domingo, 10 de noviembre de 2019

Geografía urbana


Fue la visualización en el alma del trance último en que el Cachorro se sublima y acude a la presencia del Padre, porque ya “todo está cumplido”.

Tal y como la conocemos la semana santa es un cúmulo de factores que, en su  conjunto, hacen de ella algo extraordinario. Factores devocionales, su primera razón de ser; factores artísticos, que la componen y le dan forma; y otros diversos que tienen que ver con el sentimiento, la familia y que incluso llegan a vertebrar la sociedad de la ciudad. Uno de estos factores es la geografía urbana de la urbe. Ésta tiene que ver con la ubicación de las diferentes capillas y parroquias, con los recorridos que realizan las hermandades en su estación penitencial y con las calles por las que transitamos en estos días de gloria para los cofrades, muchas de ellas quedan inéditas para la mayoría de nosotros el resto del año salvo en estos días en que las usamos para llegar de forma rápida hasta ese sitio concreto en el que ver a una determinada hermandad tiene una especial significación. Porque hay calles que irremediablemente nos traen a la memoria una cofradía o incluso un paso y una imagen concreta, por alguna íntima vivencia que hayamos tenido en la misma. Justo esto me ocurre en la céntrica calle O’donnell.




El otro día, en su tuiter, Álvaro Iglesias (@Alvaro_bet), coincidiendo con el fallecimiento de Leopoldo O’donnell que da nombre a la calle, realizaba un magnifico hilo sobre la misma que en mi mente evoca la imagen del Cristo de la Expiración de la Hdad. del Cachorro desde que tuve la fortuna de contemplarlo desde un balcón en dicha calle. Desde siempre la bendita imagen del Cristo del Cachorro es muy especial pues, a su belleza y calidad artística, hay que sumar los sentimientos que provoca entre sus más fieles devotos –recuerdo a Rosario, una señora mayor de la cava, llorando emocionada ante el Cristo en su procesión extraordinaria de 1982 por el III centenario de su hechura- además del profundo dramatismo que tiene por el momento supremo que representa, frontera entre la vida y la muerte. Siempre se ha hablado de los ojos del Cachorro, uno ya muerto y el otro aún con vida, pero hasta aquella tarde, en ese balcón de la mitad de la calle de O’donnell, no había visto morir a Cristo en directo, desde que el paso embocó la calle desde la Magdalena no hubo más que el ojo sin vida del Cachorro, hasta entonces no tan significativo para mí.

Si las imágenes están para que podamos visualizar a Cristo y hacer más fácil nuestra comunicación con El, en aquel momento supuso ver representada la palabra postrera “En tus manos encomiendo mi espíritu”. Fue la visualización en el alma del trance último en que el Cachorro se sublima y acude a la presencia del Padre, porque ya “todo está cumplido”. En ese instante, que duró todo el discurrir por dicha calle, no hubo más que Dios: no estaba ni su cofradía, ni la banda, ni su leyenda del gitano agonizante, ni los vecinos de su barrio, ni sus trescientos años de historia, ni el olor de las casas de vecinos de la antigua cava, ni mucho menos el recuerdo de sus muchas citas literarias…, solo Dios muriendo ante mis ojos. Pero… ¿Muriendo o resucitando?

¿No puede ser que el Cachorro nos muestre el propio Triunfo de Jesús resucitando en el árbol de la Cruz?

Porque ¿es el Cachorro es la representación del triunfo máximo de Dios en el momento definitivo de su unión total a la condición humana? ¿O es quizás el Cachorro la primera representación idealizada de la Resurrección anticipando su gloria en el mismo instante de su muerte? Si decimos que Jesús Nazareno no abraza la Cruz sino que exalta glorioso el símbolo de su Triunfo, ¿no puede ser que el Cachorro nos muestre el propio Triunfo de Jesús resucitando en el árbol de la Cruz? Y es que el Cachorro está tan íntimamente unido a la cruz que no se separa de ella ni para resucitar, por eso el día de Pascua nos ofrece su pie para que, con nuestro beso, le celebremos glorificado. Por tanto el Cachorro no tiene un ojo muerto, lo tiene a punto de resucitar y yo no fui testigo de la muerte de Jesús, sino del instante mismo de su resurrección que ocurre (para mi) todos los años en la calle O’donnell.

lunes, 4 de noviembre de 2019

Sino al que anduvo en la mar...

El tiempo anticipado


El pensamiento nunca está quieto por eso es inevitable que vuele a sus anchas en cada cosa que nos acontece. Viene esto al caso a que el otro día mi hija, que es cansina de semana santa como el resto de la familia, me pregunta si conocía una marcha de agrupación. La verdad es que en principio me quedé un poco en fuera de juego pues, por definición, soy de palio, pero como es imposible no emocionarse con una buena marcha ya sea de palio, cornetas o agrupación, disfruté ese momento con doble motivo: primero porque siempre es maravilloso hacer algo con nuestros hijos, y segundo porque la propia marcha invita a ser saboreada.

Justo en ese momento empieza la mente a trabajar y, mientras escuchaba esta composición, no podía dejar de evocar en mi mente el paso de misterio de la hermandad de Jesús Despojado. Porque dentro de cada estilo de música cofrade, cada hermandad tiene asociada alguna marcha en particular, si hacemos el ejercicio de recordar una hermandad cualquiera comprobaremos como indefectiblemente la asociamos a alguna marcha concreta. Absorto en estos pensamientos, se reproduce en el YouTube de turno la siguiente marcha en lista, otro clásico de agrupación: “La Saeta” de Serrat y es entonces, uniendo los versos de Machado a la recreación de la hermandad de Jesús Despojado, cuando viene la eterna pregunta: si tenemos delante un misterio en uno de los momentos más dramáticos de la pasión del Señor instantes previos a ser clavado en la cruz, ¿por qué lo celebramos con alegría, palmas, música festiva y túnica blanca?


Volvamos la vista atrás. En sus orígenes las hermandades son asociaciones de fieles que se reúnen para meditar y reflexionar en torno a algún misterio de la pasión del Señor. Asociaciones de muy diverso origen, ordenes terceras, gremios de artesanos y trabajadores, cada uno con diferentes formas de celebrar, unas con mayor rigor penitencial y otras con un carácter más popular y jubiloso. ¿De dónde viene esta efusión de fiesta popular en nuestra semana santa? Porque el pueblo, desde lo más profundo de su ser, ya siente que debe celebrarla con gozo. Carlos Colón en su pregón de la Semana Santa de 1996 nos dio la clave hablando del Dulcísimo Jesús Nazareno: ¿Qué mirada como la tuya, que ve la Pasión desde la Resurrección, ya símbolo sereno de un dolor pasado? Porque la semana santa es como esa película que, de tantas veces vista, le anticipamos el final desde los créditos iniciales, y como sabemos de su final feliz no nos agobian en exceso las penalidades sufridas por el protagonista. Porque Antonio Machado no fue objetor de nuestra semana santa, sino alguien que nos mostró que es a Jesús vivo y resucitado a quien debemos celebrar, que contemplarle crucificado no es más que una fotografía del momento inmediatamente anterior a su gran  triunfo.

Por eso suena “A la Gloria” en el Compas de la Laguna y por esto Jesús Despojado viste de blanco. Por eso juegan los niños en la “rampla” del Salvador y estrenamos primavera y ropa nueva cada domingo de ramos. Y por eso nuestro íntimo Resucitado va montado en una borriquita, porque frente a quienes nos dicen que celebramos la muerte en vez de la resurrección yo les digo “fíjate si nos gusta la resurrección que, para celebrarla como se merece, la anticipamos una semana”.

miércoles, 30 de octubre de 2019

Punto de inflexión


Y una vez más, estando en la hermandad, el pensamiento vuela, y es que muchas de las cosas buenas que nos pasan ocurren alrededor de la hermandad: padres, abuelos, los amigos, trabajar, aprender, incluso formar nuestra propia familia, como es mi caso y el de otros muchos. Por esto, porque gran parte de nuestras vidas tiene lugar en la hermandad, y así es para muchos de nosotros, es porque las hermandades conforman gran parte de la vida social de la ciudad.

Pues bien, como decía fue estando de nuevo en la hermandad con motivo del cabildo de elecciones, ahora en formato abierto por los muchos hermanos que somos para facilitar el que gran parte puedan venir a votar, aparte del cumplimiento con nuestro deber de hermano es una nueva oportunidad de encontrarnos, saludarnos, cambiar impresiones, alegrarnos de vernos pues, por las obligaciones de la vida diaria, no siempre es posible aunque seamos asiduos a la cita semanal. Y este momento de alegría y de encuentro, de vernos con nuestras familias, de ver como nuestros hijos se van haciendo mayores y se van integrando en la hermandad, de encontrarnos con nuestros mayores, quienes tanto nos han enseñado en muchas tertulias en el atrio de nuestra casa, ver cómo los años se van cargando en sus espaldas (y en las canas de nuestras cabezas…) y de notar, una vez más, la falta de quienes fueron el alma de la cofradía en tiempos no muy lejanos, de quienes aprendimos a ser nazarenos. Es justo entonces cuando nos percatamos del punto de inflexión en el que nos encontramos.

Matemáticamente un punto de inflexión es aquel donde los valores de una función continua en x pasan de un tipo de concavidad a otra, lo que hablando en cristiano quiere decir que es el punto donde la curva que representa esta función cambia su curvatura, lo que traducido a nuestra vida es la constatación del cambio producido por el paso del tiempo. Es darte cuenta que, como ya había comentado en alguna otra reflexión, los jóvenes que escuchábamos en silencio a los “viejos” en las copas en la casa de hermandad, somos ahora quienes hablamos mientras nuestros hijos y la juventud actual nos escuchan. Que quienes trepábamos por los altares, andamios y escaleras para el trabajo de campo, tomamos ahora el relevo en las tareas de diseño y preparación, y son las nuevas generaciones las que hacen el trabajo más movido. Que quienes éramos simples ayudantes o auxiliares o diputados en los cargos últimos en el escalafón de las juntas de gobierno, ahora somos secretarios, mayordomos, censores, consiliarios y hasta hermanos mayores. Este instante supone también que si hasta ahora sumábamos estaciones de penitencia en nuestra cuenta particular, desde este momento tomamos conciencia que lo que hacemos es restar las que nos quedan por realizar, porque nuestro paso por esta vida es finito, y que la túnica de nazareno que nos recuerda a nuestra vestidura bautismal en nuestro anual y particular peregrinar a la Jerusalén de la ciudad, en lo que supone una conversión anual -paso del hombre viejo al hombre nuevo-, empezamos a percibirla como esa última vestidura que nos acompañará en nuestro tránsito  hacia su eterna presencia a la diestra del Padre.

Por esto, lo mismo que hoy nosotros recordamos con alegría a aquellos que nos precedieron y nos mostraron el recto camino que debemos seguir imitando siempre al nazareno que nos precede, hemos de obrar de forma que seamos sus dignos sucesores para que quienes les toque seguirnos como su nazareno precedente, lo hagan con esa misma ilusión que lo hicimos nosotros con nuestros mayores, estando además preparados para ceder el testigo a nuestros jóvenes y dispuestos a aprender de ellos, pues con su juventud nos aportan nuevas ilusiones y  puntos de vista acordes al cambio de los tiempos, siendo precisamente esta capacidad de adaptación lo que hará perdurar nuestras hermandades y la semana santa.

miércoles, 23 de octubre de 2019

Tecnología y Semana Santa


El último siglo de nuestra historia se ha caracterizado por los profundos cambios y avances tecnológicos que tanta repercusión tienen en nuestra vida diaria que la han actualizado en una evolución que difícilmente hubieran imaginado nuestros abuelos. En los medios de comunicación este progreso se ha manifestado de una manera espectacularmente rápida, prácticamente exponencial. De los libros, los periódicos, el paso a la radio y televisión y el salto a internet y los móviles nos ha catapultado a un universo nuevo y lleno de posibilidades, algunas ya asumidas y  otras muchas aun por explorar. En éstos últimos días me ha llamado la atención la noticia de una aplicación para rezar el rosario… ¿Una aplicación para rezar? Donde vamos a llegar.

En un primer momento es normal sorpresa, asombro, extrañeza, conmoción, incluso hasta susto. Es algo tan nuevo y tan rompedor con lo hacíamos hasta ahora que puede causar todos estos sentimientos pero, y si aprovechando esta aplicación hay quien reza el rosario ¿no habrá cumplido su objetivo?

Juanma de Cirez @jarrillo_delata
Seguramente nuestras queridas cofradías fueran en su momento algo tan novedoso como esta aplicación del rosario; imaginemos las caras de los ciudadanos del siglo XVI contemplando el discurrir procesional de las mismas, que recordemos fueron impulsadas desde el concilio de Trento para evangelizar al pueblo al contemplar los misterios de la pasión, muerte y resurrección del Señor, en un tiempo donde ni había libros y escaseaba la cultura para el pueblo llano. Por eso, atendiendo a esta razón de ser, y teniendo en cuenta la sociedad actual, cualquier procesión, ordinaria o extraordinaria, mientras consiga que haya quien se santigüe al contemplar las sagradas imágenes, estará plenamente justificada su realización.

Y del mismo modo como nuestras imágenes mueven los corazones cuando recorren la ciudad en sus pasos procesionales o en andas a hombros de sus devotos, también lo hacen gracias a las fotografías que diariamente vemos de ellas en nuestros mensajes de whattsapp, twitter, instagram o Facebook, que nos dicen en voz baja que Él está presente en todos ellos aunque no sepamos verlo a primera vista. De igual forma rezamos todos los días cuando enviamos o recibimos los mensajes de nuestra hermandad con ese salmo, cita, pensamiento u oración; así como leemos el evangelio cuando nos lo envía nuestro diputado de guardia en el grupo de la cofradía, de forma que, casi sin leerlo completo, recordamos dicho pasaje solo con ver su principio, y así podríamos seguir…

Porque, en definitiva, la tecnología no es más que otra herramienta a nuestra disposición con muchos y diferentes usos y aplicaciones, entre ellos el ser canal de transmisión de la Buena Noticia, de Jesús y de María, y como tal también nos ayudan a rezar. Bienvenidos sean.