sábado, 3 de abril de 2021

#SoydelaVeraCruz

 Publicado en ElForoCofrade.es

Ser de la Vera Cruz no es solo ser hermano  de una corporación, es formar parte de una gran familia, pues así nos sentimos los hermanos de la Vera Cruz. 



Vivimos un tiempo complicado, hosco, difícil, descorazonador. Cuesta trabajo ver la luz en el final de este sombrío túnel que ha tocado vivir a nuestra generación, al igual que nuestros antepasados sufrieron guerras, gripes, peste… Dos años con la vida secuestrada en busca de esa minimización de daños que nos permitan pasar esta página de la mejor forma posible. Dos años en los que la vivencia de nuestra semana santa a la usanza tradicional, con cofradías en la calle, se ha visto abocada al recuerdo de la arcadia interior de cada uno. Porque si la contemplación de una cofradía en la calle, o la vivencia de la salida en unión a nuestros hermanos nazarenos, hace posible esa unión interior con nuestros seres queridos que ya gozan de la presencia del Padre, que fueron quienes nos enseñaron a amar a Cristo, a la Iglesia y a las hermandades, a vivir en hermandad y a trasmitir estos sentimientos a las nuevas generaciones de jóvenes, estos años esa cercanía quasi espiritual con nuestro padres hemos de vivirla desde la memoria, en esos recuerdos que guardamos en ese rincón secreto del corazón que solo el sentimiento conoce. Quizás sea esto parte de lo que llaman la semana santa íntima…  ¿Y de qué forma creamos dichos recuerdos, los evocamos,  los conservamos, incluso los transmitimos? Mediante la vida en las hermandades y voy a contarles sobre mi hermandad: ¿Qué es ser de la Vera Cruz?

 

Manuel Sánchez del Arco en su “Cruz de Guía” nos dice que primero fue la retórica a la que muy pronto se le impuso la plástica. Los “místicos” no llegaban al pueblo; bien es cierto que no siempre fueron bien estudiados, ni sus obras gozaron de una gran difusión en su momento, teniendo en cuenta que entre místicos y ascéticos son numerosísimas las obras escritas, y que como dijo Menéndez y Pelayo “No hay sistema de Teología que pueda encerrar todos los modos por donde lo divino se manifiesta al alma”. Lo mejor de todo es lo que queda fuera de esta enorme biblioteca, que es lo que las hermandades recogen y nos transmiten: que “Cristo ha muerto explicando una lección de amor universal”.

 

Pasado el tiempo, cuando apenas queda memoria de los escritos, ahí están las hermandades impresionando con la misma fuerza que en los siglos XVI y XVII con sus imágenes procesionales. No es que la imagen tenga más importancia que los escritos, si no que en tiempos donde la cultura no era patrimonio de todos, allí es donde las imágenes llevan y transmiten su mensaje. Fiel al espíritu de Trento la hermandad tiene en la imagen la forma de hablar al pueblo. La plástica ha dado en Sevilla su mejor y más amplia lección sirviendo a la religión en el punto más alto de meditación  que podía ofrecer: La Pasión.

 

La contemplación de Cristo Crucificado sirve para captar más fácilmente el significado del dolor inmenso e injusto sufrido para la salvación del hombre. La devoción al Santo Crucifijo adquiere una singular relevancia en las iglesias dedicadas al misterio de la Cruz y muy especialmente en los conventos. Al paso por las altísimas bóvedas catedralicias y en la estación ante el monumento las cofradías adquieren una severidad claustral. En los lugares donde se veneran reliquias del Lignum Crucis aún se magnifica esa devoción a Cristo en la Cruz. Precisamente la Orden Seráfica, por ser los guardianes y custodios de Tierra Santa, fueron los principales difusores de las reliquias del Santo Madero y por consiguiente del culto a la Verdadera Cruz.

 

En ese marco de mística popular, en ese ambiente conventual de Casa Grande de San Francisco, es donde se nos regaló a Sevilla el Santísimo Cristo de la Veracruz: grave, severa, profundamente doliente, la imagen del crucificado trasciende su propio sufrimiento para, en esa ascética del claustro monacal de los seráficos hermanos, hoy revivida en la capilla del Dulce Nombre de Jesús, abrirnos sus brazos y hacernos partícipes de la gran lección de amor del Calvario. Es ese abrazo el que nos hace partícipes de su Cruz; en ese abrazo es donde unimos nuestra cruz particular con su Cruz Salvadora; es ese abrazo de Jesús en la Cruz el que nos hace hermanos en la Vera Cruz y nos invita cada día a compartirla con El (En tu Cruz, contigo quiero estar…)

Porque al final nuestra elección es aceptar esa cruz que cada día se nos ofrece y se nos regala en ese abrazo de brazos abiertos de quien lleva más de quinientos años diciéndonos: “Toma tu cruz y sígueme”.

Pero ser de la Vera Cruz no es solo ser hermano  de una corporación, es formar parte de una gran familia, pues así nos sentimos los hermanos de la Vera Cruz. Ir a la capilla o a la casa de hermandad no es encontrarte con personas que sienten devoción por la misma imagen de crucificado que tú, es saber que te vas a encontrar con tu familia, con seres queridos quienes nos preguntamos cómo nos va la vida, por nuestros padres e hijos, nos alegramos y felicitamos por nuestros éxitos profesionales o por los de nuestros hijos , lloramos juntos nuestros males y pérdidas, y los que disfrutamos en armonía la cotidianidad de una convivencia en nuestra casa de hermandad al termino del culto que corresponda. Ser de la Vera Cruz es trabajar por y para los demás desde una diputación de caridad que se reinventa cada año, como se hace con las carretillas, para intentar atender a tantos que lo necesitan, o cómo también se hizo desde el centro de educación permanente de adultos que tuvo la hermandad y que a tantos ayudó a conseguir sus estudios básicos, o procurando una buena formación litúrgica de nuestros hermanos, especialmente los jóvenes que son los acólitos en los cultos de la hermandad.  Y lo más importante esta familia no solo se corresponde a nuestra hermandad, sino que gracias a la Confraternidad de la Vera Cruz todas las hermandades que seguimos a Cristo Crucificado como lo visualizamos cada lunes santo tras el Santo Cristo de la hermandad de Sevilla, lo materializamos en los actos y cultos que hacemos en conjunto, fundamentalmente  la anual peregrinación de cada mes de septiembre, y lo demostramos cuando un hermano de la Vera Cruz visita otras localidades y encuentra abiertas las puertas de la Capilla, la casa y los brazos de sus hermanos para sentirnos uno más de la casa, como he vivido en primera persona en mis últimos viajes a Caravaca de la Cruz o Cádiz por citar los ejemplos más recientes, y aprovechar esta oportunidad de volver a mostrar mi agradecimiento por las atenciones recibidas y de hacernos sentir en casa.

 

Ser de la Vera Cruz es algo que va más allá que el ser hermano de una Hermandad. Ser de la Vera Cruz es un sentimiento: es una opción de vida, como dice mi hermano y amigo Francisco Berjano seguramente la mejor elección que podamos hacer.  Pero realmente la Veracruz no viene impuesta, quizás no siquiera se elige; suele llegar como algo puramente casual. El ser de la Vera Cruz es algo que te atrapa y te envuelve, y una vez ese sentimiento ha penetrado en ti, ya no te abandona nunca. Porque al final nuestra elección es aceptar esa cruz que cada día se nos ofrece y se nos regala en ese abrazo de brazos abiertos de quien lleva más de quinientos años diciéndonos: “Toma tu cruz y sígueme”.

Lo mostrado, lo vivido, lo sentido, las deshoras…

 Publicado en inriinformacion.com

“Este año no tenemos pasos, seguiremos sin vestir la túnica y añoraremos ese abrazo cuando de nazarenos entramos en nuestras capillas para la estación penitencial”.



Que la semana santa tiene su origen y fundamento en la tradición católica es algo conocido por todos, como también lo es que el pueblo la ha hecho suya hasta el punto que ha vertebrado la vida de la ciudad en torno a sus hermandades y cofradías, siendo la mayoría de los sevillanos hermanos de alguna corporación, o cuanto menos devoto de algunas de sus imágenes. La pertenencia a una hermandad viene determinada en muchos casos como una tradición familiar, así la propia vida e historia de las familias quedan ligadas a la hermandad, constituyendo las vivencias en la cofradía un acto de memoria y recuerdo hacia nuestros antecesores. Pero no solo la familiar es vía de acceso a una hermandad, sino nuestra vinculación a ellas por cercanía con amigos o por la propia devoción que tengamos hacia sus titulares que, siendo como son asociaciones donde se tributa culto a Dios posiblemente sea de los motivos más de peso para pertenecer a ellas.

 

La semana santa es rodo un espectáculo en sí misma. Hecha por el pueblo y para el pueblo interpreta en clave de sentimiento todo aquello que celebramos desde la óptica religiosa y lo convierte en algo único que engloba en su todo las más variopintas artes visuales, sonoras, olfativas y hasta gustativas que habremos de interpretar desde la doble perspectiva de una gastronomía propia y una exquisitez en los modos y las formas de hacer. Todo ello constituye lo mostrado, lo que el propio y el visitante encuentra cuando interviene en esta explosión de júbilo popular, porque la semana santa si bien hemos apuntado que es un espectáculo pro todo cuanto engloba, no se trata de ninguna representación donde unos interpretan y otros son espectadores del evento, aquí todos somos actores en primera persona y entre todos construimos esta manifestación de la fe, del sentir, del querer, de la propia vida del pueblo. En esta manifestación del alma de la ciudad, cada hermandad tiene su particular “puesta en escena” fruto, imagen y espejo de su historia, personalidad y reflejo de la vida interior de la misma con sus hermanos, y es aquí donde cada uno puede forjarse su idea de cómo es cada corporación.

 

Tras este primer conocimiento, bien por la pertenencia a la hermandad particular, bien a través de acercamientos por amistades o conocidos, o bien por casualidades de la propia vida en mi caso también cantando en los cultos de muchas de ellas, podemos acceder a la vida interior de la corporación conocer su forma de actuar puertas adentro, su forma de celebrar los cultos (que curioso que siendo la celebración de la eucaristía un rito común a todos los católicos en cada hermandad sabe darle ese toque personal que las diferencia unas de otras), conocer sus gentes, sus modos, su acogida… y es entonces cuando a través de los vivido cambia nuestra percepción de dicha hermandad pasa a formar parte de la nómina de nuestro corazón. Porque, independientemente de la devoción que puedan inspirarnos cada una de las imágenes sagradas, nuestro sentimiento hacia dicha hermandad queda condicionado por la experiencia real vivida en su seno.

 

Y es entonces, a partir de esta experiencia vivida, recibimos de forma diferente a la hermandad cuando acudimos a su encuentro en su estación de penitencia. Porque no es solo la imagen singular que proyecta la cofradía en su discurrir sino lo sentido por cada uno al evocar lo que hemos vivido en su interior con sus hermanos. Si una calle en semana santa trae a cada uno la memoria concreta de una hermandad determinada según las emociones vividas al paso de sus sagrados titulares, como es en mi caso particular el Cachorro por O’donnell, cuando una hermandad pertenece a la nómina del corazón solo el discurrir por las calles aledañas de su barrio ya nos manifiesta ese pellizco en el alma que nos une a dicha hermandad, aunque estemos en el mes de agosto, como es mi caso particular en mi barrio de San Pablo o simplemente en las cercanías del Tiro de Línea por citar algún ejemplo.

 

Este año no tenemos pasos, seguiremos sin vestir la túnica y añoraremos ese abrazo cuando de nazarenos entramos en nuestras capillas para la estación penitencial. Tenemos altares extraordinarios (en su doble acepción), exposiciones y muestras que intentan llenar ese vacío de la ausencia de cortejos en la calle. Al igual que esos anuncios que vemos en las parroquias antiguas “por aquí se administran los santos sacramentos a deshoras”, siento esta semana santa como una semana santa de deshoras… al igual que se colocan azulejos de los titulares en las fachadas de los templos para facilitar la oración cuando están cerrados… al igual que cuando acudimos a esa intima visita al Señor cuando la iglesia está recién abierta y estamos solos en su interior en intima comunicación con Él… como lo sentimos en la cercanía de las estampas que guardamos en nuestras carteras, mesitas de noche, o ese lugar privilegiado que le reservamos en nuestras casas… como le siente un nazareno de ruan en la soledad del interior de la túnica aunque vaya en el cortejo con sus hermanos pero sin volver la cara para no alterar la compostura y que nos priva de la contemplación de su imagen pero que marca ese recogimiento interior que solo cada uno puede saber cómo es… incluso en esa otra deshora del parón de una cofradía de capa en la que se experimenta la alegría de compartir el amor por tu Cristo o por tu Virgen repartiendo a los niños medallitas y caramelos que les haga más llevadera la espera… deshoras fueron los viacrucis en streaming vividos desde el confinamiento pandémico… y por supuesto nuestras deshoras este año la conformarán las medidas de seguridad y aforos permitidos en nuestro acceso a los templos…

 

Vivamos, participemos, celebremos, compartamos con nuestros hermanos lo que perdimos el año pasado. No tendremos procesiones pero tenemos a Cristo y a la Virgen que nos esperan con o sin altares extraordinarios, tenemos a nuestros hermanos, con los que podemos asistir este año a nuestros viacrucis del día de la salida, y sobre todo tenemos nuestro sentimiento interior, ese que nos une a la hermandad, seamos o no hermanos, porque pertenece a nuestra nómina del corazón.

 

 

domingo, 13 de diciembre de 2020

Buenos días nos dé Dios


 

“Buenos días nos dé Dios”. Este sencillo saludo al comenzar el día, en el que pedimos al señor nos conceda una buena jornada, formaba parte de la banda sonora de mi infancia y juventud, pues para una de mis tías, hermana de mi madre, era su grito de guerra en las mañanas, apostillado siempre con “y parte en su santa gloria” con lo que no solo le pedimos disfrutar un buen día, sino ser partícipes de la gloria eterna al fin de nuestra vida.

 

Un sencillo y profundo saludo que con el transcurso de la vida fue quedando atrás al no estar tan en contacto diario con quien lo propagaba voz populi cada mañana, pero que años después y gracias al saludo diario en el grupo de whatsapp que compartimos un grupo de amigos de la hermandad, “buenos días nos dé Dios” volvió a ser punto de partida de nuestro día a día. Y, como no podía ser de otra forma, ante este saludo emerge consustancial la jaculatoria familiar “y parte en su santa gloria”.

 

Como dice siempre un conocido tuitero “todo lo que somos ocurre en la niñez” y lo que ocurre en la niñez siempre formará parte de nuestra vida, como esos rosarios que aprendíamos a rezar con nuestras abuelas y que nos vienen a la memoria cuando lo rezamos en los cultos de nuestra hermandad. Por eso, en este tiempo difícil que atravesamos no hay un saludo mejor para nuestras mañanas.

 

Y al igual que hacemos en el rezo de las horas, si en laudes alabamos a Dios por el Mesías con el cántico de Zacarías, en vísperas alabamos al Señor con el saludo de María a Isabel, por eso en la tarde el recuerdo va para la Madre con el Acordaos de San Bernardo, porque nadie que se haya encomendado a Ella se ha visto desamparado.

 

Para quienes creemos, somos cofrades y como tales parte de la iglesia, no hay mejor forma empezar y terminar el día que dando gracias a Dios, pidiendo la protección del Hijo, “buenos días nos de Dios”  y dando un beso a su Madre #Acordaos.



martes, 8 de diciembre de 2020

Días de Jacinto y Celeste

 

Celebramos la Purísima, fiesta que nace del corazón mismo de la ciudad como muestra de su amor desmedido a la Madre del Señor. Dialécticas, riñas, pugnas, coplillas y mucho culto, con visitas al rey y al papa, consiguieron con el tiemp
o la proclamación del dogma Inmaculista. Parafraseando el título de una conocida película ”días de vino y rosas” cuyo argumento ni tiene que ver con lo hablamos ni nos interesa en este momento, quisiera dedicar unas breves líneas a esta gran Fiesta de la Iglesia y cita obligada en el calendario de la urbe fijándome para ello en tres hermandades de especial cercanía para quien escribe que, atendiendo a los colores tradicionales de vestir a las Inmaculadas conforman nuestros “Días de Jacinto y Celeste”

 

En el principio de la disputa las teorías maculista, “la Virgen nació como vos y como yo aunque luego fuese limpiada de pecado”, y la inmaculista “fue preservada de la mancha original desde el primer instante de su purísimo ser” esta última defendida en primera instancia por la Orden de San Francisco que en la ciudad tuvo el apoyo y sustento de la hermandad de la Santísima Vera Cruz nacida en el mismo seno de la Orden en la Casa Grande de San Francisco. Grandes y señalados eran las celebraciones a la Inmaculada en la Casa Grande, que según narran los libros de la época las principales eran las organizadas por la hermandad en las que participaba toda la Orden. De las varias imágenes de la Virgen que llegó a poseer esta hermandad solo perdura en nuestros días la que responde a la antigua advocación de “La Virgen de Tristeza”, que aunque en nuestros días y en su fiesta grande aparezca con sus mejores galas siempre en el negro tradicional de su carácter doloroso, tenemos el testigo y recuerdo de uno de sus libros de reglas (1627)  iluminado por Juan de Herrera y hoy en la Universidad de Sevilla, en que la imagen de la Virgen es la Inmaculada de Jacinto y Celeste.

 

Alto, claro y brillante se expresa la hermandad de la Santa Cruz en Jerusalén que, contando entre sus primitivos hermanos con personas de la más alta influencia en la ciudad, fue el gran eco en la defensa de esta piadosa creencia. Voz de Miguel Cid. Imagen de Pacheco, que aunque en su tratado defendiese que para la Inmaculada se usasen los colores celeste y blanco, gustaba representarla de jacinto y celeste, como también lo hizo su yerno Diego Velázquez: Música original de Bernardo del Toro después popularizada por Correa de Arauxo en las tres Glosas de su Facultad Orgánica, y más cercana a nuestros días reinterpretada por el maestro Eslava y completada por los Alabados de Torres, que son los que conforman la banda sonora actual a nuestros días de jacinto y celeste. Y como no firmado con solemne voto de sangre en defensa de la Concepción Inmaculada de María y rubricado en forma de bandera blanca, espada desnuda y cirio encendido.

 


Y rotundos fueron los hermanos de Los Negritos Fernando de Molina y Pedro Francisco de Moreno, que siendo hombres libres se vendieron como esclavos para con ese dinero sufragar los cultos en honor a La Reina de los Ángeles.  
Foto: A. Rubén González Arellano

No cabe más. Solo el amor que el pueblo le profesa a la Madre del Salvador, de quien antaño se hablaba como la preservada de pecado y de quien hoy decimos que está tan llena de la Gracia de Dios que no había sitio en ella para el pecado y ésto es lo que celebramos en los días jacinto y celeste, en este año tan especial por la pandemia que sufrimos. Por eso, con o sin besamanos, con imágenes en los presbiterios o en los altares pero siempre a la veneración de los fieles, en templos aforados o través de las redes sociales seguimos aclamando:


“Todo el mundo en general,

A voces, Reina, escogida,

Diga que sois Concebida

Sin Pecado Original.”

martes, 14 de julio de 2020

Dejad que se acerquen


Las juntas tienen una tarea fundamental, tanto o más importante que cumplir los fines y las reglas de la corporación, y es garantizar la continuidad de la misma.

Nuestro universo de la semana santa es grande y diverso. Gracias a esta pluralidad manifestada en las diferentes características y personalidad de las diferentes hermandades tenemos el amplio abanico de corporaciones existentes, que en el caso de Sevilla capital son en torno a 60  y solo en el apartado de penitencia. Dentro de un mismo culto publico a Dios en torno a diversos momentos de la Pasión de Jesucristo, nos encontramos diferentes formas de hacer que responden a diversas causas: históricas, geográficas, artísticas… con el resultado tan rico y completo que todos conocemos.

Un aspecto en el que quisiera fijarme es en lo que llamamos la vida de hermandad, en la forma como se desarrolla el día a día de las diferentes corporaciones: grandes, pequeñas, de siglos, nuevas, de centro o de barrio, cada una manifiesta de diversa manera si vida interior durante el año. Hay hermandades que tienen hermanos en sus casas prácticamente todos los días del año, otras que se reúnen principalmente el día del culto semanal, quizás por la localización geográfica en la ciudad de unas y otras, pero algo que si es significativo es la asistencia  de los hermanos más pequeños en la vida diaria de la hermandad, pues son estos hermanos quienes garantizarán la pervivencia de la cofradía. Esto no significa que los niños tengan que ser parte integrante de todas las actividades de la hermandad, pero es innegable que cuanto mas alta sea su participación mas se acentuará su sentido de pertenencia a la institución y reforzará su filiación a la misma a lo largo del los años. Incluso no asistiendo a diario pero sintiéndose acogidos en sus visitas a la hermandad estará mas que conseguido este objetivo, siendo muy importante que se pueda fomentar su participación en la estación penitencial en la medida de las posibilidades, pues somos conscientes que hay hermandades en las que no se puede vestir el habito penitencial hasta los 14 años, aunque tienen puestos singulares para estos hermanos mas pequeños, conviene recordar cuan importante es la labor de los diputados, celadores y canastillas en la acogida de los hermanos.

Quienes siendo niños se sienten parte de la hermandad, casi con total seguridad continuaran vinculados como juventud, pudiéndose integrar en la vida activa de trabajo de la corporación,  pudiendo llegar a ser los miembros de junta del futuro. O puede que sean un simple hermano de cirio o cruz, pero ¿acaso no hacen falta en la nómina simples hermanos de cirio o cruz? Si no hay niños no hay futuro. Las juntas tienen una tarea fundamental, tanto o más importante que cumplir los fines y las reglas de la corporación, y es garantizar la continuidad de la misma, no solo formando buenos candidatos a miembros de junta para el futuro, sino trabajando activamente para mantener el número de hermanos. Para esto es imprescindible hacer atractiva la hermandad más allá de la devoción a los titulares, una buena acogida a los nuevos hermanos  y fomentando el sentido de pertenencia a la casa desde los primeros años  de la vida de sus hermanos. Dejemos que los niños se acerquen y demos vida a la casa, al igual que las familias que se ven tanto más vivas cuando en las mismas hay niños y después nietos.

martes, 30 de junio de 2020

Imagen sagrada

Hechura y unción son el cuerpo y el alma de la imagen sagrada. Una es lo que vemos, lo que podemos medir con criterios más o menos objetivos. De otra parte, la unción, es lo que nos toca el sentimiento y el corazón y, en el corazón, no manda nadie. 



Hemos finalizado el estado de alarma aún con la sombra del virus en los rebrotes conviviendo con nosotros. Nos abrimos paso a recuperar la normalidad en nuestro mundo cofrade. Sin olvidar los momentos de oración por los enfermos, fallecidos y por la erradicación de la pandemia, volvemos a la vida diaria, procesos electorales, cambios de bandas con toda su parafernalia y también posibilidad de cambio de la imagen titular de una corporación. Oportunidad, conveniencia o no para este cambio, no quiero, ni pretendo, dar lecciones sobre el tema pero, con el debido respeto, si quiero reflexionar en voz alta sobre lo que son y lo que representan para quienes somos católicos las imágenes sagradas. 

En sí son representaciones de Dios Padre, Jesucristo, el Espíritu Santo, la Virgen y los Santos que sirviéndose de materiales de este mundo buscan mostrar realidades que son reflejo y signo de lo divino y espiritual. Siendo el hombre un ser social para relacionarse con los demás necesita comunicarse y lo hace por medio del lenguaje, de signos, de imágenes que en el caso de las sagradas pueden expresar mucho más que la propia palabra. La imagen de Dios se nos hizo perfectamente visible en Jesucristo, su unigénito y uno solo con el Padre (Jn 10,30), quien “se hizo hombre” siendo el hombre creado a imagen de Dios, por tanto quien ve a Jesucristo ve al Padre. (Jn 14,9) Esta representación de contenidos de fe cristina viene desde antiguo pues en las catacumbas ya encontramos testimonios de figuras de Cristo y la Virgen María “Los artistas de cada tiempo han ofrecido a la contemplación y al asombro de los fieles los hechos salientes del misterio de la salvación, presentándoles en el esplendor del color y en la perfección de la belleza” (Card. Joseph Ratzinger, Introducción al Compendio). Los cristianos nos hemos servicio de las imágenes para anunciar el mensaje evangélico, antes de los catecismos escritos ya nos servíamos de las representaciones iconográficas en las iglesias y basílicas en las que el arte no solo ha sido una instrumento al servicio de la catequesis sino una invitación a la oración que tiene como fin principal anunciar la persona, mensaje y obra de Cristo, perfección reveladora de Dios Padre y salvación del hombre y del mundo: “La imagen de Cristo es el icono por excelencia. Las demás, que representan la Señora y los Santos, significan Cristo, que en ellos es glorificado” (Compendio, n. 240) Pero justo porque reconocemos a Cristo como imagen perfecta de Dios es tanto más importante buscar el sagrario cuando entramos en la iglesia pues en él está real y verdaderamente presente Cristo-Eucaristía a quien, en definitiva, van dirigidos nuestros saludos y oraciones. Por esto el culto que se da a las imágenes es de veneración, no de adoración que es reservado únicamente a Dios, quien venera la imagen venera a quien en ella se representa como nos dice Santo Tomás de Aquino en la Suma. 

Un concepto indisoluble a las imágenes religiosas es la unción sagrada que, según el profesor Hernández Díaz, es el “algo divino” que capacita a las imágenes religiosas a expresar sentimientos y devociones independientemente de su valor material. En términos coloquiales diríamos que es lo que nos invita a rezar cuando la contemplamos. Esta capacidad de emocionar no necesariamente ha de estar ligada con la calidad artística de la imagen, pudiendo darse la circunstancia de esculturas que pueden considerarse mediocres pero que transmiten emoción a quien las contempla y por el contrario imágenes sobresalientes que resultan frías por su falta de “trasmisión”. La antigüedad de la imagen y su propia historia tiene mucho que ver en lo que a unción sagrada se refiere, siendo la Virgen de los Reyes uno de los ejemplos destacados ya que, siendo la primera imagen mariana que fue entronizada en la ciudad, ha sido y es referente de la devoción popular heredada de abuelas a nietos desde tiempos antiguos hasta nuestros días. Imágenes que por el tiempo que llevan entre nosotros por la cotidianeidad de su contemplación entre nosotros hace que la asociemos inconscientemente a la representación de su advocación, por eso al sustituir imágenes perdidas por el fuego u otras calamidades se busca reproducir dicha imagen desaparecida. De otro lado también nos encontramos ejemplos de imágenes que han sido referentes de devoción en épocas pasadas y hoy las encontramos solas en sus altares y las hermandades a las que pertenecieron un recuerdo en los libros de historia, como la Virgen de la Antigua y Siete Dolores. 

Recapitulando podemos decir que hechura y unción son el cuerpo y el alma de la imagen sagrada. Una es lo que vemos, la imagen en sí, lo que podemos medir con criterios más o menos objetivos pues el libro de los gustos está en blanco. De otra parte, la unción, es lo que nos toca el sentimiento y el corazón y, en el corazón, no manda nadie. Siendo inseparables una y otra, por mucho que mande la razón, siempre puede más el corazón, por lo que cualquier opinión siempre será personal. Por tanto, si alguna hermandad decide estudiar la posible sustitución de su imagen titular, guardemos nuestra opinión y que sean sus hermanos quienes estudien, debatan y decidan, dentro de los cauces que marquen las reglas de la corporación, lo que sus corazones les dicten.

lunes, 18 de mayo de 2020

Devociones del corazón


No necesitamos nada especial para que una hermandad nos produzca un apego o singular cariño a sus imágenes titulares, solo el sentimiento que la contemplación de las mismas produce en nuestro interior  las hace insustituibles en nuestro programa personal de la semana santa.

La vida sigue, el virus con nosotros y nosotros intentando aprender de él. Nuevas cancelaciones y aplazamientos que nos dejan de manifiesto una y otra vez esta primavera esfumada de 2020. En contrapartida el proceso de recuperación nos devuelve la apertura de nuestros templos que, poco a poco y con grandes medidas de seguridad y aforo,  nos empiezan a devolver un culto abierto al que poder sumarnos.

Justo en esta vuelta a la celebración del sacramento en comunidad acudí a mi parroquia, templo más cercano, donde tuve la dicha de compartir la eucaristía con mis vecinos y previamente la exposición y bendición con el Santísimo, siempre ante las benditas imágenes de la hermandad del barrio. Es precisamente la presencia de las mismas la que hace volar el pensamiento y la memoria haciéndonos reflexionar sobre el cariño y devoción que nos puedan representar estas imágenes que, aunque no sean las  de nuestra hermandad, si nos representan una cercanía particular por cuanto conjugan nuestro amor por Jesús y María en unión a lo que representa la hermandad en nuestra cultura popular.

Pero este sentimiento no es exclusivo de la hermandad de nuestro barrio, hay otras hermandades que también evocan este sentimiento en nuestro interior por cuanto suponen una cercanía con sus hermanos bien por amistad, por convivencias entre juntas de gobierno o las propias realizadas entre las hermandades del día, por diversas actividades realizadas desde los grupos jóvenes (las cuales incluyen un componente inseparable de convivencia entre los mismos).

Pero tampoco necesitamos nada especial, pues es normal que en cada jornada de la semana santa tengamos alguna hermandad que nos produzca un apego o singular cariño a sus imágenes titulares, sin que tenga que mediar ninguna de las anteriormente citadas, simplemente el sentimiento que la contemplación de las mismas produce en nuestro interior  las hace insustituibles en nuestro programa personal de la semana santa, incidiendo en que cada día tenga ese punto especial que lo hace indispensable, aunque no sea el día grande de nuestra cofradía. Todo ello supone que la visita a sus templos tenga un añadido especial y sentimental que pueda incluso, en algunos momentos, suplir la visita a la capilla de nuestra hermandad, pues al fin y al cabo rezamos a un mismo Jesús y a una misma María independientemente de su advocación o imágenes que los representen.

Pero este valor añadido no es exclusivo de la semana santa pues tenemos muchas devociones que forman parte de nuestro intimo ser que vienen aprendidas y en herencia directa de nuestras madres y abuelas, fundamentalmente. Devociones de mes de mayo “venid y vamos todos”, de mes de junio “En Vos confío”, de mes de julio a la Reina del Carmelo, de novena en agosto a quien solo necesita que le llamen “La Virgen”, devociones selladas los viernes con un beso en el talón. Esto es, sin más vuelta ni más razón, porque no hay razones que valgan donde manda el corazón.

lunes, 11 de mayo de 2020

La imagen de la hermandad.


Un buen equipo de comunicación es hoy día un valor en alza en las hermandades, no solo por coordinar la publicación de los mensajes en los diferentes canales de que disponga la hermandad, sino como centro de atención a los medios de comunicación, lo que redundará en una mayor calidad de la información que se transmita.


Amanece un nuevo lunes y con el nuevas esperanzas, nuevas perspectivas y nuevas situaciones en este encierro que empezamos a remitir. Durante este tiempo ha sido fundamental el contacto con nuestras hermandades a través de las diferentes redes sociales y medios de comunicación, que nos han acercado misas, oraciones, cultos, la propia estación de penitencia, y por supuesto las noticias emanadas desde las corporaciones, así como fotografías de nuestros titulares, lo que nos ha hecho sentir su cercanía en estos difíciles momentos. Mucho hemos avanzado en términos de comunicación, ya lo hemos venido repitiendo en entradas anteriores, pero aún nos queda mucho camino por recorrer.

La hermandad en si no es ningún medio de comunicación pero si un transmisor de contenidos que por la propia idiosincrasia de las corporaciones son fundamentalmente de carácter evangelizador y en este sentido la propia Iglesia, desde SS Pablo VI, nos insta a usar estos medios para predicar el mensaje de la Salvación a la vez de enseñar el recto uso de los mismos. El propio proceso de la comunicación es algo que no se puede improvisar, a poco que reflexionemos es de sentido común que el uso de las redes sociales ha de ser cuidado y medido pues lo que en ellos se diga es directamente emanado desde el seno de la hermandad  por lo que va a resultar la imagen de la misma proyectada en la sociedad. Cualquier fallo, desliz o distracción que suponga la publicación de un mensaje no adecuado que precise de rectificación es algo que puede restar credibilidad a la institución. Por tanto es muy conveniente que las cofradías tomemos conciencia de esta nueva situación y apostemos por los nuevos medios de comunicación que se nos ofrecen y que van siendo cada vez de uso más mayoritario en la sociedad.

Apostar no quiere decir que centremos toda la atención en las redes sociales, sino que aprovechando el tirón generado por la situación actual nos formemos y preparemos en el correcto uso de las mismas, cada hermandad dentro de su propia identidad y personalidad. Es muy importante la creación de equipos de trabajo de este área con personas que tengan conocimientos en este campo (o que se formen) y, por supuesto, que conozcan a la perfección la institución en la que van a desempeñar su labor. Siempre he sido defensor que en la “casa” podemos tener gente que aporte en todos los campos (de hecho soy partidario que siempre que sea posible, y haya hermanos dispuestos a colaborar, debemos contar con su participación pues no solo cubriremos la necesidad en cada caso, sino que además fomentaremos la convivencia entre los hermanos que es una de las razones de ser de las hermandades), y este no va a ser una excepción, pero nunca debemos dejar de lado la posibilidad de contratar un especialista en este campo que nos ayude, asesore, instruya y pueda también estar operativo para cuando la inmediatez de respuesta en algunas ocasiones así lo requiera.

Un buen equipo de comunicación es hoy día un valor en alza en las hermandades. No solo por cubrir las distintas informaciones y coordinar la publicación de las mismas en los diferentes canales de que disponga la hermandad, sino además como centro de atención a los periodistas, medios generalistas de comunicación y a las diferentes web y portales de información religiosa y cofrade que se harán eco de las diferentes informaciones que puedan surgir desde la hermandad. Una correcta atención  a los profesionales redundará en una mayor calidad de la información que se transmita.

Una buena labor de comunicación no necesita ser algo ni reiterativo ni redundante, lo que nos conduciría a la pesadez y hartazgo. Ha de ser siempre veraz, honesta, conveniente y sobre todo que tengamos muy en cuenta que en todos y en cada uno de los mensajes que podamos ofrecer van implícitos siempre Jesús y María, y por tanto han de ser fuente constante de evangelización, que en definitiva será la mejor imagen que se pueda transmitir de la hermandad.

lunes, 4 de mayo de 2020

La vida sigue igual


En la línea habitual de acción de las cofradías se abre un amplio horizonte de trabajo, no solo en la ayuda al necesitado tanto a nivel económico como asistencial, sino muy especialmente en la misión evangelizadora que tenemos, como parte de la Iglesia que somos. Aquí la vida sí que no debe seguir igual.

Siendo niño se hizo muy  popular una canción de un jovencísimo Julio Iglesias cuyo título saco a relucir y cuya letra decía: “Al final las obras quedan las gentes se van. Otros que vienen las continuaran, la vida sigue igual”. La canción nos dice que conforme va pasando el tiempo las personas pasamos y las obran continúan y la vida sigue su curso. Esto es justamente así en nuestras hermandades que atesoran muchas de ellas una historia de siglos y ahí permanecen. Incluso las más modernas cuenta ya con varias generaciones de hermanos en su historia. Pero no es precisamente a esto a lo que me quiero referir hoy, sino a otro significado que también podemos darle al título de esta canción que es diametralmente opuesto y es que en muchas ocasiones nos dejamos llevar por la rutina, inacción o lo que solemos decir “marear la perdiz” para no actuar ante los acontecimiento y dejar que la vida sigua exactamente igual.

Cuando se inició esta pasada cuaresma lo hacíamos con la noticia de que el domingo de ramos continuaría igual que el año anterior. Nuevamente casi un año transcurrido y sin solución a la nueva realidad de los diferentes días debido fundamentalmente a la dimensión que han adquirido los cortejos de la mayoría de las hermandades que hace muy difícil mantener los actuales horarios e itinerarios de las hermandades por el espacio que ocupan en la geografía urbana de la ciudad. No es el domingo el único día afectado como todos sabemos, ni es momento de debates, pero si es una muestra de lo que indicábamos al principio de esta reflexión, que la vida sigue igual.

Esta cuaresma que, si bien se inició como las anteriores, pronto cambió en el rumbo inesperado de la situación excepcional que estamos viviendo y que nos ha dejado una semana santa inédita que, como ya hemos dicho anteriormente, nunca se nos hubiera pasado por la cabeza vivir. Tras cincuenta días de confinamiento y, ya bien pasada la semana santa, tenemos otra vida sigue igual en base a lo que podrá ser o no ser el año próximo. Si aún no sabemos cuándo tendremos vacunas ni cómo va a evolucionar la situación ahora que empezamos a levantar poco a poco las restricciones, ¿Cómo seguimos un día sí y otro también con lo que será la semana santa de 2021? Si habrá costaleros o no; si será solo de nazarenos sin pasos (¿oiga y como tenemos 600, o más, nazarenos en una capilla o parroquia?); mientras no tengamos datos precisos y conocimientos del virus es hablar por hablar y la vida sigue igual. A este respecto de las pocas cosas sensatas que he oído ha sido al presidente del Consejo, cuando ha dicho que para 2021 están contemplando “todos” los escenarios posibles. La solución, como hemos dicho hasta la saciedad, la dará el tiempo.

Y también quisiera referirme a otra cuestión que, con mucha sensatez, he leído en los últimos días,  el artículo de Ignacio Valduérteles sobre el importante papel que tienen las hermandades en los nuevos tiempos que se vienen (me niego a llamarlo nueva normalidad). En la línea habitual de acción de las cofradías se abre un amplio horizonte de trabajo, no solo en la ayuda al necesitado tanto a nivel económico como asistencial, sino muy especialmente en la misión evangelizadora que tenemos, como parte de la Iglesia que somos, en estos momentos en que la laicidad imperante en la sociedad hace más necesaria la formación en los valores religiosos en que creemos, que sean respetados por el resto de la sociedad como valores particulares de la persona que son, que no deben ser impuestos pero que cada cual es libre de tener. En esto el papel de las hermandades es fundamental y aquí la vida sí que no debe seguir igual.

Retomemos la canción de Julio Iglesias: “Siempre hay por quién vivir y a quien amar. Siempre hay por qué vivir por qué luchar.” Pongámonos las pilas y hagamos que la vida siga igual pero en el estricto sentido que nos dice la canción. Tenemos faena.

martes, 28 de abril de 2020

La vida...


Son muchos buenos ratos en los que te ha desgranado ese fondo profundo que se torna en el rito y la regla que hiere a Montesinos por el camino más corto de la memoria, pero con las palabras coloquiales de quien, como un padre, muestra a sus hijos esos jirones del alma que conforman el ser íntimo de la hermandad.

Un antiguo hermano y amigo, cada vez que hablamos sobre la hermandad en las buenas tertulias que gustamos de tener los hermanos en nuestras capillas y casas de hermandad (y grupos de whattsapp, que no hay que dar la espalda a las tecnologías), al referirnos a recuerdos de lo pasado y la evolución de los tiempos suele apostillar: “La vida…” He de reconocer que si bien entiendo perfectamente lo que quiere decir en cada momento, en cada conversación, en cada circunstancia, siempre me deja ese pequeño resquicio a la reflexión sobre las diferentes interpretaciones que podemos darle a la palabra vida. Según el diccionario vida es el tiempo que transcurre desde el nacimiento de un ser hasta su muerte. También es la propia existencia de los seres, o la fuerza o actividad esencial mediante la que obra el ser que la posee. Quizás nosotros al decir “la vida” nos referimos a todo aquello que rodea nuestra propia realidad, la experiencia que adquirimos a través de los hechos que nos ocurren, tanto buenos como menos buenos, y la enseñanza que los mismos nos aportan. Quizá una de las mejores cosas que podemos agradecer a la vida es la oportunidad de conocer a  grandes y magnificas personas que nos aportan sus conocimientos, experiencias, vivencias, inquietudes, que nos enseñan, nos corrigen en lo que vamos mal encaminado, nos alientan cuando se nos hace duro el camino y nos sonríen en nuestros logros. En las cofradías nos encontramos con muchos hermanos que marcarán nuestro paso por la misma, por lo que nos transmiten y por la forma en que lo hacen.
 
Es ese hermano al que conoces incluso antes de llegar a la hermandad, porque en esta ciudad en el fondo nos conocemos todos, y a quien no conocemos en primera instancia terminamos encontrando un amigo común. Así, llegas a este hermano en esas magnificas tertulias de sábados a mediodía  en las que se entablan esas magnificas conversaciones sobre su hermandad, de la que es hermano desde hace varias generaciones y, que a ti te fascina desde que eras chico. Son muchos buenos ratos en los que te ha desgranado ese fondo profundo que se torna en el rito y la regla que hiere a Montesinos por el camino más corto de la memoria, pero con las palabras coloquiales de quien, como un padre, muestra a sus hijos esos jirones del alma que conforman el ser íntimo de la hermandad. Y tanto entusiasmo tiene en sus palabras y en su trato cariñoso y cercano que, entusiasmado vences las dudas familiares y te haces hermano de esa hermandad anhelada, tornándose esos encuentros de ratos fugaces en convivencia en la iglesia y casa de hermandad. Y ya no es solo contar desde sus recuerdos la historia vivida con su familia y los hermanos antiguos, los que son para nosotros la experiencia, sino compartir y enseñar la historia reciente de la hermandad. Tardes de besamanos y besapiés donde la juventud nos acercábamos a conocer su opinión, sus crónicas, sus constructivas y a veces guasonas críticas y sus constantes referencias a sus buenos amigos y hermanos cofrades, de la nuestra y de otras hermandades con lo que el aprendizaje estaba asegurado. También noches de priostía en las fechas más señaladas donde se alternaba la convivencia con el trabajo en hermandad, siempre con la buena charla, oídos atentos y la mente presta a absorber información. Noches de cuaresma hablando del andar de la cofradía y sobre todo del paso de la Virgen, que conocía como pocos en sus muchos años saliendo junto a la Señora, y que también nos transmitía desde ese saber que otorga la experiencia.

Así, nuestros hijos tomaron el lugar que ocupábamos en la nueva generación de juventud deseosa de conocer, por tus palabras, ese rincón intimo que la historia y los sentimientos vividos hacen que cada hermandad tenga guardado para que sus hermanos lo descubran cuando estén dispuestos a darse y trabajar entre todos para perpetuar este legado recibido de quienes nos precedieron.

Y fueron pasando los años, fuimos creciendo, cambiando estudios por trabajo, formando nuestras familias, continuando en el seno de la hermandad y pasamos de ser los oyentes a ser sus contertulios, los que intercambiamos opiniones con el amigo, el hermano. Así, nuestros hijos tomaron el lugar que ocupábamos en la nueva generación de juventud deseosa de conocer, por tus palabras, ese rincón intimo que la historia y los sentimientos vividos hacen que cada hermandad tenga guardado para que sus hermanos lo descubran cuando estén dispuestos a darse y trabajar entre todos para perpetuar este legado recibido de quienes nos precedieron. Como dice mi amigo (y hermano) la vida… La vida es caprichosa y, lo que nos otorga un día otro nos los arrebata, dejándonos un poco más huérfanos, haciendo más corta la fila de nazarenos que nos preceden y obligándonos a adelantar puestos en la misma, a la vez que hace más larga la de quienes vienen detrás, que nos tendrán como modelo por ser ahora quienes les precedemos, y que solo podremos hacerlo si somos fieles al espíritu que nuestros mayores nos enseñaron, que tú nos enseñaste. En nuestro recuerdo siempre, querido Juan.



lunes, 20 de abril de 2020

Modelos y futuro


Hablar de futuro a día de hoy se presume algo caprichoso teniendo en cuenta que sufrimos una enfermedad nueva de la que no tenemos más información que la que podemos ir adquiriendo en el día a día, por lo que cualquier previsión a futuro se antoja cercana a la elucubración, pero de lo que creo que no tenemos ninguna duda es que nada será igual que antes.

Vivimos una situación que nunca hubiésemos siquiera imaginado, una pandemia mundial que nos mantiene en casa paralizando la vida en el mundo y que, junto con la tragedia de tantos contagiados y fallecidos, ha alterado nuestra forma de vivir, sentir y relacionarnos y que marcará un antes y un después en nuestra historia. Ya estamos teorizando sobre cuáles deberían ser dichos modelos a futuro, aun cuando no estamos en condiciones de saber realmente cual será nuestra forma de vida a partir de ahora. Si miramos a la historia muchos han sido los acontecimientos sociales, políticos, religiosos y también de salud que han hecho de la semana santa lo que es en la actualidad (sigo fijándome en las formas conocidas hasta 2019, puesto que el futuro aunque sea inmediato aun no nos es conocido). Hablamos de corporaciones que varias de ellas ya existían en el medievo y cuyo gran impulso lo recibieron a raíz del concilio de Trento en el siglo XVI. En 1604 el cardenal Niño de Guevara  instauró la obligación de ir a la Catedral a las hermandades de “Sevilla” y a Santa Ana las de Triana. Ese año también se instauró el cabildo de toma de horas y se prohibió a las mujeres practicar la “disciplina”.

En 1649 Sevilla padeció la terrible epidemia de peste que asoló la ciudad. Si bien fue un año sin semana santa con copiosas y abundantes lluvias que anegaron la ciudad, tuvo en contrapartida numerosas procesiones extraordinarias y de rogativas para pedir por el fin de dicha epidemia, algo totalmente contrario al pensamiento del siglo XXI. Hubo Corpus solemne, todo lo que permitió la escasa población que quedaba en la ciudad. El dos de julio salió el Santo Cristo de San Agustín, devoción secular de la ciudad que ante el alivio experimentado por la ciudad desde aquella salida le celebra en dicho día función de acción de gracias de acuerdo al voto emitido por la corporación municipal del momento y que se mantiene en la actualidad. El cuatro de Julio procesionó la Sacramental del Sagrario con el Santísimo bajo palio, y una semana más tarde lo haría la del Divino Salvador. En Septiembre procesionó la Virgen de la Hiniesta a la Catedral donde permaneció hasta el día quince. Y qué decir de lo que fue la salida de la Virgen de los Reyes de la que quedan las crónicas de Ortiz de Zúñiga.
Foto: Jose Campaña @JoseCampanaF Cinturon de Esoarto @CEsparto

Dando un salto en el tiempo nos fijamos en el siglo XIX que también estuvo marcado por diferentes sucesos. En primer lugar le brote de fiebre amarilla en 1800 que obligó a la Junta General de Sanidad a cerrar las puertas de la ciudad en septiembre de ese año y por tal motivo hubo también numerosas procesiones de rogativas: San Gil Abad, San Fernando, Santas Justas y Rufina, San Sebastián, y como no también El Gran Poder, el Señor de la Sentencia, Humildad y Paciencia o Jesús de las Tres Caídas de San Isidoro, La Virgen del Valle o la del Rosario de Montesión, y por supuesto la Virgen de los Reyes. También en este siglo se produjo la invasión francesa de 1808 a 1810, y entre 1820 y 1825 se produjo el periodo más largo sin cofradías fruto de los avatares políticos con la alternancia del liberalismo y absolutismo. En 1836 la desamortización de Mendizábal supuso la pérdida de muchos bienes de la iglesia. También el periodo anticlerical en la revolución de 1868 que solo en Sevilla supuso el cierre de nueve conventos y once parroquias así como la destrucción de cuarenta y nueve iglesias. En 1849 se instalan en el palacio de San Telmo los duques de Montpensier, quienes dieron un fuerte impulso a la semana santa favoreciendo hermandades como Montserrat o la Lanzada. En este año vuelve a procesionar la hermandad de los Negritos, Pasión lo había hecho algunos años antes, y posteriormente la Soledad o las Siete Palabras. En 1850 los duques de Montpensier promueven la celebración de una procesión con diversos pasos de varias cofradías, lo que sería el Santo Entierro Grande que volvería a celebrarse en 1854. Es a finales de este siglo con la restauración borbónica cuando las cofradías resurgen en número y esplendor y se empiezan a considerar como atractivo turístico para la economía de la ciudad.

El siglo XX también está plagado de sucesos. Durante la Segunda República se vivieron días de enfrentamiento político y social que supuso la ausencia de procesiones en 1932 salvo la hermandad de la Estrella que hizo su estación con los altercados ya de sobra conocidos por todos. El año siguiente fue un año en blanco, y en 1934 ya volvieron a salir algunas hermandades. Tras estos difíciles años, en 1965 el Cardenal Bueno Monreal aprobó la realización de una Misión General con el traslado de numerosas imágenes a diversas barriadas de la ciudad. Los años siguientes hasta la actualidad también han supuesto un auge con el nacimiento de nuevas corporaciones, muchas en los barrios de la ciudad y que también se han ido incorporando a la carrera oficial, hasta que en este año 2020 volvemos a tener un año en blanco por la tragedia que vivimos.

Hablar de futuro a día de hoy se presume algo caprichoso teniendo en cuenta que sufrimos una enfermedad nueva de la que no tenemos más información que la que podemos ir adquiriendo en el día a día, por lo que cualquier previsión a futuro se antoja cercana a la elucubración, pero de lo que creo que no tenemos ninguna duda es que nada será igual que antes. Habrá que estar pendientes de la evolución de la pandemia, de que tengamos o no vacuna para la misma, de las diferentes medidas que se vayan tomando para volver a la vida y actividad normal e ir aprendiendo y  tomando buena nota para lo que haya de venir en el futuro cercano de la semana santa. Centrémonos de salir de este horror, dediquemos un recuerdo a los fallecidos como merecen y no se les ha podido dar, trabajemos por salir de la gran crisis en la que estamos, y cuando llegue el momento y tengamos información veraz tomemos decisiones sobre los modelos a seguir.

martes, 14 de abril de 2020

Comunicación


Desde el primer momento de encierro decretado, las hermandades han hecho uso de las herramientas que tienen a su alcance para estar en contacto con sus hermanos, transmitiendo mensajes de cercanía, de apoyo y de oración.

Hemos culminado la semana santa, tan especial que nunca la hubiéramos imaginado. Hemos conmemorado la pasión, muerte y resurrección de Jesús, por supuesto aunque no de la manera que nos es propia y habitual, y no solo por no haber tenido las procesiones que es el santo y seña de nuestra cultura popular de siglos, sino por la imposibilidad de estar presentes en los templos para celebrar los misterios de nuestra fe. En este tiempo pascual en el que celebramos la más grande gloria de nuestra creencia, es el habitual momento para reflexionar sobre lo acontecido en la pasada semana santa, este año sin pasos. Tan excepcional ha sido que las hermandades han tenido que  hacerse presentes ante sus hermanos a través de las redes sociales y medios de comunicación, que ha resultado ser el camino más fácil y directo.

De todos es sabido que el uso de las redes sociales en las hermandades no ha sido algo con plena aceptación desde el primer instante, pero han resultado ser la vía directa de comunicación con los hermanos. Así, desde el primer momento de encierro decretado, las hermandades han hecho uso de las herramientas que tienen a su alcance para estar en contacto con sus hermanos, incluso las más reticentes han transmitido mensajes de cercanía en esta cuaresma encerrada; de apoyo ante las dificultades que estamos viviendo y que vendrán; de oraciones que compartir para pedir por los enfermos y fallecidos y por la salud de todos, de unirse a parroquias y el arzobispado para llevar la eucaristía dominical y, como no, los íntimos viacrucis y actos de piedad cuando no es posible realizar la estación penitencial.

La propia Iglesia ya nos dice que estos medios, bien utilizados, son un camino para la evangelización, el Papa San Pablo VI en su decreto “Inter Mirifica” (Entre los maravillosos inventos…) sobre los medios de comunicación social, nos dice en el inicio de su número 3 “La Iglesia católica, fundada por Cristo el Señor para llevar la salvación a todos los hombres y, en consecuencia, urgida por la necesidad de evangelizar, considera que forma parte de su misión predicar el mensaje de salvación, con la ayuda, también, de los medios de comunicación social, y enseñar a los hombres su recto uso.”

Y ¿cuál es el beneficio que obtenemos la hermandades por utilizar las redes sociales y medios de comunicación? Beneficio y responsabilidad, obviamente, a tenor de lo que nos indica la Iglesia. Es beneficio porque nos favorece el contacto con los hermanos, habiendo creado hermandad donde teníamos aislamiento. Es beneficio porque nos ofrece sentir la cercanía de la hermandad incluso en la distancia, esto pensando en nuestros hermanos que viven en otra localidad distinta que no permita los desplazamientos habituales a la capilla y casa de hermandad. Es beneficio porque son medios económicos y sobre todo nos permiten una inmediatez en la recepción de los mensajes. Es beneficio porque ha permitido la participación en ésta particular estación de penitencia vivida este año. Es beneficio porque en todos nuestros mensajes están Jesús y María. La responsabilidad es utilizarlos de forma adecuada y seria, precisamente porque en todos los mensajes están Jesús y María, porque transmiten y son el escaparate, la imagen de la hermandad y también de la Iglesia, como parte de ella que somos. En nuestra mano está aprovecharlos y darles un uso correcto.

jueves, 9 de abril de 2020

Pertiguero de María Santísima de la Concepción

Publicado en el boletín digital extraordinario de la Semana Santa de 2020 de la Archicofradía de Jesús Nazareno, Santa Cruz en Jerusalén y María Santísima de la Concepción.

El viacrucis de 1983 fue un antes y un después, sobre todo para quien esto escribe. Fue el momento de una decisión en que la devoción pudo más que la tradición familiar. Porque tantos días de infancia en misa en San Miguel –como se le conocía por entonces– no podían quedar en la nada. Y así, al año siguiente, al volver del servicio militar, quien escribe presentó su solicitud de hermano y fue recibido por el señor Censor (Eduardo Recio) en la preceptiva entrevista a los candidatos previa a ser aceptados como hermanos de la Archicofradía. Y en esa siguiente Semana Santa, llevó prendidas junto al corazón las cinco cruces que unen las cinco llagas de Jesús Nazareno con ese afán de sus hermanos por imitarle.

Salir de pertiguero de María Santísima de la Concepción fue un algo caído del cielo. Nunca mejor dicho, pues ir delante de nuestra Inmaculada Madre es un avance del cielo que nos aguarda. Aunque no tuve duda alguna en mi decisión de aceptar el sitio, he de reconocer que en mi casa no fue un plato de gusto, pues, en aquellos años, no estaba extendido el uso de los acólitos hermanos, siendo aún los profesionales de Santizo quienes hacían tal función. Recuerdo a mi madre como si fuese hoy mismo: Entonces ¿vas a salir como tu tío Juan Luis?. (Por cierto, el recuerdo que tengo de mi tío Juan Luis de acólito fue precisamente como cirial de María Santísima de la Concepción). Pues sí, y no solo salí como mi tío, sino que los dos primeros años como pertiguero los hice con personal de Santizo en los ciriales e incensarios. Ya al tercer año fuimos hermanos todos los acólitos de la cofradía, y eso se notó a la hora del orden y de la compostura, pues el nazareno se lleva dentro y no hace falta nada especial para que la cofradía sea la que es; solo que cada uno deje salir su nazareno interior: todo es verdad, nada impuesto ni forzado, de ahí que no seamos más ni menos que los demás, solo nosotros mismos. Como anécdota muchos amigos me han pedido muchas veces “que ponga la cara de serio de la Madrugada”. Y siempre les he respondido: “Es que yo no pongo ninguna cara en la Madrugada”. Simplemente salimos alumbrando su camino, o abrazando su cruz, a adorarle en el Monumento catedralicio.

En los muchos años que he tenido la fortuna –y el privilegio– de ser el pertiguero de la Virgen, siempre he sentido la misma emoción, como si de la primera salida se tratase. Vestirse en casa,… porque los acólitos también nos preparamos para salir: camisa blanca, manoletinas (en la bolsa), medalla (al cuello pero oculta), papeleta de sitio,… De soltero, en casa de mis padres. Ya de casado, en casa de otros hermanos nazarenos con la emoción de que, al prepararse para la Estación de Penitencia, se le añade el hacerlo en hermandad. Salir para la Iglesia; si vamos en grupo, en fila y convenientemente separados, para que no se rompa esa individualidad que caracteriza al Primitivo nazareno. No obstante, para los acólitos siempre resulta más complicado, pues al ir de paisano, el público de la Madrugada no sabe que ya vas en Estación de Penitencia y es más difícil pasar entre ellos. La llegada a la Capilla de Jesús Nazareno, sin que importen los años que lleves haciéndolo, siempre tiene el mismo repeluco: “Creo en Dios, Padre, Todopoderoso…”. Adquiere una dimensión especial cuando lo rezas arrodillado ante el Dulcísimo Jesús Nazareno. Luego, la Salve a la Santísima Virgen y al patio. Los primero años –Nazarenos de la Virgen al fondo del patio–, aún había bancos en el atrio que usaban los Primitivos más veteranos. Los acólitos nos vestíamos en la casa, en la sala del televisor, y pasábamos por turnos por el preceptivo barbero que nos dejaba a punto de revista, mientras los músicos cenaban un bocadillo que les permitiese aguantar el tirón de la noche una vez que las notas de Vicente Gómez Zarzuela quedaban guardadas en la memoria del cofrade hasta un nuevo Jueves Santo. Vuelta al atrio: fervorín y lista que pasábamos junto al resto de los nazarenos mientras las circunstancias lo permitieron. En pocos años, cambiamos el lugar de vestirnos por el de la sacristía alta y baja, donde debíamos permanecer ante el aumento de hermanos en la Estación penitencial. Incluso el fervorín y la lista los tuvimos a domicilio (¡qué gran recuerdo de nuestro querido don Eduardo Ybarra!)
Y la hora. Cerrojazo, saeta y Santa Cruz en marcha seguida por dos filas de nazarenos de cera morada. ¿Silencio? No hay silencio. Se escucha el crepitar de la cera y, en unos segundos solo, la primera llamada al galeón del Nazareno. Tres golpes y venga de frente. He de confesar que un momento al que nunca he faltado en mis años de pertiguero es a la salida del Señor. Zapatillas en la rampa, saeta y los flashes del público. Quien no lo haya visto no sabe la grandiosidad de este instante que, por cierto, siempre me ha gustado enseñar a los pajes, servidores y nuevos acólitos, porque los grandes momentos se disfrutan más si los vives en hermandad (esa es la grandeza de nuestra Estación de Penitencia). Nazarenos de cera blanca, nuevos tres golpes y primera levantá del palio. Ciriales en formación y ascua de luz que emboca el arco grande, (recuerden la película de Juan Lebrón). Venga de frente. Paje enviado a la Santa Cruz. Nueva saeta. Ciriales y cirios arriba. Sevilla en silente oración a la Llena de Gracia.

Camino a la Catedral. Ciriales arriba y abajo. Distancia, acordeón. “Escudos al frente”. Y encendiendo los ciriales. Grandes canastillas de los que he aprendido cómo es el andar primitivo: Fernando Aguado, Rafael Molina, Manuel Palomino, Juan José Cabrero, Eduardo del Rey, Alberto Ybarra, Enrique Martín Macías, Manuel Gil… Poco a poco, cuidando del horario y con las venias del Consejo (por delegación de la Autoridad Eclesiástica) y de la ciudad, llegamos a la Catedral a cumplir con el fin y precepto de la salida: adorar a Dios eucaristía en la real presencia en el Monumento. Catedral a oscuras, doble genuflexión e incienso (tres de tres, como el Papa Francisco en la Adoración extraordinaria en San Pedro en la oración por la pandemia): primero en el trascoro, ante la puerta de la Asunción; después ante la puerta de la Concepción, bajo el cuadro de Groso con bandera blanca votiva (“Cuidado con las lámparas de la primera nave del trascoro en la oscuridad catedralicia…”); ante la Virgen de la Antigua o ante la Patrona. Acólitos solos. Luego, acólitos y paso. Canastillas trabajando al ciento por ciento. “Pararse ahí”, golpe seco de llamador. Y tres de tres. Estación menor en el rezo interior del nazareno.
Cumplida la estación, y recuperado el orden de marcha, iniciamos el regreso. Cofradía estirada. Cirios apagados en la Puerta de Palos. Paje buscando la Santa Cruz (que la Virgen ya sale). Palio abandonando el atrio catedralicio y ciriales y cirios arriba. “Comprime los ciriales que hay que sacar el cortejo…”. “Bueno, pararse ahí”. Fiscal que vuelve con el horario –salimos un minuto antes– y primer tramo del Gran Poder que “vuela” hacia la Plaza del Triunfo. Reemprendemos la marcha en un milagro de control del tiempo de los fiscales: José Manuel Peña, Antonio Pérez Matheos, Manuel García, Manuel Heredia, Eduardo Castillo,  Antonio y Eduardo Rodríguez…  junto con el trabajo, al alimón, de capataces y costaleros en una alternancia de estrecheces, vueltas y fotógrafos delante del paso… Y, mientras tanto, abre y cierra los ciriales, para que no haya ni un solo corte en la cofradía. Y de este modo llegamos al final de Cuna, donde los sones macarenos suman una nueva emoción a la noche poniendo banda sonora al pregón de Carlos Colón: “Plata y carey por Cuna y una cara en la Campana”. En este punto, podemos comprobar cómo ha evolucionado la Madrugada durante los años en los que fui pertiguero. En los 80 y 90, era el Señor en Cuna y la Macarena en Campana; luego, cuando la Virgen estaba en la plaza del Duque, entraba en Campana el Señor de las Tres Caídas (algún año he visto de refilón las plumas del romano a caballo en lontananza desde el Duque). A partir de 2000, ya María Santísima de la Concepción coincidía en Cuna-Orfila con la Macarena en Campana; luego era la Virgen de la Presentación la que se encontraba en Campana cuando nosotros enfilábamos la plaza del Duque. En éstas últimas Madrugadas, al no salir de acólito y con nuestro itinerario por Daóiz y Gavidia, no tengo referencias actualizadas. Y paso a paso, chicotá a chicotá, de nuevo en la calle de las Armas y después en la calle Nueva, para entrar en San Antón por la Capilla de Jesús Nazareno, mientras el último tramo aguarda –cirios encendidos– para alumbrar la entrada de quien es la Gloria de los Nazarenos.

Ahora toca desvestirse, recoger y dejarlo todo en el mejor estado de revista. Al salir, nueva oración al Señor y a su Inmaculada Madre. Y a disfrutar de lo que resta de la Madrugada, con el alma plena por la cita cumplida y siempre con el recuerdo de lo vivido y con la multitud de anécdotas que serán siempre parte de nuestro equipaje. Como uno de los primeros años en que salía de pertiguero, en el que hubo un retraso en el Monumento y se nos fue la cofradía: recuerdo la Presidencia entrando en Alemanes y la Virgen saliendo de la Catedral… algo para olvidar, aunque aprendimos de ello. O aquel otro año que, a la entrada en Sierpes, tuve que coger un cirial porque a nuestro hermano le cayó una gota de cera en el ojo. Afortunadamente todo quedó en un susto y, en la siguiente chicotá, se reincorporó al cortejo.  ¿Y en la Catedral? Multitud de momentos singulares nos ha deparado la Catedral… Como un año, estando el Monumento en el trascoro, en el que el canastilla encargado de la genuflexión, con la oscuridad del momento, tuvo un tropiezo con uno de los incensarios, volcándose las brasas de este en sus pies. Hay que apuntar que el canastilla en cuestión iba descalzo y allí hubo impresión y sorpresa –sobre todo para el canastilla–, risas involuntarias contenidas y un recuerdo para siempre de la situación. ¿Y el año 92 con la mano de San Juan? Creo que ha sido la única vez, que yo tenga conocimiento, de que hubiera de subir un carpintero al paso de la Virgen. ¿Y el incienso? Siempre protagonista de nuestra Estación y más en la Virgen, con cuatro turíbulos. Pues un año de los de Monumento en la puerta de la Concepción, íbamos un poco más lentos de lo habitual, y con la acumulación normal de humo en estos casos, ligeramente ampliada al estar en un interior, al pasar por la nave del trascoro, comenzaron a sonar timbres en la Catedral, una y otra vez… Al llegar a la capilla bautismal, averiguamos la causa de los timbres: habían saltado las alarmas contra incendios y teníamos a los de seguridad pidiendo por favor que parásemos los incensarios…. Evidentemente continuamos en nuestro orden de marcha hacia el Monumento. ¿Y qué decir de las carreritas? La Madrugada no ha vuelto a ser igual desde entonces, pero ¿se nos ha pasado acaso por la mente la idea de no salir? La respuesta es clara: no hay Madrugada sin abrazar la cruz, ya sea literalmente como penitente, o dando luz portando cirio, o llevando las varas e insignias que proclaman nuestra historia y títulos, o al servicio de la cofradía como acólitos, costaleros o canastillas. O también, en la lectura de la Pasión según San Juan, en el peor de los casos, pero siempre junto a Jesús Nazareno y a su Madre.
¿La experiencia como pertiguero de María Santísima de la Concepción? Indescriptible. ¿Los recuerdos? Como podéis deducir de estas líneas, imborrables. ¿Lo mejor? La cercanía a la Virgen y el ser parte de la liturgia penitencial siendo uno de los servidores en su altar móvil. ¿La lección? Ir delante de Ella sintiendo que son suyas todas las miradas y que, a pesar de ir a cara descubierta, pasamos desapercibidos como el resto de los nazarenos. Y… ¿la ilusión? Soñar un nuevo Viernes Santo para, en el sitio de la cofradía que me corresponda, volver a acompañar al Dulcísimo Jesús Nazareno y a su Inmaculada Madre.