domingo, 10 de diciembre de 2017

Corona de adviento

Publicado en la web ElCostal.org




Hemos comenzado el nuevo año litúrgico estrenando el adviento, el tiempo de la espera gozosa de la venida del Niño Jesús el día de Navidad. Es costumbre en estos días, la tradición de la Corona de Adviento consistente en un anillo o corona de ramas de árbol perenne con cuatro velas que se van encendiendo cada uno de los cuatro domingos que componen este periodo y que nos ayuda a contar el tiempo que queda hasta el nacimiento del Niño de Dios. El encendido de cada vela suele hacerse en la misa parroquial o en los hogares en un momento de oración que nos ayuda a prepararnos para la Navidad y nos recuerda que Jesús es la “luz del mundo”.

Pero en nuestra Muy Mariana ciudad de Sevilla el adviento toma un “color especial” pues nuestro desmedido amor a la Madre del Salvador nos hace que casi sin darnos cuenta terminemos viendo las fiestas del “Hijo” a través de los ojos de su “Madre”, y los colores de las velas no son moradas color propio del adviento sino que van del azul purísima al verde Esperanza.

La primera de las velas es en honor de La Llena de Gracia: aquella a quien por un privilegio especial, Dios la llenó tanto de su bendición que no quedó sitio en Ella para el pecado, así cada 8 de Diciembre celebramos a la que fue Concebida Sin Pecado Original, y la ciudad entera se llena de besamanos y los días previos de novenas, triduos y vigilias en su honor.

La segunda vela es para aquella cuya “casa” fue llevada por los ángeles hasta el sitio de los “laureles” para salvaguardarla de las invasiones sufridas en aquel tiempo en tierra santa. En su nueva ubicación y tas aparecerse la Virgen a los lugareños creció sobremanera su devoción y en el Santuario, que se hizo en el lugar donde hoy se guarda su casa, es lugar extraordinario de peregrinación. Precisamente, por haber llevado su casa ángeles en vuelo, a la Virgen de Loreto se le considera patrona de los aviadores y  del Ejercito del Aire, y la Hermandad de San Isidoro nos la recuerda siempre en su “casa de oro”.

La tercera vela es para la que une la devoción de la Virgen en el antiguo y el nuevo mundo; la que une Extremadura con México; la que también sabe de humildad, sufrimiento, penalidades y sacrificios, la que une San Bartolomé con el Arenal, la Virgen niña que se llama Guadalupe.

Y la cuarta y última vela es justo lo que nunca debemos perder: La Esperanza, esa virtud que nos hace desear a Dios como bien supremo. La bendita espera del Salvador, expectación al parto, la que desde Pureza a Recaredo, de la Trinidad a San Martín, desde Castilla al Arco nos hace creer en Cristo que es Dios omnipotente y bondadoso.
Con estos cuatro puntos de apoyo, ¿hay algo que pueda faltar?  Evidentemente poco, o nada. Esta es nuestra forma particular de celebrar el adviento y preparar la navidad, porque tengamos una cosa siempre presente: que no hay mejor forma de ganar el cariño del Hijo que amando mucho a la Madre.

lunes, 4 de diciembre de 2017

Angustia: de Jacinto y Celeste

Publicado en la web LaVenia.hol.es


Fotografía: Pepe Cruz @PepeCruz_Martin

Muchas son las efemérides que cada año celebran las diferentes hermandades y cofradías de nuestra ciudad, pues muchas son las hermandades que hoy día existen en la misma. En estos días ha brillado con luz propia la Virgen de la Angustia de la cofradía universitaria que celebra los 75 años de la llegada a la hermandad de su bendita imagen. Dentro de los distintos actos celebrados para tal ocasión hay que destacar el besamanos extraordinario celebrado en la capilla de la antigua Fábrica de Tabacos, con un vistosísimo montaje en el que todo tiene su razón de ser.

Llama la atención que quizás sea la primera vez que la imagen del crucificado no presidía el altar, cediendo todo el protagonismo del momento a la Santísima Virgen y haciendo, si cabe, aún más extraordinario su besamanos. Para este momento estrenaba un lujosísimo terno de saya, cíngulo y manto bordados en los que merece la pena detenerse a observar.

Lo primero hay que destacar el bordado, con un hermosísimo dibujo a base de hojas de roble, laurel, tallos y pequeñas flores, con distintas técnicas, destacando las cartulinas y el setillo, magistralmente ejecutados y conformando un conjunto de bordados de tipo realeza o diplomático, como los que encontramos, por ejemplo, en la capa imperial de Francisco I de Austria, en el manto de Napoleón I emperador y también en muchos vestidos y sedas de su corte. Con esto ya ponemos de manifiesto la figura de la Virgen como Reina y Señora de Cielos y Tierra.

Importantísimo reseñar los colores elegidos para saya y manto: jacinto y celeste. No es una casualidad pues el “rojo” es el color de los reyes y los cardenales y el “azul” es el color con el que desde tiempos remotos se ha identificado a la virginidad. Son los colores con los que tradicionalmente se representaba a la Inmaculada Concepción y que muchos pintores han usado en su cuadros: Roelas, Herrera el Viejo, Alonso Cano, Zurbarán, Velázquez y como no Francisco Pacheco, han utilizado estos colores. Mención especial merece éste último, primitivo nazareno de Sevilla y activista del movimiento inmaculista de la Sevilla de 1615 de “aunque le pese a Molina…” Si bien en su obra “El arte de la pintura” aconsejaba pintar a la Inmaculada Concepción según la forma como se apareció a Santa Beatriz de Silva, de blanco y celeste “vestida de sol, coronada de estrellas y con la luna bajos sus pies”, Pacheco usa el jacinto y el celeste y de esta forma podemos verla en casi todos sus cuadros, de entre los que hay que destacar los que representó a la Inmaculada junto a otros grandes “inmaculistas” del momento como Vázquez de Leca, Miguel Cid “Todo el mundo en general…”, o Bernardo del Toro. Incluso Murillo, cuyas Inmaculadas son todas de blanco y celeste, utiliza en algunos cuadros el jacinto para vestir a la Virgen, como en el cuadro “La adoración de los pastores” del museo del Prado.

Recapitulando, bordados de la realeza; colores inmaculistas; pero nos falta incorporar el mundo universitario, imprescindible en la hermandad: para esto el techo de palio, autentica reivindicación de la condición universitaria de la corporación. Aparte su magnífico diseño, en él están representados los Santos Patronos de las cuatro facultades existentes en la Hispalense cuando se realizó y también figuran los escudos de Sevilla y las Santas Justa y Rufina, y la Gloria representa a María como trono de la sabiduría divina.

Pureza, realeza y conocimiento. Justa elección de elementos que dan sentido al besamanos en su significado y a la vez en exquisita medida que llena el presbiterio sin recargar el conjunto, buscando que el protagonismo sea exclusivamente de su Angustia.

Quien por el camino pase,
Vea si cabe más dolor,
En la Cruz del Redentor,
Que su madre no guardase.
Hasta respirar dejase
De honda pena, mujer fuerte.
Muda la razón, al verte,
Dulce cara, el alma mustia,
Todo el Gólgota es Angustia,
Cátedra de Buena Muerte.

lunes, 20 de noviembre de 2017

Nos ven porque salimos...

Publicado en la web ElCostal.org




Que la organización de la semana santa necesita una reestructuración a nadie extraña. Que se ha sobredimensionado la misma es una realidad, tanto por el volumen de los cortejos que han experimentado un crecimiento exponencial en los últimos años, como en el público asistente a los mismos, y esto nos lo pone de manifiesto los continuos y crecientes “aforamientos” que por parte de los responsables de movilidad y orden público se suceden año tras año. Evidentemente la semana santa está de moda… Diversas son las causas de este aumento de participación, entre otras la mejora de las vías y medios de comunicación así como el incremento del parque automovilístico que facilita que muchas personas vengan a visitarnos y por supuesto que hermanos que residen en tras localidades puedan participar en la estación de penitencia de su hermandad. Ha vuelto a salir a relucir en estos días una idea que ya estuvo de actualidad hace años y es el limitar el numero de nazarenos en los cortejos penitenciales, ahora centrado en que el nuevo hermano deba esperar tres años para participar en la estación, algo en lo que no puedo estar de acuerdo por varias razones.

En primer lugar el fin principal de nuestras hermandades es salir. Un momento de auge de las mismas fue tras el concilio de Trento en el que como sabemos, para que sirviese de publica catequesis por la contemplación de los misterios de la pasión del Señor se incentivó la salida procesional de las mismas, precisamente por la falta de libros y de conocimiento en el pueblo para poder leerlos. Por tanto las hermandades son asociaciones para “salir” y no nos debe extrañar que una persona quiera hacerse hermano de una corporación para salir de nazareno. Para “no salir” hay otros tipos de asociaciones: antiguos alumnos de colegios religiosos, ordenes terceras religiosas, adoración nocturna,… muchas podríamos enumerar, cada una con su particularidades e idiosincrasia propias donde poder vivir la espiritualidad. Pero en las cofradías el signo distintivo es “salir”

Decía un antiguo cofrade refiriéndose a su hermandad “no salimos a que os vean: nos ven porque salimos”. No pretendo enmendarle la plana, pues en su contexto tiene toda la razón, supone que en la hermandad lo importante es la disposición intima y personal del hermano que sale abstrayéndose de todo lo accesorio, incluido el publico, en pro de la propia intención por la que se realiza la estación penitencial y la meditación de los misterios de la pasión que debemos realizar durante la misma, pero ello no quita que el fin primero es salir para que “nos vean” y de esta manera poder catequizar. He manifestado en alguna ocasión que con que una sola persona al contemplar una cofradía en la calle reza un padrenuestro o avemaría ya habrá valido la pena salir.

Precisamente y en base a esto nuestro Arzobispo ha expresado el valor que tienen las cofradías como freno al movimiento laicista que existe en nuestra sociedad actual. Es por la salida procesional que ponemos públicamente de manifiesto nuestra condición de católicos, y es el componente popular de la misma lo que hace que tantas personas quieran participar en ellas, sea como integrante o como espectador, pero es en estos últimos donde se manifiesta el fin catequético de la salida. ¿Cómo entonces poner trabas a algo que en sí es también un instrumento de evangelización?

Y es que esta limitación a los cortejos la pretendemos poner sobre algo que en las reglas de las hermandades está además contemplado como una obligación de los hermanos, por tanto supondría una distinción entre hermanos de diferente clase cosa que en caso alguno esta recogida en ninguna regla, y más desde que superamos la distinción entre hermanos y hermanas. En todo caso hacemos uso de la antigüedad a la hora de tener un criterio objetivo para asignar el orden en la cofradía o para la concesión de un puesto singular en la misma, una vara, insignia o manigueta, pero ¿para limitar sus obligaciones? ¿Por qué no decimos que no salgan los hermanos de 50 años por ejemplo?

Sinceramente creo que éste no es el camino. Pensemos de verdad con la cabeza de pensar, hay muy buenos cofrades con mucha preparación y formación para reestructurar la semana santa que curiosamente una de las razones por la que se mantiene en el tiempo desde hace casi setecientos años es por su capacidad de adaptarse a los diferentes tiempos y situaciones, pero lo que nunca ha cambiado en todos estos años es su primera razón de ser, el testimonio público de fe aunque sea desde el anonimato del nazareno, y que nunca se nos olvide que “nos ven porque salimos”.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Adviento Sevillano

Publicado en la web LaVenia.hol.es


Que la ciudad marca sus propios tiempos es un hecho cierto y constatable, pues asume y da forma propia a las distintas celebraciones que en ella tienen lugar adaptándola a su propio calendario, asumiéndolas de tal manera que adquieren una identidad propia. Una parte fundamental de esto lo conforma la especialísima relación de la ciudad y sus habitantes con las Imágenes de su devoción. Desde siglos pasados, allí donde no llegaban ni los escritos ni la cultura, dichas Imágenes sagradas eran la vía para transmitir ese mensaje constituyendo la forma en la que las hermandades y la propia Iglesia hablan al pueblo, siguiendo el espíritu de Trento.

Foto @TSFotografias_
Centrándonos en la Imágenes de la Virgen, es costumbre vestirlas de forma distinta según la época del año y en noviembre, por la celebración de los fieles difuntos es tradicional vestirlas de luto. Hoy día las redes sociales y los medios de comunicación nos ofrecen multitud de galerías con las distintas dolorosas bellamente vestidas en este tiempo de recuerdo a los que ya partieron a la casa del Padre, pero de entre todas hay una que indubitablemente marca este noviembre, la Virgen de la Esperanza.

La Macarena de luto supone la sublimación estética de la pena y la plasmación visual que no hay dolor comparable a su dolor. La Macarena de luto es la Virgen de los Dolores a la que cantaba el Padre Cué antes que Sevilla le gritase su piropo de amor: “olé las mujeres bonitas…” Y así esa sonrisa, fruto de ese lírico piropo y que le entrecorta el llanto por ver a su hijo injustamente sentenciado, es la que da forma a este “adviento sevillano” que es el mes de noviembre.

Este particular inicio del adviento lo tenía muy claro D. José, un anciano sacerdote de boina y sotana raída, que siempre entre bromas con la juventud nos dejaba su amor a Cristo y a la Eucaristía. A pesar de tener su devoción mariana particular en la parroquia donde muchos años desempeño su ministerio sacerdotal, cada noviembre nos pedía a algún joven que tuviera vehículo que por favor le llevase a la Basílica, pues sus piernas ya no le permitían ir andando ni tan siquiera montar en autobús, aparte que gustaba de ir acompañado a tan especial visita. Lo mejor de la misma era la felicidad que transmitía su cara al salir, porque tenía muy claro que rezar ante la Macarena vestida de negro es el anuncio cierto de la alegría del nacimiento del Hijo de Dios.

Porque para el calendario de la ciudad ver a la Macarena de luto nos dice que estamos en el tiempo de la espera, que aunque litúrgicamente adviento es en diciembre, en Sevilla se adelanta porque a la alegría del nacimiento del Niño Jesús le anticipamos el júbilo de celebrar a su Madre como la que está tan Llena de Gracia que no ha lugar en ella para el pecado ni siquiera el original, y ante quien el adviento se vuelve admiración porque es quien nos colma de lo que nunca debe faltarnos: la Esperanza.