domingo, 16 de febrero de 2020

Proclamemos jubilosos…


Cándido Sánchez Martínez y el Himno de la Vera+Cruz


Entrevista a N.H. Pedro Sanchez Román, hijo de Cándido Sánchez Martínez, publicada en el Anuario 2018 de la Hermandad de la Santísima Vera Cruz de Sevilla.




Fue un lunes santo. No podía ser de otra manera, ese lunes santo de 2012 en el que la lluvia no permitió salir al Cristo ni a su Bendita Madre, pero si dimos publico testimonio de nuestra fe acompañando al Santo Lignum Crucis a la Patriarcal Hispalense. Unos pocos años antes habíamos incorporado la música en nuestra estación de penitencia y nos encontrábamos inmersos en darle ese sello personal que hemos venido en llamar “Las músicas de la Vera+Cruz” con música de capilla ante la Stma Virgen y un coro de ante el Stmo. Cristo recogiendo el espíritu que siempre había imperado en nuestra casa aun cuando fuésemos en silencio el lunes santo. Ese lunes de Lignum Crucis tuve la suerte de ir de diputado de los monaguillos, lo que cariñosamente conocemos como “pavero”, por lo que iba junto a los músicos. Recuerdo que, en nuestro regreso por la Avenida, la Capilla Gólgota interpretó el Himno de la Veracruz, cuya adaptación a trío de madera había realizado N.H. Sergio Asián para el disco editado por la Hdad. Cuál fue mi sorpresa al descubrir que los nazarenos que iban a mi alrededor y yo mismo, lo estábamos cantando en el “sotto voce” de debajo del antifaz. Desde el año siguiente, el Himno es la primera pieza que se canta cada lunes santo al salir el Stmo. Cristo de la capilla, y pone los vellos de punta escuchar a la “calle Jesús”, en pleno, cantarlo junto al grupo de voces graves. Es la Vera+Cruz en cuerpo y alma en las calles de la ciudad.

Y los padres de nuestro dni fueron NN.HH. Antonio de Castro García, autor de la música más universal que tiene la Vera+Cruz y Cándido Sánchez Martínez, responsable de la letra que engloba todos los sentimientos, conceptos y realidades de lo que significa ser “Crucero”, que aunque no me guste del todo esta expresión no encuentro otra palabra que sí misma defina lo que es llevar a la Vera+Cruz en el corazón. Hoy vamos a acercarnos a N.H. Cándido (como cariñosamente le llamamos todos en la Hdad.), a saber de su persona, sus pensamientos,… Para recordarle y conocerle un poco más a fondo nos hemos citado con uno de sus hijos, Pedro Sánchez Román, crucero desde antes de la cuna, con quien pasamos la tarde pensando en verde…. en verde Vera+Cruz

Pedro, cuando hablamos de una vida entera en Vera+Cruz, tu eres uno de esos ejemplos…

Mira, yo nací en el 50 y la hermandad se reorganiza en el 42 por lo que yo no conozco otra cosa que no sea Vera+Cruz.

Y además toda tu familia está vinculada a la hermandad…

Toda, mis hijos y nietos, mis hermanos, todos mis tíos, primos, sobrinos… Solo queda por apuntar a mi nieto pequeño

Es decir que entre vosotros sacáis media cofradía…

Pues fíjate, todos los Sánchez a los que tienes que sumar los Román, los Tortajada… No sé decirte cuantos somos en total.

Además sois parte de la Vera+Cruz desde el mismo momento en que se reorganiza la hermandad, pues tu padre y tu tío Manolo fueron de los reorganizadores.

Bueno eso no es del todo exacto, mi tío Manolo si fue de los reorganizadores, pero mi padre entro en la hermandad en el minuto dos.  Está desde siempre en la hermandad pero no del primer grupo, él llegó de la mano de su hermano, y desde entonces ésta fue su casa. Era también hermano de Pasión y llego a cumplir los 75 años de hermano, pero con Veracruz era especial.

El fue muy activo en la hermandad, ¿verdad? Desde que me incorporé como hermano siempre he oído hablar de Cándido como un hermano muy reconocido.

Siempre. Desde que se incorporó trabajó mucho por y para la hermandad, además en aquellos tiempos en que lo que más había era ilusión, medios los justos. Formó parte de muchas juntas de oficiales ocupando diferentes puestos. Yo lo recuerdo mucho como diputado mayor de gobierno. Una de las cosas que le debemos es el columbario de nuestra capilla, fue de los que tuvo la idea de tener un sitio para el descanso eterno de nuestros hermanos, y aunque fueron otros quienes lo llevaron a efecto en parte se lo debemos a él, que precisamente sus cenizas reposan hoy a los pies de su Cristo y su Virgen. Cuanta familia hay ya dentro: padres, tíos, hermano, incluso sobrinos… Si no recuerdo mal el primero cuyas cenizas fueron depositadas en el columbario fue Rafael Franco… cuantos recuerdos con Rafael, y qué “milagro” hizo con la salida del paso de la Virgen, porque no sé si recordarás que en ese hueco había además un altar.

En los años que llevo en la hermandad, y van para unos cuantos he tenido la suerte de conocer y entablar amistad con muchos hermanos antiguos, incluidos algunos de los reorganizadores, con los que he disfrutado mucho hablando con ellos y sobre todo escuchando sus vivencias, sus experiencias, sus recuerdos de una vida de hermandad y aprendiendo de ellos, pero a tu padre no tuve la suerte de coincidir con él, ¿qué nos podrías contar de Cándido?

Que quieres que te diga de mi padre... para mí era una buena persona y con eso te lo digo todo, pero si por la parte que toca a la hermandad te diré que era una persona comprometida, muy religioso y sobre todo muy mariano. De ese amor que tenía por la Virgen, le escribió una salutación a la Virgen de las Tristezas a modo de Salve que mi primo Manolo Tortajada rezaba en voz alta en nuestro paso por la catedral el lunes santo.

Justo de eso quisiera que me hablaras, de la afición a escribir que tenía tu padre. Si por algo es recordado Cándido en la hermandad es por haber escrito el “Himno de la Vera+Cruz”

Escribir era su gran pasión. Siempre estaba escribiendo, tenía muchos papeles con todo lo que se le ocurría. A nosotros nos hacía gracia y nos llamaba la atención es que siempre estaba contando con los dedos, contaba las silabas de lo que tenía en mente….

Aparte de lo que tiene escrito para la hermandad, ¿llegó a escribir algún libro?

No él nunca llego a escribir un libro como tal, aunque si tiene algunas cosas publicadas. Antes estábamos hablando de la gran dificultad de la salida del paso de la Virgen, porque aparte de lo estrecho del hueco donde está el paso allí había antes un altar y gracias a la pericia de Rafael Franco y sus hombres fue posible la salida. Mi padre escribió un poema sobre esto “Sale o no sale”, que Carmelo, el hijo de Rafael, lo incluyó en su libro “Martillo y Trabajadera”.

Y los escritos de tu padre, ¿se conservan?
En su gran mayoría sí. Hubo un momento que mi padre cogió sus papeles y los llevó a encuadernar formando varios libros y a cada hijo nos regaló uno. Es uno de mis grandes tesoros. Guardo el mío con mucho cariño y me gusta leerlo de vez en cuando.

Y del Himno de la Vera+Cruz, ¿Qué nos puedes decir? ¿Sabes cuándo lo escribió? Porque yo he visto varias fechas que se le atribuyen, 1955 o 1969…

El himno debe ser de finales de los 60, yo me inclino  que es del año 68 o 69. La verdad que no recuerdo como pudo surgir la idea, imagino que fue una de tantas cosas que escribió mi padre.

Me vas a perdonar pero algo donde se recoge el ideario y forma de vida que debe tener un hermano de la Vera+Cruz, justamente lo que es el Himno, no puede ser un escrito más. De hecho hoy día no se concibe un culto de la hermandad sin que cantemos el Himno y no solo ya nosotros, es que muchas hermandades y la propia Confraternidad lo tienen como propio.

¿De verdad se canta en todas las hermandades y es el himno de la Confraternidad? Yo creo que nunca se imaginó que llegaría a esto, de hecho yo no tenía constancia real de tal repercusión.

¿Hubo alguna intención especial cuando tu padre escribió el Himno, quiero decir, se pudo pretender que fuese algo que perdurara en el tiempo, como así ha ocurrido, como síntesis de lo que es la Vera+Cruz?

¿Cómo surge el himno? Ni idea supongo que casualidad, el escribió sus versos en su forma acostumbrada, poniendo su corazón y sus cinco sentidos en expresar como el sentía la hermandad. El ponerle música pudo ser casi con total seguridad por la gran afición musical de Antonio de Castro que siempre pensaba en música. Lo cierto es que entre los dos consiguieron retratar a la perfección lo que es la Vera+Cruz.

Y sin casi sin darnos cuenta se nos fue la tarde como el agua entre los dedos de las manos, porque si hablamos de Vera+Cruz estamos a gusto disfrutando del momento, pero cuando hablamos “en Vera+Cruz” el tiempo deja de existir porque es el corazón y el alma quienes hablan. Hoy nos vamos con esa satisfacción del recuerdo a N.H. Cándido, habiéndole conocido un poco más: su persona, su familia, su afición literaria que tan grande herencia nos dejó, su profunda religiosidad y sobre todo su gran amor a Cristo y su Bendita Madre que supo proyectar a quienes le rodeaban. Nos vamos con la alegría de comprobar como una gran familia, como es la de Cándido, está unida no solo en los lazos del cariño de la sangre, sino también en ese sentimiento único y especial que tenemos quienes compartimos “sangre verde” (Vera+Cruz) y que Cándido supo cómo nadie expresarlo a todos: “Formando un haz apretado, siempre a tu Cruz abrazados…” y no ya solo la Vera+Cruz terrena “Te rogamos nos concedas vivir siempre tu hermandad…” sino cuando en ese descanso en el columbario que el soñó para sus hermanos, estemos disfrutando de la presencia del Santísimo Cristo en la Vera+Cruz celestial “y siguiendo tras tus huellas, que al fin lleguemos por ellas, a gozar tu eternidad”.

domingo, 9 de febrero de 2020

La hermandad de chiquitito


A la hermandad de chiquitito le debemos la emoción de la primera papeleta de sitio, de ese hermano (años después será hermano mayor) que te tomó la medida y busco tu primera túnica en el armario de la hermandad.

En nuestra ciudad, las hermandades y cofradías conforman en una parte muy importante el tejido social de la urbe, por ello la mayoría de sus habitantes forman parte de alguna de ellas. Esta pertenencia, como ya se ha hablado en muchas ocasiones, tiene su origen en varias y diferentes causas, pero sin duda una de las más habituales es por la “familia”, pues el ser cofrade es algo que, en la mayoría de los casos, se transmite de padres a hijos. Esta pertenencia a la hermandad familiar, dependiendo de qué tipo de hermandad sea, de negro o de música, conllevaría que el niño no podría participar en la estación penitencial como sus mayores, máxime teniendo en cuenta que en años pasados no era habitual la participación de monaguillos en número tan importante como hoy día, por lo que para salir de nazareno, de niño, había de buscarse una hermandad donde si estuviese permitida su participación. Hablamos de la hermandad de chiquitito. Si bien el motivo fundamental por el que llegamos a nuestra hermandad de chiquitito es poder salir de nazareno los que somos de hermandades de negro, son muy aleatorias las razones que nos llevan a una u otra hermandad, que en resumen son siempre las mismas: familia, cercanía, amistad,…

Los orígenes cofrades familiares de nuestro protagonista son de negro, por lo que para salir de nazareno siendo niño hubo de buscar una hermandad de chiquitito. Hablamos de unos años donde la vida de hermandad no era tan al uso como hoy día, sino que estaba más circunscrita a las miembros de junta, sus allegados y familia más cercana. Para los cofrades en general la participación se centraba en los cultos, estación penitencial y algún acto más que hubiere. Estos actos siempre venían marcado de un carácter extraordinario por cuanto se salía de la rutina de la vida diaria, incluso de la propia hermandad. El sentimiento de pertenencia a las cofradías se centraba en las convocatorias de cultos guardadas, las túnicas en los altillos y la presencia de las convocatorias de cultos pegadas en las columnas de la catedral que era el signo fundamental de que “esto ya está aquí”.

La hermandad de chiquitito marca nuestra vida y nuestra existencia en el ámbito cofrade y muy posiblemente en los demás, pues nos deja un poso en nuestro más íntimo rincón interior que es el resultado de nuestra experiencia, de nuestras miradas, de nuestras oraciones.

A la hermandad de chiquitito le debemos la emoción de la primera papeleta de sitio, de ese hermano (años después será hermano mayor) que te tomó la medida y busco tu primera túnica en el armario de la hdad: cíngulo, antifaz, “los botones puede comprarlo Vd. (a la madre) en tal mercería, llévese uno de muestra, y el escudo ahora se lo da el mayordomo.” Primera estación de penitencia, con tantos nervios que hasta le dio fiebre y hubieron de sacarlo en la catedral, realizándola completa al año siguiente esperando, con ansia, en la parroquia la entrada del palio al son de saetas y campanilleros. Nuevos años, nuevas salidas avanzando en los tramos cada vez más cerca del paso y a la vez también asistiendo a los cultos, sentándose bien cerquita del coro para ser testigo de excepción de las coplas, y en la función principal para paladear esa misa en latín que nunca había oído salvo en las historias de sus mayores. Continúan los años, cambiando el cirio por una vara en esa insignia que pasaría a ser como una prolongación de su casa, con esos otros cuatro nazarenos, los mismos año tras año, con los que se conforma esa familia tan especial de los que compartimos tramos. Un año decide no salir, pues quiere conocer las cofradías de ese día, y ya no lo hace más. Circunstancias de la vida, esa pertenencia de solo cultos y salida se va enfriando y a su vez, lo que tienen las cosas del corazón, otra hermandad se cruza en su camino en la que se integra desde primera hora, donde vive el día a día y hoy es su hermandad, aunque nunca renunció a su hermandad de chiquitito, a la que gusta de ir, compartir los cultos con sus hermanos y ser testigo cada año de la estación penitencial.

Se mantenga o no la pertenencia a la misma, la hermandad de chiquitito marca nuestra vida y nuestra existencia en el ámbito cofrade y muy posiblemente en los demás, pues nos deja un poso en nuestro más íntimo rincón interior que es el resultado de nuestra experiencia, de nuestras miradas, de nuestras oraciones. La hermandad de chiquitito permanece siempre en nuestra memoria y en mi caso particular me enseñó la devoción al Rey de Reyes.

lunes, 3 de febrero de 2020

En familia...


Quiero centrarme en el rosario, que se hacía en familia cuando nos reuníamos en la tarde de los sábados, tardes de Los Bravos alternando con Amargura, que entonces era en singular, tras lo cual los mayores rezaban y los chicos aprendíamos a hacerlo.

Es prácticamente común a todas nuestras hermandades comenzar sus cultos de regla rezando el Santo Rosario. Además de ser una antiquísima oración, pues sus orígenes se remontan al siglo X, no solo constituye una alabanza a la Madre de Nuestro Señor, sino que a través de sus diferentes misterios, desde la Anunciación hasta la Coronación de María como Reina de Cielos y Tierra, repasamos la vida de Jesús a través de su infancia, vida pública, pasión, muerte, resurrección y su regreso glorioso al cielo. No es de extrañar, por tanto, que sea precisamente esta oración la que ocupe los primeros momentos de adoración al Santísimo Sacramento cuando se exponía para la celebración del culto antes del Vaticano II (algunas hermandades si conservan esta exposición previa a la celebración de la Santa Misa), y sirva de prólogo al culto en la actualidad, pues, como comentaba anteriormente, además de constituir un repaso por la vida de Jesús, uniendo el culto a Jesús y su Madre, es una oración que caló hondo en el corazón del pueblo, sobre todo en nuestra ciudad que fue el origen, allá por 1690, de los rosarios públicos o callejeros que muy pronto se extendieron por España y América. Al ser oración del pueblo era costumbre de rezarlo en familia, aunque hoy día, con los nuevos ritmos de vida, ya no es una práctica tan usual.

Foto: Elias Beltrán Rodríguez @ELIASBELTRANROD
Quiero centrarme en este rosario, el que se hacía en familia cuando nos reuníamos en la tarde de los sábados, los mayores rezaban y los chicos aprendíamos a hacerlo. Eran tardes de televisión con apenas dos cadenas, sin internet. Tardes en que tras la película se podía sacar el picú y ponerlo sobre la mesa camilla del salón para escuchar los discos preferidos de cada uno. Tardes de Formula V o Los Bravos alternando con Amargura, entonces era en singular, por la Banda Municipal dirigida por el maestro Braña en aquella mítica grabación en “disco chico” de la casa Alhambra en la que, para tener toda la marcha, del segundo trio se pasaba directamente a la saeta. Tardes de música, también en familia, hasta que caía la luz del sol y se encendía esa pequeña lámpara que confiere a la salita esa luz intima de reposo en la casa, cuando nada más importaba que estar unos con los otros. Justo entonces era el momento del rosario. Normalmente la tía mayor dirigía el rezo mientras los demás iban respondiendo a todas las salutaciones desgranadas en respuesta a los misterios gloriosos que correspondían a los sábados de los primeros setenta. Y después la colección de piropos a la Madre que llamamos letanías que salían a borbotones de ese ajado papel, amarillento ya por los años de uso y oraciones, que servía de guía para el rezo. Así sábado tras sábado, mientras no hubiere algo extraordinario, avemaría tras avemaría, se vivía y rezaba en familia, hasta que un buen día la tía propuso al sobrino mayor, aunque aún no contaba la decena de años, dirigir esta tarde la oración. Sorpresa y titubeo del primer momento y niño con zapatos nuevos al sentir una primera responsabilidad sobre sus hombros. ¡¡Gloria!! Santa María… Desde entonces el rosario fue más rosario porque se sentía protagonista. Y ya lo era antes aunque no se diera cuenta, pues todo el que reza es protagonista de sus oraciones, pero necesitaba ese empujoncito de ser la voz dirigente para considerarse parte fundamental del rezo. Sábado a sábado fue aprendiendo y dejando atrás los titubeos de los primeros momentos llegando casi a no necesitar el ajado papel como guía de la oración.

En los cultos de la hermandad  tenemos ese momento de rezo en común en que, junto a nuestros hermanos, compartimos avemarías en familia mientras recordamos la vida de Jesús.

Ha pasado el tiempo, ya no está la abuela, ni la tía, ni los padres, ni la casa familiar. Ahora hay muchas cadenas de televisión, internet, redes sociales y whattsapp. Las tardes en familia ahora se pasan con el móvil en la mano y, aunque estemos juntos, no es como antes  -simplemente diferente-. Pero en los cultos de la hermandad, tenemos ese momento de rezo en común en que, junto a nuestros hermanos, compartimos avemarías mientras recordamos la vida de Jesús. Y cuando me toca ser la voz dirigente del rezo, el ambón se transforma en mesa camilla y la luz artística de la capilla se torna en quinqué sobre la mesa que alumbra las letanías que dedicamos a la Virgen y que, como las mejores cosas, hacemos en familia.

domingo, 26 de enero de 2020

Tiempo de Cultos


En el autoimpuesto compromiso semanal de compartir un pensamiento, una idea, una reflexión, contigo, que tienes la deferencia de acercarte a este pequeño rincón, son varios los temas que en un principio han centrado mi atención. Por un lado, la cartelería para la próxima semana santa, tanto de Andalucía como de otras localidades fuera de nuestra comunidad, con sus más luces que sombras. Por otro, las noticias del reparto de tiempos en carrera oficial y los no cambios el domingo de ramos y presumiblemente el resto de jornadas. Por si fuese poco los anuncios de nuevas salidas extraordinarias que por su profusión -y mira que me gusta una salida y soy partidario de ellas- han convertido lo extraordinario en ordinario, con casi un programa paralelo junto al de semana santa y las glorias… Frente a todo esto, más que debatido en los últimos días quisiera detenerme de nuevo en una parte fundamental de nuestra semana santa como es el tiempo en el cual nos encontramos donde las hermandades celebran sus anuales cultos de regla.

El año cofrade, como los demás, se subdivide en diferentes tiempos que yo los resumiría en tres. El tiempo de Semana Santa, que abarcaría la Semana Santa en sí, y la semana de pasión. El tiempo de altares, que sería desde Pascua, hasta fin de año, siendo ese gran periodo en que las imágenes se encuentran sus altares habituales en sus capillas y parroquias. Por último, el tiempo de cultos en que nos encontramos ahora, donde desde el inicio del nuevo año en que el Gran Poder comienza su Quinario, hasta bien entrada la Cuaresma, las diferentes hermandades celebran sus cultos, en honra, memoria y veneración de Jesús y su bendita Madre, así como la Función Principal de Instituto donde sus hermanos hacen publica protestación de Fe. Si bien en la anterior entrada nos referíamos al aspecto más formal en cuanto al orden y forma de celebrar estos cultos, hoy quisiera verlo desde otros puntos de vista: estético y participativo.

La estética de los cultos supone un ejercicio de imaginación y virtuosismo de las priostías, creando suntuosos montajes que, por un lado se correspondan al estilo de la hermandad, y por otro sean capaces de mantener dicho estilo en el tiempo. Algunos de éstos montajes son verdaderas obras de arte, que de por sí merecen algún tipo de reconocimiento, aunque la sola visita de los cofrades en general, sean o no hermanos de la cofradía, para admirarlos ya supone una recompensa a su esfuerzo, por no decir la difusión de los mismos a través de las RRSS y medios de comunicación. Estos magníficos montajes, e incluso la magnificencia de los pasos procesionales suponen un llamativo contraste con la simplicidad de algunos de los altares donde reciben culto las sagradas imágenes la mayor parte del año, pero es precisamente esa excelencia en estos montajes un medio más para solemnizar el culto, al presentarnos a Cristo y su Madre con todo el decoro y la majestad que a ellos se les debe. 

Otro punto a tener en cuenta es la asistencia a los cultos y la participación en los mismos, entendiéndola fundamentalmente por no ser un mero y pasivo espectador en la celebración. Ya hablamos que por la forma en cómo se celebraban antes y después del concilio, sustancialmente distinta, al querer mantener todas las oraciones que se hacían junto con la Eucaristía se puede prolongar en exceso el culto. Si a esto le sumamos que las nuevas generaciones cada vez tenemos menos inculcada la asistencia a misa, puede darnos una idea de porqué la asistencia al diario de los cultos puede ser menor que antaño, y sin embargo sí es numerosa la asistencia a la Función Principal con la protestación de nuestra fe. Como paliativo, las hermandades se afanan en buscar elementos que fomenten la asistencia, así muchas de ellas programan para estos días de culto las juras de nuevos hermanos, las de los hermanos jóvenes que cumplen 14 años de edad y pasan a “primera división”, así como la entrega de recuerdos a los hermanos que cumplen 25, 50 o 75 años de pertenencia a la Cofradía. En todos estos casos, aunque si bien conlleva la asistencia de éstos hermanos al culto tienen la contrapartida que añaden tiempo al mismo, con lo que aquellos hermanos que no formen parte de estos colectivos antes mencionados, o sean familia, pueden llegar a pensar su no asistencia. En cualquier caso, como hermanos que somos de la hermandad, asistir a los cultos es una magnífica oportunidad de dar cumplimiento a los fines de la corporación: tributamos culto a Dios y a la Stma. Virgen, recibimos formación en la predicación, tenemos una excelente oportunidad para cualquier obra de caridad y es un momento excepcional para convivir con nuestros hermanos.

Por tanto me reitero en la conclusión de mi anterior post, aprovechando este tiempo de cultos que se nos presenta. Asistamos, recemos, celebremos, vivamos y, sobre todo, hagámoslo en hermandad.

lunes, 13 de enero de 2020

Culto


Hemos comentado muchas veces que en los muchos siglos de historia de las hermandades, éstas han ido evolucionando en sus formas atendiendo a los cambios de orden político, social y religioso, que han conformado la imagen que actualmente tienen nuestras cofradías. En cuanto a estos cambios religiosos vamos a prestar atención a aquellos que vinieron por el Concilio Vaticano II que supusieron para la liturgia, como cumbre a la que tiende toda la acción de la Iglesia, un antes y un después en la forma de celebrar los diferentes sacramentos y sobre todo la eucaristía. Estos cambios introducidos, aparte de algunas modificaciones en la estructura de los diferentes ritos que conforman la celebración, fueron la introducción de la lengua vernácula, que supuso un acercamiento de la liturgia a los fieles quienes desde este momento podían seguir la Santa Misa con mucha más facilidad, a la vez que se potenciaba su activa participación en la misma. También la reducción del tiempo de ayuno previo a la comunión, pasando de ser desde las 12 de la noche del día anterior a solo una hora previa, cuya consecuencia inmediata fue la posibilidad de celebrar la eucaristía por las tardes y, por tanto, la inclusión de ésta celebración en el diario de los cultos de las cofradías.

Los cultos antes del Vaticano II, al no poder celebrarse la eucaristía, giraban en torno a la adoración a S.D.M. en exposición mayor, esto es en el ostensorio. Una vez expuesto, tras el canto del pange lingua, se rezaba el santo rosario, con los misterios del día correspondiente, tras el cual la capilla musical interpretaba algún canto. A continuación se rezaban las oraciones propias del ejercicio del triduo, quinario, septenario o novena que se celebrase a cuyo término se cantaba el  Christus Factus Est, o algún otro motete dedicado al Señor, o a la Stma Virgen, dependiendo a quien estuviese dedicado el culto, tras el cual el predicador, revestido de sotana y roquete y acompañado de dos hermanos de la hermandad, acudía al pulpito desde donde realizaba la predicación, centro del culto. Finalizado el sermón y mientras el sacerdote se revestía con los ornamentos propios para hacer la Bendición Solemne y Reserva del Santísimo, la capilla interpretaba la copla de culto de la hermandad. Con dicha Bendición y Reserva finalizaba el culto diario, salvo el último día en que se realizaba la procesión claustral con el Santísimo por las naves del templo. El domingo, una vez finalizado los días correspondientes al culto, tenía lugar la Función Principal de Instituto.

Tras el Concilio, la gran mayoría de los cultos han pasado a realizarse con la celebración de la eucaristía, pero se viene conservando antes de la misma el rezo del Santo Rosario y las oraciones propias del culto que se celebra. El último día se suele mantener la procesión claustral con S.D.M. por lo que se hace exposición mayor tras la misa seguida de estación ante el Santísimo y la procesión en sí, a cuyo fin tiene lugar la bendición solemne y reserva. Manteniéndose la Función Principal  al día siguiente.

Como decíamos, y hemos comprobado, los cultos han tenido las adaptaciones correspondientes a los cambios producidos a lo largo del  tiempo pero, en el siempre conservador espíritu del cofrade actual y a pesar que la eucaristía es en sí la más completa de las celebraciones litúrgicas en la que rememoramos y actualizamos el misterio de la redención, mantenemos el rezo del rosario y oraciones aunque la mayoría de los asistentes suelen llegar una vez finalizado el mismo. Teniendo en cuenta, además, que la mayoría de los cultos suelen empezar a una hora tardía para facilitar la asistencia de los hermanos pero teniendo como contrapartida que los mismos terminan a altas horas de la noche que, a su vez, imposibilitan a muchos hermanos (sobre todo a los niños y los muy mayores) a asistir a los cultos de la hermandad. Por tanto y a tenor de lo anteriormente expuesto, a modo de reflexión muy personal, ¿no sería conveniente estudiar un nuevo orden de los cultos que pueda integrar en el mismo todas las oraciones propias, con los beneficios que para el católico tiene la celebración de la eucaristía, buscando que los mismos puedan ser más breves y que terminen a una hora prudente que favorezca la presencia de las familias completas, incluidos mayores y más pequeños?

Independientemente de esta pregunta al aire, repito muy personal, aprovechemos este tiempo de cultos que se nos presenta. Asistamos, recemos en compañía de nuestros hermanos. Celebremos los misterios pasionales del Señor, pero sobre todo celebrémoslo resucitado siendo éste el gran misterio que nos une a los cristianos. Vivamos los cultos en familia: con nuestras parejas, con nuestros hijos, padres, hermanos… los que están y lo que no, pues también los cultos es un momento de recordar y tener presente a quienes nos precedieron. Pero sobre todo vivámoslo en hermandad.

lunes, 6 de enero de 2020

Los reyes son los niños


Porque el día de Epifanía, además de ser la manifestación del Gran Poder de Dios, es cuando los niños reciben los juguetes y por eso atesoran en sí toda la ilusión mientras esperan el mágico momento de la mañana del 6 de enero.

Hay determinados días al año que vienen marcados por una característica singular que les hace especiales según lo que celebremos en dicho día así el 18 de diciembre es el día de la Esperanza. También la ironía tiene su pequeño protagonismo en días como el del sorteo de navidad de la lotería, bautizado popularmente como el día de la salud porque, ya que no nos toca el sorteo al menos tenemos salud para disfrutar de la vida con los nuestros. De lo que no hay ninguna duda es en el día de la ilusión que, por ser tan importante, lo celebramos por duplicado el 5 y el 6 de enero con la cabalgata y el día de los reyes magos.

Porque el día de Epifanía en que celebramos a los Reyes Magos, además de ser la manifestación del Gran Poder de Dios -se postrarán ante Ti, Señor, todos los pueblos de la tierra (Sal 71)- que por eso celebramos su quinario en los albores del año nuevo, es cuando los niños reciben los juguetes en recuerdo de los presentes que los Magos ofrendaron al Rey de reyes y por eso atesoran en sí toda la ilusión mientras esperan el mágico momento de la mañana del 6 de enero. Esa mañana que es posible gracias a esos pajes fundamentales de SSMM de oriente que son los hacen encajes de bolillos con lo posible, y a veces incluso lo imposible, para que nada falte en ese transcendental momento que dejará huella imborrable en nuestra memoria. Son tan fundamentales estos pajes sobre todo por ser los auténticos transmisores de la ilusión que se han ganado de por sí en título de reyes magos.

Pero los auténticos reyes magos de verdad son los niños, porque son los portadores de la ilusión que irradian sus rostros durante todas las navidades especialmente en las visitas a los carteros reales y cuando en los escaparates, catálogos y anuncios con los juguetes más preciados y que esperan conseguir en esa mañana de los sueños. Porque la navidad, aparte de recordar el nacimiento de Jesús, es la fiesta de los niños por eso cuando cumplimos años por decenas seguramente diremos que ya no nos gustan las navidades cuando lo que realmente sucede es que se nos ha traspapelado nuestro niño interior.

Ilusión es ese desbordamiento de alegría cuando se visten por primera vez de monaguillo acompañando a sus mayores y repartiendo esos caramelos y estampitas que son oraciones hechas presentes.

Porque es esa capacidad de descubrimiento y aprendizaje que tienen los niños la que les hace vivir tan intensamente cada uno de los acontecimientos de la vida, paladeándolos y disfrutando de ellos, sacando todo el jugo que puedan contener. Así cada momento vivido es una auténtica revelación, como lo fue para aquellos niños en ese despertar de un domingo de noviembre de 2004 cuando al salir al balcón de su casa vieron pasar a la Amargura camino de la Catedral en el cincuentenario de su coronación. Así esa mirada de júbilo cuando juegan en esa “rampla” que une lo divino y lo humano: testigo de hosannas en la Entrada en Jerusalén, testimonio que solo por el Amor podemos llegar a Dios y constancia que solo en su Pasión seremos confortados en esta vida y encontraremos el camino para la eterna. Así ese desbordamiento de alegría cuando se visten por primera vez de monaguillo acompañando a sus mayores y repartiendo esos caramelos y estampitas que son oraciones hechas presentes, por no decir esa emoción interior cuando lo que se viste por primera vez es la túnica penitencial. Así esa piel de gallina cuando de dalmática o sotana y roquete nos estrenamos de acólitos delante de nuestros titulares en el día grande de nuestra cofradía. O así ese repeluco que nos recorre la espalda cuando vestimos por primera vez el costal y la faja que nos hacen ser los pies de Jesús y María, compartiendo con nuestros hermanos ese trabajo que es tan en  equipo que en vez de decirnos costaleros nos llamamos cuadrilla.

Lo que es seguro es que la ilusión es el motor que nos mueve a disfrutar de cada uno de los días de nuestra vida, por eso hay que sembrarla y cuidarla en los niños para que arraigue bien en nuestro interior y permanezca siempre, recordándonos en cada momento el niño que una vez fuimos y que vive en nuestro interior, aunque a veces no lo encontremos, pero es el niño que nos hace vivir en plenitud.

lunes, 30 de diciembre de 2019

Año nuevo: Dulce Nombre de Jesús


Como una espiral sin fin, un año termina y otro nuevo se abre ante nuestros ojos donde volver a vivir las diferentes estaciones, momentos y fiestas en ese ciclo sin fin que es la vida, y que año a año se nos muestra, siempre igual pero siempre diferente, en base a las lecciones aprendidas, a la experiencia acumulada y las diferentes tareas que nos toquen realizar.

Aunque cada año sea distinto, empezamos el año conmemorando, como no puede ser de otra forma, a Jesús y a María. María como Madre de Dios y Madre nuestra que celebramos desde el año 431 (la fiesta mariana más antigua que celebra la iglesia católica), en que por ser madre de Jesús, y Jesús ser Dios –segunda persona de la Trinidad- hecho hombre, merece por tanto dicho título. Por añadidura en su Sí a Gabriel –Sí a Dios- se hizo madre de toda la cristiandad.

Comenzamos el año venerando el Santísimo Nombre de Jesús al celebrar el quinario de Jesús del Gran Poder, quien es el Alfa y Omega del hombre y de la ciudad.

Pero el primero de año (día 3 según la nueva liturgia) se celebra la fiesta del Santísimo Nombre de Jesús, nombre que le fue impuesto en su circuncisión –primera sangre derramada por Jesús en su vida mortal- y que significa Salvador, pues viene a salvarnos y librarnos de nuestros pecados, nombre al que debemos grandísima reverencia por representarnos al divino Redentor que nos reconcilió con Dios y nos alcanzó la vida eterna.

Y el inicio del año se nos presenta en la veneración del Santísimo Nombre de Jesús al celebrar el quinario de Jesús del Gran Poder, quien es el Alfa y Omega del hombre y de la ciudad, principio en su nacimiento y manifestación de su Gran Poder –Rey a quien reyes adoran- y final en su caminar al calvario, cargado con la cruz de nuestros pecados, donde romperá el lazo de nuestros pecados que al hombre oprimió. Celebraremos el santísimo nombre del Dios Fuerte que marcha al calvario a retar a la muerte a lucha mortal para confortarnos, pobres pecadores, con su Pasión. Celebraremos al Señor Santo que manda en los cielos y en la tierra, que tendrá compasión de nuestras culpas enviándonos su Misericordia desde San Vicente. Celebraremos a Jesús de las Penas que, ayudado por Simón de Cirene, va camino de su glorificación en la cruz, donde nos entregará su cuerpo en sacrificio para que todos participemos, con Él, de la redención. Celebraremos a Jesús Nazareno que con su pesada cruz, que nos muestra en la más sevillana exaltación del árbol sacrosanto, nos hace memoria de todos los sufrimientos padecidos por nuestro amor. Celebraremos a Jesús a quien, agobiado por el peso de la cruz, se le inflamaron  rosas de amargura que tornaron la sangre en lirios en sus caídas de salvación. Y así le seguiremos celebrando…

Así y a modo de jaculatoria, bendiciendo siempre el Dulcísimo nombre de Jesús Nazareno, terminaremos nuestros cultos diciendo: “Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz has redimido al mundo”.

Porque en el principio del año nuevo celebramos el Dulcísimo Nombre de Jesús, como es tradición decir en estas latitudes, recordando en cada uno de los cultos que celebran nuestras hermandades en estos días en torno a Jesús cargado bajo el peso de la cruz, que Cristo quiso ser por todos obediente hasta la muerte y no una muerte cualquiera, sino una muerte de Cruz, por la que nos consiguió, pobres pecadores, la gloria eterna y la salvación del mundo. Así y a modo de jaculatoria, bendiciendo siempre el Dulcísimo nombre de Jesús Nazareno, terminaremos nuestros cultos diciendo: “Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz has redimido al mundo”.