estuvo presente en el nacimiento de Jesús: como Madre por obra del Espíritu Santo

Mañana besaremos su mano; antes habremos celebrado en Ella el misterio Pascual de su Hijo, pero siempre, cuando estemos ante sus plantas, al verla tan Llena Gracia, no podremos evitar repetir en nuestro interior: “Ruega por nosotros Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo”.
Foto via Antonio Comas Perez