martes, 23 de febrero de 2016

Ojos de niño...

Publicado en el Blog "El Sanedrín" de la web ElCostal.org 




Muy posiblemente suene a tópico decir lo que anticipa el título de esta humilde reflexión, que hemos de tener ojos de niño para disfrutar y vivir nuestra semana mayor. Puede que hasta estemos cansados de oír que hemos de ser los niños que juegan en la rampa del Salvador y que todos una vez fuimos. Ese asombro que vemos en sus caras al ver por primera vez el discurrir de una cofradía con su majestuosidad, con sus nazarenos repartiendo sus caramelos que son la alegría de la fiesta transmitida a esos pequeños que el día de mañana tomarán las riendas de las corporaciones.

Viene esto a colación porque al salir hoy a la calle estaba una madre con su hijo de muy corta edad de pie en el balcón asomado a la vía pública y descubriendo el mundo y haciendo con sus grititos que los peatones nos volviésemos a verle, y al observar su cara de inmensa alegría ante tamaña hazaña vino a mi recuerdo el traslado matutino de la Virgen de la Amargura a la Patriarcal Hispalense para celebrar allí el cincuentenario de su coronación canónica. Al pasar la Virgen por la calle Cuna recuerdo que se abrió un balcón de una primera planta, justo a la altura del paso, y salieron unos niños pequeños recién levantados (aún en pijama) que no podían ocultar el asombro en sus caras al ver pasar a la Amargura. Recuerdo que pensé: ¡¡Dios mío, como me gustaría levantarme así!!  También recuerdo en aquel traslado el evocarme a mí mismo veinticinco años antes cuando en ese mismo recorrido y con muchísima menos gente pude disfrutar de la que el Todopoderoso ha llenado en exceso de Amargura, y con la imagen aún nítida en mi mente de cómo se cerraban las rejas de la puerta de la Sacristía Mayor de la Catedral donde quedó depositado el paso en aquella ocasión.

En el mundo adulto estamos demasiado acostumbrados a mecanizarlo todo, a convertir todas las cosas más extraordinarias en una rutina más, a haber perdido la capacidad de sorprendernos ante las cosas aquellos que vivimos la expo del 92, por eso la cara de este niño que he visto hoy, la de los niños que vieron pasar a la Amargura, los que juegan en la rampa del Salvador, y la de los que reciben ese caramelo, estampita, medallita o las gotas de cera de cualquier nazareno anónimo, me hacen pensar que, a pesar de todos los años que pasen, de todo lo que hayamos podido vivir, de toda nuestra experiencia acumulada, hemos de hacerlo con la inocencia de esos niños, y seguir viviendo año a año nuestra Semana Santa con la alegría y el gozo de quien ve algo por primera vez. Y no es baladí, pues cada año volvemos a buscar ese mismo rincón de la niñez donde vimos a la cofradía por primera vez de la mano de nuestro padre; y cada vez que vestimos la túnica recordamos como nuestra madre nos vistió de nazareno en aquella primera estación de penitencia. Por eso hagámonos niños, con mirada limpia y pureza en el corazón, volvamos a descubrir el mundo cada día como si no lo hubiésemos visto antes, disfrutemos de cada momento como quien es la primera vez que sale a jugar a la calle, porque solo entonces saldremos de la rutina y el tiempo volverá a detenerse y a pasar igual de lento como cuando éramos niños, y porque nos lo dijo el propio Jesús: “de los que son como ellos es el Reino de los Cielos” (Mc 10,14)

martes, 16 de febrero de 2016

En la Casa de Dios

Editorial para el Anuario de la Hermandad de la Santísima Vera+Cruz de Sevilla 2016




Un año que nos ha deparado una nueva sede, que no por provisional ha dejado de ser nuestra casa, y que nos ha permitido ser mas parte aún de nuestra Parroquia


Un año más, hermano de la Vera+Cruz, tengo la inmensa fortuna de dirigirme a ti a través de nuestro anuario, donde intentamos resumir todo lo vivido el año pasado. Un año cargado de vivencias, anécdotas, sinsabores y alegrías, y como siempre con esa incertidumbre que nos reserva la vida de no saber que nos sucederá mañana, salvo que el Cristo de la Vera+Cruz seguirá con sus brazos extendidos esperando a todo aquel que lo necesite.

Portada Anuario dibujo original de Pepillo Gutierrez Aragón
Un año que nos ha deparado una nueva sede, que no por provisional ha dejado de ser nuestra casa, y que nos ha permitido ser mas parte aún de nuestra Parroquia, recuperar esa estrecha convivencia pasada, que nunca perdida, con la Hermandad de las Siete Palabras así como estrechar esos lazos, siempre fraternos, con la Hdad. de Las Penas, y con la Hdad de Las Mercedes de la Puerta Real, que también ha residido provisionalmente en San Vicente. En este tiempo y al igual que en Santa Rosalía cuando también hubimos de residir con nuestra queridísimas Madres Capuchinas, el Cristo de la Vera+Cruz nos aguarda con sus brazos abiertos de igual manera que antaño también lo estaba en San Alberto y en la casa grande de San Francisco siempre dispuesto a recibir a todos.

Si Dios quiere, cuando leas estas líneas ya estaremos de nuevo en nuestra capilla y todo habrá vuelto a esa normalidad que nos marca la rutina del día a día. Habremos completado un nuevo ciclo y todo volverá a empezar. Por eso, al volver a nuestra capilla con el recuerdo de lo vivido tengamos presente que en un pequeño rincón de la casa grande de San Francisco Dios está permanentemente expuesto y junto a Él está la Vera+Cruz adorándolo. 

Foto: Juan García Cuevas

viernes, 29 de enero de 2016

Dios está aquí...

Publicado en el Anuario de la Hdad de Ntro Padre Jesús Cautivo y Rescatado de San Pablo Cuaresma 2016



La vida se nos antoja a menudo caprichosa. Un girar continuo que la mayoría de las veces nos hace llegar a puntos que serían completamente insospechados muchos años antes. Cuantas veces de niño  hemos dicho y redicho hasta la saciedad, “quiero ser médico” y al cabo de los años nuestro futuro se ha desarrollado en otra profesión diametralmente opuesta a la soñada, pero que en definitiva dicho nuevo camino ha supuesto nuestra realización como profesionales y como personas.

Este singular devenir hizo que ese niño que soñó con batas blancas y un fonendo colgado al cuello y criado a caballo entre la plaza del Museo de la antigua Casa Grande de la Merced que vio por primera vez la hechura del Señor de Pasión y del  “Omnes setientes venite ad acquas” y de esa Encarnación antigua sin “setas”, de Silencio y Amarguras y de los donantes de flores de la más universal Esperanza, viniese a residir a éste que, siendo uno de los barrios nuevos de la ciudad, atesora entre sus vecinos enraizadas esencias de la más pura y antigua tradición popular sevillana.

Y he aquí, que azares de la vida, un nuevo giro ha hecho que sea mi parroquia la de San Ignacio de Loyola cuya capilla sacramental me gusta visitar a esas deshoras que en los centenarios templos del centro de la urbe se puede disfrutar de un rato de oración a solas con el Santísimo y que en esta capilla es difícil hacer en esa soledad mencionada que solo es comparable a la del nazareno que dentro de su túnica y antifaz mantiene ese mudo dialogo con Jesús mientras medita sobre su Pasión y hace examen de conciencia de su vida actual. Pero la capilla sacramental de San Ignacio de Loyola nunca está sola. Siempre hay algún vecino rezando en ella, acompañando al Señor. Porque una leyenda junto al sagrario nos recuerda permanentemente que “Dios está aquí.”

Real y verdaderamente presente en la Eucaristía que cada día se celebra en la intimidad de dicha capilla y en la renovamos el misterio pascual de Cristo, su muerte y resurrección mientras se hace presente entre nosotros al recordar su palabras en la Ultima Cena en la que nos dejó el más preciado de los regalos, su presencia cierta en las especies sacramentales, pan y vino, signo de la nueva alianza con Dios que actualizamos en cada celebración, que nos santifica, nos purifica y nos une a todos en la maravillosa comunión con Dios. Según nos recordaba recientemente SS el Papa Francisco en el congreso eucarístico en la India, la Eucaristía no es una recompensa para los buenos, sino también la fortaleza para los débiles y pecadores, porque es el sustento que nos ayuda en nuestro camino.

“Dios está aquí, venid adoradores: adoremos a Cristo redentor” nos dice la letra que Fray Restituto del Valle hizo para el himno del Congreso Eucarístico de Madrid de 1911 y que nos recuerda las palabras de Jesús en el desierto “Solo al Señor, tu Dios adorarás y solo a El darás culto” (Mt.4, 10). San Agustín decía que “nadie coma de este cuerpo si primero no lo adoramos” y SS Pio XII añade en la Mediator Dei que “no solo no pecamos adorándolo, sino que pecamos si no lo adoramos”. Así pues en la propia celebración de la Eucaristía ya adoramos el Santísimo, tributándole al Señor el culto de latría que le debemos.

Pero esta adoración no solo es en la misa, sino que la necesidad de tener una reserva del Cuerpo del Señor para poder administrar el viático, nos otorga su presencia permanente en el sagrario en donde no solo podemos rezarle, acompañarle y adorarle, sino que nos supone una prolongación de las gracias de la celebración de la Eucaristía. Ya desde el siglo XIII, antes incluso que la festividad del Corpus Christi, se tiene noticia de las primeras hermandades sacramentales, de gran importancia en el mundo pues aseguran la adoración eucarística, el acompañamiento del Santísimo cuando es llevado a los enfermos o en procesión, cuidando los altares y capillas sacramentales, y como no, siendo escuelas de vida espiritual para los laicos. Importantísima tarea la de las hermandades sacramentales…

Dios está aquí, y su presencia se siente en el ambiente que se respira en esta capilla sacramental, pues como antes mencionaba es prácticamente imposible encontrarla en soledad. Siempre hay algún, feligrés, algún devoto, algún vecino de San Pablo visitando a Jesús Sacramentado. Esta asistencia de fieles aunque cada uno vayamos por nuestra cuenta pero con un mismo fin, pone en primer lugar de manifiesto el carácter comunitario de todas las acciones de la Iglesia, y por tanto se cumplen las palabras del evangelio de San Mateo “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy Yo en medio de Ellos”. (Mt 18,20)

Foto: www.pasionenladistancia.blogspot.com.es
Por esto me gusta visitar la capilla sacramental de San Ignacio de Loyola. Porque no solo tengo la oportunidad de rezar ante el sagrario y ante las portentosas imágenes de Jesús Cautivo y Rescatado y su Bendita Madre del Rosario, sino que además tengo la absoluta certeza de que Dios está aquí.




jueves, 7 de enero de 2016

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo



Cuando tengo oportunidad me gusta pasar a visitar al Señor del Gran Poder y sobre todo  en la mañana del 1 de Enero cuando al inicio del día los trinos de los pájaros y la campana del reloj de la Giralda se cruzan con aquellos que vuelven de una noche de celebración. Allí en la Plaza de San Lorenzo está quien no entiende de tiempos y que aguarda a quien le necesite. Estando sentado en la Basílica, me vine a fijar en la cruz basilical y tintinábulo y pensé: hay que ver que se hubo de poner Basílica de Jesús del Gran Poder omitiendo el “Nuestro Padre…” tan arraigado en nuestra forma de llamar al Señor, pues Roma entiende que no es correcto llamar al Hijo como si fuese el Padre. Enfrascado en este pensamiento volví a mirar al Señor en su camarín y me dije: es que representa al Hijo pero veo en él a la Trinidad completa. Con la benevolencia de los sres. teólogos intentare explicar mis pensamientos.

Jesús del Gran Poder es el Hijo del Padre eterno, que se hizo hombre por nosotros y cargado con el peso de la Cruz es ese Hombre que camina hacia el calvario. Es el Hombre fuerte que avanza con paso poderoso aun a pesar de estar sufriendo un durísimo castigo: traicionado por los suyos, abofeteado, flagelado y escarnecido y condenado al más vil de los tormentos y le vemos firme, sereno. Sobre su cabeza las potencias en número de tres: memoria, entendimiento y voluntad, potencias intelectivas del alma de las que depende la libertad necesaria para que al alma no sucumba ante la materia, para que el conocimiento supere a los instintos, para que el bien se imponga al mal. Cristo como verdadero hombre las tiene y por ser el Hijo de Dios las tiene en grado  máximo. Estas tres potencias (tres, el número de la Trinidad) quedaron convertidas en los verdaderos atributos de Jesucristo  en condición de Profeta, Sacerdote y Rey.

Jesús del Gran Poder fue engendrado a imagen y semejanza de los hombres y nació de Santa María del Mayor Dolor y Traspaso, pero sobre todo es de la misma naturaleza que el Padre. Por tanto, al estar ante su imagen  no podemos evitar ver en Jesús del Gran Poder  a Dios Padre Todopoderoso, Creador y Señor de todas las cosas a quien todas las criaturas bendigan siempre: sol y luna, lluvias y vientos, mares y ríos, fuegos y nieves, cetáceos y peces, fieras y ganados, hombres todos.  El Padre que libro a sus hijos de la esclavitud de Egipto y los condujo a una tierra nueva dándoles el maná del cielo que luego nos regaló a todos dándonos a comer a su Hijo en la Eucaristía. El Padre que nos libró de nuestros enemigos realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres recordando su alianza y juramento con Abrahán para que libres de temor le sirvamos con santidad y justicia todos los días.

Y aquí decimos que Jesús del Gran Poder es quien cura los resfriados, que es decir que es quien nos concede todo aquello que le pedimos y esto lo hace a través del Espíritu Santo, el Señor y dador de vida que procede del Padre y del Hijo y es por quien actúa el Padre y el Hijo desde que este último ascendió a los Cielos, y por el cual sentimos al Padre y al Hijo siempre cercanos.

Cuando miro a Jesús del Gran Poder veo en su imagen a las Tres Personas de la Santísima Trinidad, y por eso el pueblo en su natural sabiduría de tradiciones heredadas de abuelos a padres a hijos y a nietos, le llama simplemente El Señor. Y la oración que nos enseñó para rezar al Padre, aquí se la dedicamos a Él: “Padre Nuestro…”